San caminaba lentamente hacia el parque, su cabeza era un revoltijo, estaba muy seguro de lo que sentía por Wooyoung, pero el imaginarlo asesinando a alguien lo hacía sentir miedo.
Regresaba con si señor quien lo esperaba ansioso para poder tomarlo. Caminaba a paso lento, no quería tener que lidiar con el.
- San, desnúdate, es una orden - Decía aquel sujeto quitando sus prendas. San se asustó. No quería volver a hacer lo mismo.
Debía obedecer, una vez desnudo le pidió que se acercase, este hacía caso. Grande fue su sorpresa al colocarlo en cuatro y notar aquellas nalgas de un color carmesí y su aún un poco dilatado ano.
- ¿Qué hiciste?- esa voz tan enojada.
- Nada - Dijo nervioso.
- ¿Quien mierda te hizo eso? - apretaba los puños, no podía ser que fuera él.
- Nadie - Decía serio.
- Dime la maldita verdad San o juro que no te dejaré volver a salir.
- Fue un señor, me guío a su casa y lo hizo - Mentía de manera natural.
- ¿Te dijo su nombre? ¿Cómo era? - claro que llegaría al fondo de aquello.
- No lo sé, lucía muy mayor, casi anciano - dijo calmado.
- ¿No te importa que te hayan hecho algo así? - San lucía fresco al contar aquello.
- No me importa, de cualquier manera nunca será agradable - Sabía que era mentira, y sabía que aquello habría herido a su señor.
- Vístete ya, mañana hablaremos seriamente - Dijo saliendo de aquel lugar molesto.
Se vistió y se dirigió a su habitación, pensaba en Wooyoung y aquellas heridas, sabía que tenía una debilidad con él, sabía perfectamente que terminaría por aceptar cualquier cosa por estar con él, caían algunas lágrimas de su rostro por pensarlo, por pensar a qué punto de desesperación había llegado Wooyoung. Había Sido algo cruel al hablarle pero estaba tan asustado, no se lo imaginaba matando, tenía una impresión tan distinta, sabía que en la cama podía ser salvaje y dominante pero jamás lo relaciono con llegar a cometer tales acciones.
Miraba a todos lados, sabía que no le darían permiso en mucho tiempo, tenía que medita en que quería, había Sido duro con Wooyoung.
Las semanas pasaban para San, tras las largas charlas con su señor este término por aceptar que no podía obligarlo a nada, tendría que buscar otros métodos para enamorarlo, buscaba incansablemente a la persona con la descripción que le daba San, pero no encontraba nada.
Pudo volver a salir, debía buscar a Wooyoung, debían hablar y aclarar las cosas.
Al llegar al parque se dirigió a la casa, caminaba nervioso, no sabia que podría encontrarse.
Llegó a aquella puerta, su pecho dolía, se sentía tan nervioso. Iba a tocar cuando escuchó sonidos extraños provenir de otro lado, siguió aquellos sonidos, rodeaba la casa.
Aquella puerta que daba con el sótano, escuchaba la voz de Wooyoung. Era algunas risas y aquella voz, ¿Acaso era una mujer?
Se las ingenio para abrirla, se adentró silenciosamente, se ocultó tras unas cajas, escuchaba a Wooyoung reír.
- ¿Tu pintaste todo esto? - Decía la fémina.
- Si hermosa - Aquella voz tan seductora, tan varonil.
- Eres muy bueno Woo - Aquella chica se le acercaba. San se acomodó lo suficiente para observar todo.
- No es lo único en lo que soy bueno - Se acercó a ella y la tomo de la cintura , estaba muy cerca de sus labios.
San sentía un nudo en su estómago, sentía tanta ira, no había ido en dos meses y ya lo había superado. Entonces tanto sacrificio era para después de todo hacer lo que quisiese. Pensaba irse sin más, pero en su torpeza hizo caer una de las pinturas al intentar salí, cayó al piso.
- Oh, ¿es tu hermanito?- dijo aquella chica con dulzura ayudando a San levantarse.
- él - Wooyoung estaba perplejo, no pensó que San apareciera ahí.
San estaba por dar una excusa y largarse.
- Espérame aquí preciosa, debo hablar con mi hermanito- hablaba de manera tan dulce y natural. Le dió un corto beso en la mejilla, aquello dolió como los mil infiernos en San. Quería llorar, quería realmente salir de ahí.
- Ven conmigo - Le dijo Wooyoung en un tono serio.
Este lo siguió, sus ojos estaban cuál cristales, pensaba que al llegar a la sala simplemente se marcharía, no quería verlo más.
- San escúchame - aquella voz tan dura le puso los nervios de punta a San.
- Dime - Soltó con la cabeza gacha.
- Tienes razón San, tú, no eres ningún objeto - soltaba con frialdad - nunca quise que lo tomaras así, créeme. Ahora lo entiendo San, no te verás involucrado en todo esto. Solo me encargaré de quitarte de encima a tu amo y serás libre. No te buscaré más, hice mal todo este tiempo al querer recuperarte - San se asustó, la mirada de Wooyoung no expresaba nada, aquella mirada llena de amor y desesperación no estaba - solo debes esperar un tiempo más y te daré tu libertad San. No puedo retractarme de la decisión que tome, pero se que desde un principio lo hice por ti y así será hasta el final. Serás libre San.
Este sentía que las lágrimas caerían en cualquier momento. Realmente le dolía escucharlo hablar así.
- Wooyoung ¿Q-quién es ella? -
- No vuelvas a venir a esta casa San - Se levantó de su sitio - desde ahora no nos vamos a volver a ver, solo ten de seguro que no te volveré a molestar.
Wooyoung jamás le había hablado así, se iba como si realmente no le importará.
- Wooyoung - Lo llamo antes de que este volviera al sótano con aquella hermosa chica de castaños cabellos.
- Dime San -
- Tú ¿Ya no me amas? - Se sentía estúpido por preguntar, pero la frialdad de Wooyoung lo hacía sentir terrible.
- Eso no debe importarte de ahora en más, tú y yo somos de lados distintos, ahora sirvo al mal, haré cosas terribles San.
- P-ero...
- Pero nada San, voy a asesinar gente - Se acercó a él - Voy fornicar con quién me manden, voy a hacer las peores cosas que te puedes imaginar San, no tienes que preocuparte por lo que me pase, vive tranquilo San.
- No - No pudo articular más palabras, no sin que las lágrimas empezarán a caer por sus ojos - No quiero que lo hagas con ella - Miraba a su pequeño ángel con la mirada tan destruida - Por favor no se lo hagas Wooyoung - Limpiaba las lágrimas de sus ojitos, empezaba a sollozar fuertemente.
Lo miraba aún sin expresión, debía ser fuerte, su ángel no merecía verse envuelto en todo aquello.
- Vete San - Dijo caminando nuevamente hacia la puerta.
San corrio hacia él rápidamente, lo abrazó por la cintura, estaba destruido.
- No le hagas el amor a nadie más - Dijo abrazándolo fuertemente.
- Renuncio a ti San -
- No digas eso Wooyoung - Dijo desesperado - Sé que significa eso, y yo, yo no quiero olvidarte.
- Solo quiero tu bien San y así deben ser las cosas. Mi mundo no es para ti.
- Yo - estaba perplejo.
Wooyoung se soltó, sin mirar atrás regresó al cuarto. Sentía como algo dentro suyo se rompía, aquello era mil veces más doloroso que todo el dolor que le infringía aquel trato. San merecía ser libre, merecía su tranquilidad.