Wooyoung llegaba con bajas expectativas de encontrar una casa que le gustará del todo, siempre debía haber alguna falla, ya sea, vecinos ruidosos, que fuera demasiado grande para una persona o ya demasiado pequeña.
Aquella mujer de rubios cabellos lo había llevado ya por tres casas, cada una le gustaba menos que la anterior. Ella era muy amable, se podía decir que por momentos buscaba coquetearle sutílmente, él solo sonreía tranquilo.
No fue sino hasta la quinta casa, era tan hogareña, tenía una pequeña terraza perfecta para dos personas, un sótano bastante amplio dónde podría poner aquellos recuerdos y dejarlos ahí.
Una sala en su medida perfecta, aquella preciosas gradas de madera, todo se veía en condiciones de no hacer muchos arreglos, era simplemente perfecta y lo mejor, estaba lejos de la ciudad, solo habían pocas casas afuera, pero estaban lo suficientemente lejos para que no se le acercarán aquellos vecinos, no le gustaba para nada tratar con nadie, era una persona bastante reservada, si bien es cierto podía llegar a ser un encanto, prefería la vida solitaria.
Una taza de café y un libro, no había mayor tranquilidad par él.
- Es esta - Le dijo con una sonrisa a aquella chica.
- Entonces le traeré los papeles - Ella le contesto con una sonrisa - Puede venir ya desde pasado mañana, primero debemos cumplir con los papeles en regla y de ahí la casa será toda suya Señor Jung.
- Bien entonces - Dijo tranquilo.
Regresó a aquel frío apartamento en el que había estado viviendo por dos meses. Se echó sobre aquel blanco sillón. Meditaba sobre que sería lo primero que hiciera, tenía mucho dinero, así que este no sería un problema, después de aquel accidente el seguro había cubierto todo, pensaba reincorporarse al trabajo lo antes posible, no por dinero sino porque necesitaba ocupar su tiempo y mente.
Acomodaba todo lo que llevaría, se dió una dicha rápida antes de ir a la que ahora sería su casa.
Tomó su auto en dirección a aquella preciosa casa. Se preguntaba cómo es que antes nadie la había tomado, se miraba de ensueño.
Se adentro en esta, pensaba en limpiar todo bien por dentro para luego poder acomodar sus cosas.
Acomodó sus cosas en el piso y empezó a limpiar, jazz suave sonaba de su reproductor. Un delicioso aromatizante con toques de café se podía sentir por su nuevo hogar.
De vez en cuanto tarareaba las rápidas melodias del saxofón, había escuchado el disco de John Coltrane tantas veces.
Terminó al atardecer, no había podido comer nada, se dirigió rápidamente a su mochila y tomó un poco de pan, no pensaba comer más, al día siguiente iría por comida para su refrigerador. Empezaría a cocinarce, siempre era lo mismo, pidiendo comida por todos lados, todo sería nuevo desde ahora y debía empezar a comer sano.
Una ducha rápida debido a que no había instalado aún el agua caliente y pronto preparo una taza de café y tomó aquel libro que había leído cuando niño, le hacía tan bien releerlo ahora.
" ...Fue el tiempo que pasaste con tu rosa la que lo hizo tan importante"
Se preguntaba sobre cómo podría existir un amor así de puro, aquella mujer a la que él había considerado amar no se sentía igual, el amor que describía el principito parecía tan etéreo, tan sublime ¿Cómo se debe amar a alguien de manera correcta? Wooyoung quería comprender. El amor correcto parece ser únicamente el que siente un niño.
Cerró aquel libro, no quería volver a caer en el mismo bucle, debía salir de aquel desesperado hueco en el que se encontraba.
Se dirigió hacia su nuevo cuarto, todo lleno ya de sus colchas y sábanas, el cuarto era tan cálido, el olor a madera solo complementaba a aquel delicioso ambiente.
Se recostó y apago las luces, no tardó mucho en caer dormido.
Una risa, tan dulce e inocente se escuchaba, despertó pronto. Sacudió su cabeza pensó que todo había Sido un sueño cuando de pronto, volvió a sonar.
Se escuchaba por el primer piso. Su corazón latía rápido, nunca en su vida había pasado por algo similar, ¿que haría un niño dentro de su casa?, ¿de dónde habría venido?.
Prendió las luces y bajo, no encontró absolutamente nada. Suspiro pesado.
Nuevamente entro en aquel cuarto, quizás todo había Sido su imaginación. Tras unas horas logró conciliar el sueño pero nuevamente aquella risa, tan dulce, parecía estar muy cerca.
Abrió los ojos y solo logro escuchar un eco en la habitación. Estaba seguro, aquella risa había provenido del cuarto. Miro hacia todos lados, su corazón latía rápido, estaba solo en casa y la más cercana estaba considerablemente lejos. Se sentó e intentó tranquilizarse.
- Me debo estar volviendo loco - Dijo tras un suspiro.
No pudo conciliar el sueño nuevamente. Solo se sentó a continuar leyendo, no iba a engañarse, le daba demasiado miedo salir de la habitación, colocó música en volumen suave.
La mañana llegó, se sentía mucho más seguro con la luz del sol alumbrando el lugar. Pensó en ignorar aquella situación, solo continúo con su rutina. Escuchaba música y leía, buscaba la paz.
Llegando la noche, volvió a tener el mismo problema. La risa, no sabía de dónde venía, lo despertaba colo queriendo confundirlo, entre saber si era real o lo soñaba.
Pasaron tres días y continuaba, empezaba a entender un poco más porque quizá nadie había querido comprar la casa. Debía llegar al fondo de aquello.
Lo primer que hizo fue dirigirse a las casas vecinas, preguntaba por la situación de la casa.
- Es extraño que pregunte aquello, hace 7 años fue la última vez que alguien hábito el lugar - Decía aquella anciana que lo había invitado a tomar café a su casa, una mujer de aspecto dulce y de personalidad tranquila.
- ¿Sabe porque se fueron? - Dió una bebida a su café.
- Eran los Park, tenían un precioso niño - Dijo sonriendo - venía a veces a ayudarme a cargar algunas cosas, tenía tan solo 12 años. Seonghwa se llamaba, un niño tan encantador. De hecho toda la familia lo era, pero algo cambio - La anciana daba una bebida a su café - él niño solía decir que encontró un ángel, me contaba ... Que este le sonreía y le hablaba, entre su inocencia me dijo que se enamoró, era extraño, por todo este lugar solo encuentras personas de mi edad y ellos eran nuevos, por lo que la presencia de otro niño me sonó extraña.
Wooyoung sintió sus pelos erizarse. ¿Un ángel?
- ¿Que más le dijo de aquel ángel?
- Cuando nos sentabamos a comer galletas me contaba que tenía cabellos negros y era el niño más bonito que había visto - sonrió - me contó que este solo aparecía a veces, pero que con solo una mirada podía hacer que su corazón latiera frenético. Era un niño tan dulce y se veía tan enamorado.
- ¿Qué pasó con Seonghwa?
- Sus padres se preocuparon cuando esté hablaba demasiado de aquel niño, ellos no veían nada y por supuesto no le creían.
- ¿Usted le creyó?
- Un niño no puede fingir estar perdidamente enamorado, señor Jung, en lo inocente de sus palabras podías notar cuanto amor tenía por aquel niño.
- ¿Ambos se enamoraron?
- Seonghwa me contaba que aquel niño era tan inocente, que nunca pudía declararse, me pedía consejos, pero siempre terminaba arrepintiéndose y no lo hacía.
- Vaya Señora Song, si no fuera por todo lo que he pasado estos tres días, se me haría demasiado difícil creerle, pero ... - Dió un gran suspiro - Aquella risa me pone los nervios de punta.
- Un día antes de que se mudaran vino a visitarme, me dijo que había logrado declararse pero que aquel ángel no tenía idea de que significaba eso, me dijo que quiso darle un beso pero que el niño sintió miedo.
- Eso es... Impresionante -
- Lo es, dudo que Seonghwa me haya mentido, sus padres por otro lado lo tomaron por loco y se lo llevaron a la ciudad, no supe nada más de él. La última vez que lo ví me dijo que volvería por su ángel, y cuando fuera así me traería pruebas de que existe, yo le dije que no era necesario, que le creía, aquel niño era tan dulce.
- Vaya, estoy demasiado impresionado y la vez ... Algo asustado. Yo, realmente no se que debería hacer.
- Puede convivir, por lo que sé solo es un alma inocente, no le hará daño, podría solo ignorarlo.
- Jamás en mi vida he creído en algo así, me pone muy nervioso el ... Tener esta charla y pues, asimilar que todo lo que pasó es... Real - Estaba estupefacto.
No tenía idea de cómo reaccionar ante tal declaración. Debía dejar aquella casa o convivir con aquello.
La casa merecía toda la pena pero el tratar con algo desconocido lo asustaba terriblemente.
- Entiendo su asombro Señor Jung, pero sé que sabrá que hacer -
- Muchas gracias por responder a mis preguntas, es muy amable - Dijo sonriendo.
- Puedes venir cuando desees, me alegra tener visita, por acá nadie puede transportarse tan fácil como para poder venir a visitar, espero verlo pronto -
Aquella mujer era un encanto.
- Por supuesto que lo haré Señora Song - Dijo con una sonrisa.
Volvió a aquella casa, un escalofrío recorrió su cuerpo. No sabia que hacer.
Solo tomo una taza de café y se dirigió a su cuarto, se recostó bajo las sábanas y bebió, meditaba.
Decidió acostarse a dormir, no quería pensar más en aquello. Al día siguiente ya podría asimilar todo lo que pasaba.
- Ángel -
Escuchó cuando estaba a punto de conciliar el sueño, aquella voz. Era la de un niño, era tan dulce.
Paso saliva.
- ¿Quién eres? - Dijo como pudo.
No obtuvo respuesta. Se levantó rápidamente y encendió la luz, su corazón latía ya demasiado rápido.
Miraba por todo el lugar, no había nada.
- Me voy a volver loco - suspiró.
- Ángel-
Escuchó de afuera del cuarto. No sabia si salir o no, la curiosidad lo mataba.
La abrió, nuevamente nada. Cerró con seguro y se volvía recostar, pensó en irse, pero luego de meditar un rato se dió cuenta que era demasiado tarde, decía tratar de dormir y evitar todo aquello.
Le costó demasiado pero logro dormir, estaba pacífico.
Caminaba por aquella casa cuando de repente vio a un niño sentado en las escaleras, traía un polo blanco que lo cubría hasta cerca de las rodillas, su cabello era negro y le sonreía.
Se acercó a él .
- Ángel - Aquella voz era suya, él niño sonrió.
- ¿Q-quién eres? - Dijo con miedo.
- ¿Tú eres un ángel ? - Dijo sonriendo de manera inocente, aquellos preciosos hoyuelos, aquellos ojos que se cerraban de aquella manera cuando sonreía, aquel aspecto tan dulce.
- No lo soy - Dijo loas tranquilo que pudo - Soy Wooyoung.
- Eres un ángel - Dijo seguro.
- ¿Cuál es tu nombre? - Dijo acercándose un poco más para verlo de cerca.
- No te diré - Dijo juguetón.
- Yo te dije el mío - le sonrió para que esté tuviera más confianza.
- Es cierto - Dijo pensativo - supongo que se lo puedo decir a un ángel.
Wooyoung solo lo observaba.
- Soy San - Dijo acercándose más aún, lo miraba divertido - Tu cabello es amarillo, eres muy bonito.
Wooyoung se quedó perplejo, aquel niño le hacía un cumplido. ¿Que se suponía que hiciera?
- También tu lo eres San - Dijo agachándose a su altura, el niño tenía una piel tan lisa, lo admiraba de cerca, nunca había visto a un niño con aspecto tan inocente y dulce.
- ¿Me vas a cuidar? - Dijo rascando su brazo tímidamente.
Era la conversación más extraña que había tenido en su vida.
- Si eso deseas, lo haré - Fue lo único que atino a decir para después seguir contemplando a aquel niño de cerca.
Notó que en sus muñecas habían cicatrices, logró ver muchas marcas rojizas por sus rodillas, estaba descalzo y notó que sus tobillos estaban algo morados.
- Te cuídare San - Fue lo único que atino a decir cuando esté lo miraba admirado.
- Te creo - Le dedicó nuevamente una de sus sonrisas - Ángel
Despertó.
Sentía su pulso en los cielos, su presión era baja, tenía demasiado frío y sudaba. Miró hacia todos lo lados. Agitó su cabeza. Tenía que ser solo un sueño.
Se dirigió a su cocina, ya había amanecido, trataba de pensar claramente en lo que había pasado. Aquel niño era tan hermoso, pero ¿Por qué tenía aquellas heridas? Era cautivante ver esa clase de belleza.
Quería volver a verlo. Tenía que volver a verlo.
El día pasó, esperaba a poder escuchar aquella hermosa risa, pero nada.
Pasaron tres días, había podido dormir con tranquilidad, aquella risa cesó. Se sentía algo raro en verdad quería volver a ver a aquel precioso niño.
Se encontraba en su cuarto, leía y tomaba agua puerta, se recostó y tras unos minutos la escuchó.
- ¿San? - Dijo nervioso.
- Ángel - Escuchó tras la puerta
Sentía sus manos sudar, quería verlo.
Abrió aquella puerta nervioso, no había nada, volteo negando con la cabeza cuando lo vio sobre su cama, estaba de cuclillas, con una sonrisa.
- Ángel huele muy bien - Dijo inocentemente.
- San... Hola - se acercaba lentamente.
Esto definitivamente no era un sueño, nuevamente volvía a ver aquellas manchas y rasguños.
Se sentó al frente suyo.
- ¿Cuántos años tienes?
- No lo sé - Dijo tranquilo - ¿Tú cuántos tienes ?
- 28 - Dijo mirándolo directamente.
Se acercó más.
- San, ¿de dónde vienes?
- No lo sé - Nuevamente aquel tono - Solo te vi entrar ángel y te mirabas... muy lindo -
¿Acaso sus mejillas estaban rojas? ¿Estaba... Nervioso?
San era, hermoso.
- Dime San, ¿hace cuánto estás aquí?
- No lo recuerdo bien - Dijo desviando la mirada.
Wooyoung se acercó a su rostro, no había ninguna doble intención simplemente quería verlo bien. San de repente se encontraba más rojo de lo normal, su corazón le latía demasiado rápido. No dejaba de observar el rostro de Wooyoung.
- San estás... Muy rojo - Dijo riendo un poco.
- Yo... Me tengo que ir ...- Dijo levantándose.
Wooyoung quiso detenerlo tomándolo de la muñeca pero se detuvo al recordar lo heridas que estás estaban.
San salió de aquel cuarto. Despareció.
Wooyoung se preguntaba que era San. Nunca había creído en los fantasmas, era él mismo quien siempre entre su grupo de amigos negaba su existencia y ahora hablaba con uno, y lo peor de todo, le parecía tan precioso.
Llamo a su nombre muchas veces pero este no volvió.
Pasaban los días, casi una semana desde aquello. Su mejor amigo lo llamó.
- Entonces prefieres quedarte encerrado en casa sin nada que hacer - Decía molesto Jongho desde la otra línea.
- No es eso, es solo que ... Me gusta este lugar.
- Deberías vivir acompañado Woo, después de lo que pasó más aún, sé que su perdida aún te afecta -
- Somin significaba mucho para mí Jongho - Aún solía recordar aquello - Pero seguiré adelante, estoy bien créeme.
- De cualquier manera en unas semanas iré a visitarte con todos. Necesitas desahogarte Woo.
- Los esperaré feliz Jongho - Dijo con una sonrisa, todos sus amigos siempre habían intentado ayudarlo, fue él quien decidió aislarse.
Había perdido a la que consideraba su compañera de vida. Novios desde la secundaria, se había acostumbrado tanto a ella y ahora no estaba.
Caminaba por aquella sala con su taza de café y algunas galletas, decidió prender la tele, toda su atención estaba en esta cuando...
- No te acerques mucho a mi ángel - dijo San escondiendo su rostro entre sus brazos - Mi ... Corazón ... Se siente raro.
- Yo... Disculpa San - Dijo sonriendo - solo quería observarte de cerca.
- Bien ángel -
- Dime San, te gusta el chocolate
- Yo ... no puedo comer -
- Oh, ya veo - dijo tranquilo - ¿Que quieres hacer?
- Suelo aburrirme aquí solo, podrías poner esa música que pusiste aquel día.
- Oh, te refieres al jazz - Dijo sonriendo - Bien San.
Se dirigió hacia su equipo de sonido, puso aquel disco de John Coltrane. Volvió a su sitio mientras la música llenaba el ambiente. Ambos escuchaban tranquilos, no hablaban solo disfrutaban de la compañía del otro.
Wooyoung lo miraba por momentos, esas facciones tan delicadas, esa preciosa nariz.
- Niño hermoso - Se le escapó.
- Wooyoung - Era la primera vez que lo llamaba por su nombre, notaba nuevamente como este se ponía nervioso.
- ¿Que pasa San?
- Haces a mi corazón sentirse raro - Dijo serio - Has que pare - lo miró.
Wooyoung estaba perplejo.
- San - Era demasiado extraño escuchar todo aquello, nadie nunca era honesto con esa clase de sentimientos - ¿Nunca has sentido eso antes?
- No Wooyoung- dijo inocentemente - Has que pare - Lucía tan seguro en lo que pedía.
- San - suspiró - yo no puedo controlar eso - Sonrió.
- Pero tu lo causas - Dijo confundido - Tu deberías poder detenerlo.
Solo por curiosidad Wooyoung se colocó a centímetros de su rostro.
Aquel rojizo color.
- Dijiste que no te acercarías ángel - dijo con los ojos rojos al igual que sus mejillas - mentiste.
Salió corriendo.
Wooyoung quiso disculparse pero este no le dió tiempo.
Se fue a dormir, estaba molesto consigo mismo. San había confiado en él, pero es que le causaba tanta curiosidad la reacción de San.
Se fue a dormir, esperaba que este apareciera en algún momento.
No fue sino hasta media noche que escucho sollozos. Salió rápidamente de su cuarto, se fue hacia el sótano que era de dónde venían aquellos lloriqueos.
San lloraba, aquel polo blanco ahora tenía muchas manchas rojas. Se acercó a él y lo abrazó.
San continúo llorando sobre su pecho.
- Vamos Sannie, ¿Qué pasó?
- Ángel - Decía aún llorando - ¿Me cuidaras ?
- Te lo prometí San - Dijo abrazándole
No sabia porque tenía aquella extraña sensación. Sentía un fuerte dolor en el pecho al ver a San así.
A penas conocía a aquel niño, no tenía idea de que hacer. Lo sujetaba con mucha ternura. Lo cargo hacia su cuarto.
Lo recostó y pasaba un pequeño trapo mojado por sus rodillas por las que tenía heridas frescas.
- San, puedo... - Dijo nervioso, quería limpiar las heridas que pudiesen encontrarse bajo aquel gran polo.
- Woo - Dijo tomando aquel peculiar color rojo.
Wooyoung con mucha delicadeza se lo quito mirando heridas por su cuerpo, limpiaba con cuidado, tenía infinitas preguntas. No entendía nada.
Tocaba todo el cuerpo de San con cuidado, San solo lo observaba nervioso.
- Puedes dormir conmigo si deseas - Dijo Wooyoung.
- Yo... No es necesario ... Puedo irme
- No irás a ningún lado así San - Dijo tranquilo
- Pero...
- Ven aquí San - Lo tomó de la mano y lo recostó con él - No tengo idea de quién eres San, o que pasa contigo, pero... Te cuidaré.
- Ángel - dijo asustado.
Ambos estaban recostados juntos, cada uno en su lado de la cama, San sentía su corazón latir, no sabia como decirle que él no podía dormir.
Wooyoung no demoró mucho en quedarse dormido. Lo miraba.
Aquel ángel era tan hermoso, y se comprometió a cuidarlo, sentía que podía confiar en él pero... Le hacía sentir demasiadas cosas, miraba aquellos lunares hermosos, aquella mandíbula, aquel pecho tan fuerte. Aquellos labios tan gruesos, nunca había visto un ángel así.