Albert, el Stripper.
Por Loba de día
2012
Y se hizo la luz.
Candy se encontraba en plena ensoñación cuando su celular comenzó a sonar. Era Gigí la novia de Archie.
-¡Hola Gigí!
-Hola Candy, ¿estás en casa?
-Claro ¿por qué lo preguntas?
-Es que estoy afuera, he tocado varias veces el timbre pero ni señales tuyas.
-¡Oh no, espera voy enseguida!
Candy en un parpadeo fue a abrir la puerta.
-Hola Gigí, pasa, discúlpame estaba...
-Sí, ya lo sé, de nuevo fantaseando con el Príncipe, ¿cierto?
El rostro de Candy se ruborizó. Gigí suspiró.
-Candy, debes de dejar esa loca idea, creo que ese bailarín de ensueño no volverá a aparecer.
Quizá su amiga tenía razón. Ya habían vuelto varías veces al club nocturno, y ni señales de su Príncipe. Incluso preguntaron por él, pero le dijeron que esa noche fue la primera y única vez que se presentó, fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Pero Candy conservaba la esperanza de volverlo a ver, aunque su aparición en aquél lugar esa noche fuera todo un misterio, ella estaba dispuesta a encontrarlo.
-Dime, ¿trajiste el vídeo?
-¡Claro!
-¿Y las fotos?-Candy se veía más impaciente que un niño en navidad.
-¡Por supuesto!, ya sabes que la encargada de documentar nuestras fiestas soy yo, espero que te sirvan y logres encontrar alguna pista que te ayude a encontrarlo.
-Gracias-Candy sonrió y sus ojos brillaron como si tuviera entre sus manos su más grande tesoro.
Candy revisó las fotos donde aparecía su Príncipe una por una, y por su mente cruzaban ideas de mandarse a hacer unas cuantas en tamaño natural. Eran de la despedida de soltera de una de sus superiores en el trabajo; se llevaba tan bien con ella que la había invitado a la boda y por consecuencia a la fiesta de despedida. Había logrado invitar a sus amigas con experiencia en la materia, para que la instruyeran en aquella nueva y divertida actividad de esparcimiento.
Terminó sorprendiendo a sus amigas. Cuando el Príncipe apareció sintió que se encontraba en su ambiente natural.
Mirando el video, realmente era excitante volver a observar la silueta de su Príncipe a través de aquella pantalla blanca, donde se apreciaba moverse sensualmente al ritmo de la música. Semejante a un lienzo, cuya obra de arte se dibujaba a cada segundo de diferentes maneras; provocando en el grupo de féminas gritos ensordecedores.
El plato fuerte del show en definitiva fue cuando él decidió aparecer frente a todas portando solamente lo que una de las amigas de Candy mencionó era un Kilt; quien emocionada aclaró que era inusualmente corto. Candy pensó que de haber podido, le habría arrancado con los dientes aquella prenda que dejaba mostrar las largas y bien torneadas piernas de ese escultural hombre. Cada movimiento que él realizaba provocando tensión en cada músculo de su cuerpo mostraba poderío y belleza. Simplemente era perfecto.
El rubio bailarín comenzó a insinuar que pronto se desharía de aquella prenda que estorbaba para admirar mejor lo que prometía ser unas bien formadas nalgas. Las chicas gritaron enloquecidas.
Y fue cuando arrancó el kilt de un solo movimiento halándolo hacia el frente, que dejó al fin a la vista aquella parte de su cuerpo, aun cubierto por unos bóxers ajustados y de color dorado, lo que dejó a Candy sin aliento. La prenda que daba una ilusión de desnudez total, lejos de decepcionar deleitaba mucho más.
-Parecía que estaba desnudo a través de aquella pantalla, ¿en qué momento se vistió?-Gigí estaba con la boca abierta.
-Bueno se apagaron las luces de repente, creo que fue en ese momento-Candy estaba igual de sorprendida, al principio todo indicaba que no traería nada debajo de aquella prenda.
-¡Vaya! Tu jefa sí que se sabe mover, ¡Quién la viera tan tranquilita!-Gigí no pudo evitar carcajearse.
-¡No puedo mirar!-Candy escapó a la cocina por un poco de agua, la garganta la sentía seca; en el vídeo podía observarse como la ahora señora Pauline realizaba un sexy baile para aquél Stripper y como ella a pesar de ser algo rellenita, logró ser levantada en brazos por el sensual rubio simulando faenas bastante eróticas.
-¡Qué fuerte es! Me pregunto si el señor Marsh logró hacer lo mismo con ella en su noche de bodas-Gigí lo dijo tan honestamente que Candy que en ese momento se encontraba bebiendo el ansiado líquido no pudo evitar atragantarse a causa de la risa.
-¡Por favor no me hagas imaginar esas cosas!-Candy apenas podía hablar.
-¡Mira la hora que es!, debo irme ya, quedé de ir a cenar con Archie, te dejo el material, espero que encuentres alguna pista, me llamas para decirme ¿ok?-Gigí se despidió y salió a toda prisa.
Ya estando a solas, Candy miraba el vídeo una y otra vez, observando con detenimiento a aquél hombre que arrancaba gritos desesperados y emocionados a todas las mujeres de aquél elegante club nocturno; recordó que ella gritó y se emocionó por igual, pero al cruzar la mirada con "The Hot Prince", como se hacía llamar, quedó totalmente embelesada, incapaz de seguir emitiendo sonido alguno.
Despertó bruscamente del trance gracias a que una de las chicas lanzó al experto bailarín su sostén de fuerte calibre, el cual él recogió y agradeció realizando una profunda y coqueta reverencia a la osada chica, para después retirarse. No sin antes lanzarle un beso seguido de una enorme y hermosa sonrisa a Candy.
De no ser por ese antifaz que usaba...
Candy siguió viendo el vídeo, ahora cuadro por cuadro. Era una ardua labor, pero mirarlo bailar portando aquellos bóxers ajustados la volvía muy divertida y excitante. Realmente ver de nuevo en acción al que le había robado varias noches de sueño la dejaba con la boca abierta..., a excepción de cuando le bailó la festejada, eso le ponía los pelos de punta.
Cuando estaba a punto de darse por vencida, descubrió algo que la dejó con los ojos bien abiertos de par en par.
Su Príncipe realizaba un sensual movimiento que consistía en juguetear su bien ajustado bóxer, sujetándolo solo de un costado, suavemente moviéndolo de arriba-abajo; dulce recompensa y castigo al mismo tiempo.
Y de repente se hizo la luz. Ahí estaba.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!-Candy manoteó y gritó emocionada logrando derramar la bebida sobre su lap-top-¡No! ¡Qué carajos! ¡Rayos!-inmediatamente trató de secar el líquido que había caído sobre su teclado, pero era demasiado tarde. Lo único que atinó a hacer, fue retirar el DVD que contenía lo que necesitaba.
De su ordenador se encargaría después. Al fin había encontrado lo que tanto había buscado.
Lo difícil ahora era saber por dónde debía comenzar su nueva búsqueda. Lo más lógico era en los centros nocturnos más concurridos de la ciudad. Pero la ciudad era demasiado grande como para hacerlo sola. Así que se puso de acuerdo con sus amigas, y las amigas de sus amigas.
No creo que se nieguen. Después de todo, será una tarea divertida por realizar.
Y así fue. Pero pasó una, dos, tres, cuatro semanas, y nada. Gigí, Cris, Elise, Alhelí, Leti, incluso Fran la novia de Stear; uno de sus mejores amigos y compañeros del trabajo, había ayudado en la ardua búsqueda, pero no habían logrado encontrarlo.
Ya dos meses habían transcurrido. Candy decidió dejar a un lado el asunto, y quería hacerse a la idea de que era lo mejor. Pero algo en su interior le decía que seguramente lo volvería a ver.
Mientras se encontraba limpiando y poniendo algo de orden a su casa, recordó que no había pasado al departamento de Stear a recoger su ordenador que amablemente se ofreció a repararle. Fran le había hecho el favor de llevarlo a casa de él. Decidió llamarlo y saber si se encontraba disponible para poder ir a recogerlo.
Candy fue al departamento, y mientras deslizaba suavemente la llave en la chapa de la puerta, recordaba las palabras de Stear.
-Por supuesto que está lista tu computadora, puedes pasar por ella, solo que en estos momentos no me encuentro en casa. Tuve que venir al aeropuerto, Archie llega hoy de Arabia, y vine a recibirlo.
-Entonces no te preocupes, paso por ella mañana.
-Tranquila, hay un juego de llaves ocultos en el marco de la puerta del departamento.
-¡Ese no es un escondite muy ingenioso Stear!
-Lo sé, pero a veces no puedo usar artefactos muy complicados contigo Candy-rió bromeándola.
-¡Eso debo tomarlo como un insulto!, de acuerdo voy para allá entonces...
-¡Espera Candy, tengo que decirte algo importante!
Demasiado tarde, Candy había cortado la comunicación.
-¡Rayos! No quería que se conocieran de esta forma-en el rostro de Stear se dibujó una pícara sonrisa-. Bueno de todas formas los tenía que reunir tarde o temprano.
Candy ya se encontraba abriendo suavemente la puerta del departamento de Stear. Todo estaba en silencio. Se dirigió al estudio donde estaba segura se encontraba lo que había ido a buscar.
De naturaleza curiosa, no pudo evitar admirar los cuadros y fotografías del lugar, muchas de paisajes hermosos. Bosques, lagos, un río; incluso algunas de los bellos atardeceres en ífrica, con la fauna salvaje como protagonista. Candy estaba fascinada, esa era una de las pocas veces que estaba en el departamento de su amigo.
Cuando una música agradable la sorprendió. Stear no le había dicho que tenía visitas, sabía que tenía amigos o familia que a veces lo visitaban, hasta un tío, quien casi siempre llegaba con alguien llamado George.
Pero de haber sido así Stear le habría avisado, para no importunar, sabía de boca de Stear que su tío era alguien muy reservado.
Por un momento se vio tentada a salir corriendo de ahí, pero la música la hizo comenzar a contonearse al ritmo de ésta y se apresuró a encontrar el origen; la puerta de una habitación se encontraba entreabierta, así como la boca de Candy.
Tal fue su sorpresa al darse cuenta de que se trataba de un apuesto joven. Alto, rubio, y con un cuerpo que le envidiaría el mismo Brad Pitt.
Por su cabello húmedo era claro que acababa de salir de la ducha, traía su cuerpo de la cintura para abajo envuelto en una toalla de un tono vino que le sentaba genial porque contrastaba a la perfección con su bronceada piel, por lo que a pesar de llevar aún ese trozo de tela lucía muy sexy.
Logró observar su esbelto y bien marcado cuerpo, señal de que gustaba de hacer ejercicio, natación tal vez; su espalda era ancha, y sus brazos denotaban ser muy fuertes, unos pectorales y abdominales bien marcados.
El enorme ventanal de la habitación con cortinas semitransparentes dejaba entrar suficiente luz que ayudaba a Candy a explorar minuciosamente cada parte de aquella dorada visión.
Él no dejaba de moverse al ritmo de la música, realmente era incitante ver como movía solamente sus caderas, girándolas suavemente sobre su mismo eje y de forma muy cadenciosa de adelante hacia atrás; después se aplicaba la loción, seguramente era la que usaba después de afeitarse. La habitación se llenó de un fuerte y excitante aroma a maderas y con un acento levemente picante. Un tanto oriental.
Cerrando sus ojos mientras recorría con sus manos su firme y visiblemente fuerte pecho terminaba de aplicar algo de loción; su piel brillaba luciéndose húmeda por instantes debido a aquel líquido aromático. Candy tuvo que tragar un poco de saliva, y sentía como se le erizaba la piel de pies a cabeza.
Y mordía por instantes su labio inferior para no emitir sonido alguno y ser descubierta. Al punto de que el sentir cierto grado de dolor le parecía excitante.
La ropa que estaba por ponerse el rubio se encontraba sobre la cama, pero para ponérsela debía deshacerse primero de lo obvio, y Candy ya no sabía si retirarse rápida y silenciosamente de ahí, o quedarse y seguir mirando... Su curiosidad pudo más.
De un fuerte y certero movimiento dado en el pico más alto del rítmico beat, él se despojó de aquel impedimento que no le había permitido a Candy contemplar de lleno sus largas y bien torneadas piernas. Tuvo una perfecta visión de la parte trasera y bien formada de ese rubio que había logrado excitar hasta la punta de cada uno de sus rebeldes rizos; desde que se notaban sus nalgas bien marcadas gracias a la toalla que se ajustaba deliciosamente a su cuerpo y que le había permitido echar a volar su imaginación había deseado mirarlas. Y como si él hubiera escuchado su pensamiento libidinoso, ahora las exponía en todo su esplendor frente a ella.
La música seguía, y por ende los candentes movimientos del rubio. Candy deseaba que la música nunca terminara, los sexys movimientos que él realizaba le provocaban un fuerte calor en todo el cuerpo, sumando a eso el olor de la rica loción que ahora invadía de lleno cada uno de sus poros, le hacía saborear en su lengua el sabor de aquel aroma mezclado ahora con el de él. Era como si mágicamente lograra probar la piel de ese endemoniadamente sensual hombre.
Algo sucedió, a Candy le parecieron eternos los segundos que él se quedó de pie regalándole hasta el momento una de sus mejores vistas, creyó haber sido descubierta, pero cuando él se encaminó hacia lo que parecía ser un clóset, se dio cuenta de lo que sucedía. Lo que había olvidado ese bello hombre, había sido tener lista su ropa interior.
-¡Vírate, vírate vírate!, no, espera, ¡mejor no lo hagas!, ¿qué haré si me descubres aquí?-fueron los pensamientos atrevidos y temerosos de Candy en esos segundos.
Mirar un poco más de lo que ya le había regalado ese rubio de ensueño era pecar de lujuria en definitiva de parte de ella.
Y de repente sucedió, el candente rubio se viró unos cuantos grados, dejando a la vista de Candy parte de la pelvis que se enmarcaba por un camino dorado. Las pupilas de Candy se dilataron al máximo; su respiración se volvió superficial y el corazón le latió a mil por hora. Si Gigí hubiera estado con ella la habría tratado de calmar, porque Candy estaba al borde del infarto.
Ahí estaba. Era un águila tatuada en su bajo vientre. Un águila de tono dorado, o quizá era el efecto que daba la repentina luz de su piel bronceada.
Candy al fin había encontrado a su Príncipe Adorado.