La diferencia ontológica y el Dasein
Heidegger parte de la diferencia entre el ser y el ente. La llama diferencia ontológica. La metafísica occidental tradicional ha hecho depender al ser del ente. Esta situación es lo que Heidegger llama el olvido del Ser. Para ello propone una asunción (Verwindung) que es más que una superación (Überwindung). Dicha asunción permitiría recuperar el sitio (Ort) de la metafísica.
Así, para Heidegger, el fundamento de la metafísica será la verdad del Ser en sí mismo, más allá del Ser del Ente. Esto supone ir más allá del pensamiento representativo, inaugurar un nuevo tipo de pensamiento quizás relacionado con el arte y con la poesía. En su obra fundamental "Ser y tiempo" pretende plantear la pregunta por el Ser, y aborda una doble problemática:
1. La fijación del ente que funciona como primario en estas cuestiones: el Dasein. Desarrolla para ello una analítica ontológica del ser-ahí, como un poner en libertad el horizonte para una exégesis del ser en general. Este horizonte se revela como temporalidad.
2. La apropiación del modo de acceso a dicho ente. Aquí reside la destrucción-superación de la historia de la ontología. La pregunta por el ser es radicalmente un pensar histórico.
El Dasein es el ente privilegiado del que surge la pregunta por el ser, de ahí que la ontología fundamental se plantea como analítica existencial del Dasein, a partir de la cual será posible plantear otras ontologías regionales. Esta preeminencia del Dasein (prematuramente identificado con el hombre) provocó que se considere a Heidegger como el padre del existencialismo. Sin embargo el propio Heidegger desaconsejará esta interpretación en su Carta sobre el humanismo de 1947. Según este estudio, el Dasein no se identifica con el hombre concreto, sino con la apertura del hombre hacia el Ser. Será posteriormente el existencialismo francés de Sartre y Merleau-Ponty el que explorará la noción del Dasein como sujeto humano, en su sentido ético y existencial.
La metafísica occidental como onto-teología
La pregunta por el ser tiene dos orígenes: el del análisis existencial del Dasein (visto arriba), y la deconstrucción de la historia de la metafísica. Esto nos lleva a una concepción epocal del ser. La filosofía es una empresa radicalmente histórica, con su origen y fundamento en suelo griego y que se mantiene aún hoy remitida a su origen. Las épocas fundamentales en la historia del Ser, aquellas detenciones básicas para considerar el Ser de los Entes, son:
1. La presentación del ser por Platón como idea.
2. Por Aristóteles como energía.
3. Por Kant como positio.
4. Por Hegel como concepto absoluto
5. Por Nietzsche como voluntad de poder.
Todas ellas son respuestas a la pregunta por el ser, en todas ellas el Ser se entiende como presencia, como usía, como Anwesenheit (ser-entrado-en-la-presencia). La temporalidad del ser se ha captado históricamente en la metafísica mediante la relación entre el ser y la presencia. En 1962 Heidegger escribe a William J. Richardson:
La Presencia (ser) pertenece al claro abierto al retirarse (tiempo). El claro abierto al retirarse (tiempo) lleva consigo la presencia (ser). El presente en la lengua filosófica aparece como el lugar de la retirada y de la no retirada, es decir, como el ámbito en el que se produce el velamiento y el desvelamiento del Ser. Esta sumisión del sentido del ser a la presencia del ente presente es lo que ha producido desde el inicio de la Metafísica el olvido del Ser, como diferencia entre el ser y el ente.
Según Heidegger, la metafísica, al pensar el ente como tal en su totalidad, ha olvidado la diferencia como diferencia al centrarse en los entes como diferentes y en la búsqueda de fundamento de los entes. Ese fundamento aparece como el Ser en que se funda el ente (y en este sentido la Metafísica es ontología) ; pero el ente supremo aparece como el fundante, como la causa primera que justifica todos los entes (y en este sentido la metafísica aparece como teología). He aquí la dualidad de la metafísica, que podemos percibir, al menos en occidente como onto-teología.
La constitución onto-teológica de la metafísica deriva del prevalecer de la diferencia que conduce al ser como fundamento y al ente como fundado-fundante-justificante a diferir el uno del otro y a volverse el uno hacia el otro. (Identidad y diferencia, Heidegger)
La libertad aparece como el fundamento en su relación con la esencia del Dasein, como el abismo (Ab-grund) sobre el que se sitúa el Dasein, el cual se presenta como un ente especial que se encuentra arrojado, como libre poder-ser, entre el resto de los entes.
Nihilismo y modernidad
La época moderna surge cuando el mundo se convierte en imagen`, el conocimiento en representación (y el consecuente ascenso de la técnica) y el hypokeimenon en sujeto por obra de Descartes. Todo ello convierte (o lo intenta) a la metafísica en Teoría del Conocimiento. La técnica es considerada por Heidegger no como un simple instrumento de transformación del mundo, sino como un modo de des-ocultar, como un modo más de aparición de la aletheia, como un poner (Stellen) que se impone (Ge-stellt).
La imposición Gestellt es para Heidegger el preludio de otra concepción, denominada Ereignis, algo que se encuentra más allá del ser. El Ereignis es el ámbito en el cual el hombre y el Ser se encuentran en su esencia, obtienen cada uno lo que les es esencial y pierden las determinaciones que la metafísica les ha conferido. La posibilidad de pensar el ser sin el ente, es decir, de desgajar el ser de la metafísica, está ligada a la posibilidad misma del Ereignis. Ese acontecimiento que es el Ereignis se produce en el lenguaje como vuelta a una palabra inicial, arcaica, en la que se exhibe el misterio y a la que sólo se puede acceder mediante el arte. Pensar el ser más allá de la metafísica exige que se abandone el ser como fondo del ente, en favor del "hay" (Es gibt), entendido como donación.
El surgimiento del ser como Ereignis supone la apertura de un claro (Lichtung) que deja lugar a dicho surgimiento. La Metafísica ha ignorado lo abierto y su claridad. Lo abierto, como Aletheia, como desvelamiento en el ámbito del cual el Ser y el pensamiento son uno para el otro y lo mismo, ha permanecido impensado en la filosofía. Por eso la nueva tarea no es relacionar el Ser y el Tiempo, sino la claridad y la presencia (Lichtung und Anwesenheit). En eso consiste la Kehre, la vuelta heideggeriana.
No obstante, debemos consignar que una filosofía que al final queda como una estética entregada al dominio de la palabra esotérica de los poetas no puede ser una solución aceptable al problema de la superación de la Metafísica. Más que una epifanía necesitamos una hermenéutica, una ontología débil en el sentido de Vattimo, que piensa al ser como transmisión y como momento, como recuerdo, con su mortalidad y caducidad. Este tipo de pensamiento sitúa la diferencia como lo inicial, como lo previo, anterior incluso a la diferencia ontológica que separa al Ser del ente.
Desde la perspectiva de Heidegger, Nietzsche, intentando superar la Metafísica, constituía su cumplimiento. Desde nuestra perspectiva, Heidegger alumbra la posibilidad de un pensamiento transmetafísico, pero no lo logra. Lo que sí consigue es abrir una senda que hollarán a posteriori Vattimo, Derrida, Deleuze, pensadores de una diferencia radical, previa al Ser mismo, y capaz de descentrarlo continuamente en un juego sin fin de diferencias entendidas como trazas, materiales en un continuo devenir.
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NOTAS:
1. LA KEHRE El cambio de SER Y TIEMPO al último pensamiento de Heidegger suele ser denominado “el giro”, o la vuelta (“die Kehre”). Heidegger utilizó esta expresión en su CARTA SOBRE EL HUMANISMO (1947) para referirse al cambio de dirección que implicaba su propuesta, aunque incumplida, de continuación de SER Y TIEMPO. (También la utilizó para designar la esperanza-de-cambio mediante el cual la historia del ser pasara del olvido del ser al pensamiento). Pero negó una y otra vez que su primer pensamiento difiriese significativamente de su pensamiento posterior, como también que dicho primer pensamiento albergase similiaridad alguna con el existencialismo de Sartre. La interpretación que hace Heidegger de su propia obra, como de muchas otras cosas, mantiene un continuado interés, si bien está abierta a la discusión. El surgimiento del ser como Ereignis supone la apertura de un claro (Lichtung) que deja lugar a dicho surgimiento. La Metafísica ha ignorado lo abierto y su claridad. Lo abierto, como Aletheia, como desvelamiento en el ámbito del cual el Ser y el pensamiento son uno para el otro y lo mismo, ha permanecido impensado en la filosofía. Por eso la nueva tarea no es relacionar el Ser y el Tiempo, sino la claridad y la presencia (Lichtung und Anwesenheit). En eso consiste la Kehre, la vuelta heideggeriana.
2. LA DIFERENCIA ONTOLOGICA. Vamos a ver si somos capaces de explicar qué es lo que entiende Heidegger por diferencia ontológica. Esta expresión la utiliza Heidegger para pensar la relación entre el ser y el ente, la introdujo en su crítica a la metafísica tradicional, que los trataba sin diferenciarlos. Según Heidegger, toda metafísica deberá comenzar reconociendo una radical diferencia entre el ente, lo que es, y el ser del ente, es decir, entre lo óntico (referente a los entes) y lo ontológico (referente al sentido del ser). Lo óntico (del griego to ón, "lo que existe", lo que está) y no ontológico (del griego ontós, genitivo de to ón, "lo que está siendo" más logos, estudio).
Lo ontológico, para Heidegger, comprende el estudio del existente humano (Dasein), que es el único modo de acceder a la comprensión del ser, pues el hombre es "el pastor del ser", y su lenguaje, "la casa del ser". El hombre no determina el sentido del ser, sino quien lo vigila y lo cuida, cuando se desvela por sí mismo. "El ser de los entes no es él mismo un ente", dice Heidegger, ni el género de ningún ente, aunque abarca a todo ente. Ser no es ser un ente. El ser es "ser del ente" (genitivo objetivo), y el ente es "ente del ser" (genitivo posesivo). La diferencia ontológica, pues, no es la diferencia entre un ente y otro ente, sino la existente entre el ente y algo que no es ningún ente concreto: el ser, gracias al cual el ente es. Pero el ser no está jamás presente sin el ente; y el ente no es jamás sin el ser. No es que primero exista el ente y además, o "encima de él" se dé el ser. No es que el ser tenga la diferencia ontológica, sino que el ser es el que marca dicha diferencia. Ente y ser se diferencian entre sí, pero se refieren el uno al otro, como lo fundado (el ente) a su fundamento (el ser). De este modo, Heidegger establece una radical diferenciación de status entre los entes y el ser de esos entes. El sentido del ser funciona a menudo de un modo aproblemático en el trato cotidiano con los entes, siendo su problematización lo que caracteriza a la filosofía, ya desde su comienzo griego. Ahora bien, llegó un momento en que la filosofía pareció considerar resoluble la cuestión del sentido del ser, con lo que tendió a asimilarlo al ente, perdiendo de vista su peculiar status propio como ser del ente. Esta situación de olvido del ser la presenta Heidegger como rasgo fundamental del pensamiento metafísico, por lo que su propia tarea, que concibe como consistente en la recuperación de la cuestión del ser, se convierte así en un replanteamiento radical de la filosofía. En fin, por no haber entendido la diferencia ontológica, por no haber preguntado por el ser del ente, sino sólo por el ente sin más, que el cristianismo convierte en el ente creado, la tradición metafísica occidental "ha sido culpable del olvido del ser".