FUNDACIÓN DE LA PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE LA PRECIOSA SANGRE
LEO HERBER, CPPS
Todo el mundo tiene hitos significativos en la vida. Posiblemente los misioneros tienen más que muchos otros. Cuentan las misiones comenzadas, las capillas construidas, los obstáculos superados – todos como escalas que trepar en su espacio de vida. Puede parecer un poco egoísta escribir autobiografías y contar estos pequeños éxitos y fracasos pero, quizás, para el misionero hay una pequeña excusa. Y esto es principalmente debido al hecho que el misionero no está solo – él representa a mucha gente: a todos aquellos que ayudan a que este trabajo sea posible, aquellos que ayudan con sus oraciones y sacrificio, aquellos que lo educan a él, aquellos que trabajan con él. Sin duda, éstos también tienen derecho a saber que están haciendo él y ellos.
El 8 de julio de 1962, sobresale más que un simple hito más en la carrera misionera. Muy bien puede ser el más memorable. Fue la primera celebración de la fiesta no-litúrgica de Nuestra Señora de la Preciosa Sangre. Y fue el día en que nuestro Vicariato chileno ofreció un monumento muy apropiado a nuestra Señora – la primera parroquia en el mundo (que sepamos) en llevar ese nombre: Nuestra Señora de la Preciosa Sangre. Antes de ser parroquia fue una misión de la vasta parroquia de San José, una misión de la cual me había hecho cargo desde diciembre de 1959.
Los feligreses habían estado trabajando en la celebración por más de un mes. Todos teníamos la esperanza que el Cardenal de Santiago, Monseñor Raúl Silva Henríquez, vendría a inaugurar nuestra nueva parroquia. Pero supimos que era imposible porque estaba comprometido hasta mediados de agosto.
El tiempo normal en esta época del año es lluvioso. Sin embargo, durante la semana previa, vino una temporada seca y el barro alrededor de la capilla se secó un poco. Todo estaba planificado para una celebración al aire libre para poder acomodar a la gente.
Dos noches antes de la celebración, el Vicario General llamó. Nos informó que Su Eminencia, el Cardenal, asistiría personalmente a la fundación de la parroquia. Las noticias dejaron a casi todos, especialmente a las Hermanas, en una conmoción momentánea. Sin embargo, eso se acabó cuando dijeron: “Es simplemente muy tarde para hacerle algo especial al Cardenal. Todo tendrá que seguir como se planificó”.
El día antes del gran suceso, el sábado, comenzó a llover. Eso llevó todo para dentro. También canceló la representación, que los niños habían preparado para hacer en un escenario al aire libre. Toda la mañana del 8 siguió lloviendo, convirtiendo todo nuestro sector en una masa de barro resbaloso.
De vuelta a la parroquia madre, San José, fui instalado como párroco en reemplazo del Padre Paul Buehler, C.PP.S., que ahora se ha hecho cargo de las misiones en Perú. Esto tuvo lugar en la Misa de las 9:00, la hora en que la lluvia caía más abundante.
Poco después de almuerzo, sin embargo, el sol salió y las lluvias cesaron. A las 3:30 P.M. cuando se suponía que comenzaban las ceremonias en laPoblación Roosevelt, estaba brillante y tibio. Todo el patio estaba resbaloso, pero los hombres se las arreglaron para secar todas las pozas de agua.
Nueve de nuestros sacerdotes C.PP.S., tres sacerdotes de la arquidiócesis, una buena representación de nuestras Hermanas C.PP.S., una multitud de niños y unos doscientos adultos estaban esperando la llegada de Su Eminencia. Cuando entró a la parroquia, una niña de sexto año, le presentó un ramo de flores y dijo un discurso. Tartamudeó en algunas partes, unas dos veces, pero después de todo, no estaba acostumbrada a hablarle a Cardenales. El Cardenal lo hizo muy bien caminando entre las planchas por sobre las peores pozas de barro camino a la capilla. El y los sacerdotes ocuparon el único amoblado disponible ya que todo lo innecesario había sido sacado para hacer espacio para más gente. Un sistema de altoparlantes llevó la ceremonia a los que quedaron afuera.
El Padre Paul Aumen, C.PP.S. que ese día tomó las riendas de superior de nuestras misiones chilenas, hizo la apertura con una charla sobre el nombre de nuestra parroquia nueva, Nuestra Señora de la Preciosa Sangre. Después de pedirme que leyera los decretos de erección de la nueva parroquia, y de nombrar al Padre Donald Thieman, C.PP.S., como el primer párroco, su Eminencia habló sobre la naturaleza de una parroquia ideal. El Padre Thieman entonces predicó el sermón y se preparó para ofrecer la Misa del Día de Fiesta.
El Cardenal se tuvo que ir antes de la Misa para ir a confirmar a otra parroquia. La gente le dio una escolta y despedida real, y luego volvieron para el sacrificio de la Misa.
Después de la Misa, todos los religiosos, los sacerdotes y los dirigentes de la parroquia tuvieron una pequeña fiesta que sirvió para celebrar la fundación de la nueva parroquia, la bienvenida al Padre Thieman y mi despedida.
La fundación de la Parroquia de Nuestra Señora de la Preciosa Sangre fue la realización de un sueño de todos los Padres. Cuando terminó el día de la celebración, pudimos decir que un buque sólido había sido echado al agua.
La misión de la Población Roosevelt fue atendida primero por los Padres de la Preciosa Sangre en 1952. Un grupo de hombres vino a la parroquia de San José y le pidieron al Padre Samuel Homsey que les dijera una Misa para ellos. El Padre William Frantz, fue el primero en trabajar en la misión. Después de él, vino el Padre Eugene Stiker y luego, el Padre Paul Aumen. Bajo el Padre Aumen, la capilla de la misión y el colegio, dejaron su edificio de adobe original y se instalaron en la actual capilla de madera. El Padre Emil Dinkel estuvo luego a cargo de la Población. En 1959, comencé a trabajar allí. El Día de Navidad de 1960, el Obispo Joseph Marling, C.PP.S. que estaba de visita, bendijo la primera piedra del nuevo colegio que actualmente tiene dos salas de clases, una oficina y una enfermería. Actualmente el vicariato está pidiendo un préstamo al Ministerio de Educación para poder terminar la nueva estructura con cuatro salas de clases más. Al momento de convertirse en parroquia, Nuestra Señora de la Preciosa Sangre puede contar con nueve grupos laicos muy activos que han hecho un inmenso trabajo para llevar la misión a su estado actual.
(Precious Blood Messenger, septiembre de 1962, págs.276-277-278-279, Vol.II).