- Señor ¿puedo retirarme? - Aquella dulce y sumisa voz lo excitaba tanto.
- Podemos divertirnos un rato más San -
- Realmente deseo descansar señor -
- Bien, diviértete un rato - Dijo tras indicarle con la mano que podía irse.
San caminaba tranquilo por aquel lugar que parecía estar tan alejado a todo, no sabía que hacer, todo era tan aburrido, odiaba tener que cumplir con todo lo que le pedían. Se preguntaba si había más que solo aquel aburrido lugar.
No recordaba más allá de despertar en aquel lugar, estaba desorientado, lo único que entendió de aquel señor de imponente voz era que debía cumplir con todo lo que este pidiera si quería poder conocer más cosas.
Pasaba el tiempo, en verdad quería saber más.
- Has sido un buen niño San, te dejaré ir a pasear.
- ¿En serio? - Soltó emocionado - Pero no conozco ningún lugar señor, solo aquí.
- Puedes ir a la tierra - Por supuesto que lo enviaría muy lejos de Wooyoung, si bien era cierto que solo podía darle autorización para ciertos lugares, definitivamente lo pondría al otro extremo.
- ¿Dónde es eso? - Dijo confundido
- Es un lugar donde hay más niños como tú, puedes jugar con ellos.
- Eso sería genial Señor - Decía emocionado.
Una vez allá divisó a muchos niños, el ahora lucía como una más, antes de dirigirlo a aquel lugar le dió indicaciones de lo que podía y no podía hacer.
En su inocencia empezaba a jugar con aquellos niños, todos eran tan amistosos con él. Se divertía demasiado, le encantó estar en un lugar distinto a aquel aburrido templo .
Al regresar su señor lo esperaba desnudo, sabía lo que pasaría, le parecía realmente asqueroso , pero le daba tanto miedo desobedecer.
Se desvistió de manera instantánea y se arrodillo, lamía lo que podía, cerraba los ojos, no sabia que sentir, nunca pasaba nada por su cabeza, solo esperaba a que este derramará aquel líquido blanco para que lo dejara libre.
Este muchas veces lo tocaba pero no le generaba nada, se sentía asqueado por todo eso, San no podía evitar querer largarse de ese lugar, ahora que había conocido la tierra quería explorar más quería saber qué había más allá de aquel lugar.
Los días pasaban y aquel sujeto no se aburría de San continuaba pidiéndole cosas, hasta ahora no habían cometido al acto sexual, no habían pasado de aquellos roces y de los ocasionales orales que San le hacía.
Le había explicado en qué consistía el tener sexo y a San le repugnaba. La idea de haber aceptado tantas cosas del señor era porque tenía mucho miedo, dejaba que lo besara y tocara por todos lados.
Se sorprendía ya que eso nunca lograba excitarlo, nunca había demostrado tener señal de disfrutar realmente de lo que hacían, se desesperaba un poco pero tenía que ser paciente.
Cada vez lo dejaba salir más, le daba permiso para ir a dónde quisiera, sentía que en algún momento San terminaría por enamorarse de él que terminaría por aceptar que él era todo lo que tenía y al no recordar a Wooyoung, tendría toda la posibilidad de ser el único para él.
- Hermoso ángel déjame tenerte por siempre - Decía mientras pasaba su fría mano por aquel ahora cálido cuerpo.
San desviaba la mirada, nunca sabía que responder a aquellas insinuaciones.
Tras terminar con aquel apasionado encuentro lo dejo libre.
Los días pasaban, San se mantenía ignorante de todo su pasado, nuevamente le habían quitado sus recuerdos, solo que está vez había algo que atesoraba en estos, su Wooyoung se mantenía cumpliendo diabólicas misiones, cada una peor que la anterior, se metía en cosas denigrantes, su mente ahora inmunda por la cantidad de oscuras voces que le decían que hacer.
Cada uno sumido en la desesperación pero de maneras distintas, San no entendía su propósito en aquel lugar, solo se sentía bien cuando podía explotar la tierra y Wooyoung atrapado en las brasas de aquel infernal lugar.
- Eres un niño muy bonito - Decía un niño de negros cabellos, que era ligeramente más pequeño que él.
- Gracias - le sonrió - tú también eres muy bonito.
- ¿No quieres venir a mi casa? Mamá hará algo delicioso hoy.
- Yo, no sé si pueda - dijo nevioso.
- Sólo será un rato - Dijo estendiendole la mano.
- Bien - Le mostró aquellos coquetos hoyuelos, Hongjoong se sintió inmensamente atraído.
Lo dirigió a su casa la cual no estaba muy lejos. Una señora de apariencia adorable les abrió.
- Veo que trajiste un amiguito ¿Cómo te llamas dulzura?
- Soy San - La señora se enterneció con aquel dulce niño.
- Te vez muy chiquito, te daré un buen tazón de comida - Dijo sonriendo le amablemente.
- Muchas gracias - Le contesto sin más.
Ambos niños estaban sentados en aquella mesa. San sonreía, al fin conocía otro lado más allá del lugar donde estaba prácticamente todo el tiempo y aquellos parques a los que podía ir.
Les sirvieron un gran posillo de arroz con carne y verduras, acompañado de sopa. Se sorprendió.
A penas dió una probada sintio tantas cosas, comió tranquilo, de pronto lágrimas caían por su rostro, tuvo una terrible sensación al probar aquella sopa, era deliciosa....
- ¿Por qué lloras bebé? - dijo la señora de manera cariñosa mientras limpiaba su rostro.
- Yo, lo siento, hace mucho que no comía esto - Dijo tranquilo, realmente no sabia porque se sentía tan mal en aquel momento.
Tras aquel agradable almuerzo se dirigió a la salida, ya era su hora de retirarse, amó la manera en la que fue tratado, Hongjoong le mostró todos sus juguetes y le permitió jugar con ellos, se sentía feliz, tenía un amigo.
Pasaban las semanas y volvía a aquel parque, Hongjoong lo esperaba ansioso para jugar con él, ni le decía ni de dónde venía ni nada, San era muy reservado.
Aquella señora empezaba a tenerle un gran cariño a San, no sabia casi nada de él, San evadía las preguntas que l evacua sobre su familia siempre, pensaba que quizás estaría con una familia problemática y se desahogaba al ir a aquel hogar en el que era siempre bien recibido.
Hongjoong siempre estaba encantado con aquella hermosa visita.
- Mañana iremos de compras - Dijo animado - podrías acompañarlos San.
- Me encantaría Joongie - le dirigió una sonrisa.
Actualmente era tan apegado a ellos.
Wooyoung por otro lado estaba sumido en su infierno.
- Mghmmm.... Mierda ... San - Se masturbaba, su ritmo era acelerado, estaba rodeado de aquellas pinturas, una más insinuante que la anterior, San con aquellas orejas de gatito, aquella vez que lo hizo usar mallas, todo, había plasmado tantas imágenes de San.
Observaba detenidamente una en la que este estaba volteado dándole una adorable vista de su entrada, su rostro volteado ligeramente como suplicando que lo penetrara, no podía más.
- Aghmm... - Se corrió tras unos segundos, dió una bebida a su botella de Whisky, se encontraba todo sudado.
Se levantó y cubrió aquellas pinturas que actualmente lo ayudaban tanto a manejar la ausencia de San, se adentro en el baño, observaba su cabello, nuevamente lo tenía rubio, tenía cortes por su pecho y brazos, si cualquiera de sus amigos lo viera pensaría que ahora era un criminal, cosa que estaba más que acertada con la realidad, renunció a su empleo, todos sus amigos se preocuparon, los alejo.
No importaba cuántas llamadas de ellos recibía no contestaba, y estaba mayor parte de su tiempo en las frías calles de Seoul cumpliendo con sus misiones.
Su señor le ofrecía dejar a San de lado y continuar sirviéndose, le prometía riquezas y una vida cómoda, le prometía tantas cosas, pero él solo tenía una en mente, era determinante, ya había ensuciado sus manos a ese punto. Al acabar con sus misiones lo tendría.
Vomitaba todo el alcohol, era claro, necesitaba una ducha, debía volver a salir, debía ocasionar un gran accidente, odiaba todas sus misiones, pero parecía hipnotizado, no le importaba absolutamente nada.
- Deberías divertirte un rato Wooyoung - Decía una de las servidoras.
- No me interesa divertirme - Dijo seco.
- Las misiones que te dan no parecen para nada divertidas, de seguro haces esto por amor - Dijo burlona.
- Métete en tus jodidos asuntos -
- Como quieras, sólo te digo que si es por un humano...
- No lo es - Dijo antes de salir.
Entraba por aquella puerta que tenía un aspecto repulsivo. Llevaba una casaca de cuero, unos jeans negros junto a una camisa del mismo color.
Caminaba seguro hacia el cuarto donde se encontraban los de seguridad.
Caminaba seguro, su mirada era fría, podías notar cuan ensimismado estaba en su objetivo.
Cuando de pronto escuchó aquella risa, se detuvo en seco. Sacudió su cabeza, creyó que nuevamente tenía alucinaciones, debía dejar pasar aquello.
- Quiero uno de chocolate - Aquella voz que le destruía el alma acababa de hablar, se detuvo y tocó su cabeza, debía continuar con su misión.
De pronto aquella risa se hacía más fuerte, lo vio.
Comía de un helado de chocolate con aquella hermosa sonrisa, llevaba una polera color azul que le daba grande y unos jeans. Estaba por pasar a su lado cuando dejó caer su billetera cerca de él, lo quería observar detenidamente.
- Oh, se le cayó - Dijo San recogiendo aquel objeto.
Wooyoung lo observaba hipnotizado, San elevó la vista encontrándose con aquel atractivo rubio.
Wooyoung le sonrió, por pura inercia le sonrió de vuelta, sus mejillas se tornaron de un hermoso rosa.
- Soy Wooyoung - Dijo tomando la billetera, no sin antes posar su mano sobre la de San.
San sintió su corazón salirse, ¿Cómo podía un adulto ser tan atractivo?
- Y-yo, mi nombre es ... - No podía pensar bien.
- Es San - Rió Hongjoong, habían ido por helados mientras su madre compraba las cosas que faltaban.
- Muchas gracias San - Se agachó a su altura, no había cambiado nada, era igual de precioso, pero ahora no lucía tan pálido.
- De nada - Dijo sin quitar la vista de aquellos hermosos ojos.
Retrocedía por el nerviosismo, nunca antes había sentido tal cosa, aquel chico estaba causando un alboroto dentro de él.
- San, cuidado - Dijo Hongjoong al ver que este tropezaba.
Wooyoung rió, su niño nunca cambiaría, estaba más seguro de que era todo lo que quería, pese a sentir unas terribles ganas de cargarlo y llevárselo consigo sabía que no lograría nada y se lo arrebatarian de cualquier manera.
Se agachó para sujetar su mano
- Cuidado pequeño principe - Dijo antes de besar su mano con delicadeza, su niño hermoso siempre reaccionaria igual.
Lo levantó con cuidado.
-¿Se irán pronto? - pregunto al niño con el que San estaba acompañado.
- Ya nos íbamos, mi madre no espera en la puerta.
- Bien - sonrió.
- Espero verte pronto San - Dijo sobando su cabeza con suavidad.
- Y-yo... Igual yo - soltaba nervioso.
- Bien, nos vemos -
Le guiñó coquetamente un ojo antes de retirarse de aquel lugar. Sentía aquel calor en su pecho. Tenía a su niño, y según lo que recordaba no había regla que le impidiera divertirse en la tierra, el trato era simplemente cumplir sus misiones. Observó como San se alejaba, el niño a su lado se carcajeaba.
- Te quedaste helado Sannie ¿Que pasó?
- Él, yo... No lo sé - Dijo ocultando su rostro.
- Nunca te había visto tan rojo San por dios - Se reía.
-Me dijo... - Sentía sus mejillas aún arder.
- Me dijo principe y ...
- Ay San, creo que es algo mayor para ti - Dijo calmado.
- No dije que quería algo, sólo, es lindo - Sonrió nervioso.
Wooyoung Continuaba observándolo hasta que desapareció. Tendría que investigar a aquella familia.
Sin dudar en ningún momento rompió todas las cámaras de seguridad y dejó una oscura imagen pintada de sangre sobre las ventanas.
Ya nada importaba, su niño se sentía atraído incluso después de haberle borrado la memoria, bien, no desaprovecharía aquello.
Pasaban las semanas y pudo investigar dónde vivían, sonrió al ver que San siempre aparecía en el mismo parque, lo observaba de lejos, moría por volver a tener pero no quería asustarlo, decidió esperar unas semanas para aprecer.
Tenía un cigarrillo y fumaba calmádamente sobre una de las banquetas del parque, su apariencia era tan distinta, lucía tan rudo con aquellas vestimentas usualmente negras.
San se sintió extremadamente nervioso, lo observaba de lejos ¿Que hacia ahí? Quería acercarse pero su corazón se encontraba ya muy acelerado, aquella mañana había Sido una de las peores, su señor había intentado llegar a más, cuando vio el rostro lleno de lágrimas de San se contuvo, se sintió tan mal al ver a San tan destruido que le dió permiso todo el día para poder estar en aquel parque.
San por supuesto no le contaba nada, no le tenía nada de confianza, solo le decía que usualmente jugaba con algunos niños que se encontraba o si no se sentaba solo.
Miraba el perfil de Wooyoung, era demasiado atractivo, el modo en que su cabello rubio estaba peinado hacia atrás, el modo tan varonil en el que iba vestido. Se le quedó viendo por mucho rato.
De pronto Wooyoung lo divisó, no pudo parecerle más adorable, San lo había estado observando y al notar que este le dirigió la mirada se escondió tras un árbol. Sonrió, de verdad que aquel niño lo podía matar lentamente.
- ¿Te diviertes? - soltó con una sonrisa al dirigirse a él.
- Yo... Lo siento, no estaba espiando, bueno.... Yo estaba - Nunca lo había visto tan nervioso. Parecía querer llorar por aquel sentimiento que estaba seguro causaba en él.
- ¿Quieres venir conmigo? - se agachó a su altura. San se asustó por aquella pregunta, muy en el fondo quería irse con el a dónde sea.
- Yo... Yo - tocaba su pecho, aquello le recordó cuando San quería detener aquello, nuevamente una sonrisa salió de sus labios, lo deseaba tanto.
- Eres precioso San, eres el niño más hermoso que he visto - Dijo atinando su mano.
Mordió su labio fuertemente, tenía la oportunidad de tenerlo con él aunque sea por un rato.
San se sentía extraño, aquellas palabras le causaron tanto, recordó como le hablaba si señor y lo desagradable que era, pero cuando venían de Wooyoung todo sonaba tan bien.
- ¿A- a dónde iremos?- hablaba con miedo.
- Iremos a mi casa - Dijo calmado Wooyoung - Compraré muchos dulces y veremos películas ¿Eso está bien?
Aquellos ojos lo delataban, ver películas era lo último que quería hacer.
- B-bien - Dijo jugando con sus manos.
Wooyoung sonrió.
- Sígueme -
Lo llevo con dirección a un hermoso auto negro, si, lo había robado en una de sus tantas misiones.
Lo adentró y condujo con una enorme sonrisa, San a su lado jugaba con sus pequeñas mano, su niño era tan inocente, luego le enseñaría a nunca aceptar nada de un desconocido, claro que ahora agradecía que este fuera tan ingenuo.
Llegaron a aquella casa enorme, Wooyoung le sonrió antes de bajarse del auto, le abrió la puerta.
- Esta casa ... Es muy bonita - Dijo San educadamente.
- Gracias San -
Ambos se adentraron en aquella casa.
San observaba todo calmado, estaba feliz porque tendría todo el día. Su señor no lo molestaría por la culpabilidad que sentía.
- Dime San ¿Qué te gusta hacer? - dijo acercándose a él.
- Yo, pues, no mucho - Dijo calmado - Usualmente juego con Hongjoong en su casa o vemos películas.
-Tengo una que quizás te guste - Dijo sonriendo.
Wooyoung tenía una pícara mirada, San no sabia que sentir.
Colocó aquella película que le gustó tanto en su momento a San.
San sonreía entretenido.
- Siéntate aquí San - Dijo con una sonrisa indicándole que se siente sobre él.
Sabía lo enfermo que sonaba aquello, sobretodo si este no lo conocía.
Se sorprendió cuando San le hizo caso con algo de miedo, ahí lo tenía, sobre sus piernas, aquel precioso cuerpo estaba entre sus brazos, la película se reproducía pero ningún le prestaba atención, Wooyoung lo abrazaba contra su pecho, San no sabia que sentir, sólo se dejaba, le gustaba tanto su calidez.
De pronto sintió que Wooyoung dejaba un corto beso sobre su cuello. Abrió mucho los ojos, nuevamente otro beso se posaba en su cuello.
Sentía un hormigueo en su parte baja, empezaba a excitarse....
Sintió la lengua de Wooyoung pasar por su cuello, y el duro miembro de este debajo suyo.
- Mghmm... - Nuevamente le robaba un gemido. Estaba sorprendido, pensó que San lo alejaría, que le diría que eso era extraño.
- San - Dijo intentando controlarse.
- Wooyoung - Dijo San confundido cuando esté paro con aquellas caricias que se sentían realmente bien.
- déjame hacerte el amor - Dijo ocultando su cabeza en el espacio del cuello de San. No sabia como, pero las amargas lágrimas caían por su rostro, detestó el pensar que San rechazaría aquello, que no le permitiría llegar tan lejos, y es que Wooyoung lo necesitaba, estaba desesperado, en medio de toda la oscuridad la única luz que alumbraba su vida era aquel niño, sabía que era demasiado pedirle aquello.
- Hazlo -
San había escuchado a su señor decir incontables veces que haría aquello, que le gustaría, que era muy agradable, todo muy alejado de la verdad de lo que sintió, pero ahora era diferente, sentía una necesidad terrible de ser tocado por Wooyoung, no sabia que era lo que le pasaba, pero con aquel rubio chico todo parecía sentirse bien...
- ¿Sabes que significa eso San?
- Que tendremos sexo - soltó San.
- No San, significa que seremos uno bebé, que te daré todo de mi, aún si debo pudrirme en el infierno haré todo para tenerte conmigo, significa que te perteneceré por el resto de mi vida - Sollozaba fuertemente - que te protegeré y te amaré por siempre San....
- Wooyoung ¿P-por qué lloras? - San sentía terribles ganas de llorar también, no le gusto verlo de esa forma, no lo conocía mucho pero parecía sufrir realmente.
- Perdón San - Dijo desviando la mirada - Creo que será mejor que te lleve de vuelta.
No quería lucir destruido frente a él, se sorprendió cuando San tomó su rostro entre sus pequeñas manos.
- Hagamos el amor Wooyoung, me gusta mucho tu concepto - Le sonreía de aquella manera - aunque nunca te pediría tales cosas, solo - rasco su cabeza tímidamente - lo de amarme eso... Eso me gustó.
Wooyoung sonrió, San realmente nunca perdería aquel lado tan noble y dulce, tan sublime ante sus ojos.
- Te haré el amor mi niño hermoso - Dijo sentándolo en su pierna - solo seremos tu y yo.
San estaba nervioso, nunca le habían hablado asi y Wooyoung tenía tanta seguridad en cada palabra. Solo quería dejarse llevar, le parecía tan lindo y le encantaba la manera en la que se expresaba. Nunca hubiera aceptado irse con nadie como lo hizo con Wooyoung.
Cuando esté le pidió aquello, se sintió raramente hipnotizado por aquellos hermosos ojos, esos lunares acaparaban su atención, se sentía atraído por él, no podía negarlo, cuando lo miraba se imaginaba las cosas que le hacía su señor pero, de parte de Wooyoung en su imaginación todo parecía ser tan placentero ...