San lamía toda la extensión de Wooyoung, ahora tan experto en hacerle orales, Wooyoung lo sujetaba de la cabeza mientras se mordía el labio, la lengua de San, tan juguetona y experta al moverse sobre su verga.
Se corrió sobre su rostro, San sonreía, lamía y se tragaba todo el semen, Wooyoung lo sujeto y empezó a besarlo, lo apretó a su cuerpo fuertemente.
- Dime qué no te irás -
- No lo haré - Dijo seguro San.
Su plazo se estaba por acabar, debía volver de inmediato. Se mantuvo apegado a Wooyoung, el tiempo paso y continuaba entre sus brazos, Wooyoung le robaba algunos besos mientras esté se acurrucaba entre sus brazos.
No pasaba nada, todo continuaba con normalidad, San sonrió, pensaba que realmente todo podía estar bien. Wooyoung completamentea ajeno a todo ahora, dormía con aquel niño en brazos.
San cerró los ojos, sentía su cuerpo pesado, por primera vez sentía... Calor.
Wooyoung se despertó tras unos minutos, movía su cabeza, pensó en encontrar a San jugando con sus dedos o viéndolo.
Aquel hermoso ángel dormía, su cuerpo respiraba calmádamente sobre aquella cama, estaba impresionado, lucía tan pacífico y etéreo.
Se quedó viéndolo por mucho rato.
- Dejará de existir - Escuchó una voz fría y rasposa aparecer detrás suyo - Lo corrompiste tanto como si solo fuera un estúpido humano, él era muy puro e ingenuo, y ahora parece un humano más entregándose a la lujuria asquerosa contigo.
- Supongo que tú eres quien lo envía en aquellas misiones - Dijo Wooyoung con voz dura.
- Soy más que eso, también soy el amo de San, el me pertenece por derecho.
- Él no está de acuerdo, mucho menos yo - Dijo dirigiéndole una fría mirada.
- Me lo llevaré -
- No harás tal cosa - Dijo levantándose- haré de todo por tenerlo.
- Supongo que San no te dijo lo mucho que debía sufrir para poder tenerlo.
- No me dijo nada - Estaba sorprendido, entonces si había una manera de poder estar juntos.
- Me das lastima, jamás soportarlas todo lo que eso abarca -
-¿Qué se supone que debo hacer? - Dijo cruzándose de brazos.
- Normalmente no te diría, pero es más que obvio que no podrás cumplirlo, debes hacer un trato con el de abajo - le sonrió con superioridad- Debes pasar por terribles cosas.
Wooyoung frunció el ceño.
- Debo llevarme a San, si él sigue aquí esas heridas serán más frescas que nunca y no podré hacer nada por salvarlo -
Wooyoung lo observaba, bien, ahora que sabía que debía hacer podía entregarle a San, solo hasta que pudiese tenerlo.
- Es mi vida - Dijo mirándolo - No lo lastimes.
- No lo lastimaría nunca, se terminará enamorando cuando te olvide Wooyoung, y para cuando lo intentes no sabrá ni quién eres - Y probablemente tú no lo reconozcas.
Wooyoung lo miraba con desprecio, si aquello era cierto, estaría devastado. San realmente era todo lo que tenía, lo consideraba su familia, el amor de su vida, era su todo.
Vio como lo tomó con suavidad y se lo llevaba. Odiaba todo, tendría que hacerlo.
Tras su partida como nunca empezó a planear un ritual, podía sonar ridículo, hasta hace menos de un año era tan escéptico con todo y ahora se encontraba por entregarle su alma al diablo si era necesario para poder estar con San.
¨In nomine Dei nostri Satanas Luciferi excelsi! ¡En el nombre de Satán, Señor de la Tierra, Rey del Mundo, ordeno a las fuerzas de la Oscuridad que viertan sobre Mí su poder Infernal! ¡Abran de par en par las Puertas del Infierno y salgan del Abismo para saludarme como su hermano y amigo! ¨
Se sentía extraño, empezaba a creer que nada pasaría. Cuando de pronto se sintió adormecido, sus manos cosquilleaban, y terribles ganas de vomitar aparecía. Cayó al piso, sentía su piel arder pero no podía moverse, quería gritar, el dolor que sentía en aquel momento era insoportable, tras unos minutos de sufrimiento abrió los ojos y escuchó una risa exagerada y en extremo burlona.
- Entonces tu eres el humano ingenuo - Escuchó aquello antes de recuperar el oxigeno - Lo que acabas de pasar no será nada si sigues con tu estúpido capricho.
Aún no podía sentía su garganta arder, miraba solo oscuridad a su alrededor, no podía ver de donde provenía aquella voz.
- Enamorarte de un ángel es lo más estúpido que puede hacer un mugroso humano - Esa voz era irritante y chillona - Oí que lograste corromperlo, eso me agrada, no tienes reglas morales para meterte con un niño... Me imagino lo que viniste a pedir.
Odiaba aquella risa que parecía burlarse de su sufrimiento. Con mucho esfuerzo logró levantarse, su cuerpo dolía de maneras inimaginables.
- Dime humano, ¿Querrás pedirme eso aún sabiendo que dolerá mucho más de lo que te duele ahora? - Aquella voz estúpidamente irritante lo estresaba.
Respiraba fuertemente, su garganta quemaba...
- Si - se escuchó cual susurro, no podía elevar la voz más.
- Servirás para mí y te haré hacer cosas realmente desagradables -
- Lo... - contestaba como podía - lo haré.
- ¿Qué mierda podría tener un ángel para que quieras continuar después de todo esto? Los humano son en extremo idiotas, sabes que incluso después de tenerlo tendrás que continuar sirviéndome ¿verdad?
- Lo haré, haré lo que quieras - Dijo ahora con más seguridad, podía manejar el dolor si pensaba en aquella hermosa sonrisa - Te serviré hasta el final si es que me dejas estar a su lado.
- Es un ridículo ángel, y a parte, no sé si me seas tan útil, te pondré a prueba - Dijo aquella voz oscura - Necesito la sangre de un inocente Wooyoung, si haces esto aceptaré tu oferta y reclamaré a tu ángel como parte de este lugar y dejaré que sea tuyo.
- Lo haré - aquella seguridad lo hizo reír, realmente debía estar desesperado.
Wooyoung tras una oleada de dolor extremo, despertó, miraba a todos lados, se encontraba en aquella casa. Observaba sus manos, el borde de sus uñas estaban rojas, de pronto empezó a toser, pesadas gotas caían por su boca.
Se dio una rápida ducha, se miraba en aquel espejo, sus ojos lucían rojos y las venas de su cuello se marcaban de manera agresiva.
Se peinó bien, caminaba por la calle tan calmado, no llamaba la atención de nadie. Una chica de aspecto muy dulce entraba a la universidad, Wooyoung la observaba, aquel ardor parecía nunca querer irse.
La chica le dirigió una mirada, Wooyoung le contestó de vuelta, se acercó a ella.
- ¿Cuál es tu nombre preciosa? - Dijo acercándose.
- Soy Haneul - Le contestó con una sonrisa - Tú, ¿vienes a estudiar aquí? - el aspecto juvenil y sensual de Wooyoung lo ayudaba mucho.
- Si, pero faltaré hoy, necesito algo de diversión - Dijo sonriendole -¿Qué dices hermosa? ¿no quieres arriesgarte un poco?
Aquella chica estaba hipnotizada por Wooyoung, era demasiado atractivo, jamás había pasado por su mente el escaparse. Era demasiado peligroso hacerlo, sobretodo con alguien que nunca había visto en su vida, pero la mataba la idea de poder tener algo con alguien tan atractivo, sus amigas definitivamente estarían celosas, era molesto para ella el ser la única que no tenía novio.
- Iré - Sonrió. Wooyoung le ofreció su manos, ella la sujetó nerviosa. Amaba la idea de caminar de la mano con aquel atractivo chico.
Wooyoung la llevó a un hotel, a penas entraron a la habitación, se desvistió, Haneul observaba aquel cuerpo tan bien formado, no podía creer que estuviese pasando por aquello.
- Ni siquiera me has dicho tu nombre - Decía sonriendo aquella chica.
- Eso no importa preciosa - Dijo acercándose a ella, la tomó del cuello de manera dominante. Ella lo observaba, nunca había pasado por algo similar, todo cambió cuando aquella manera en la que la sujetaba se tornaba más fuerte. El oxigeno empezó a faltarle, Wooyoung no llevaba ninguna carga emocional en aquel momento, miraba como aquel cuerpo se desvanecía debajo suyo.
Ella dejó de luchar.
Acababa de matar a alguien, tantos años investigando tantos casos de asesinato, buscando darle justicia a aquellos casos que le parecían de lo más grotescos, siempre se había preguntado como era que las personas llegaban a cometer un acto sin escrúpulos, tan asquerosamente sucio, no miró atrás, el dolor en su cuerpo se mantenía ahí, bufó por la ingenuidad de la chica ¿Quién mierda acepta irse con el primer sujeto atractivo que se te aparece?
La cordura de Wooyoung estaba envuelta en terribles mantas cubiertas de desesperación por su ángel. Llegó a su casa, se sentó en su sillón, meditaba sobre lo que acababa de pasar, nuevamente aquella estúpida risa que odiaba apareció.
- Maldita sea, debes estar loco - Decía riendo - Después de todo si puedes servirme - Decía riendo - Aunque necesito que veas algo.
De pronto Wooyoung caía sobre sus rodillas, podía observar a San besar a aquel asqueroso sujeto. Aquella inocencia no se quitaba de su hermoso rostro, lo tenía desnudo como él lo tuvo en algún momento.
- Se divierte mucho tu angelito -
- Es mío - Dijo golpeando el piso.
- Le borraron la memoria Wooyoung, y el único que se la puede devolver es el que se come sus labios - Aquel tono burlón lo desesperaba demasiado - Esto es tan divertido, acabas de matar a alguien por un estúpido ángel que nunca te va a recordar.
- Solo promete que me lo darás -
- Será tu esclavo y podrás hacer lo que quieras con él, pero no te recordará si su actual amo no hace nada -
- Lo quiero, necesito que sea mío - Dijo sollozando - necesito que me recuerde.
- Hay una manera de conseguir todo lo que quieres Wooyoung - Dijo con aquel tono de voz.
- Eso es.... - su pecho subía y bajaba desesperado.
- Reclamarlo como tu esclavo también - Dijo sonriendo.
Wooyoung sonrió, su mente estaba llena de gritos desesperados y su cuerpo aún sentía quemarse.
-En ese caso los reclamo a ambos - Dijo aún con una macabra sonrisa.
- Eres determinante, todo eso me puede servir mucho - Dijo sonriendo - Te daré un espacio aqui, si cumples con tus misiones.
Rió por la ironía del caso, San había cumplido por años con aquellas misiones tan nobles y dulces y él estaba por hacer algo que iba totalmente en contra de todo ello.
- Lo haré - Dijo sonriendo.
- Te protegeré entonces y tendremos un trato Jung Wooyoung, tendrás a tu ángel y yo a todas las almas que me plazca, él pensaba borrarte la memoria hoy, pero ahora me sirves a mi, asi que no olvidarás el porque me sirves, eso es útil para mí, así no tendrás ninguna compasión.
Le extendió la mano, Wooyoung lo observo, se preguntaba ¿Tanto había llegado a amar a aquella alma tan pura? Si, sería mil veces si. No importaba nada.
Estrecho su mano, tras aquello sintió su cuerpo quemar, su cabeza estaba llena de tantas voces, tenía un infierno mental, contrastante a su único pensamiento dulce.... San.