UNA PEQUEÑA AVENTURA NAVIDEÑA
Minific por Caro
El pequeño heredero salió de su habitación y caminó sigilosamente por el pasillo. Los adultos habían ido a un festejo navideño así que tenía el campo libre. Había dormido solo un par de horas porque no quería perderse la oportunidad de ver a Santa Claus bajar por la chimenea. Quizá podría convencerlo de que lo llevara en su trineo jalado por Rodolfo y sus amigos hasta el Polo Norte para así escapar de su tía y sus tutores. Desde que sus papás se fueron a el Cielo eran muy pocos los momentos de libertad que podía disfrutar.
Ya no podía contar con su hermana, estaba tan ocupada con su bebé que apenas le dedicaba unos minutos durante las comidas y por supuesto siempre estaba su sobrino acaparando su atención.
Frunció el ceño levemente. No... no estoy celoso. No necesito los mimos de su hermana... ya tengo siete años. Sé cuidarme solo.
Pasó frente a la habitación de su sobrino y escuchó que llamaba a su mamá, pero ella no estaba y la nana de seguro estaba en la cocina festejando con los otros sirvientes la llegada de la Navidad.
¿Lo dejo llorar o entro a calmarlo?
"Anthony," murmuró, asomando la cabeza por la puerta.
Éste volteó al escuchar su nombre y levantando los brazos dijo, "Be-bertie."
Albert frunció la nariz. No le gustaba ese sobrenombre, solo aceptaba que Pauna lo llamara de ese modo. Ahora resulta que su sobrino también lo usa.
Tomándolo en sus brazos, lo paseó por toda la habitación mientras cantaba una canción de cuna que solía cantarle su mamá. Sin embargo fue en vano, Anthony simplemente no quería callarse. Temiendo que sus berridos alejara a Santa Claus le dijo, "Si guardas silencio, te llevaré de paseo."
Y como por arte de magia, Anthony dejó de llorar y una sonrisa apareció en su rostro angelical. "Bertie bye bye."
"vamos," respondió con un suspiro de conformidad.
Entraron al salón donde el fuego de la chimenea se había extinguido por lo que Santa no tendría problemas para bajar. El árbol de Navidad era altísimo, superaba los nueve pies y despedía un olor delicioso que traía recuerdos de Navidades alegres y lejanas. Estaba decorado con esferas rojas, verdes y doradas y moños de tartán rojo. En la punta estaba una estrella dorada.
Ambos se sentaron en el gran sillón que estaba frente a la chimenea para esperar a Santa Claus.
"Tenemos que guardar silencio para que Santa no nos descubra," murmuró Albert apenas conteniendo la emoción. "Mañana será Navidad y abriremos nuestros regalos y comeremos un rico pavo al horno, papas al horno, relleno de picadillo con nueces, salsa, jalea de arándanos, zanahorias-"
"Blah-" dijo Anthony con una mueca. "No gustan zanahorias."
Albert sonrió. "De acuerdo, yo me comeré tus zanahorias. Pero lo mejor son los postres- pastel de Navidad con fruta y mazapán y glaseado real, pastel de manzana, galletas de mantequilla y chocolates con almendras, cacahuates, avellanas."
Anthony asintió. "chocolates muy ricos."
"La Navidad es mi día festivo favorito," dijo Albert, antes de bostezar.
"Y mío," dijo Anthony, apoyando la cabecita en el hombro de su tío.
Pasaron los minutos, hasta que el sueño los venció y no pudieron ver como dos asistentes de Santa dejaban regalos bajo el árbol.
"¿No son adorables?" preguntó Pauna a su amado esposo.
Sonriendo, Angus respondió, "Pícaros, seguramente querían ver a Santa Claus."
"Me da lástima despertarlos."
"No lo hagas, querida," dijo, arrojando unos leños a la chimenea. "Ya falta poco para que amanezca y abran sus regalos. Atizaré el fuego para que no pasen frío."
"Usaré esta frazada para arroparlos," dijo tomando una frazada de tartán que estaba sobre el sofá. No resistió la tentación de acariciarles el cabello. Sus dos pequeños amores eran como dos gotas de agua. Cuando nació Anthony tuvo miedo de que Albert no lo aceptara, pero todo lo contrario, siempre está al pendiente de su sobrino y trata de enseñarle cosas. Y es obvio que Anthony adora a su tío, porque la primera palabra que dijo fue... Bertie.
FINIS
DICIEMBRE 25, 2012