LA FUNDAMENTACIÓN ONTOLÓGICA DE LA PRAXIS
1. Vita activa y vita contemplativa
Frente al predominio de la vida contemplativa medieval, la época moderna asiste al predominio de la vida activa en sus 2 aspectos: poético o constructor y práxico, o ético - político. En la antigüedad clásica se destacaron los aspectos prácticos ligados a la acción y el discurso político, no así los poéticos (de poiesis), que hacen del hombre un Homo faber. Se privilegió la actividad teórica y contemplativa del ser humano. En la modernidad se vuelven a contemplar los aspectos activos del ser humano en dos dimensiones principales:
1. El trabajo que transforma la naturaleza
2. La praxis que transforma las relaciones humanas en la historia.
El hombre se ve como unas manos que trabajan (Bacon) y un lenguaje que permite la relación práxica con los demás hombres (Maquiavelo, Hobbes).
G. Vico (1688-1714) llegará a decir que sólo conocemos realmente aquello que hacemos. Afirmación que hace bascular la centralidad de las ciencias naturales a las históricas.
La inflexión praxeológica de la filosofía moderna alcanza su punto culminante con Marx, el cual recoge y amplía las aportaciones de la Ilustración y del Idealismo Alemán. Todas estas corrientes colocan la actividad humana como el tema fundamental de la reflexión filosófica.
La filosofía marxista tiene como elemento fundamental la inserción de la propia teoría en el proceso mismo de la realidad y el estudio de las consecuencias que en este proceso tiene dicha inserción. Con el marxismo no sólo cambia la forma de hacer filosofía sino también la forma en que filosofía y teoría se relaciona con la práctica. Su preocupación básica es: Solucionar los problemas humanos sociales mediante un movimiento práctico revolucionario que aspira a sustituir las formas burguesas de la actividad humana por las nuevas formas comunistas del proceso vital. Se trata de analizar los procesos vitales prácticos y reales de la sociedad contemporánea y no de estudiarlos de manera abstracta e ideológica desgajados dichos procesos productivos y reproductivos.
2. La filosofía de la praxis
Para Marx el pensamiento es un momento del ser, y éste se concibe de una manera práctica. Según Zeleny, para Marx hay varias formas de objetualidad en la realidad social objeto de su estudio:
A) La objetualidad producida por la cooperación de los individuos humanos. Según las circunstancias esta objetualidad aparecerá como un poder extraño y exterior a los hombres que se les impone como si fuera una ley natural inexorable o como un momento de autorrealización consciente. Ese ámbito del Homo faber.
B) La objetualidad no mediada por la actividad humana, que permanece como sustrato material. Se trata de la naturaleza en tanto que no transformada por el trabajo.
C) La objetualidad de la subjetividad humana como momento de toda la práctica. Es el ámbito de la praxis ética y política.
Para Marx la naturaleza es el ámbito de la praxis y como tal previo e independiente de dicha praxis. Privilegia por tanto el concepto de praxis sobre el de naturaleza. Esto es: NO fundamenta lógicamente la praxis en una concepción materialista del hombre y de la naturaleza, lo cual le llevaría a un "idealismo de la praxis" que hace depender la propia naturaleza de su constitución por la praxis humana.
Así pues, en Marx no se da ningún subjetivismo de la praxis, el humanismo marxista está unido al naturalismo. Esto no siempre ha sido entendido correctamente: muchos pensadores marxistas han caído en el idealismo de rechazar la prioridad ontológica de la naturaleza respecto a la praxis humana. Esta praxis se desarrolla siempre en la naturaleza, pero en una naturaleza que no depende de dicha praxis, aunque haya sido transformada por ella.
Repetimos por tanto: en Marx se da la prioridad a la naturaleza. A partir de ella el hombres rodee un mundo objetivo. En palabras del propio Marx:
La praxis hace una selección de entre la plenitud del material dado por la naturaleza, lo organiza y le confiere significaciones fijadas lingüísticamente.
No hay en ello una mera aceptación pasiva de la naturaleza; tampoco se concibe el conocimiento como un mero reflejo de la realidad externa. El hombre habita en una reconfiguración teórico-práctica de la realidad dada críticamente por la praxis humana. Esa es la correcta visión marxista de la naturaleza, una naturaleza que es a la vez producto del trabajo de generaciones pasadas.
No entender esto y concebir una naturaleza sin relación con la praxis humana conlleva ingresar en el mundo de la falsa conciencia, de la ideología, del realismo ingenuo. K. Kosic advierte del error y explica que en el análisis de las relaciones del hombre con el mundo la categoría principal debe ser la praxis en su doble vertiente:
1. Como trabajo que transforma el mundo.
2. Como actividad político-revolucionaria.
El peligro es mal entender esto y considerar al mundo como una proyección subjetiva humana. La praxis no es una categoría subjetiva, antropológica, sino la actividad que convierte al hombre en un ser antropocósmico, en tanto que abierto a la comprensión del mundo. Reproduce dialécticamente el pasado a la vez que produce lo nuevo. Es la praxis la que genera la tridimensionalidad del tiempo como dimensión esencial del hombre.
Hannah Arendt introduce en este contexto una sutil diferencia entre trabajar y laborar.
1. Labor es la actividad correspondiente al ciclo biológico del cuerpo humano, mientras que trabajo es la actividad que corresponde a lo natural de la existencia del hombre, que no está inmerso en el constantemente repetido ciclo vital de la especie. El laborar es el mantenimiento de la actividad vital, es continuo. El Homo laborans permanece atado al ciclo vital, apresado en el metabolismo con la naturaleza.
2. El trabajo termina cuando el objeto está terminado, mientras que el laborar acaba con la muerte del organismo. El trabajo está determinado linealmente por un proyecto previo y teleológica ente diseñado. Es discontinuo y lineal. En virtud del trabajo el Homo faber transciende su ámbito vital y crea un mundo artificial.
3. Praxis y materialismo
Seguiremos el trabajo de Antonio Labriola, filósofo italiano que preconiza el decurso de la vida al conocimiento no del conocimiento a la vida; del trabajo al conocer como teoría abstracta y no a la inversa. Trabajar es conocer haciendo. La suya es una filosofía materialista y práctica que se opone a la visión de la naturaleza como reflejo, reproducción, imitación o modelo de un pensamiento presupuesto. Lo suyo es un materialismo histórico, no un materialismo naturalista.
Para Labriola pensar es producir, y el pensamiento entra en la categoría del trabajo. La ciencia entra directamente en el mismo apartado de trabajo. Se ve claramente que Labriola reivindica el aspecto epistemológico de la praxis, lo que lo entronca con el pensamiento de Marx a propósito de Feuerbach. En sus Tesis sobre Feuerbach, Marx presenta un materialismo muy alejado del materialismo de quienes sólo captan la cosa, lo sensible bajo la forma de contemplación alejada de la praxis. Tampoco es un materialismo que concuerde con el presentado por el idealismo, abstracto pero que no comprende la dimensión teórico-práctica. Bloch en su Principio Esperanza analizará las Tesis, afirmando que la disputa en torno a la realidad creadas en el pensamiento alejado de la práctica es un mero ejercicio escolástico.
Marx se aleja de todo intento de la filosofía moderna en fundamentar el conocimiento en sí mismo y sustituye esta concepción por otra plenamente activa: El conocimiento queda sometido al proceso productivo, y cualquier intento de analizar la teoría aparte de la práctica conduce al misticismo. Todos los misterios que inducen a la teoría y al misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y la comprensión de esta práctica. (tesis 8)
La última de las tesis de Marx, la once, contiene la clave que las cierra como consigna:
Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, de lo que se trata es de transformarlo.
Así la práctica política según la visión que de Marx tiene el pensador español Sánchez Vázquez, consiste en:
1. Un proceso transformador en el curso del cual surge un resultado nuevo producto.
2. La transformación no es ciega sino buscada, el resultado coproductor es anticipado en forma de proyecto, esquema o fin.
3. El proceso tiene carácter objetivo, material o sensible. Se pone de manifiesto en el sujeto real concreto que actúa sobre la materia prima.
Se trata en suma de una filosofía de la praxis que considera en unidad indisoluble tres dimensiones imprescindibles: el proyecto de emancipación, la crítica de lo existente y el conocimiento de la realidad a transformar. Esta filosofía de la praxis conjuga diversas funciones:
1. Crítica, desde la realidad por un lado y de las ideologías que justifican dicha realidad por otro.
2. Política, que supone la inserción de la filosofía en su dimensión política lo que no implica la subordinación a una política concreta.
3. Gnoseológica, consistente en la elaboración de conceptos capaces de analizar la realidad.
4. Conciencia de la praxis, en tanto que racionalización de la praxis y comprensión de la relación teoría-praxis.
5. Autocrítica, con atención permanente para no generar en el teoricismo en el dogmatismo o en el voluntarismo.
4. Crítica de los idealismos de la praxis
Según lo dicho el marxismo está fundamentado lógicamente en una concepción general materialista que permite considerar esa doctrina como una ontopraxeología. Esto es, una concepción materialista-dialéctica que aplica el principio de la unidad de lo lógico y lo histórico y que considera como fundamento esencial y primero del pensamiento humano la transformación de la naturaleza por los hombres y no la naturaleza sola como tal.
Algunos autores han caído en lo que se denomina el idealismo de la praxis. Con dichos autores, el idealismo de la teoría, típico de la tradición occidental, se transforma en un idealismo de la acción que pretende ser compatible con el marxismo. Ejemplo paradigmático esto lo constituye Merleau-Ponty, que valora el concepto marxista de la praxis pero rechaza el materialismo. Este autor posee dos características notorias:
1. Retoma la noción de praxis como un comportamiento activo del cuerpo orientado espacialmente.
2. Considera la intersubjetividad como el horizonte de la práctica, la cual se muestra no como la transformación material de las relaciones humanas, sino como mera coexistencia comunicativa de los humanos. Para Merleau- Ponty, la intersubjetividad es más la comunicación entre los individuos que su cooperación material en procesos de transformación de la realidad objetiva.
Para Merleau-Ponty:
el materialismo de Marx es un materialismo práctico, lo que supone que la materia interviene en la vida humana como punto de apoyo y cuerpo de la praxis. No se trata aquí de una materia desnuda, exterior al hombre, y por la cual se explicaría el comportamiento del hombre.
El carácter subordinado de la materia respecto a la praxis humana es aquí palpable. La clave del idealismo del filósofo francés es el predominio de una ontología fenomenológica que reduce la esfera de lo real a la esfera de lo vivido, así como el desinterés por el estatuto ontológico de la materia previa a la constitución del mundo vivido por parte de los sujetos humanos.
Tampoco Sartre comprenderá el estatuto ontológico de la materia, que queda reducida a una pura instrumentalidad, a un mero substrato indeterminado que recibe su determinación mediante la praxis humana.
Nietzsche no es ajeno a esta visión de la materia como previamente informe y caótica, y sólo a posteriori configurada y conformada por la praxis humana. El conocimiento no es sino el mecanismo para convertir el devenir, no estructurado y fluyente, en un mundo de entes que podemos prever con cierta seguridad. Nietzsche considera que es la actividad imaginativa, teórica y práctica del hombre la que produce la ficción del mundo estable a partir del caos fluyente del devenir.
Habermas por su parte cae en el idealismo de la praxis al igual que los fenomenólogos, para los cuales es el ser humano (bien individualmente o bien intersubjetivamente) el que constituye el mundo.
Frente a estos idealismos de la praxis el realismo y el materialismo marxista (Bunge) y no marxista (Popper) postulan que la realidad está estructurada independientemente de nuestro conocimiento, aunque el mundo objetivo tal como se nos presenta sea el producto de una mediación entre dichas estructuras reales y su reconfiguración por parte de nuestras categorías cognoscitivas, de manera que nunca podamos estar seguros de que hemos dado con estructura de la realidad aunque postulemos dicha estructura existe independientemente de nuestras categorías.
La praxis humana se da en un mundo que sólo parcialmente es producto nuestro. Pero eso no impide que dicha praxis produzca a su vez una objetualidad nueva que se añade a la objetualidad natural como una segunda naturaleza producto del trabajo humano.
Esa segunda naturaleza es el mundo de los artefactos materiales pero también el de las instituciones sociales y políticas; y el de las producciones teóricas, científicas y filosóficas. La praxis no sólo transforma mediante el trabajo el mundo natural sino que crea y transforma el mundo artificial de las instituciones y de las producciones teóricas, pero todo ello debe basarse en el mundo natural y material que es primario respecto a ella e independiente de la misma.
La praxis, pues, no se autofundamenta sino que tiene su fundamento ontológico en el mundo natural y material que le precede y la filosofía de la praxis debe tenerlo en cuenta.