1. Introducción: Síntesis y propósitos
El concepto de poder no debe ser confundido con el de política y tampoco con el de Estado. La política parte (o mejor dicho, tiene que partir) de la problemática de la realidad social, mientras que la filosofía política arranca de la problemática y la inquietud intelectual.
Es importante tener clara esta distinción, porque en principio, los seres humanos vivimos nuestro mundo de forma social y lo transformamos en un mundo político cuando formulamos los interrogantes que nos encontramos a lo largo de la vida, en el día a día. En este contexto, dos de los problemas más recurrentes de la vida en sociedad son el del PODER y el de su LEGITIMACIÓN.
El PODER se convierte en problema porque su ejercicio y sus efectos resultan un enigma difícil de desentrañar. Nos adentraremos en el complejo problema del PODER intentando entenderlo desde su doble característica básica:
1. Como capacidad INDIVIDUAL de acción
2. Como capacidad SOCIETAL de comunicación
La Teoría política actual analiza el PODER desde una perspectiva DISPOSICIONAL y RELACIONAL (no simplemente causal y consecuencial). Lo que se considera social se hace a partir de relaciones sociales de poder, relaciones de fuerza que pueden ser entendidas como INTERACCIÓN HUMANA con o sin dominación entre las personas. Así, el dominio de unos seres humanos sobre otros lleva al segundo problema planteado, el de la LEGITIMACIÓN del poder, el de su VALIDEZ.
La pregunta básica será ¿cómo se puede justificar el ejercicio cotidiano del poder como relación de fuerza en todas las esferas de la vida?.
En el hecho del PODER hay que distinguir dos tipos:
1. Poder ACTUAL: capacidad ya ejercida
2. Poder POTENCIAL: capacidad de una acción aún no ejercida
La CIUDADANÍA y el ESTADO son las dos mayores realizaciones de poder constituido que ha sabido crear la humanidad hasta el presente de forma estable. La CIUDADANÍA se constituyó como la condición política específica de la persona genérica. Y se constituyó el ESTADO como el orden político específico de la sociedad en general.
En estas dos realizaciones es importante diferenciar el PODER DE HECHO con el PODER DE DERECHO, porque en muchos casos, el ejercicio de los poderes aceptados puede resultar inaceptable desde algún punto de vista ético-político. Sobre esa diferencia se elaboró la distinción clásica entre PODER y AUTORIDAD, distinción para la que esta última categoría necesita apoyarse a su vez en la de LEGITIMACIÓN.
En la teorización de WEBER de la LEGITIMACIÓN, el poder puede ser aceptable si se basa bien en la TRADICIÓN, en el CARISMA o en la LEGALIDAD. Esto significa que (según él) se puede justificar desde 3 puntos de vista socio-políticos, el HISTORICISTA (tradición), PSICOLOGISTA (carisma) y JURIDICISTA (legalidad).
El problema que acarrea la perspectiva weberiana es que no distingue entre lo aceptable y lo aceptado, y por tanto puede dar como justificado algo que en algunos casos puede que no sea justificable. Por eso, la perspectiva weberiana del poder legítimo se transforma en una teoría demasiado amplia de la dominación legítima de unos seres humanos por otros que hoy es problemática y no debe ser asumida tal cual.
Aunque en la práctica no sea fácil diferenciar claramente lo aceptable de lo aceptado, en la teoría sí puede postularse que de la aceptación histórico-política (de ciertas cosas) no se puede y no se debe inferir su aceptabilidad ético-política.
De la problematización del PODER se llega, por tanto, a la problematización de su LEGITIMIDAD. La categoría de LEGITIMIDAD será pensada aquí como instrumento crítico de toda forma de dominación, porque sólo así, la distinción entre poderes legítimos e ilegítimos puede ponerse al servicio de aspiraciones democráticamente emancipadoras de las sociedades globalizadas del siglo XXI.
2. Historia del poder: teorizaciones y desplazamientos:
Trataremos de pensar esa cosa a la que llamamos PODER como si pudiésemos hacerlo ex novo, empezando de nuevo, para encontrar así una orientación que resulte realmente didáctica. Para empezar, consideraremos que siempre se vive IN MEDIAS RES. Vivimos en un entorno en el que se nos arroja al nacer, que se transforma continuamente. De forma permanente pensamos, investigamos, siempre desde el presente. Toda situación humana es vivida como actualidad, como acciones que se cristalizan en actos realizados por actores.
Acciones, actos y actores conforman las 3 realidades:
1. Lo fáctico, el pasado
2. Lo actual, el presente
3. Lo posible, el futuro
Si la política liga la actualidad con la posibilidad, la historia vincula la actualidad con la facticidad. Mientras el presente se autoconstruye mediante las acciones de los actores, también va creando el futuro y recreando el pasado. Por tanto, es importante tener claro que si la historia es reconstrucción de lo sido, se hace con los materiales del pasado y con las herramientas y las finalidades del presente. El método con el que procederemos en el resto del capítulo será el de presentar, primero una teorización actual del poder que incluya una parte de las teorizaciones habidas con anterioridad para, desde ella, reorganizar la presentación de estas teorizaciones anteriores.
2.1. Una teoría actual
La TEORIZACIÓN ESTÁNDAR que nos va a guiar en lo referente al poder y su legitimación es la expuesta en la obra de MICHAEL MANN “Las fuentes del poder social” (4 volúmenes), aún en realización.
El primer volumen se publicó en 1986 y analizó 10.000 años de experiencia social de la humanidad y 5.000 años de historia civilizada en todo el mundo. El segundo volumen, de 1993, se ocupó del largo siglo XIX (desde la REVOLUCIÓN INDUSTRIAL a la PRIMERA GUERRA MUNDIAL). Están anunciados dos volúmenes más, uno dedicado al PODER EN EL SIGLO XX y otro a las CONCLUSIONES TEÓRICAS de todo el conjunto.
Para exponer su teorización del poder, MANN parte de dos supuestos interpretativos.
1. Las sociedades están constituidas por múltiples REDES SOCIOESPACIALES DE PODER que se superponen e intersectan.
2. La mejor forma de hacer una relación general de las sociedades, su estructura y su historia es en términos de INTERRELACIONES de las 4 fuentes del poder social, que son las siguientes :
1. El PODER POLÍTICO-IDEOLÓGICO: procede de la necesidad humana de dotar a la vida de un significado último. El poder ideológico es predominantemente DIFUSO, se establece mediante la PERSUASIÓN.
2. El PODER POLÍTICO-ECONÓMICO: nace de la necesidad de extraer, transformar,distribuir y consumir los recursos de la naturaleza.
3. El PODER POLÍTICO-MILITAR: consiste en la organización de la fuerza y nace de la necesidad de organizar la defensa.
4. El PODER GUBERNAMENTAL: es pura regulación centralizada, institucionalizada y territorializada de las relaciones sociales.
Estos poderes son considerados como poderes de organización, medios para alcanzar objetivos humanos. De esta manera, las cuatro fuentes de poder social (que son todas políticas) brindan distintos medios posibles de organizar el control social. Para él, en principio, el poder no es un objetivo humano. Se convierte en objetivo cuando se transforma en una necesidad emergente para alcanzar otros fines con los que los humanos tratamos de satisfacer distintas necesidades. Para MANN, el poder es la “capacidad para perseguir y alcanzar objetivos mediante el dominio del medio en el que uno habita”. Y es por eso, por lo que el poder es la capacidad de realizar esa actividad humana a la que llamamos política. MANN establece 3 características (3 distinciones formales) del poder de organización. Éstas características determinan formalmente la ESTRUCTURA GENERAL DE LOS ESTADOS y hacen que sea poco probable el predominio de una sola fuente de poder:
1. La diferencia entre PODER INDIVIDUAL y PODER SOCIETAL:
El primero sería la capacidad de A sobre B, mientras que el segundo sería la capacidad de A y B sobre C y D. Para MANN, la mayoría de las relaciones reales comprenden a ambos tipos de poder en diversas combinaciones. Podría parecer que hay una cierta HORIZONTALIDAD en las relaciones, pero en realidad hay una VERTICALIDAD innegable que se produce cuando A está arriba, mandando sobre B, C, etc. En ese caso, A pone en marcha mecanismos de dominación, institucionalizando su poder mediante leyes y normas, para mantener obedientes a las mayorías que están abajo.
A su juicio, las masas obedecen sencillamente porque carecen de ORGANIZACIÓN SOCIAL para hacer lo contrario, porque están incrustadas en organizaciones de poder controladas por minorías organizadas.
2. La diferencia entre PODER EXTENSIVO y PODER INTENSIVO:
El PODER EXTENSIVO puede organizar grandes masas de población en territorios extensos. En cambio, el PODER INTENSIVO consigue gran consentimiento entre quienes participan en él, sin importar la superficie o si el número de personas es grande o pequeño. Al igual que con el poder individual y societal, las estructuras primarias de la sociedad combinan el poder extensivo con el intensivo y es así como los seres humanos alcanzan sus variados objetivos.
3. La diferencia entre PODER CENTRALIZADO y PODER DIFUSO:
El PODER CENTRALIZADO comprende las ordenes de la voluntad de un actor (normalmente una colectividad) y supone la obediencia consciente de los subordinados (ejemplos típicos son el poder militar y el gubernamental).
El PODER DIFUSO en cambio no manda directamente, sino que se propaga de forma relativamente ESPONTÁNEA, inconsciente. Los individuos se ven obligados a actuar de una forma determinada, pero no por órdenes explícitas de alguien (el poder ideológico y económico).
Está claro que el poder resulta ser una dimensión nuclear de la vida humana en sociedad. Para conocer bien una sociedad hay que entenderla como constituida por múltiples redes socioespaciales de poder político de organización ideológica, económica, militar y gubernamental, redes que se superponen y entrecruzan para la realización de los muy diversos objetivos que los seres humanos se plantean.
2.2. Una perspectiva historiográfica
Las referencias de MANN pasan por muchos autores (MARX, WEBER, PARSONS, FOUCAULT, etc.).
¿Qué se puede decir de la historia de las teorías que anteceden al planteamiento de Mann?
Hemos dicho ya que la historia del pasado siempre se hace desde el presente. Esto nos obliga a pensar que nuestras miradas historiográficas son reconstrucciones guiadas desde las necesidades, intereses y preferencias actuales. Y, por tanto, nunca serán miradas que puedan establecer cómo fueron las cosas de verdad. Esto es un hecho muy a tener en cuenta a la hora de enfrentarnos con el pasado.
Un buen programa historiográfico para la filosofía política del poder en el presente ha de hacer una revisión crítica de la idea de política en relación con la de poder en todo el arco de la PRE-MODERNIDAD y MODERNIDAD. Si MAQUIAVELO fue el COPÉRNICO de la política, ésta aún no ha encontrado su NEWTON y su EINSTEIN. La refundación de la política tardo-moderna está pendiente de sus revoluciones newtoniana y einsteiniana.
Todavía no existe una Teoría integral del poder. Está por llegar. Para llegar a ella se tendrán que completar dos necesidades fundamentales:
Un programa historiográfico que conteste al porqué de las debilidades de las teorizaciones del pasado.
Un desarrollo constructivo tardo-moderno
El punto de unión de ambos programas es precisamente esa teoría INTEGRAL del poder que todavía no se ha dado. Y mientras no se dé esa teoría no se darán las revoluciones pertinentes y necesarias. Falta una teoría que afronte la imprescindible UNIFICACIÓN POLÍTICA de los 4 poderes señalados por MANN y que aclare la DISTINCIÓN IUSPOLI(É)TICA entre los poderes ilegítimos o de dominación y los poderes legítimos o de emancipación (distinción ésta que ha sido ignorada por MANN).
En lo que se refiere a la perspectiva HISTORIOGRÁFICA de las principales filosofías políticas pre-modernas y modernas podemos diferenciar las TEORIZACIONES EXPLÍCITAS (más cercanas a nosotros) a las TEORIZACIONES IMPLÍCITAS (más lejanas en el tiempo) – ninguna ha logrado constituirse y ser reconocida desde la mirada del presente como teoría integral del poder. La mayoría de intérpretes sitúa el tránsito hacia la teorización explícita a finales del siglo XIX y principios del XX (en la transición de MARX y NIETZSCHE a MAX WEBER).
En la reconstrucción historiográfica se pueden marcar 3 MOMENTOS TEÓRICOS constituyentes de la conceptualización del poder:
1. El momento WEBERIANO
2. El momento MAQUIAVELIANO
3. El momento SOCRÁTICO
1. El momento WEBERIANO:
Afecta decisivamente a toda la filosofía política del siglo XX. Su obra “Economía y sociedad” permitió reformular toda la teoría del Estado a partir de la nueva concepción sociológica y jurídica del poder y la legitimidad. Teorías posteriores sólo pueden ser comprendidas a partir de la ruptura, desplazamiento y apertura de nuevas vías realizada por WEBER.
Para él, PODER, DOMINACIÓN y DISCIPLINA son conceptos que se tienen que entender de manera clara:
PODER: La probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia.
DOMINACIÓN: probabilidad de encontrar obediencia a un mandato determinado entre personas.
DISCIPLINA: probabilidad de encontrar obediencia para un mandato por parte de un conjunto de personas que sea pronta, simple y automática.
Con respecto a estos tres conceptos, WEBER hace 3 observaciones importantes:
1. El concepto de PODER es sociológicamente AMORFO, porque todas las cualidades humanas pueden colocar a los individuos en posición de imponer su voluntad en una situación dada.
2. El concepto de DOMINACIÓN tiene, por eso, que ser más preciso y sólo puede significar la probabilidad de que un mandato sea obedecido.
3. El concepto de DISCIPLINA encierra el de una obediencia habitual por parte de las masas sin resistencia ni crítica.
WEBER distinguió entre dominación LEGÍTIMA y NO LEGÍTIMA y llegó a proponer 4 TIPOS IDEALES de DOMINACIÓN LEGÍTIMA:
1. Racional
2. Tradicional
3. Carismática
4. Democrática
Las principales teorías que han triunfado en el último medio siglo se sitúan en la estela de WEBER (Hannah Arendt, Parsons, Robert Dahl, Foucault, Michael Mann, etc.).
2. El momento MAQUIAVELIANO:
El segundo momento se sitúa mucho más atrás, en el paso del siglo XV florentino al XVI, en los albores de la Modernidad. Este segundo momento permeará toda la filosofía política moderna, dado que MAQUIAVELO fue el genio capaz de concretar el problema de la VERTICALIDAD de las relaciones humanas en el contexto de las necesidades emergentes de la nueva gubernamentalidad.
En la reflexión sobre el “príncipe nuevo” (el gobernante no hereditario y no legitimado por la tradición), MAQUIAVELO se ve obligado a reconstruir la idea clásica de la VIRTUD MORAL. La nueva virtud temprano-moderna será la INTELIGENCIA POLÍTICA INNOVADORA, capaz de identificar lo que el tiempo traía consigo y de discernir las estrategias que se requerían para afrontarlo.
Es cierto que la idea de Estado en su acepción moderna ya está presente en MAQUIAVELO. Sin embargo, la idea de PODER explícitamente conceptualizado no se verá hasta mucho más tarde.
HOBBES, SPINOZA, LOCKE, MONTESQUIEU, ROUSSEAU, HEGEL, MARX, NIETZSCHE son todos antecedentes necesarios para el posterior momento Weberiano. El CONTRATO SOCIAL moderno fue algo radicalmente nuevo. No hay una transferencia de poder que ya existe, sino la creación de un inédito poder civil.
La cuestión es desplazada y teorizada primero como SUMMA POTESTAS verticalizada y como soberanía absolutista descendente.
Luego como poder constituyente que organiza la pluralidad de poderes en torno al equilibrio constitucional.
Más tarde, superando el iusnaturalismo y afirmando los fueros de la sociedad liberal-burguesa ante el Estado moderno, desde una concepción vertical pero ASCENDENTE de la soberanía democrática. Toda la filosofía política de la Modernidad va a converger en un nuevo momento de ruptura, discontinuidad y desplazamiento: el momento WEBERIANO, alrededor de 1914. Entonces ya no fue posible seguir ocultando los poderes desbocados que arrasaban al mundo sin tratar de comprenderlos y teorizarlos de forma explícita.
Ahora bien, estos dos momentos ya comentados no habrían sido posibles sin la aparición, muchos siglos antes, de una primera problematización:
3. El momento SOCRÁTICO:
En tercer lugar pues, la mirada retrospectiva sobre la teorización del poder tiene que retroceder mucho más y remontarse a una situación más lejana en el tiempo, el momento SOCRÁTICO.
Lo primero a tener en cuenta es que la polis griega tenía muy poco en común con lo que luego se dio en llamar Estado en la Modernidad. Es por ello que la problemática VERTICAL es, en gran medida, extraña al discurso griego. Es indudable que Platón sobreentendía una VERTICALIDAD, pero este elemento no se recogió en la tradición aristotélica. Sin embargo, en algunos de los diálogos socráticos de PLATÓN, SÓCRATES aparece en pugna con PROTÁGORAS y más tarde con CALICLES y TRASÍMACO. Esos primeros debates vinieron a señalar el arranque de las preguntas sobre esa misteriosa energía que será el PODER. El PODER ILEGÍTIMO se adscribe a la autoridad soberana ejercida por la cúpula suprema de la jerarquía política de cada comunidad mediante la ley y la fuerza. El PODER LEGÍTIMO queda adscrito al régimen constitucional de la ciudad ideal, en el que el mando y la obediencia se ejercen de manera virtuosa y responsable (ARISTÓTELES pensará que la virtud de un ciudadano honorable consiste precisamente en ser capaz de mando y de obediencia).
Desde Sócrates hasta la codificación de Justiniano en el siglo VI, la JUSTICIA encarnará esa otra concepción ideal del PODER que ha de surgir de la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo.
3. Definición del poder: lo social y lo justo
Después de haber echado una mirada historiográfica al poder, nos vamos a centrar ahora en la mirada ESTRATÉGICA. Habíamos dicho que, al contrario que la historia, la política enlaza la actualidad con la posibilidad. Y habíamos convenido que el presente de las teorizaciones actuales del poder se podría hipotéticamente resumir en la teorización de MICHAEL MANN de las 4 FUENTES DEL PODER, que a su vez se cimenta en las contribuciones historiográficas anteriores articuladas según los 3 GRANDES MOMENTOS que hemos explorado.
Sobre ese suelo conceptual, ¿qué se necesita añadir en la reconstrucción de los diferentes pisos que tiene el edificio conceptual del poder?
Tenemos que tener presente que las formas y los contenidos del poder no son inmutables. Adquieren las formas concretas que tienen las relaciones sociales entre los individuos en las sociedades en las que desarrollan sus vidas. Las sociedades complejas del primer tramo del siglo XXI presentan, además, características político-militares, político-económicas y culturales en las que lo nuevo se relaciona directamente con lo viejo. Surge un fuerte incremento de la desigualdad en todo el mundo. Los retos práctico-teóricos planteados en el mundo actual de la vida contra lo que podemos llamar el mal social resultan inmensos.
La buena filosofía política crítica sólo puede consistir en la reflexión sobre cómo se relacionan teoría y práctica, lo que se dice y hace, el ser y el deber-ser para establecer su congruencia o incongruencia.
A continuación presentaremos, en primer lugar, una aproximación conceptual a los principales aspectos socio-políticos desde los que pensar el poder actual y, apoyándonos en ellos, en segundo lugar, los aspectos ético-jurídico-políticos imprescindibles para afrontar el reto esbozado.
3.1. Una perspectiva DISPOSICIONAL y RELACIONAL
El mundo de los seres humanos es social antes que cualquier otra cosa. Por eso, primero hay que diferenciar y luego combinar los puntos de vista individual y societal sobre el poder.
Hay 3 DIMENSIONES que conforman el poder:
1. La dimensión de la ACCIÓN
2. La dimensión de la VIVENCIA
3. La relación entre ACCIÓN-VIVENCIA
El PODER INDIVIDUAL es una capacidad REALIZATIVA, capacidad de acción de cada ser humano a través de la cual se auto-constituye en parte el individuo y es instituida en parte la sociedad. Un individuo es inconcebible si no dispone de la facultad de obrar y actuar hacia su entorno, hacia los demás y hacia sí mismo. Esta primera caracterización obliga a desechar las concepciones estándar exclusivamente demonizadas del poder. Porque éste puede ser tanto constructivo como destructivo. [Porque la capacidad de acción conlleva siempre la capacidad de elección – antes de hacer algo siempre se puede elegir hacerlo o no].
Así, antes que nada, el PODER es un atributo HUMANO, imprescindible para la comprensión de las personas. Y además es un atributo POLÍTICO. Y lo es porque hace viable que los individuos se puedan constituir como personas morales y como ciudadanos políticos y puedan alcanzar los restantes objetivos que se plantean a través de sus acciones. En este sentido, el poder es DISPOSICIONAL, una cualidad manifestable inherente a los sujetos, su capacidad de acción (la ausencia de esta cualidad exige el llamado paternalismo jurídico). El PODER es, ante todo, una capacidad, una cualidad ejercible. En un momento dado puede ser ejercido o no ejercido sin dejar de ser poder.
Dicho esto, queda manifiesta la distinción entre los dos sentidos cruciales en el uso del concepto de poder:
1. El poder en su vertiente ACTUAL, como capacidad de acción ejercible y ejercida.
2. El poder en su vertiente POTENCIAL, como capacidad de acción ejercible pero no ejercida.
La primera vertiente es observable en sus efectos directos e inmediatos, los actos resultantes de las acciones realizadas por quien ejerce el poder. Pero en la segunda vertiente, el PODER POSIBLE puede producir efectos que no son directa ni inmediatamente el resultado de una acción concreta, sino del simple reconocimiento de la capacidad de hacer y actuar. En este segundo sentido, el PODER POTENCIAL resulta todavía más interesante para la teorización, como veremos un poco más adelante.
Ahora bien, aparte de ser DISPOSICIONAL (disposición a actuar, que proyecta al individuo hacia los demás), como consecuencia, el poder resulta ser también un atributo RELACIONAL. Es decir: el poder debe ser considerado como la DISPOSICIÓN a actuar de cualquier individuo A EN RELACIÓN a cualquier otro individuo B. Así, en una situación dada, el poder pone en contacto a unos seres humanos con otros. Estamos pasando gradualmente del primer punto de vista, que mira DESDE el intérprete HACIA el individuo a un segundo punto de vista que mira DESDE el individuo como intérprete HACIA la sociedad. Porque si decimos que A tiene una disposición de poder es porque siempre hay un B al que se dirige esa capacidad, de tal manera que también hemos de decir que A está en relación de poder con B. El conjunto de los individuos A y B empiezan así a instituir una sociedad.
Entrando ya de lleno en el punto de vista SOCIETAL, hay que decir que no sólo A, sino todos los individuos (A, B, C, etc.) han de ser considerados como seres a los que, de entrada, atribuimos poder, dado que todos son individuos y disponen, en principio, de capacidad de acción. Así pues, el PODER SOCIETAL es una capacidad realizativa de comunicación, capacidad de acción comunicativa a través de la cual se instituye la sociedad.
De la misma manera que sin la facultad de actuar no es factible el individuo, sin la capacidad de comunicar no es factible la sociedad. Una sociedad no es viable si no puede entrelazar comprensivamente sus acciones y vivencias. Esta segunda característica redunda en la concepción no-peyorativa del poder. El PODER SOCIETAL no sólo posibilita constituir de forma política a los individuos como ciudadano, sino que también es la herramienta necesaria para la institución política de la sociedad. El Estado moderno (en particular, el Estado de derecho) es, probablemente, su máxima realización histórica hasta el presente. [Los agrupamientos familiares también están atravesados por poderes que son relaciones de fuerza con una lógica histórico-política similar a la del Estado moderno, con todas sus virtudes y defectos].
En el PODER SOCIETAL también hay que distinguir sus sentidos ACTUAL y POTENCIAL. En este caso la cuestión se vuelve un poco más compleja que en lo referente al poder INDIVIDUAL: Habíamos dicho ya del poder ACTUAL que produce efectos que son a su vez, actos, resultado de acciones determinadas. En relación al PODER SOCIETAL, esos actos tienen una DOBLE VERTIENTE, una OBJETIVA y otra SUBJETIVA: Los efectos son actos OBJETIVOS producidos por cada individuo A, pero también son vivencias SUBJETIVAS producidas en B, C, etc.
Lo importante es comprender que aquellos efectos-actos y estos efectos-vivencias resultan ser las premisas para nuevas acciones, las acciones de B, C, etc., que, de esta manera, también pueden ser consideradas efectos-acciones (el ejemplo tradicional que se da suele ser el de las acciones de obediencia como efecto de las acciones de mando, que darán, a su vez, lugar a nuevos efectos-actos y efectos-vivencias, conformando así un ilimitado curso de acciones, actos y vivencias encadenadas).
Pero de la segunda vertiente, del PODER POTENCIAL, habíamos dicho que podía producir efectos sin que hubiese una previa realización de acciones. Por tanto, pese a que no se produzcan acciones, es decir, efectos-actos por parte de A, sí se producen efectos-vivencias en B, C y a partir de estos, nuevas acciones (o sea, efectos-acciones) de estos últimos. El ilimitado curso de acciones, actos y vivencias encadenadas no queda, por tanto, interrumpido (el ejemplo más sencillo es el sometimiento concreto de los individuos B, C debido sólo al reconocimiento de la autoridad de un poder real). [consideremos que “no actuar” ya es hacer algo]
Así pues se puede decir que el PODER SOCIETAL es un medio de comunicación, un médium que hace probable que la recepción como vivencias en B de las acciones de A se convierta en premisa para las acciones de B. Estamos entendiendo así la sociedad como un tipo particular de sistema cuyo último elemento es la comunicación, pero bajo el supuesto de que la comunicación efectiva es por lo general de éxito altamente improbable. El PODER SOCIETAL es, precisamente, la conexión relacional que rompe esa improbabilidad y facilita que una comunicación pueda tener éxito.
Ya hemos dicho muchas cosas acerca del poder. Pero… ¿en qué consiste exactamente? BERTRAND RUSSELL escribió en los años 30 del siglo pasado que “el poder viene a ser el equivalente en el mundo social nada menos que de la energía en el mundo físico”.
Al postular, como hemos dicho, que el poder es DISPOSICIONAL y RELACIONAL, estamos afirmando que se trata también de un campo de FUERZAS EN RED, es decir, de un ENTRECRUZAMIENTO MULTIDIRECCIONAL de las fuerzas surgidas de la capacidad de acción de los individuos.
La IGUALDAD o DESIGUALDAD de poderes nunca se da en la realidad social en términos absolutos y tampoco en un único ámbito. Todo lo contrario. IGUALDAD y DESIGUALDAD siempre son valores RELATIVOS. Hay dos preguntas generales que hay que plantear al respecto, una referida a la facticidad y otra a la posibilidad:
1. ¿En qué consiste la dominación o desigualdad relativa entre los poderes?
2. ¿Cómo habría que entender la no-dominación o igualdad relativa de poderes?
Las teorizaciones estándar suelen insistir en que la naturaleza del poder se resume en una acción de mando que actúa sobre una correlativa acción de obediencia en una especie de verticalidad descendente. En sentido estricto, este enfoque apenas permite la formulación de la segunda pregunta de la no-dominación y, por tanto, facilita que no sea respondida (lo cual es extremadamente grave, dado que en la posibilidad de relaciones de igualdad sin dominación es donde se deben concretar las teorizaciones equitativistas de la justicia). Además, ese enfoque estándar apunta a una generalización normativo-peyorativa de las relaciones humanas inaceptable, porque serían relaciones entendidas siempre como relaciones de dominación de unos seres humanos por otros.
Así, estamos postulando la necesidad práctico-teórica de introducir una segunda gran distinción de perspectivas en la interpretación del poder. Llegamos, por tanto, a la distinción entre los poderes de DOMINACIÓN y los poderes de EMANCIPACIÓN. Lo haremos con las reflexiones de MICHEL FOUCAULT.
3.2. Dos perspectivas contrapuestas: dominación y emancipación
Introducir una perspectiva crítica de la dominación de unos seres humanos por otros exige ser conscientes de que se está atribuyendo un valor moral negativo a los poderes de dominación. Ésta es una cuestión a matizar, dado que hemos defendido una toma de posición no-peyorativa sobre el poder.
La opresión gubernamental, la sumisión bélica, la explotación económica, la subordinación sexual son todo poderes de dominación ilegítimos e injustos que, por tanto, hay que deslegitimar. Y hay que hacerlo porque las mencionadas formas políticas de mando-obediencia están más presentes que nunca en la vida de la actual humanidad (hay un incesante incremento contemporáneo de la coerción autoritaria ilegítima). Un imprescindible sentido de la realidad obliga a enfrentarse a esta situación. Pero también es obligado reconocer que nunca la humanidad ha contado con mayores condiciones de posibilidad de apertura, de rebelión ante un arbitrario y fatal destino, de hacer frente a la opresión como en el presente. Porque el sentido de la POSIBILIDAD siempre debe complementar el sentido de la REALIDAD.
Desde una poli(é)tica EMPANCIPATORIA del respeto recíproco, valores como los de DIGNIDAD, AUTONOMÍA e igual LIBERTAD deben ser adscritos a todos y cada uno de los individuos, en tanto que ciudadanía democrática de sociedades civilizadas. Son valores humanistas irrenunciables, transformables por tanto en cada momento en objetivos o exigencias concretas estrictamente políticas. Por todo esto, los imaginarios histórico-morales emancipadores exigen un tratamiento cuidadoso y comprometido. Son necesarios para otorgar sentido a la praxis, pero parecen ser inalcanzables por principio, porque los valores humanistas son de gran fragilidad, susceptibles de traición o de sutil distorsión. (De hecho, justo esa es la razón por la que la voluntad de poder puede ser tanto capacidad irrazonable para el mal social como capacidad razonable contra su realización.)
Cuando postulamos entonces que la fuerza, como medio de comunicación de los poderes, se puede interrelacionar de forma igualitaria en la praxis política, sin dominación de unos individuos sobre otros, estamos presuponiendo que hay condiciones para establecer y realizar formas políticas de acción-vivencia-acción contra el mal social que no sean imposiciones coercitivas y autoritarias, que no sean formas políticas de mando-obediencia porque sí. Estamos presuponiendo y postulando que puede haber formas de mando-obediencia que sean democráticas, pluralistas, deliberativas y razonables.
Pero entonces hay que hilar más fino todavía, sin autoengaños. Porque el problema de la aceptabilidad poli(é)tica de las relaciones democráticas de mando-obediencia ha de superar un difícil obstáculo: el obstáculo que representa la coerción cuando se presenta legitimada. La relación mando-obediencia democrática tiene que ser bien distinta a la relación impositiva conocida.
La coerción es la que hace o bien uso de la violencia directa (coerción propiamente dicha) o de la persuasión (violencia indirecta, estructural e ideológica). ¿Existe algún modo de coerción que sea aceptable tanto por ser eficaz como por ser válida desde el punto de vista normativo?
Tengamos presente que todas las formas hegemónicas (políticamente correctas), allí donde existen, legitiman las citadas modalidades coercitivas de las relaciones sociales de dominación. Fijémonos, por ejemplo, en el MODO ESTATALISTA DE COERCIÓN. Desde que WEBER caracterizó socio-políticamente al Estado moderno como el monopolio legítimo de la violencia, nunca ha podido ser desautorizado.
¿Quiere esto decir que cualquier poder coercitivo, por el simple hecho de que se apoye en alguna clase de normatividad considerada democrático-legal, se convierte en legítimo en virtud de esa consideración?
Todas las respuestas a esta pregunta dependen de cómo se entienda la legitimidad. Si se funden LEGALIDAD y LEGITIMIDAD y se infiere la segunda de la primera, no cabe la menor duda de que se estará considerando como aceptable lo aceptado, y así, toda la coerción que se dé en cualesquiera relaciones de dominación se considerará LEGÍTIMA. El mismo WEBER consideró legítimos los tipos de dominación legales, tradicionales y carismáticos, asumiendo así implícitamente que las relaciones humanas tiene que ser siempre relaciones de dominación.
Pero si, desde un segundo punto de vista, LEGALIDAD y LEGITIMIDAD no se funden y confunden, entonces cabe considerar que un sistema jurídico no es legítimo por el simple hecho de ser legal. Y esto conduce a una teorización que se aleja de la ortodoxia weberiana.
La idea básica para que la LEGITIMIDAD sea tomada en serio es que lo aceptado de forma socio-política no necesariamente ha de ser aceptable de forma ético-política. O dicho de otra manera, LEGITIMACIÓN y LEGITIMIDAD no deben ser confundidas.
La LEGITIMACIÓN ayuda a entender los procesos de justificación creencial del ejercicio del poder.
La LEGITIMIDAD busca discriminar los poderes en ejercicio, distinguiendo los poderes de dominación de los poderes de EMANCIPACIÓN. De esta manera, el modelo óptimo de poder emancipador sería aquel que lograse que sólo los poderes LEGÍTIMOS sean LEGITIMADOS.
Pero dado que ese óptimo es (o mejor dicho, ha sido) históricamente inalcanzable, las prácticas emancipadoras deberían ser concebidas como poderes que traten de deslegitimar todo dominio impuesto en las relaciones entre seres humanos. Porque toda dominación es coercitiva.
En definitiva, ¿por qué tendría que ser imposible establecer disposiciones y relaciones de poder que consistan en prácticas políticas de no-coerción (es decir, que consistan en acciones políticas no-coercitivas fundamentadas en el respeto recíproco de la DIGNIDAD, AUTONOMÍA y la igual LIBERTAD de los individuos)? El EMPOWEREMENT no es más que la devolución de los poderes genuinos que el estatalismo, militarismo, capitalismo, patriarcalismo y el racismo han negado y niegan a la inmensa mayoría de seres humanos.
El reto de los actuales estados sociales de derecho es convertir las disposiciones y relaciones de poder que se basan en concepciones concentradas, muy verticales y descendentes en auténticos poderes de soberanía diseminada, horizontalizada y poco ascendentes. Las acciones políticas y las acciones de mando y obediencia estarían así limitadas por el imperio de la ley democrática y la ley democrática limitada por el imperio de la justicia equitativa.