Vídeo de la clase (Documento 1) contraseña: geografia
Sinopsis (Documento 2)
Imágenes (Documento 3)
Documentos complementarios
Sueño. J. Chevalier (Documento 4)
Filosofía surrealista del sueño. G. Sebbag (Documento 5)
Surrealismo y alquimia. VVAA (Documento 6)
Marakame. J.F. Urrusti (Documento 7)
Arte indígena huichol. J. Benitez (Documento 8)
Nierika: visión, conciencia y símbolo. J.L. Iturrioz (Documento 9)
El esoterismo de Dante. R. Guénon (Documento 10)
El infierno de Dante y el secreto del hombre. E. d’Hooghvorst (Documento 11)
RESUMEN DEL VIDEO: LA GEOGRAFÍA SUTIL (Raimon Arola)
Qué se entiende por la geografía sutil y cómo viajar por ella. Tres ejemplos de viaje muy distintos entre sí: el surrealismo, los chamanes huicholes y la Divina Comedia de Dante. ★
Hablaremos de los lugares en los que transcurre la epifanía simbólica. Se trata del viaje a una geografía distinta de la que aparece en los mapas conocidos y cuya orientación nada tiene que ver con las referencias usadas por los viajeros comunes. Nos trasladaremos a unos parajes donde tienen lugar las epifanías simbólicas. Para ello utilizaremos tres ejemplos que pertenecen a distintas épocas y lugares.
El primero tiene que ver con el surrealismo encabezado por André Breton.
El segundo se centra en las experiencias de los huicholes con el peyote.
El último se refiere al viaje narrado en La Divina Comedia de Dante Alighieri.
El pensamiento simbólico emana, al igual que toda la creación, de un punto no‐manifestado para concretarse en las formas creadas y en el viaje, entendido como la práctica simbólica, busca el retorno a esta realidad primigenia de donde emana todo.
1. El surrealismo de André Breton
El primer ejemplo surge de la visión de André Breton, quien, a partir del psicoanálisis y del estudio del inconsciente realizado por Freud, se dio cuenta de la necesidad de un arte que explorara el subconsciente, que penetrara en el mundo del dios griego Hipnos, el sueño, el hijo de la Noche, puesto que los sueños conducen al ser humano a unos estados de conciencia distintos de los habituales (Ver documento 4). En estos viajes, Breton y los demás artistas surrealistas se “encontraron” con los símbolos. Ernst, Dalí o Miró, son valiosos ejemplos de la capacidad de este movimiento para captar las visiones del viaje al mundo onírico propuesto por el surrealismo. (Ver documento 5) Después, Breton leyó a los alquimistas, sobre todo a Hermes Trismegisto y su Tabula Smaragdina, y comprendió que el pensamiento hermético antiguo tenía mucho que ver con la búsqueda surrealista, por eso realizó una curiosa corrección en su Segundo manifiesto surrealista escribiendo:
Todo induce a creer que existe un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo cesan de ser percibidos contradictoriamente.
Es decir, incorporó la idea hermética de lo que está arriba es lo mismo que lo que está abajo para hacer los milagros de una única cosa, esta idea está en el origen de todo el simbolismo y la ciencia de las correspondencias. (Ver documento 6) En el siglo XX el arte es el vehículo más importante para acceder a los mundos sutiles, pero además tuvieron una gran importancia los estudios de Carl Gustav Jung y su idea del inconsciente colectivo, que originó una apertura innegable desde el mundo del inconsciente hacia el mundo de la imaginación verdadera, el mundus imaginalis, desarrollado extensamente por el filósofo de las religiones Henry Corbin. El inconsciente colectivo de Jung no se refiere a una geografía particular, como en el caso freudiano, sino mítica (tal es la aportación de Mircea Eliade a la historia de las religiones), construida a partir de un orden del que carece el inconsciente personal y que más tiene que ver con el mundo sagrado que con los conflictos personales de cada cual. Jung, Corbin y Eliade son el complemento necesario para comprender la empresa surrealista. El inconsciente colectivo para Jung no tiene el orden de este mundo, sino el orden de la realidad del mundo imaginal, que no debe confundirse con fantasioso.
2. Las experiencias de los huicholes.
El segundo ejemplo recupera el pensamiento tradicional de una tribu, en este caso la de los huicholes del norte de Jalisco, en la Sierra Madre Occidental mejicana, cuya sabiduría está relacionada con el viaje que hace el chamán, llamado marakame, al mundo de los ancestros para buscar la salvación, el bienestar y la curación de su pueblo (Ver documento 7). La cultura huichol es muy rica pero aquí nos ocuparemos solamente del viaje realizado a partir de una planta sagrada, un cactus alucinógeno conocido como peyote, que abre el camino hacia otro de los lugares de la geografía invisible: el país de los ancestros donde se halla el origen del universo. El peyote es tanto la planta como la divinidad de esta planta con la que está ligada por la magia de las correspondencias. Se trata de un conocimiento transmitido de modo tradicional de maestro a discípulo, en secreto, mediante un ritual que se sigue celebrando en la actualidad. Los aspirantes a este conocimiento deben someterse a purificaciones y peregrinaciones muy duras y estrictas que pueden alargarse durante años.
Este fue el caso de José Benítez Sánchez, un artista huichol contemporáneo creador de una unas imágenes extraordinarias, (Ver documento 8) que llegó a ser un marakame tras veinticinco años de duro aprendizaje. En sus obras puede verse el origen de la creación, la invocación a la lluvia o el encuentro con la muerte y con los ancestros. Sus obras reflejan fragmentos de una mitología compleja y viva que en cada viaje se renueva ante los ojos del chamán. Una palabra esencial en este ritual es nierika que significa “ver” Es un ver a través de algo que refleja la realidad primordial aunque esta palabra también designa la visión de los dioses que, al mirar, viven y dan vida a lo creado. (Ver documento 9)En la cultura huichol, como en otros muchos pueblos, se utiliza una substancia alucinógena como vehículo para viajar al mundo invisible. Sin embargo, su uso es estrictamente sagrado y sometido a una serie de regulaciones y purificaciones que forman parte de una elaborada cultura ancestral.
3. La Divina Comedia de Dante
Por último, nos referiremos al gran relato de viaje de la cultura occidental que es La divina comedia de Dante Alighieri, se trata de la descripción de una experiencia excepcional que necesitó de diez y ocho años para poder ser plasmada en palabras. En La divina comedia se relata un periplo completo, desde lo más bajo a lo más alto, o en palabras de Dante, desde lo más hondo de los abismos infernales hasta el alto cielo. Así, la obra está dividida en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, con una estructura compositiva perfecta: las tres partes se componen de 33 cantos cada una, excepto el Infierno que tiene 34 para alcanzar así el número 100; todas las estrofas cuentan con 33 sílabas, etc., lo que ha originado una corriente exegética seguida entre otros por René Guénon, quien le dedicó un estudio titulado El esoterismo de Dante. (Ver documento 10)
Borges le prestó gran atención y señaló una idea que revela por sí misma el contenido tradicional de La divina comedia y es que esta obra, como todas las Escrituras santas, posee cuatro niveles de lectura: el literal, el alegórico, el moral o filosófico y el teológico o místico. De este modo coincide, por ejemplo, con el sistema exegético hebreo según el cual las escrituras poseen cuatro niveles de comprensión y se relaciona cada uno de ellos con las cuatro letras que componen la palabra PaRDeS, Paraíso, pues quien es capaz de alcanzar estos cuatro niveles de lectura, ha alcanzado realmente el Paraíso. La divina comedia comienza cuando Dante quiere ascender al Paraíso y a medio camino, en una selva oscura, encuentra a Virgilio, su guía, quien le indica que para subir primero hay de descender a lo más bajo, al Infierno. La elección de Virgilio ciertamente no es solo una ficción poética sino que tiene que ver precisamente con esta bajada a lo más inferior que Virgilio relató en su Eneida. Se mantiene así la relación de la Edad Media con los misterios de la Antigüedad, pues la bajada a los Infiernos es propiamente el viaje del héroe. Sin embargo, como canta el propio Virgilio en su obra, se trata de un viaje no exento de peligros: El descenso al Averno es cosa fácil. La puerta del negro Dite está de par en par abierta noche y día; pero volver atrás y salir a las luces de arriba, ahí está la obra, ahí está el trabajo... En el Infierno es donde se encuentra la rama dorada que Eneas, conducido por la Sibila, recogió y que le permitió salir victorioso de su aventura (Ver documento 11) y también es donde se inicia el camino oculto que seguirá Dante para ascender primero al Purgatorio y finalmente alcanzar el Paraíso. En el Infierno se halla oculto el secreto del mundo, pero hay que salir de él para que pueda manifestarse, primero en el Purgatorio y después en el Paraíso. En el Paraíso, Dante se encontrará no solo con su amada Beatriz sino que contemplará las visiones benditas, origen del mundo simbólico, y el objeto del viaje a las geografías sutiles.