El descentramiento de las estructuras
La novedad introducida por el estructuralismo no es, desde luego la noción de estructura. Esta estaba ya presente en la metafísica occidental desde antiguo, y estaba como centro organizador, un centro que ha podido ser trascendente como en el caso de las Ideas Platónicas o en el Dios cristiano, o profundamente inmanente como en el caso de la usía aristotélica. La novedad del estructuralismo es que vacía ese centro, dejando una especie de no-lugar, y quedando únicamente la estructura, ahora descentrada. A ello han contribuído pensadores como Marx, Nietzsche, Freud, desde el lado de la filosofía de la sospecha; y Levi-Strauss o Heidegger . Con el estructuralismo se tambalean las categorías de pensamiento de la metafísica tradicional, abriendo un espacio para el juego libre y creador de diferencias. En palabras de Derrida:
Se trata de establecer expresa y sistemáticamente el problema del estatuto de un discurso que toma de una herencia los recursos necesarios para la deconstrucción de esa misma herencia. El pensamiento estructuralista arranca de la tradición los elementos que necesita para deconstruir esa misma tradición, abandonando las referencias a una metodología definida en relación a conceptos como centro, sujeto, fin u origen absolutos.
Al no haber centro, los elementos de esta metafísica estructuralista se sustituyen unos a otros en un juego libre, no totalizable, Así, el sentido surge como un sentido de sustitución, de traza, en el que cada elemento significante puede sustituir a otro. Ello rompe con el determinismo clásico y destaca la importancia de elementos de discontinuidad y ruptura frente a un evolucionismo típico del historicismo. Asimismo, exhibe una tendencia muy fuerte a abandonar la noción clásica de sujeto, troncal en el pensamiento humanista occidental.
En la ontología estructuralista opera una tripartición del ser, análoga a la del concepto del signo peirceano:
Lo primario: lo positivo, considerado con independencia de cualquier otra cosa.
Lo secundario: que se sitúa bajo el signo del doble: lo especular, la lucha y la oposición identificadora y a la vez jugadora.
Lo terciario: que vive en el ámbito de las leyes y de las relaciones.
Real, imaginario, simbólico
Cuatro son las características del estructuralismo:
1. Añade a lo real las categorías de lo Imaginario y lo Simbólico.
Lo simbólico ocupa un lugar destacado en Lévi-Strauss, Lacan y Althusser: es de importancia central en el surgimiento del individuo (como resolución positiva del Edipo y consiguiente asunción del lenguaje y de la Ley) y y de la sociedad. Además lo simbólico es el lugar de la teoría (según Althusser), de la creación de objetos teóricos que no provienen de la realidad, pero a cuya constitución contribuyen decisivamente.
Por su parte lo imaginario es lo inmediato, lo indistinto, la ilusión productora de la identificación dual y especular. En Lacan la constitución del yo como sujeto exige dos aspectos previos: la superación de la identificación imaginaria con la madre y la aceptación del padre como el lugar del otro, de la Ley y de la palabra.
La realidad es aquello que está en tensión entre lo simbólico y lo imaginario. Lo real (que no debe confundirse con la realidad) es aquello que sólo puede concebirse a partir de lo simbólico (pues carece de acceso directo a ello), pero a la vez se escapa a la simbolización, es la pulsión, conocida sólo por el síntoma. El estatuto de lo real, según Lacan, está en el nudo borromeo en el entrecruzamiento de lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico. En ese entrecruzamiento se sitúa el concepto lacaniano de "objeto a", lo que se resiste a la significación, el desecho que deja el significante.
2. Introduce una nueva noción de temporalidad.
3. Subvierte la noción de sujeto.
4. Instaura un pensamiento de la diferencia como pensamiento serial y local.
Los puntos 2, 3 y 4 los vemos desarrollados en los epígrafes siguientes.
Temporalidad y sujetividad
En el estructuralismo la temporalidad se centra más en lo virtual que en lo actual. A su vez, destaca sobre todo el componente de ruptura, más que el de continuidad. Para Deleuze, las estructuras se actualizan mediante diferenciación dando lugar a un tiempo discontinuo y plural que se despliega a ritmos diferentes en función de los diversos elementos que coexisten en la estructura. El tiempo estructural, en estas concepciones, va de lo virtual a lo real y acompaña a dichas actualizaciones. Los distintos tiempos (¿o tempos en sentido musical?) históricos responden al modo concreto en el que se lleva a cabo la relación de medios de producción.
Braudel diferencia un tiempo corto, el de los acontecimientos, y un tiempo largo, el de las estructuras. Similarmente ocurre con Foucault en sus estudios sobre la locura, la medicina, la historia de los procedimientos jurídicos o de la sexualidad. Foucault propone un doble método, que destaca el azar frente a todo determinismo:
1. Arqueológico, buscando espacios de orden profundo tras acontecimientos aparentemente superficiales. El arqueólogo excava y rastrea en las profundidades, saca a luz lo que está oculto, desentierra restos tapados por la epidermis de la corteza. Pero además trabaja sobre la superficie, es cuidadoso en sus observaciones epidérmicas. Si encuentra algún resto antiguo lo adjunta a otros del mismo tipo para combinarlo en un trabajo histórico.
2. Genealógico, intentando reparar en la singularidad de los acontecimientos más allá de toda búsqueda de su origen. Foucault describe también a la genealogía como una investigación particular sobre aquellos elementos que «tendemos a sentir [que están] sin historia». Esto incluiría aspectos como la sexualidad y otros elementos de la vida cotidiana. La genealogía no es la búsqueda de los orígenes y no es la construcción de un desarrollo lineal, sino que pretende mostrar el pasado plural y a veces contradictorio que revela las huellas de la influencia que ha tenido el poder sobre la verdad. Para la genealogía el punto central de su investigación es averiguar qué es el presente, rescatar la cuestión de la actualidad. Para lo cual se hace un recorte de la realidad como problemática: ¿Cómo ella es posible? ¿Cómo se fundamenta? ¿Qué es lo que la legitima?. Es decir, no nos estamos preguntando necesariamente sobre la búsqueda de un origen o de un universal sino que estamos tomando como ejes, preguntas tales como: ¿Cómo funciona esto? ¿Cómo y qué es lo que lo hace posible? ¿Cómo se fundamenta? ¿Qué es todo esto que hoy se nos presenta como un problema?
Es, en suma, una búsqueda de las proveniencias u orígenes (Herkunft) y de las emergencias (Entstehung). En la línea de investigación foucaultiana la genealogía es inseparable de la arqueología, porque para hacer el análisis de una cuestión presente necesitamos de una arqueología.
Respecto al sujeto, el estructuralismo actúa con toda su contundencia contra este concepto de la metafísica clásica, la Historia queda definida (Althusser) como un proceso sin sujeto y sin fines. Los hombres (en tanto que agentes de prácticas sociales) son unos sujetos en la Historia, pero ésta no tiene sujeto en singular. Los individuos, lejos de ser sujetos libres y constituyentes, son constituidos por el poder, sólo existen por y para al sometimiento (sujección) al poder. Aquí, el sujeto es súbdito, no constituyente sino constituido a partir de disciplinas que modelan sus cuerpos y espíritus, según Foucault.
Las técnicas de subjetivización son coercitivas, regladas, exteriores. Y además (siempre según Foucault), están las internas: los propios individuos, en tanto que sujetos morales, buscan una estética de la existencia a través del autocontrol de comportamientos. La heteroformación de masas mediante el trabajo se complementa con la autoformación de los individuos como sujetos éticos.
Para Deleuze, el estructuralismo no ha olvidado al sujeto, sino que lo ha triturado, destruido; le ha negado su identidad. En Foucault es "la muerte del hombre", visto como el retorno al comienzo de la filosofía, a un espacio en el que es posible pensar de nuevo.
Pensar la diferencia y la repetición
Según Foucault, el pensamiento moderno (de los siglos XVIII, XIX) ha sido eminentemente una antropología, una analítica de lo humano y de su relación con la vida, el trabajo y el lenguaje; constituido como un pensamiento de lo mismo que ha sometido siempre la diferencia. Frente a ello, el estructuralismo propone:
1. Un pensamiento de la Diferencia y de la Repetición,
2. Una inversión del platonismo, una eliminación de la presencia y una activación del simulacro.
La ontología estructuralista (contrapuesta a la occidental clásica, centrada en los valores de lo mismo y lo semejante) pone en el centro dos cosas:
1. El acontecimiento como algo incorporal, que no existe, sino que insiste. Sustraído al dominio del ser y la presencia.
2. El simulacro como repetición, mala copia que no quiere parecerse al arquetipo y que prolifera indefinidamente rompiendo toda jerarquía ontológica.
El ser que pone de manifiesto esta ontología foucaultiana y deleuziana es radicalmente unívoco: se dice repetitivamente en la diferencia. Todo ser se dice de la misma manera, pero los seres que se repiten son diferentes. Las que se diluyen ahora son las categorías, convertidas en fantasmagóricas, unidas a un acontecimiento: se trata de un pensamiento acategorial, no sigue el camino marcado por unas categorías del ser. Pensar es exponerse a la posibilidad de ser estúpido, y a la vez librarse de ello: el estructuralismo, en lugar de negar y exorcizar lo otro, lo encara de forma valiente.
La repetición y la diferencia se encaran a las categorías de la representación típicas del pensamiento occidental. Dicha repetición es una producción continua de novedad. Este pensamiento de la diferencia está ligado al importante concepto de serie. La serialidad se presenta no sólo en el dominio antropológico, sino también en el psicoanálisis, en música (Pierre Boulez), y en literatura moderna (Klosowski). Lévi-Strauss en sus análisis sobre el totemismo fue el introductor del concepto en virtud del cual, para que exista una estructura son necesarias al menos dos series, y unas correspondencias y homologías entre sus términos.
El criterio serial, se explica en tanto los elementos simbólicos, considerados en sus relaciones diferenciales, se organizan necesariamente en series, pero referido a otra serie, constituida por otros elementos simbólicos y otras relaciones. En el estudio del totemismo, Levi-Strauss explica que el totemismo en su relación simbólica no es identificación imaginaria de un término con otro sino de la homología estructural de dos series de términos. Por una parte una serie de especies de animales considerados como elementos de relaciones diferenciadas, y por otra una serie de posiciones sociales tomadas simbólicamente en sus propias realizaciones: la confrontación se realiza “entre esos dos sistemas de diferencias”, esas dos series de elementos y de relaciones.
Conclusiones
Resumiendo, el estructuralismo y el post-estructuralismo han replanteado de forma radical el pensamiento occidental. Sus autores significativos son Lévi-Strauss, Lacan, Derrida, Deleuze y Foucault. Sus notas características son
1. Supone una ontología antiplatónica, de raíz nietzscheana,
2. Recoge la tradición marxista y psicoanalista.
3. Avanza un paso más en la deconstrucción de la metafísica emprendida por Heidegger
4. No reniega la tarea de proponer hipótesis sobre la realidad última, en diálogo tanto con las ciencias como con las artes y la literatura.
5. Replantea el problema de la verdad, desarrollado históricamente en torno a tres ontologías históricas:
a) La que nos pone en relación con la verdad en tanto que sujetos de conocimiento.
b) La que nos relaciona en el campo del poder, pues nos constituye como sujetos que actuamos sobre otros.
c) La que nos pone en relación con la ética, como sujetos morales.
6. Ha sido un movimiento militante preocupado por las relaciones institucionales entre el saber y el poder, y atento a la elaboración de un saber que escape a las garras del poder. Es un pensamiento materialista y vitalista atento a los derechos individuales, y de la vida a pesar de no caer en una ideología humanista.