Documentos básicos
Vídeo de la clase (Documento 1) contraseña: concordancias
Sinopsis (Documento 2)
Imágenes (Documento 3)
Documentos complementarios
El origen del símbolo según J.E. Cirlot (Documento 4)
El compendio de símbolos de J. Chevalier – A. Gheerbrant (Documento 5)
Introducción al pensamiento simbólico por Chevalier: psicología y símbolo (Documento 6)
Notas sobre M. Schneider y J.E. Cirlot de Victoria Cirlot (Documento 7)
Contra la teoría. M. Taylor (Documento 8)
René Guénon, el último metafísico de Occidente. A. Asti (Documento 9)
Los animales cantan. M. Schneider (Documento 10)
El gran esquema. M. Schneider (Documento 11)
El arte y sus lugares, A. Tàpies (Documento 12)
RESUMEN DEL VIDEO
EL SÍMBOLO Y SUS CONCORDANCIAS Victoria Cirlot (Documento 2: Sinopsis)
El estudio de las religiones comparadas fue el origen de distintas investigaciones sobre los símbolos universales que dieron sus frutos en las décadas centrales del siglo XX. El Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot (1958) es uno de los ejemplos más relevantes. Su hija, Victoria Cirlot, hablará del autor y de su obra, lo que hace de esta clase un valioso documento. A parte, y como complemento al diccionario de Cirlot, Raimund Herder presenta el Diccionario de símbolos de Jean Chevalier (1969). (Ver documentos 5 y 6). También se han incorporado enlaces a las obras de Marius Schneider (Ver documento 7), Mircea Eliade (Ver documento 8) y René Guénon (Ver documento 9), a los que Cirlot cita como los autores que más directamente le han influenciado.
El Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot se publicó por primera vez en Barcelona en 1958, cuando la ciudad aún no estaba culturalmente preparada para ello, por lo que su aparición pasó totalmente desapercibida (Ver documento4).
En relación a esta obra surgen dos preguntas: ¿de dónde sale el Diccionario de símbolos? Y ¿quién era Juan Eduardo Cirlot?
El Diccionario fue escrito y madurado lentamente entre 1954 y 1958. Su por qué lo explica el propio Cirlot en una entrevista de 1967, cuando dice que había querido dar nueva vida a un género olvidado: ... los tratados alfabetizados de simbolismo y emblemática de la Europa renacentista y barroca, que, por cierto, abarcan más de 3000 títulos entre 1500 y 1750. El diccionario, y eso es importante señalarlo, tiene que ver con uno de los aspectos centrales de la personalidad de Cirlot: su afición al coleccionismo. Hay que recordar que fue justamente a partir de 1953 cuando empezó su famosa colección de espadas. Walter Benjamin fue el primero que relacionó el coleccionismo con la idea de diccionario. Además, esa era la forma habitual que Cirlot usaba para estudiar cualquier tema y por eso ya había compuesto con anterioridad otro diccionario titulado el Diccionario de los ismos.
Pero ¿por qué su interés por el símbolo?, Juan Eduardo Cirlot responde en la introducción de su Diccionario diciendo que este interés tiene un doble origen: en primer lugar: el enfrentamiento con la imagen poética, Cirlot era poeta y la metáfora, como el símbolo, nos remite a un mundo en el que las imágenes se ponen en relación a partir de los “saltos” (metaphoreo: llevar a otro lugar) en busca de las relaciones entre distintos planos de la realidad, unos saltos que constituyen igualmente la esencia del simbolismo. Por otro lado: el íntimo contacto con el arte del momento, tan fecundo creador de imágenes visuales en las que el misterio es un componente casi continuo. Cirlot, además de poeta, una actividad a la que se dedicó de un modo sistemático desde 1943, fue un reconocido crítico e historiador del arte. Perteneció al famoso grupo “Dau al Set” y estudió y comentó la obra de los pintores de aquella época y de aquel movimiento, es decir, del realismo mágico que caracterizaba la estética del grupo. Más tarde se interesó por el informalismo dedicando todos sus esfuerzos críticos a la pintura de Antonio Tapies. (Ver documento 12).
No estamos ante la obra de un erudito, ni de un profesor universitario, sino ante la obra de un poeta consumado, de un historiador del arte, de un crítico. El Diccionario, además, es el fruto de una absoluta necesidad interior de explicar sus propias vivencias entre las que habría que incluir su extraordinaria actividad onírica, recogida, por ejemplo, en los “80 sueños”, publicados en una edición muy reducida. En un determinado momento se produce un hecho fortuito y extraordinario que determina la existencia del Diccionario y es el encuentro y posterior amistad con el gran simbólogo alemán Marius Schneider, (Ver documento 4) que se había trasladado a vivir a Barcelona.
Cirlot relató este encuentro, decisivo para él, en un artículo que se publicó en La Vanguardia(Ver documento 6) en el que afirmaba que de él recibió: ... auténticas sumas de conocimientos simbólicos. Schneider, que además era etnólogo y musicólogo, fue uno de estos hombres capaces de ver el mundo como un objeto simbólico. De él se puede consultar un estudio extraordinario sobre los capiteles del claustro del Monasterio de San Cugat y su relación con la música titulado: El origen musical de los animales‐símbolos en la mitología y la escultura antiguas. (Ver documentos 10 y 11). El testimonio de Cirlot debe confrontarse con el de otro gran simbólogo del siglo XX que fue Elemire Zolla, que en uno de sus libros dedica un capítulo a Marius Schneider en el que resalta el carácter fundamentalmente iniciático del libro de Schneider sobre los capiteles de Sant Cugat y explica que, a pesar de ello, Schneider era infinitamente superior en la transmisión de sus conocimientos en la oralidad que en la escritura. En 1954, Cirlot publica una pequeña monografía sobre el simbolismo del ojo titulada “El ojo en la mitología y en el simbolismo” en la que combina las enseñanzas de Schneider con la de otrosautores como por ejemplo René Génon o Ananda Coomaraswamy y otros pertenecientes al Círculo de Eranos, como Jung, Eliade, Corbin o Scholem, y que será un avance del Diccionario. Posteriormente, publicó otro artículo sobre diversos símbolos, motivado siempre por un interés personal consecuencia de las vivencias de su mundo interior. En una carta que escribió a André Breton explica el motivo de su acercamiento al mundo de los símbolos, lo que hace de ella un documento extraordinario. Escribe en la carta:
Al mismo tiempo estoy preparando una suma simbólica en la que se confrontan los conocimientos ocultistas, psicológicos, antropológicos, orientalistas, historias de las religiones y autores de tratados sobre simbolismo.
Todo ello refleja la pasión interdisciplinar de Cirlot, siempre contrario a la especialización. En la carta de Cirlot a Breton se refleja el cambio del autor, desde el surrealismo al simbolismo, o, quizá mejor dicho, la unión de ambas disciplinas en su pensamiento. El Diccionario no tuvo ningún éxito en este país, pero se hicieron varias ediciones de su traducción inglesa. Cirlot continuó trabajando en él y, en cada nueva edición, el autor añadía nuevas voces de modo que el Diccionario se convirtió en una obra abierta a la que se fueron incorporando temas, algunos de ellos de simbolismo fonético, en clara conexión con la poesía fonética y visual en la que trabajaba el autor durante la misma época, y otros referidos a imágenes subjetivas, debidas al constante trasvase entre su estudio de los símbolos y sus vivencias interiores (Ver documento 12). Tal sería el ejemplo de la voz “cicatrices”, o la voz “paisaje”, que se refiere a una vivencia interior relacionada con el barrio barcelonés de Vallcarca. Los dos símbolos generaron también dos poemas y de este modo aparece claramente la relación entre su visión simbólica y su creación poética que culmina con el ciclo poético de Browning y la voz “pantano”. El Diccionario de Cirlot es diferente de los demás diccionarios porque, además del estudio, refleja claramente la vivencia del símbolo. Como decía Cirlot, el símbolo no se explica, el símbolo se vive.