1. El SOCIALISMO CLÁSICO
MARX murió en 1883 cuando todavía no se habían creado los partidos socialistas. No vivió el progreso del socialismo a través de la democracia. Éste nació como una teoría INSTRUMENTALISTA para EXTINGUIR el Estado (teoría que retomaría después LENIN en su obra El estado y la Revolución, 1917). Sin embargo, 50 años después de haber aparecido El manifiesto comunista (1848), ENGELS se dio cuenta de que todas las expectativas del socialismo original se habían transformado. El socialismo no avanzaba por la vía de la insurrección, sino que progresaba a través de las instituciones democráticas.
La ÉPOCA CLÁSICA de la socialdemocracia transcurrió desde la constitución de la Segunda Internacional (1889) hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914). [Segunda Internacional: Organización formada en 1889 por los partidos socialistas y laboristas que deseaban coordinar la actividad como la Internacional Social Demócrata]
El debate sobre la estrategia revolucionaria para acabar con el capitalismo había quedado atrás y comenzó a ser sustituida por una estrategia favorable a introducir el socialismo a través de las instituciones de la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA.
Tras ENGELS, las tres grandes figuras de la socialdemocracia alemana fueron:
BERNSTEIN
KAUTSKY
LUXEMBURGO
Los planteamientos de BERNSTEIN y KAUTSKY tienen continuidad hasta el día de hoy:
Para BERNSTEIN, la tarea de los socialistas se centraba en crear un partido democrático, defensor de reformas sociales, que permitiera al socialismo heredar y desarrollar el legado del LIBERALISMO. BERNSTEIN era un pacifista que pensaba en avanzar hacia una sociedad más justa mediante un camino lineal, evolutivo y pacífico.
El planteamiento de KAUTSKY era distinto. Para KAUTSKY, el socialismo debía seguir una vía democrática SIN CONFUNDIRSE CON EL LIBERALISMO. El socialismo buscaba una sociedad distinta y por ello debía preservar su identidad hasta el día en que pudiera cambiar la sociedad burguesa.
Mientras que llegase ese día, lo importante era acumular fuerzas mediante la CONSTRUCCIÓN DE GRANDES PARTIDOS DE MASAS vinculados a los SINDICATOS. Así, PARTIDO y SINDICATO eran las dos partes del movimiento socialista. La MISIÓN DEL PARTIDO SOCIALISTA era representar en el Parlamento los intereses de los trabajadores organizados en sindicatos.
BERNSTEIN y KAUTSKY simbolizaban el dilema de la socialdemocracia clásica: ¿debían los partidos obreros participar en los debates políticos? Los que pensaban que la tarea de los partidos socialistas era articular los intereses de los trabajadores temían que cualquier otro combate les desviaría de la atención prioritaria. No era fácil defender esa política de aislamiento, porque había otras cuestiones que preocupaban mucho a los ciudadanos europeos en aquellos momentos:
La definición del Estado
La política internacional
La vertebración de la Nación
De ahí surgió la duda de si no sería preferible que los partidos socialistas estableciesen alianzas con los grupos liberales progresistas frente a los partidos conservadores reaccionarios. Para el SOCIALISMO CLÁSICO, el tema central era el interés de los trabajadores. Por ello prevalecía la tesis de que los socialistas no debían envolverse en polémicas ajenas como las que afectan a la definición de la forma de Estado (Monarquía, República, etc.), el papel del Estado en la religión (laicismo), etc. (aunque veremos que la situación socio-histórica le obligó a hacerlo).
El caso de España ayuda a visualizar esta dificultad: PABLO IGLESIAS fue el fundador del Partido Socialista (1879) y de la U.G.T. Para Iglesias era fundamental marcar la diferencia del nuevo partido socialista. Éste era un partido obrero, no burgués, distinto al partido conservador y al partido liberal. No quería que se confundiese tampoco con los partidos republicanos.
Ese deseo por marcar una identidad propia condujo al Partido Socialista a tener que librar un doble combate: Por un lado, tuvo que distanciarse de los REPUBLICANOS, por otro tuvo que defender ante los ANARQUISTAS que el combate político y el combate sindical eran las dos caras de la misma moneda (los ANARQUISTAS repudiaban la vida política). Ese doble reto marca la vida del socialismo español hasta 1939.
El sindicato anarquista fue en unos momentos competidor y en otros aliado del partido. Sin embargo, el contexto social e histórico no les dejó otra que asumir como parte de su proyecto problemas en torno al Estado y a la Nación que en esos momentos dividían profundamente a la sociedad española.
2. El SOCIALISMO en el periodo de ENTREGUERRAS
El debate entre un BERNSTEIN favorable a la implicación en la política y un KAUTSKY defensor de esperar a encontrar el momento adecuado para transformar la sociedad burguesa de raíz marcaron años de controversia. Estas controversias desparecieron después de 1914. El mundo pacífico, evolutivo y lineal con el que soñaba BERNSTEIN no se confirmó en la realidad.
El siglo XX resultó ser un siglo lleno de guerras y de conflictos en el que los proletarios tuvieron que acudir al campo de batalla a pesar de las proclamas de la Internacional Socialista que defendía la rebelión de los trabajadores para impedir la guerra. No fue así. Y tras aquella experiencia… surgió la revolución. Y surgió en un lugar inimaginable. No en el mundo avanzado. Ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en Alemania. Fue en la Rusia zarista donde el mundo se conmovió.
El acontecimiento era deseado y esperado por el socialismo, pero se produjo en un lugar tan inesperado que la estrategia socialista tuvo que cambiar radicalmente. Así, LENIN transformó el concepto de PARTIDO y la teoría de la revolución. Ambos cambios se basaron en una nueva teoría del Estado.
Se volvió a la originaria teoría INSTRUMENTALISTA-EXTINCIONISTA del Estado. Así, el Estado se volvió a definir como un instrumento de la clase dominante y la revolución consistía en la destrucción del aparato de Estado de la burguesía y su sustitución por una DICTADURA DEL PROLETARIADO que iría creando las condiciones para una paulatina disolución del poder político hasta llegar a la EXTINCIÓN DEL ESTADO.
Como en todos los momentos de crisis, la fundación de la Internacional Comunista (1919) dividió al movimiento obrero europeo. Se generó una oposición radical entre REFORMISTAS (partidarios de una vía democrática al socialismo) y REVOLUCIONARIOS (defensores de una vía INSURRECCIONAL).
Tras la experiencia de la Revolución rusa se fueron constatando dos realidades que no habían sido previstas por los primeros socialistas:
1. La degeneración del poder político tras los procesos postrevolucionarios.
2. La dificultad de extender la llama revolucionaria más allá de las fronteras rusas.
Sobre la primera cuestión se sigue debatiendo en nuestros días. Evaluar la razón por la cual se produjo una desviación tan radical entre las promesas emancipatorias del Socialismo y la realidad posterior es una pregunta que aún busca respuesta. Se sigue discutiendo acerca del momento en que se produjo la transformación de la DICTADURA DEL PROLETARIADO en una DICTADURA SOBRE EL PROLETARIADO y el conjunto de la población. Durante mucho tiempo estas consecuencias desastrosas se achacaron exclusivamente al período de STALIN; sin embargo hay que ser francos y reconocer que ya en vida de LENIN se tomaron decisiones que afectaron decisivamente a la construcción de un socialismo SIN DEMOCRACIA, (ausencia de partidos políticos, la represión de la oposición interna en el propio partido bolchevique, etc.).
La segunda cuestión afecta a los motivos por los cuales no se produjo la extensión de la revolución a otros países. En los países occidentales fue creciendo como reacción a la revolución rusa el fenómeno del NAZISMO en Alemania y del FASCISMO en Italia, provocando la crisis de la DEMOCRACIA LIBERAL.
En España, la dictadura de PRIMO DE RIVERA en 1923 significó el final de la MONARQUÍA, que se había convertido en sinónimo de corrupción y tiranía. Ésta dictadura cae en 1930 y instaura la llamada SEGUNDA REPÚBLICA. Los momentos anteriores a su establecimiento supusieron para los SOCIALISTAS la obligación de decidir: eran conscientes de que algo nuevo estaba ocurriendo, que comenzaba a fraguar la esperanza de que un cambio de régimen era posible. ¿Podían seguir manteniendo que su tarea única era defender exclusivamente los intereses de los trabajadores sin involucrarse más allá? Al final, tras muchas dudas, decidieron APOYAR A LOS REPUBLICANOS.
Cuando el SOCIALISMO se hace realidad política se encuentra con muchos dilemas. Los años 30 ilustran esos dilemas a la perfección.
El Partido Comunista en España era muy pequeño y no creció hasta que se produjo en 1936 la Guerra Civil. Tras abandonar las DEMOCRACIAS LIBERALES, La REPÚBLICA se encontró aislada y no hubiese sobrevivido sin el apoyo de la UNIÓN SOVIÉTICA. Esto mismo hizo que el Partido Comunista creciese mucho. Por otro lado, el ANARQUISMO en España era muy potente.
Todo esto supuso que el SOCIALISMO estuviera condenado a luchar en dos frentes: por un lado tenía que apoyar al republicanismo en su intento por asentar las reformas que resolvieran los grandes problemas pendientes en la historia de España (como la cuestión religiosa, militar, territorial, educativa, etc.), porque el SOCIALISMO coincidía con algunas de estas medidas en su propio programa ideológico. El problema es que el apoyo a estas reformas consumía las energías políticas de tal manera que las reformas sociales no se desarrollaban con la misma celeridad, lo que hizo que el malestar social creciera.
La fuerza del sindicato ANARQUISTA influyó en muchos trabajadores que eran sensibles a la acusación de que los socialistas eran, en realidad, unos políticos tan burgueses como el resto.
Con esta dicotomía, las cosas se fueron complicando e hicieron cada vez más difícil conciliar las urgencias del gobierno republicano con las necesidades del sindicato. La peor manera de resolver el problema era anclarse en la independencia de los socialistas y abandonar a su suerte electoral a los republicanos. Esto fue lo que ocurrió y todos sabemos que eso fue el inicio del desastre. La oposición triunfante a la coalición republicano-socialista no la formaron republicanos conservadores, sino los CATÓLICOS REACCIONARIOS.
El miedo a que en España se reprodujeran los hechos ocurridos en Alemania y en Austria provocó que los socialistas amenazaran con una HUELGA REVOLUCIONARIA si la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas, 1933) entraba en el gobierno. La huelga fue un fracaso y la represión militar, brutal. Los efectos de esa represión forzaron la participación de los ANARQUISTAS en las elecciones de 1936 y provocaron un triunfo de las fuerzas que formaban el FRENTE POPULAR (= pacto electoral firmado por Izquierda Republicana, PSOE, PCE, POUM y ESQUERRA REPUBLICANA, toda la izquierda). Desde el mismo triunfo de la izquierda en las elecciones del 36, la Derecha pensó en un golpe de estado que se produjo finalmente en Julio de ese mismo año, aunque la reacción popular y la lealtad de una parte del ejército al gobierno provocaron que el triunfo previsto no se produjera. Fue necesaria una guerra civil que se saldó con la victoria de los Franquistas con el apoyo de la Alemania Nazi y la Italia Fascista.
La república democrática fue abandonada por las potencias liberales inglesas y francesas (que no quisieron enfrentarse a Hitler para evitar la guerra mundial que, finalmente, se produjo igual e irremediablemente años más tarde). Estos acontecimientos sellaron la suerte de la democracia española por muchos años.
3. El SOCIALISMO en su ÉPOCA DORADA
La España republicana, que fue abandonada a su suerte por las potencias democráticas que la rodeaban, también se vio afectada por los acuerdos sellados entre las dos grandes potencias tras la Segunda Guerra Mundial. La división del mundo en bloques militares hizo que la democracia en España quedara pospuesta por los imperativos de la guerra fría. Y así, el Franquismo sobrevivió gracias al apoyo de los EE.UU. La tragedia española fue máxima: por un lado quedó fuera del gran consenso dela posguerra que permitió la consolidación del Estado de bienestar. Precisamente por quedar fuera, hoy en día sigue siendo muy difícil articular un consenso democrático compartido sobre la historia de nuestro país.
El Socialismo anterior a la Segunda Guerra Mundial había vivido la Primera Guerra Mundial, la Revolución rusa y el ascenso del Fascismo. El Socialismo posterior a esas dos grandes guerras intentará mantener sus señas de identidad reafirmando una vía DEMOCRÁTICA frente al Estalinismo y frente al Imperialismo norteamericano. Una de las vías más importantes para mantener esa identidad se basó en articular una ESTRATEGIA COMPARTIDA entre sindicatos y los partidos socialistas.
Con la llegada del Estado del bienestar, se transforma también la DEMOCRACIA POLÍTICA y con él también la competición entre partidos. Éstos comienzan a abandonar las viejas fronteras de clase. Ya no representan exclusivamente a la Iglesia o a los sindicatos. Los socialistas comienzan a marcar una diferencia entre la FUNCIÓN SINDICAL y la FUNCIÓN POLÍTICA.
En el modelo anterior a la Segunda Guerra Mundial, el SINDICATO concreta las reivindicaciones puntuales y el partido aporta una perspectiva global de transformación social.
Todo esto cambia en la nueva situación. El partido pasa a ser una MÁQUINA ELECTORAL que tiene que recoger apoyos de distintos sectores y por eso trata de traspasar la frontera de clases. De los viejos PARTIDOS DE CLASE pasamos a organizaciones INTERCLASISTAS. El objetivo ahora es alcanzar MAYORÍAS ELECTORALES. Éstas sólo son posibles si algunos sectores INTERMEDIOS de la población NO SE POSICIONAN RADICALMENTE.
Estamos ante un SOCIALISMO nuevo, que NO QUIERE esperar al gran día y QUIERE SER CONSIDERADO UN PARTIDO DE GOBIERNO; un movimiento político que NO ESTÁ DISPUESTO A ACEPTAR QUE LA IZQUIERDA SUEÑE EL FUTURO MIENTRAS LA DERECHA GOBIERNA EL PRESENTE. Por todo esto, la estrategia nueva se centrará en ser capaces de alcanzar mayorías electorales y llegar así a gobernar.
Estas ideas se fueron encarnando en grandes líderes políticos como W.Brandt (canciller de Alemania 1969–1974), O.Palme (primer ministro de Suecia 1969–1976) o B.Kreisky (canciller de Austria 1970-1983), que defendieron una forma de entender la política donde era decisiva la PERSONALIZACIÓN DEL MENSAJE, y, por tanto, el papel del LIDERAZGO, al igual que una cierta DESIDEOLOGIZACIÓN (porque el partido trata de atrapar votos de distintos sectores sociales, enviando mensajes PARA TODO EL MUNDO).
El Estado del bienestar logró la integración de la clase trabajadora a través del consumo de masas. Sin embargo, este Estado del bienestar fue perdiendo funciones y la gran esperanza que significó la transformación de los trabajadores hasta adquirir la condición de ciudadanos fue perdiendo importancia.
El acceso a la ciudadanía estaba vinculado a un movimiento obrero de varones, industriales, metalúrgicos. Todos trabajaban en las grandes concentraciones industriales o mineras. La gran capacidad de negociación sindical se debía a la similitud de las condiciones laborales. Y evidentemente, la desaparición de ese modelo industrial tendrá serias consecuencias para la sociedad. Y también para el SOCIALISMO. El modelo productivo fue cambiando paso a paso. Se venía de un modelo de organización que estaba reglada, donde se alcanzaban acuerdos corporativos sobre temas específicos y concretos. A partir del año 1968 todo esto cambió.
Ya no era posible seguir pensando en un socialismo asociado al CRECIMIENTO ECONÓMICO, vinculado a la política de bloques militares, dando la espalda a los problemas del Tercer Mundo. Este planteamiento productivista, eurocentrista y pronorteamiericano estaba posicionado a la DERECHA, y originó la aparición de formaciones políticas de una NUEVA IZQUIERDA que recogía el malestar creciente en la sociedad industrial avanzada. La política internacional pronorteamericana se cuestionó al igual que el sindicalismo burocratizado. Se apostaba por tanto por una transformación que llegara a la vida cotidiana. Como los socialismos de los países del sur de Europa llevaban años alejados del poder, no es extraño que apostaran por nuevas formas de socialismo, dispuestas a ir más allá de la SOCIALDEMOCRACIA.
[SOCIALDEMOCRACIA: tendencia política que surge a partir del movimiento SOCIALISTA. Para la SOCIALDEMOCRACIA, la LIBERTAD, JUSTICIA y SOLIDARIDAD son los principios esenciales del Socialismo – otras tendencias socialistas rechazan esa visión y tienen otros principios por esenciales]
Este socialismo buscaba en alguna palabra mágica la fórmula para resumir esa novedad necesaria. Esa palabra fue AUTOGESTIÓN. Se comenzó a hablar de SOCIALISMO AUTOGESTIONARIO. Esto implicaba la autoorganización de la clase trabajadora y el conseguir que la democracia no quedara a las puertas de la fábrica, como anteriormente había ocurrido.
El grito del 68 planteaba un problema de definición teórica al socialismo:
¿Qué era el SOCIALISMO?
Había quedado claro en el pasado lo que NO era. No era lo que había ocurrido en los países del Este. Tampoco era las reformas que humanizaban el Capitalismo. Los años habían acrecentado el escepticismo sobre la posibilidad de un socialismo como alternativa democrática al capitalismo; escepticismo que, por cierto, llega hasta nuestros días.
¿Era posible ir más allá de la Socialdemocracia? Teóricamente, sí. Y por ello, en los años 70 se asistió al último resurgir de la TEORÍA MARXISTA DEL ESTADO.
Ante la duda de si era posible una alternativa a la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, fueron muchos los que intentaron buscar una tercera vía que evitase los males del SOCIALISMO REAL sin caer en los límites de la SOCIALDEMOCRACIA. Esa tercera vía la elaboraron autores como MILIBAND, que defendió un REFORMISMO REVOLUCIONARIO, un NUEVO SOCIALISMO EN LA ÉPOCA DEL ESCEPTICISMO.
4. El SOCIALISMO tras la caída del muro de Berlín
1989 marca el final de una época y para muchos, el final del siglo XX. Hubo tres grandes acontecimientos que marcaron un antes y un después para el mundo y para el SOCIALISMO en concreto:
1. La desaparición del COMUNISMO
2. La desaparición del PACTO DE VARSOVIA (Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia mutua firmado en 1955 por los países del Este – reacción contraria a la OTAN)
3. La desaparición de la UNIÓN SOVIÉTICA (1991)
Como consecuencia a estos hechos importantísimos, 3 han sido las propuestas de acciónpolítica de la izquierda durante estos últimos veinte años:
1. La SOCIALDEMOCRACIA LIBERAL
2. El SOCIALISMO DE IZQUIERDA
3. La SOCIALDEMOCRACIA KEYNESIANA
[KEYNESIANISMO/ ECONOMÍA KEYNESIANA: Teoría económica publicada en 1936 como respuesta a la GRAN DEPRESIÓN de los años 30. Se centró en el ANÁLISIS DE LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS de las VARIACIONES DE LAS DEMANDAS AGREGADAS (= cantidad de bienes y servicios que los habitantes, empresas y todos desean y pueden consumir del país para un nivel determinado de precio) y sus relaciones con el nivel de empleo y de ingresos. El interés final de KEYNES fue poder dotar a unas instituciones nacionales o internacionales de poder para CONTROLAR LA ECONOMÍA en las épocas de recesión o crisis. Este control se ejercía mediante el GASTO PRESUPUESTARIOS DEL ESTADO, política que se llamó POLÍTICA FISCAL]
1. La SOCIALDEMOCRACIA LIBERAL:
Para la SOCIALDEMOCRACIA LIBERAL no es posible mantener el Estado del bienestar talcomo lo hemos conocido. Hay que buscar un camino intermedio entre el viejo Estado del bienestar keynesiano y la nueva derecha. Critican al Estado del bienestar desde el NEOLIBERALISMO ECONÓMICO.
Así, se trata de mantener algunos elementos del Estado de bienestar, pero teniendo en cuenta los efectos del capitalismo popular, la fatiga fiscal de las clases medias y los efectos de una cultura consumista cada vez más extendida. Da una gran importancia al debate de los valores adquiridos, vinculados a la flexibilidad, a la inseguridad, la improvisación, relativismo y a la asunción de que todos somos liberales y de que el socialismo como gran filosofía de la historia pertenece al pasado y ha llegado a su fin. El público al que quiere atraer la SOCIALDEMOCRACIA LIBERAL es a los nuevos YUPPIES.
2. SOCIALISMO DE IZQUIERDA:
Frente a esta SOCIALDEMOCRACIA LIBERAL siempre optimista está la perspectiva mássombría, pero probablemente más realista, que recuerda que no todos gozan de los bienes de la globalización y reivindican por ello una globalización alternativa. Critican el Estado del bienestar desde el SOCIALISMO LIBERTARIO. Para estos, las fórmulas del ESTADO SOCIAL sólo funcionaron en el marco EUROPEO y ha llegado el momento de diseñar un nuevo INTERNACIONALISMO, de crear una GLOBALIZACIÓN ALTERNATIVA, para crear un mundo mejor. Tratan de insuflar vida al discurso socialista desde una POSTMODERNIDAD de izquierda que ponga encima los problemas actuales (el ecológico, la diversidad cultural, etc.). Se dirigen ante todo a los ACTIVISTAS RADICALES, que dan voz a los movimientos alternativos.
3. SOCIALDEMOCRACIA KEYNESIANA:
En medio de estas dos posiciones están los SOCIALDEMÓCRATAS KEYNESIANOS. Los socialdemócratas keynesianos son más cercanos a la tradición socialdemócrata. Para ellos siguen siendo decisivos el movimiento obrero organizado y los grandes instrumentos del Estado social como la educación pública y la sanidad universalista.
Esta posición intermedia que representa la SOCIALDEMOCRACIA KEYNESIANA simboliza muchos de los problemas que agitan hoy a la socialdemocracia: ¿Cómo mantener el apoyo de unas clases medias seducidas por el capitalismo popular? (Unas clases que probablemente ya no tengan tan claro a qué parte de la sociedad pertenecen; unas clases que, en definitiva, han perdido sentido de la identidad).
El gran problema de la SOCIALDEMOCRACIA es articular su proyecto intentando no perder los bastiones tradicionales en los que ha centrado su fuerza, pero sabiendo que es imprescindible abrirse a los nuevos colectivos (por ejemplo, de inmigrantes) que evidentemente tienen sus propias demandas. Como expresión político-electoral resulta así difícil hallar un espacio para los partidos socialistas y para las formaciones de una izquierda a la izquierda de la socialdemocracia.
Sin embargo, en este campo se han dado muchas fórmulas en los últimos años. En primer lugar, se ha ido produciendo una DIFERENCIACIÓN cada vez mayor entre PARTIDOS y SINDICATOS. Quizás es ésta la mayor diferencia con la SOCIALDEMOCRACIA CLÁSICA y con la SOCIALDEMOCRACIA DE POSGUERRA, habiendo roto aquella relación especial que hacía que se hablara de dos caras de la misma moneda.
En segundo lugar, la fórmula clásica del SOCIALISMO (la llamada UTOPÍA DEL TRABAJO) ha ido desapareciendo. Se asume que no es posible una liberación en el tiempo del trabajo. Como mucho es posible amortiguar los efectos de la explotación. Con esto se ha aceptado que no se puede superar la alienación (= deshacer la personalidad del individuo y hacerla dependiente) en el mundo laboral. La gran maquinaria burocráticoindustrial es autónoma y sólo se puede tener espacios de vida individuales y personales fuera de esta mega-máquina, fuera del trabajo y no en el trabajo. Esta visión del mundo actual genera tal frustración a los trabajadores y a las bases de la izquierda que los sindicalistas y los activistas sociales han ido imaginando caminos que permitan superar esta situación que parece inevitable, dónde sólo parece posible elegir entre alienación laboral y paro.
Hay que admitir que estas propuestas han tenido mucho de DEFENSIVAS: se trata de garantizar los derechos laborales, las conquistas sociales, los servicios públicos. Es como si se asumiera que, ya que no es posible acabar con el sistema capitalista, al menos se puede intentar garantizar las reformas que han permitido ir humanizándolo.
5. El SOCIALISMO ACTUAL
El momento actual es muy distinto al de los años 45, 68 y 89. Como cualquier corriente ideo-política, el SOCIALISMO no se puede entender sin tener en cuenta su historia. Historia que ha cambiado, una vez más, a partir del 2001. [En el 14 sufrió la hecatombe. En el 33, la aparición del Fascismo. En el 45 se inició la época dorada. A partir del 68 llegó la regeneración. El 89 fue el momento de la caída del COMUNISMO y la emergencia de la CONTRARREVOLUCIÓN CONSERVADORA].
¿Qué ha ocurrido a partir del 2001? Básicamente que, aparte de defender el Estado Social, se ha tenido que luchar por la PERVIVIENCIA de un mundo LAICO atravesado por el choque entre los FUNDAMENTALISMOS.
El SOCIALISMO vive con preocupación el nacimiento de una nueva época en la que se va expandiendo por el planeta un reguero de sangre y de violencia que impide la convivencia pacífica entre las naciones y la armonía dentro de los propios estados. Ante esta realidad, el socialismo democrático vuelve a reivindicar la pervivencia del PROYECTO ILUSTRADO.
En aquellos lugares como Francia donde la cuestión nacional está resuelta, existe un debate muy vivo acerca de la pervivencia de los derechos ECONÓMICO-SOCIALES. Se ha intensificado el esfuerzo de recuperar la cultura del esfuerzo y de recomponer la relación con la administración norteamericana. Se pretende mostrar al mundo que no es deseable una economía intervenida por el Estado, con unos sindicatos potentes y un mercado laboral que respeta los derechos de los trabajadores.
En el caso de España, la ausencia de una tradición nacional compartida por la mayoría provoca que el debate sobre los DERECHOS ECONÓMICO-SOCIALES ocupe un lugar muy secundario en la vida política. La tragedia de la historia española viene de no haber podido conectar con la DEMOCRACIA ANTIFASCISTA posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esta imposibilidad ha provocado que el socialismo español haya tenido que contaminarse más que nunca con los problemas que Pablo Iglesias consideraba secundarios.
Si en los años 30 los problemas de la República hicieron imprescindible el apoyo de los socialistas, al producirse la transición a la democracia, los esfuerzos por consolidarla provocaron que estos asumieran el papel de la frágil burguesía liberal. Cuando, en pleno siglo XXI, pensaron que era el momento de matizar algunos de los elementos del consenso institucional, se dieron cuenta de que no habían previsto que no hay una memoria histórica compartida.
Por lo tanto, nos encontramos con que, en nuestro país, las tradiciones políticas hay que repensarlas una y otra vez porque están hechas no sólo de valores, sino de lecturas distintas de los mismos hechos. Para el socialista francés, italiano, británico o alemán, los valores constitucionales remiten a una percepción compartida acerca del carácter totalitario del nazismo o del fascismo.
En el caso español todas, las fuerzas políticas parlamentarias aceptan los valores LIBERAL-DEMOCRÁTICOS, pero no coinciden en la interpretación de la historia pasada. Para la derecha conservadora el antecedente de la actual democracia remite a la época de la Restauración. Para la izquierda, a la Segunda República. Esta es una cuestión que no pueden resolver únicamente los historiadores. Porque remite al corazón mismo de las tradiciones políticas.
***********************************************************************************
1. El socialismo clásico
Todos los años transcurridos desde la Segunda Internacional (1889) hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914) constituyen lo que se ha denominado la época clásica de la socialdemocracia. Atrás había quedado el debate entre Carlos Marx y Miguel Bakunin acerca de la estrategia revolucionaria para acabar con el capitalismo y todas sus reflexiones en torno a la extinción del Estado. Esa teoría instrumentalista-extincionista del Estado comenzó a ser sustituida por una estrategia favorable a introducir el socialismo a través de las instituciones de la democracia representativa. Las tres grandes figuras que protagonizaron el debate dentro de la socialdemocracia alemana fueron E. Bernstein, K. Kautsky y R. Luxemburgo.
Para Bernstein la tarea de los socialistas consistía en crear un partido democrático y efensor de reformas sociales, que permitiera al socialismo heredar y desarrollar el legado del liberalismo. El planteamiento de Kautsky era distinto. Para Kautsky el socialismo debía seguir una vía democrática sin confundirse con el liberalismo. Lo importante era acumular fuerzas mediante la construcción de grandes partidos de masas vinculados a los sindicatos. Partido y sindicato eran las dos partes del movimiento socialista. El Partido Socialista tenía como misión representar en el Parlamento los intereses de los trabajadores organizados en sindicatos. No era fácil defender esa política de aislamiento obrerista, dado que otras cuestiones preocupaban también a los ciudadanos europeos en aquellos momentos: la definición del Estado; la vertebración de la Nación y la política internacional. Para el socialismo clásico el interés de los trabajadores era lo prioritario y por eso prevalecía la tesis de que los socialismos no debían quedar envueltos en polémicas «ajenas».
El caso de España ayuda a vislumbrar esta dificultad. En España la ideología del socialismo clásico la encarna Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores. Para Iglesias era imprescindible marcar la diferenta entre el partido obrero y los partidos burgueses. Los partidos de la Restauración eran partidos que representaban a la clase burguesa. Por ello Iglesias quería remarcar la especificidad del nuevo partido como algo distinto al partido conservador y al partido liberal. Quería crear un partido estrictamente obrero que no se mezclase con los partidos del sistema, ni se confundiese tampoco con los partidos republicanos que se enfrentaban al régimen de la Restauración.
Esa acción por marcar una identidad propia condujo al Partido Socialista a tener que librar un doble combate. Por un lado, el Partido Socialista tuvo que marcar su distancia con los republicanos; por otro, tuvo que subrayar frente a los anarquistas que el combate político y el combate sindical eran dos partes de la misma lucha. Frente a los problemas de la Segunda República no se podía prescindir de los socialistas, y ello hará que estos tengan que asumir como parte de su proyecto problemas en torno al Estado y a la Nación que dividieron profundamente a la sociedad española.
2. El socialismo en el periodo de entre guerras
Fue en la Rusia zarista donde el mundo se conmovió. Lenin transformó el concepto de partido y la teoría de la revolución. Ambos cambios se basaron en una nueva teoría del Estado. Estamos ante la teoría instrumentalista extincionista del Estado. El Estado es definido como un instrumento de la clase dominante; la revolución consiste en la destrucción del aparato del Estado de la burguesía y su sustitución por una dictadura del proletariado que irá creando Las condiciones para una paulatina disolución del poder político hasta llegar a la Extinción del Estado. Para los bolcheviques era imprescindible construir el partido de la revolución que debía funcionar como una organización militar. La fundación de la Internacional comunista dividió al movimiento obrero europeo y se generó una oposición radical entre reformistas y revolucionarios. Marx y Bakunin discrepaban acerca del momento en que debiera producirse la desaparición del Estado. Para Bakunin era imprescindible la abolición del poder político, mientras que para Marx sólo sería posible la extinción del Estado cuando la dictadura del proletariado estuviese asentada según la forma del Manifiesto Comunista de Marx y Engels de 1848.
Tras la experiencia de la Revolución rusa (1917) se fueron constatando dos realidades que no habían sido previstas por los primeros socialistas. La primera fue la degeneración del poder político tras los procesos postrevolucionarios. En vida de Lenin se tomaron decisiones que afectaron decisivamente a la construcción de un socialismo sin democracia: la ausencia de partidos políticos; la represión de la oposición interna en el seno del partido bolchevique; la disolución de la asamblea constituyente. La segunda fue la dificultad de extender la llama revolucionaria más allá de los confines de Rusia. La revolución fue quedando aislada en Rusia y no cuajó en los países occidentales. En ellos lo que fue creciendo como reacción fue el fenómeno del nazismo en Alemania y el fascismo en Italia provocando la crisis de la democracia liberal. En España la dictadura de Primo de Rivera en 1923 selló el final de la monarquía y dio al traste el régimen de la Restauración. A partir de ese momento las cabezas más lúcidas del pensamiento político español se desengañaron del reformismo y dieron por concluida la experiencia de intentar democratizar la monarquía. Monarquía empezó a ser sinónimo de corrupción, de tiranía. Si uno quería ser auténticamente liberal y apostar por La democracia, tenía que apoyar la constitución de un régimen alternativo. Había que apelar —como hizo Manuel Azaña— a la república.
Al final, tras muchos momentos de duda los socialistas decidieron apoyar a los republicanos y coincidieron con ellos en la necesidad de instaurar un régimen que resolviera los grandes problemas pendientes en España. Esa había sido la posición defendida por Indalecio Prieto y por Fernando de los Ríos durante los años veinte pero habían estado en minoría dentro del Partido Socialista. Sólo cuando tuvieron el apoyo del líder de la Unión General de Trabajadores, Francisco Largo Caballero, la mayoría del Partido Socialista se comprometió en la batalla por alcanzar un régimen republicano.
La experiencia de aquellos años treinta ilustra los dilemas con los que se encuentra el socialismo al hacerse realidad política. El Partido Comunista era muy Pequeño en España y no creció hasta que se produjo en 1936 la Guerra Civil. El anarquismo, por el contrario, era muy potente en España. El socialismo tenía que apoyar al republicanismo en su esfuerzo por resolver los grandes problemas pendientes en la historia de España, algunos de los cuales figuraban también en su propio programa, como eran la instauración del laicismo de Estado y el fomento de la Escuela pública. El problema es que el apoyo a esas reformas consumían Las energías políticas con tal intensidad que las reformas sociales no adquirían la misma celeridad.
A partir de ese momento las cosas se fueron complicando. La oposición triunfante a la coalición republicano-socialista del Frente Popular en 1933 estaba encabezada por los católicos reaccionarios presididos por José María Gil Robles. El Miedo a que en España se reprodujeran los hechos ocurridos en Alemania y en Austria provocó una respuesta de los socialistas que amenazaron con una huelga revolucionaria si se producía la entrada de los políticos de la CEDA en el gobierno. El anuncio de la incorporación al gobierno de los ministros de la CEDA Era la señal que se esperaba para convocar una huelga revolucionaria; la huelga fue un fracaso si exceptuamos lo ocurrido en Asturias y en Barcelona. Tras el fracaso de octubre del 34 la represión militar fue brutal. Los efectos de esa represión y la permanencia de los presos en las cárceles forzaron la participación de los anarquistas en las elecciones de febrero del 36 que provocaron el triunfo del Frente Popular. Desde febrero del 36 se pensó en la posibilidad de un golpe de estado, que se materializó en Julio del 36 y le dio la victoria al bando nacionalista sublevado.
3. El socialismo en la época dorada
Mientras que los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas fueron derrotados en España, inmediatamente toda Europa se convirtió en un campo de batalla. La España republicana, que había sido abandonada a su suerte por las potencias democráticas, temerosas de la reacción del nazismo, volvió a ser olvidada por los acuerdos sellados entre las dos grandes potencias tras la Segunda Guerra Mundial. La división del mundo en bloques Militares hizo que la democracia en España quedara pospuesta por los imperativos de la Guerra Fría. El Franquismo sobrevivió gracias al apoyo de los Estados Unidos.
El socialismo anterior a la Segunda Guerra Mundial había vivido en la explosión nacionalista de la Primera Guerra Mundial, el impacto de la Revolución Rusa y el ascenso del fascismo. El socialismo democrático posterior a esas dos grandes guerras mundiales intentará mantener sus señas de identidad reafirmando una vía democrática frente al estalinismo e intentando marcar su especificidad propia frente al imperialismo norteamericano. La gran diferencia entre el modelo de partido bolchevique y el tradicional partido socialdemócrata fue que el primero era un partido que apostaba por la vía insurreccional, mientras que el segundo era un partido de masas que constituía una sociedad propia enfrentada a la sociedad burguesa.
Con la llegada del Estado de bienestar se trasforma también la democracia política. Los partidos políticos comienzan a abandonar las viejas fronteras de clase. Ya no representan exclusivamente unos a las Iglesias y otros a los sindicatos. Estamos ante un socialismo que quiere ser considerado un partido de gobierno, y no está dispuesto a aceptar que la izquierda sueñe el futuro mientras la derecha gobierna el presente. La estrategia se centra en asumir responsabilidades de gobierno y ser capaz de crear organizaciones capaces de alcanzar mayorías electorales. A partir del 68 todo cambió. Ya no era posible seguir pensando en un socialismo asociado al crecimiento económico.
Este planteamiento estaba tan inclinado a la derecha que permitió la aparición de formaciones políticas de una nueva izquierda. No es extraño que en este contexto los socialismos del sur de Europa, o que seguían soportando situaciones de dictadura como el español, apostaran por nuevas formas de socialismo dispuestas a ir más allá de la socialdemocracia. Se comenzó por ello a hablar de socialismo autogestionado.
Autogestión implicaba autoorganización de la clase trabajadora y capacidad de conseguir que la democracia no se quedara a las puertas de la fábrica. El grito del 68 planteaba un problema de definición teórica que afectaba al socialismo. ¿Qué era el socialismo?. Estaba claro lo que no era. Socialismo no era lo que había ocurrido y seguía ocurriendo en aquellos años en los países del Este. En aquellos años setenta asistimos al último resurgir de la teoría marxista del Estado. R. Miliband Defendió en sus libros la necesidad el articular un reformismo revolucionario.
4. El socialismo tras la caída del muro de Berlín
1989 marca el final de una época y para muchos el final del siglo XX. La desa parición del movimiento comunista, del pacto de Varsovia, y de la propia Unión Soviética marca un antes y un después que va a influir decisivamente en el presente y en el futuro del socialismo. Tres son las interpretaciones de la realidad y las propuestas de acción política que han conformado los debates de la izquierda durante estos veinte últimos años: la socialdemocracia liberal; la socialdemocracia de cuño keynesiano y el socialismo de izquierda.
Para los defensores de la socialdemocracia liberal no es posible mantener el Estado de bienestar tal como lo hemos conocido. Hay que buscar un camino intermedio entre el viejo Estado de bienestar keynesiano y la nueva derecha. Frente a esta socialdemocracia liberal está la perspectiva más realista del socialismo de izquierda.
Estos recuerdan que no todos gozan de los bienes de la globalización y Reivindican otra vez una globalización alternativa. Para ellos estamos ante la gran oportunidad de reconocer que las fórmulas del Estado social sólo funcionaron en el marco europeo. En medio de estas dos posiciones están los socialdemócratas keynesianos que remite a muchos de los problemas de la socialdemocracia. El problema de ésta última es articular su proyecto intentando no perder
Los principios tradicionales en los que ha centrado su fuerza; pero sabiendo que es imprescindible abrirse a los nuevos colectivos de inmigrantes que operan con otras demandas y que no encuentran en las organizaciones clásicas el instrumento adecuado para defender sus reivindicaciones.
Desde la izquierda se han buscado algunas fórmulas políticas dentro del campo del socialismo. En primer lugar, se ha ido produciendo una diferenciación cada vez mayor entre partidos y sindicatos. Quizás es ésta la mayor diferencia con la socialdemocracia clásica y con la socialdemocracia de posguerra. En segundo lugar, la fórmula clásica del socialismo, la llamada utopía del trabajo, ha ido despareciendo. Se piensa que es posible amortiguar los efectos de la explotación pero no parece viable evitar el aburrimiento, la frustración y la despersonalización de muchos trabajos.
5. El socialismo actual
El socialismo no se puede entender sin tener en cuenta su historia y ésta ha cambiado una vez más a partir de 2001. A la defensa del Estado social ha habido que unir la lucha por la continuidad de un mundo laico atravesado por el choque entre los fundamentalismos. Ante esta realidad el socialismo democrático vuelve a reivindicar la pervivencia del proyecto ilustrado.
En el caso español la ausencia de una tradición nacional compartida provoca que el debate sobre los derechos económicos sociales ocupe un lugar muy secundario en la vida política. El socialismo español ha tenido que contaminarse más que nunca con los problemas que Pablo Iglesias, su fundador, consideraba secundarios. Para los socialistas clásicos el carácter fundamentalmente obrero de partido exigía estar prevenidos para evitar que los problemas políticoinstitucionales consumieran la energía de los socialistas. Durante los años ochenta, al producirse la transición a la democracia, los esfuerzos de los socialistas por consolidar la frágil democracia española provocaron que estos asumieran el papel de la frágil burguesía liberal. Cuando, pasados los años, han creído en pleno siglo XXI que era el momento de matizar algunos de los elementos del consenso constitucional, se han encontrado con un hecho que no habían previsto: no hay una memoria histórica compartida; las tradiciones políticas hay que repensarlas una y otra vez porque están hechas a base de lecturas distintas sobre los mismos hechos. Para el socialismo francés, italiano, británico o alemán los valores constitucionales remiten a una percepción compartida acerca del carácter totalitario del nazismo, el fascismo y el comunismo. En el caso español todas las fuerzas políticas parlamentarias aceptan los valores liberal-democráticos pero no coinciden en la interpretación de la historia pasada. Para la derecha conservadora el antecedente de la actual democracia remite a la época de la Restauración y para la izquierda a la Segunda República.
El socialismo democrático tiene la difícil tarea de mantener su especificidad y tener una identidad propia; pero tiene que contaminarse con los problemas de una historia de la que nunca se ha podido evadir pero que tiene que reinterpretar una y otra vez para dotar a su proyecto político de un relato creíble.