- Mghmm ... afgmmm - Caminaba tranquilo por aquel lugar cuando de pronto escuchaba aquellos gemidos, que venían de la dulce voz de San.
¿Que estaba haciendo aquel pequeño ángel? Camino hacia el lugar de donde provenía aquel sonido.
Aquellos suaves y dulces gemidos de intencificaban, se acercó a la puerta y la abrió levemente, quería observarlo.
Así era, San estaba completamente desnudo, una de sus manos ocupada en meter dos de sus dedos a su propia entrada, los sacaba y metía de manera deliciosa mientras con la otra se masturbaba. Aquel dulce pene era tan rosado y terso, pequeño y precioso. Sus mejillas tenían un color rojizo, sus ojos se cerraban fuertemente, parecía sumido en su imaginación.
- Afghm.. si... Más - Decía, se pregunta que podía estarse imaginando.
Tenía una enorme erección ahora, no podía soportar viéndolo tan necesitado, miraba como este estaba por tener un orgasmo, empezó a tocarse, era deliciosa esa vista, aquel ángel nunca se le había mostrado así, lleno de deseo, destilando lujuria por aquellos preciosos labios.
- Si... Mghmm Woo... Wooyoung - Escuchó aquel nombre, se detuvo, San se tocaba pensando en aquel humano del que se suponía lo había alejado. Tan sumido en sus recuerdos debía estar, pensaba él.
- Wooyoung ... Aghmm - se mordía el labio, cuando de pronto vió como aquel líquido caía de aquel pene. San baja el ritmo de su mano, se había masturbado pensando en Wooyoung nuevamente, siempre sería así, este era el único que lo hacía desearlo tanto.
Se recostaba con su mano cubriendo su rostro, su pequeño cuerpo estaba agitado, su pecho subía y bajaba, tenía un enorme apetito sexual por Wooyoung, necesitaba tenerlo, faltaba dos días para que pudiera salir.
- Veo que te diviertes San - Este automáticamente se cubrió y retrocedio - Veo que él humano aún ronda por tu cabeza.
- Yo - lo miraba con desconfianza - creo que iré a bañarme.
- ¿Qué tiene de especial San?- le decía con la voz un tanto ronca, el ver a San de esa forma era demasiado excitante.
- Él me gustaba demasiado - Dijo abrazándose a si mismo - lo amaba.
- Tú no sabes que es el amor San - Dijo fríamente - Una persona que te ama, te da todo lo que yo te doy.
- Quiero estar sólo - Decía San desviando la mirada.
- Nunca conseguirás estar con él San, eres mío - Decía molesto.
- No soy un objeto - Susurró.
- ¿Que dijiste? - Se acercó a San.
- Que no soy un objeto - Dijo ahora firme - Quiero ser libre.
- No me hables así San - Dijo irritado.
- Bien - Dijo San con impotencia, no podía molestarlo, de cualquier forma si este quería podía borrarle la memoria.
- Lo haremos hoy San - Dijo seco - Serás mío toda la noche, quieras o no.
San estaba harto, moría por acabar de una vez con las misiones.
Wooyoung continuaba con las misiones, ya se sentía nuevamente bien, San lo había ayudado inmensamente. Parecían un gran equipo, muchos caían en la inocencia de San, todo se volvía más rápido.
Ambos se ensuciaban las manos, incluso llegando a tener relaciones aún con sus cuerpos ensangrentados, San había perdido toda inocencia, cada vez se volvía más astuto y fuerte.
Leía demasiado, aprendía de todo un poco, Wooyoung lo esperaba siempre con algún delicioso platillo, muchas veces inundando el lugar entre aquellos cuerpos, ambos preguntándose cómo era que su inicio fue tan dulce y ahora por querer estar juntos debían hacer cosas atroces.
Nada parecía justo, Wooyoung siempre sería un pedófilo, enfermo y asesino y San un niño adicto a él.
- Dime Wooyoung - el mismo infierno parecía un lugar dulce ahora - ¿Cuántas vidas más cobrarás por tu estúpido ángel?
- Cobraré la tuya si me hace falta - Contestaba tan seguro.
- Par de idiotas - Sonreía con sorna - Tráelo aquí, deja que lo tenga por unas cuantas noches y te lo daré - Dijo aquella voz vacilante.
Wooyoung sonrió.
- Prefiero sufrir mi destino a qué le pongas un dedo encima -
- Vamos, da igual, será tuyo toda la eternidad, que me lo des unos días no te...
- No es un estúpido esclavo, no es para ti idiota, aprende tu lugar -
Abrió en demasía los ojos, nunca nadie le hablaba así. ¿Es que acaso ya no generaba miedo?
- ¿Un humano me quiere enseñar mi lugar? - Bufó.
- Ya me voy - Soltó Wooyoung irritado. Debía volver a casa. San debía estar esperándolo.
Cuando llegó notó que aquel niño preparaba algo en su cocina.
- ¿Qué haces amor? - Decía calmádamente
-Lo voy a asesinar Wooyoung, me tiene harto - Soltó con frialdad.
- ¿Te encuentro en un mal momento bebé? - Se acercaba a él.
- No es eso, sólo, ya me cansé - Dijo frustrado - Ayer me obligó a hacerlo, es doloroso Woo, es muy doloroso cuando no siento nada, parezco su estúpido juguete.
- Cuando estemos juntos dejaré que le hagas lo que quieras bebé - Lo abrazó fuertemente - será tu sirviente, ambos nos divertiremos mucho.
- Me encontró masturbándome - soltó - Woonie, siempre quiero más de ti.
Wooyoung sonrió, ambos se habían vuelto tan dependientes, aquella relación solo podía volverse más oscura.
- Tendrás todo de mi San, ya no falta mucho.
-¿Me amarás solo a mi verdad? - Decía acercándose a él - No quiero que tengas a nadie más, promete que sólo seremos tu y yo.
- San escúchame - Dijo calmado - Será un cambio grande, lo sé, pero no dudes de que para mí eres el único. No habrá más.
San lo abrazó fuertemente, la mente de San era un lío ahora, jugaba sus carta de la mejor manera, misión tras misión, pensaba en todo lo que había pasado, y sobretodo en lo que tendría que pasar, ¿Sobre su presente? Pues, prefería evitarlo, el tener a Wooyoung a medias mientras alguien se creía dueño de él y lo obligaba a tener sexo no le agradaba.
Meditaba por largas horas en que era realmente lo que quería, en cuál sería su futuro ideal, en como manipular la situación a su favor, estaba tan cansado de pasar de ser de una persona a otra, pensaba en lo mucho que amaba a Wooyoung, pero también en lo mucho que anhelaba su libertad.
Tantas cosas lo abrumaban, ya no importaba nada, se observaba a si mismo, se miraba tantas veces al espejo, aquel aspecto tan dulce y tierno todo siempre usado para ser un simple juguete, ahora no podía verlo más que como un arma.
Observaba su pequeña y dulce figura, aquella pequeña cintura, se observaba y miraba una atracción de lujuria que podía usar a su favor. Sonrió... Aquellos preciosos hoyuelos que enloquecían a todos, bien, ya no quería ser débil, no quería sentirse sólo nunca más.
Se miró nuevamente, después de todo, hacia tantas cosas por su felicidad, no iba a arrepentirse de nada.
Todo en la mente de San se iba oscureciendo cada vez más.
- Te amo San - Susurró Wooyoung - no importa cuántas veces te lo diga, siempre siento que me faltan palabras para expresarlo.
- Haces demasiado por mi Wooyoung, confío demasiado en ti - San suspiró.
Debían cumplir con una misión esa tarde, fornicaban sin ninguna vergüenza a lado de aquel cuerpo sin vida, Wooyoung lo besaba desesperado, dejaba algunas heridas en los labios de San, cada vez este se ponía más salvaje.
A veces dejaba marcas moradas por su cuerpo, muchas veces lo golpeaba o ahorcaba dejando heridas profundas incluso, San siempre pedía más, pedía ser tratado mal, amaba suplicar, le encantaba la sensación de sumisión ante Wooyoung, pero eso era todo, sólo debía darle ese privilegio a Wooyoung, nadie más debía verlo débil.
- ¿A quien le perteneces perra? - Le decía entre gruñidos, San vestido de aquella manera era tan caliente, tantos trajes que usaban, tantos juguetes con los que se divertían.
Ahora ambos parecían compartir aquella enferma y despiadada mente.
- A ti Wooyoung ... mghmm... A ti amo - San amaba aquello.
Embestia duramente, apretaba aquella piel sin piedad, San Gemía fuertemente. No demoraron en llegar al orgasmo, ambos continuaban devorándose los labios, chupaban, mordian y lamian por todos lados.
San presentaría aquel sacrificio, se vistió rápidamente tras aquel delicioso encuentro.
Llegó a aquel lugar, las heridas y el dolor siempre incrementaban, cada vez el dolor se le hacía más fuerte, pero también el se volvía más resistente.
- Angelito, que hermoso te ves hoy - Le decía burlón.
- Gracias - Le sonrió dulcemente.
- Veo que andas de buen humor - Decía sonriendole - Dime precioso, al fin pensante en lo que hablamos.
- Si, lo hice - San se le acercaba lentamente - Vamos a divertirnos.
- ¿No te espera tu humano? - Decía burlón.
- ¿Eso realmente importa? - Decía con una sonrisa.
- Ven conmigo - Siguió a aquel ente de aspecto tan asqueroso, era enorme, y siempre llevaba aquel asqueroso traje rojo que parecia en algún momento haber sido blanco, tan sucio y lleno de sangre, y lo peor de todo, que sobre aquel traje salía aquella notoria erección.
San no tenía expresión, solo caminaba detrás suyo, quería que todo pasara rápido, sabía que debía acelerar las cosas si quería terminar con aquello de una condenada vez.
Se desvestía en el camino, aquellas mallas negras, aquella pequeñas y dulces orejas, aquella diminuta ropa interior hecha de lencería.
Aquel ente volteo, notando aquel hermoso ángel de aquella forma tan apetecible, mordía su labio fuertemente.
- Maldita sea angelito - Dijo acercándose - Con ese aspecto puedes tener a cualquiera...
- Vamos, fóllame - decía con aquella necesitaba voz - Quiero tu pene...
Con su pequeña mano acariciaba aquella enorme erección. No iba a mentir le daba tanto miedo, y por sobretodo asco.
- Lo tendrás angelito.
No demoró nada en liberar su erección, aquel pene tan venoso y de aspecto repulsivo, todo en el lucía tan desagradable. Esos ojos oscuros y llenos de deseo, la lujuria se podía oler de lejos.
Se acercó a él, San rápidamente se dirigió a aquel erecto pene, daba lamidas suaves cuál gatito, lo miraba como si le suplicara que lo tomara, todo tan distinto a lo que realmente pasaba por su mente.
San pensaba solo en una cosa, más bien, en una persona, no dejaría nunca más nada pasar, debía salir victorioso de todo, ya no lloraría por su pasado, buscaría una solución a su futuro.