Venir al mundo, venir al lenguaje1
1. Contexto
1.1. El autor y su contexto.
Formado en el seno de la llamada segunda generación de la Escuela de Frankfurt, tiene las más diversas inlfuencias: Nietzche y Heidegger, la filosofía y la místicas orientales, el taoísmo y el hinduismo. También bebe de fuentes antropológicas, de la música concreta, de la arquitectura o de la literatura. Escribe con una calidad no vista en Alemania desde los tiempos de Nietzsche. Nacido en 1947, es un filósofo del último cuarto de XX y del XXI. Por lo tanto, para él la SS G.M. que tanto marcó a la Escuela de Frankfurt no es sino una referencia. No es una vivencia. La sociedad alemana postbélica por el contrario sí que lo es.
Crítico con su propia filiación filosófica natural, escribe su Crítica de la razón cínica, puntualizando las afirmaciones de sus maestros Horkheimer y Adorno en la famosa Dialéctica de la Ilustración, de la que su obra pretende ser una puesta al día. Sloterdijk presenta un discurso ético comprometido, libre de las falacias y los espejismos de una "humanidad edificante", cínico y descreído con la idea de progreso heredada de la Ilustración, pero también con el cansancio provocado por el nihilismo.
Escritor fronterizo, alemán afrancesado, se nutre de las especiales riquezas de los territorios intermedios, nunca completamente leales a ninguna tradición concreta. Con su trilogía sobre las Esferas, Burbujas, Globos y Espumas traza una peculiar ontología del hombre y del mundo utilizando metáforas geométricas de sabor deleuziano.
Lo que le interesaba era contribuir a disolver la herencia de la metafísica del individuo y de la sustancia, unas ideas que desde hace dos mil quinientos años deslumbran gracias a un espejismo gramatical sobre el llamado núcleo duro de lo real.
1.2. La obra en el contexto de la producción del autor.
"Venir al mundo, venir al lenguaje" es una transcripción de un curso dictado en Frankfurt en 1988. Se trata por lo tanto de una obra temprana, inmediatamente posterior a su citada "Crítica de la razón cínica", pero muy anterior a su obra magna de las Esferas, que se publicó en alemán hacia 1998. No obstante, sus preocupaciones básicas ya están perfiladas: el nacimiento, la separación de la madre, la venida al mundo y al lenguaje, y la literatura, especialmente la poesía. Son los que aquí encontramos los primeros balbuceos de una obra que ha adquirido una extraordinaria complejidad a lo largo de los años.
¿Cómo enfrentan las distintas filosofías el hecho del nacimiento? ¿Cómo afrontan su propio nacimiento? La respuesta que da Sloterdijk es meridiana: la filosofía ha olvidado su propio nacimiento, de la misma forma que los seres humanos hemos olvidado el nuestro. La filosofía ha terminado acogiéndose al interdicto del buen hacer científico que reza: “callemos sobre nosotros mismos”. Ha creado una “fábula del mundo verdadero” para soslayar el miedo a su misma esencia y para taponar las fugas que provoca la incertidumbre ante su venir al mundo. La tradición filosófica se comporta como un individuo acostumbrado a olvidar su nacimiento cuando se trata de abrir las primeras páginas de su existencia. Ahora bien, ¿qué desperfectos provocaría escribir una autobiografía radical,sin complejos, de la filosofía? El primero sería el que se sigue de una reevaluación de la siempre enigmática figura que ha desarrollado el rol de “partera” de la filosofía occidental, a saber, Sócrates. Sloterdijk se va a centrar fundamentalmente en la mayéutica.
2. El significante
2.1. La vida tatuada
Dice nuestro autor: entre lo que he denominado tatuaje y lo que significa en términos psicológicos el inconsciente tiene que existir una sólida conexión. El puente entre ambos fenómenos pasa por una teoría de los signos o, mejor dicho, una teoría de las marcas. Lo que llamamos individuo es básicamente el pergamino viviente en el que se dibujan, segundo a segundo, los perfiles de la crónica de nuestra existencia en medio de una escritura nerviosa. Por todo ello, no soy capaz de encontrar una expresión más acertada para todas las marcas que se van añadiendo a cualquier vida desde sus comienzos que la del tatuaje. El vocabulario básico de la poesía se forja en medio de tatuajes existenciales que ninguna educación es capaz de cubrir del todo y ninguna conversación logra esconder del todo. La poesía habla de las marcas realizadas a fuego en el alma, de los caracteres grabados bajo la piel. "Allí donde estaba la marca a fuego, ha de nacer el lenguaje".
2.2. La poética del comenzar
Explicación de la ficción borgiana de El libro de arena. Imposibilidad de encontrar la primera página. Nuestra vida, como finita que es, plantea la posibilidad de leer la primer apágins, que comienza con nuestra concepción o nuestro nacimiento...y sin embargo es imposible. No hay forma de pasar de lo admisible a lo posible. Esto significa que tampoco en nuestra historia finita conseguimos abrir la primera página. Pues cuando la podemos abrir, sabemos enseguida esto: no es en realidad la primera página. Esto significa que el comienzo del ser y el comienzo del lenguaje no van de la mano. El lenguaje aparece cuando nosotros ya estamos instalados en el mundo. Hay por tanto una ceguera en torno a los acontecimientos iniciales que nos obliga a entrar en el mito fundacional, ya que en toda autobiografía hay un horror vacui inicial.
Sloterdijk explica que para Dilthey era posible un autoconocimeinto biográfico, la vida era de algún modo transparente, se hace inteligible; cosa que negaban Heidegger y Gadamer. Por eso abandonaba Heidegger lo subjetivo de la autobiografía en favor del Andenken, la rememoración; mientras que Gadamer apelaba a la tradición, intentando captar de ella lo que se escurre ente los dedos de lo biográfico. Si fuera así, la oscuridad de nuestros comienzos no sería tan grave. Toda autoconciencia estaría como fiada en medio de un acontecer superior del Ser. Pero hay dos problemas:
A menudo la Madre Historia nos deja desamparados., y la tradición es un erial destruido. En esos casos La autodeterminación, la autorrealización, la autofundamentación, no son sino un intento del hombre de librarse de las malas tradiciones. Dilthey nunca está del todo superado. Bien lo sabe la actual generación alemana. Esta inseguridad en la tradición es algo que define el modo alemán de estar-en-el-mundo desde hace ya cientos de años., y más desde los indescriptibles hechos de la II G.M.
Sin esa pulsión de volver a empezar radicalmente la humanidad habría fenecido crepuscularmente a manos de experiencias heredadas. Por esto una poética del comenzar tiene como condición justo lo contrario de la arraigada predilección romántica por los buenos y viejos tiempos.
2.3. La mayéutica socrática y el olvido del nacimiento de la filosofía
Propondremos la imagen de que el nacimiento humano es como un relámpago que se vuelve bruscamente hacia estas primeras páginas olvidados del libro, este acontecimiento lejano no es para nosotros algo completamente pasado mientras su trueno todavía pueda alcanzarnos. El relámpago del nacimiento es así el claro [Lichtung] en el que se mueven todos aquellos que llegan al mundo, y cuyo resplandor no termina de apagarse en toda una vida. Pero tras el relámpago llega el trueno, y truena ocasionalmente en la conciencia cuando irrumpen los acontecimientos que se asemejan al acontecimiento fundamental. El venir al mundo comtinúa en dramáticos empujones. La angustia y el éxtasis son manifestaciones de ese trueno vital.
Nietzsche se fija en Sócrates, Con Sócrates, opina Nietzsche, la humanidad occidental, en efecto, es conducida a la razón, pero a una mórbida razón que no puede tocar nada vivo sin destruirlo. Esto es entendido como un irracionalismo vulgar de Nietzsche. Sin embargo, la realidad es otra: Tras dos milenios de olvido del origen, Nietzsche remota el espacio original de la filosofía llevando la contraria a Sócrates, cuya doctrina nos ha llegado tras en velo platónico. Especial mención merece la metáfora de la mayéutica como profesión de la madre de Sócrates. La tesis de Sloterdijk es que Platøn malentendiø a Sócrates, pero Nietzsche también, aunque de otro modo. la intención de Sócrates sería no recordar ideas, innatas o adquiridas, sino rememorar el nacimiento, volver al inicio y retrotraerse, en un momento anterior a la vida sumida en opiniones heredadas, hacia una irreflexión inicial fecunda en pensamientos. Su discípulo Platón inventaría la teoría de las ideas para positivizar está negatividad uterina socrática. Sin embargo oara Sócrates las ideas innatas serían un engendro más del que desasirse. Lo irónico de Sócrates es que él no es nada irónico cuando asegura que sólo sabe que no sabe nada.
2.4. La poética del parto
El inconveniente de haber nacido no deja de abrir una mínima ventaja: la de poder quejarse de él a lo largo de una vida. Ese mínimo de positividad deja resquicio para una poética del parto. Esa poética consta de ciertos a prioris:
1. El a priori de desligamiento
Tenía razón Sartre cuando decía que estamos condenados a ser libres: el neonato debe comenzar a vincularse con lo indefinido, lo inhóspito, el Afuera. El concepto de "Mundo" vendrá después, como conjunto de seres en el Afuera, con otros hombres ávidos de mundo, drogodependientes de los rellenos de contenido que dan sentido al mundo. Ahí nace el apego. El lenguaje es la instancia que nos da propiamente el mundo, la que abre ese paisaje extático en el que los hombres se mantienen. La esencia del lenguaje consiste en transformar el inconveniente de haber nacido en la ventaja de venir al mundo a través del hablar libre.
2. El a priori de urgencia
Apenas hemos arribado a lo Abierto, y ya comienza nuestro apego al mundo de tal forma que estamos transidos de urgencias. Aprendemos el oficio de la vida cuando lo inaplazablemente necesario nos arranca respuestas constitutivas de mundo. Al dictado de las urgencias redactamos nuestros textos basales del mundo. Intentaremos ahora aunar las ideas filosóficas fundamentales de Marx y Heidegger. Hay en ambos un apriori de estar en el mundo, una urgencia, ambos llevan al lenguaje la situación en el mundo de un modo ya no más contemplativo, sino dramático-activo, si bien por vías bien diferentes. Uno a través del trabajo y la producción, el otro con el cuidado del Ser.
3. El a priori de iniciativa
Los seres humanos al venir al mundo tienen que comenzar algo. Marx interpreta el comenzarse como un acto colectivo de autoaseguramiento por el trabajo. Para Heidegger, nuestra salida del pasado ha sido hasta ahora sólo un acontecer caído y "olvidadizo del Ser", en parte deriva ciega hacia la exterioridad, en parte autoescenificación de una subjetividad dominadora y subversiva que ha olvidado el Ser.
4. El a priori de posposición
Gracias a ello, existen cuestiones principales y cuestiones secundarias, protagonistas y personajes menores, preludios y actos principales. La postergación funciona y el mundo se vuelve cómodo y ligero. El teatro épico de cae en leves cantos populares.
5. El a priori de escenario
En los escenarios, teatros y arenas se desarrollan actos simbólicos de apertura del mundo gracias a los cuales los hombres tienen la sensación de que algo importante está pasando de verdad
2.5. La promesa del mundo y la literatura universal
Sloterdijk reivindica la figura de la natalidad, no de la mortalidad como condición de posibilidad de la dilosofia y de la poesía. La condición de natal es la que nos abre al mundo, en el que nos dotamos de lenguaje posteriormente. Si para nosotros el venir-al-mundo siempre significa también venir-al-lenguaje, esto quiere decir que, en tanto que llegados al mundo, no tenemos más alternativa que la de atarnos desde un primer momento a un mundo lingüístico donde el peso del mundo presiona a todo nuevo hablante. Por ello concluye que los cinco a prioris vistos no son suficiente, y necesitamos:
El a priori de transmisión
Para hablar de eso esencial que yo denomino "lenguaje", tenemos que introducir por tanto una función mundo-creadora adicional, gracias a la cual nosotros nos li- gamos unos con otros en calidad de miembros de una comunidad: la de los portadores del peso del mundo. Las llamadas comunidades de comunicación que se mueven en un lenguaje común siguen estando determinadas de manera general y predominante por el principio del "nacimiento-dentro". La natalidad en su seno es primordial. Así los hombres sienten sus urgencias nacionales, sus pulsiones nacionales, sus esquizofrenias nacionales expresadas en sus lenguas nacionales. Los lenguajes nacionales son también armas de guerra, expresión de odio a otros pueblos... El apriori de transmisión forma parte de los a prioris creadores de mundo (los pares).
El a priori de absolución o de promesa
Hemos nacido, hemos entrado en el mundo y es irremisiblemente cierto que hemos perdido la oportunidad de no ser. Nos encontramos rodeados por todas partes por condiciones positivas de existencia. La esencia del lenguaje, señoras y señores, no consiste únicamente en la transmisión de los lazos nacionales y de los prejuicios que significan el mundo. Del lenguaje, que articula y canaliza la llamada entre los llegados al mundo, forma parte también el aliento de la absolución. Gracias a estas promesas siguen divulgándose esas absoluciones sin las cuales nosotros permaneceríamos como asfixiados en el cerco de los hechos consumados. Sin embargo, hasta hoy nunca se ha dejado institucionalizar el espíritu de la absolución sin corromperse.
La promesa del marxismo ha traído igualmente violencia y terror. El milenario de vocación e hiper positivo Tercer Reich no hizo sino desencadenar los peores sueños persona tales de la caverna. Las ideas de redención positividad as han introducido más dolor que el que querían combatir. De ahí el profundo anti utópico actual. Estamos hartos de las promesas de los señores de las Iglesias. Sólo la idea del nacimiento-dentro mantiene su fuerza, por desgracia.
Por eso, si queremos mantener la actitud de promesa, debemos orientarnos como el recién nacido, sin tierra bajo sus pies. Pasando a través de los lenguajes universales positivos ha de descubrirse ese aliento que pertenece, antes de toda nacionalidad de nuestra natalidad, a nuestra circunstancia natal. Y ese aliento no es otro que el de la literatura y el poetizar.
El aliento poético es el último criterio utópico.