Cuando los Padres de la Preciosa Sangre llegaron a las parroquias asignadas a ellos en Chile, hace ocho años atrás (1947), sólo una de estas parroquias tenía una escuela parroquial. Varios años antes de nuestra llegada, el sacerdote a cargo de Purranque (entonces una misión de Río Negro), convenció a su gente de que sólo con una escuela parroquial, podrían los niños conservar la Fe y construir una buena vida católica en ese distrito. Con los escasos medios de que disponían, compraron un antiguo edificio y lo convirtieron en colegio. Bajo la dirección de una joven dama de la parroquia, muy apostólica y llena de celo, y sus cinco profesores ayudantes, la Escuela Bernardo O’Higgins, pronto estableció una sólida reputación de buena enseñanza. En un año el “Colegio” era considerado el mejor colegio en todo el distrito, y gozaba de mayor matrícula que el colegio público del pueblo. Para enfrentar esta nueva competencia, las autoridades del colegio público, construyeron un hermoso colegio y ofrecieron muchas ventajas materiales, que el colegio parroquial no podía dar, para tratar de traer de vuelta a los alumnos “perdidos”. Pero en ese momento, la reputación de la escuela parroquial era tan grande, que el colegio nuevo no pudo traer de vuelta a los niños. La Escuela Bernardo O’Higgins continuó a plena capacidad. Cuando el Padre John Wilson, el actual párroco de Purranque, llegó a hacerse cargo, inmediatamente vio que el antiguo edificio refaccionado, no podría servir mucho más tiempo como escuela. Era demasiado pequeño, y tenía un gran riesgo de incendio. El Padre dice que pasó muchas noches sin dormir por la preocupación de lo que pasaría si se desataba un incendio en esa caja de lata. Con la generosa ayuda de los amigos de los EE.UU., especialmente, del Obispo Joseph Marling, C.PP.S., finalmente, pudo construir una nueva escuela parroquial al lado de la iglesia, un colegio lo suficientemente grande para la matrícula, y con comodidades como las del colegio público.
El Padre nos cuenta en una carta reciente, su alegría y orgullo con su nueva escuela parroquial: El domingo 15 de abril, fue el día feliz que todos esperamos durante tanto tiempo. Marcó la inauguración de nuestro nuevo colegio básico para la parroquia de Purranque. Nuestro nuevo Obispo, Monseñor José Manuel Santos de Valdivia presidió la ceremonia y la gran fiesta.
Durante el año pasado, el nuevo colegio ha sido la constante preocupación de los sacerdotes de la parroquia. La carga real de la actual construcción, a pesar de que se contrató un arquitecto y un constructor, recayó sobre el Padre Emil Schuwey, que, a veces, tuvo que actuar con la capacidad de todos ellos, y vigilar y dirigir el trabajo diariamente. Él, más que ningún otro, merece el crédito por el término de esta excelente estructura, en un tiempo récord; él, junto con nuestros muchos bondadosos y generosos amigos de los EE.UU., especialmente el Obispo Joseph Marling de Kansas City, Missouri.
“El colegio nuevo fue puesto en funcionamiento el 1 de marzo de 1956, con seis profesores laicos y 385 niños en los cursos básicos. Tuvimos que dividir los 120 del primer año, y rechazar, al menos a 150 más, que querían entrar. También tenemos 65 alumnos en dos años de High School (7º y 8º básicos). Esta parte es una nueva aventura para nosotros este año, debido a los urgentes ruegos de muchos padres que querían enviar a sus hijos a Educación Media, pero no podían mandarlos a sesenta kilómetros de distancia, hasta Osorno.
El nuevo edificio tiene nueve salas de clases, biblioteca, cocina, dos salas multiuso y servicios higiénicos dentro del colegio (tengo miedo de dejarlos sin llave, por temor a que los niños no sepan usarlos todavía). En el interior, hay un amplio porche para que los niños jueguen los días de lluvia de invierno.
“Hemos puesto al colegio, el nombre de San Gaspar, nuestro Santo. Aunque debido a las circunstancias, todavía tiene el nombre antiguo, porque el cambio de los papeles no es factible en este momento. Aunque esto está escrito apenas dos meses después de la apertura oficial del colegio éste se hace demasiado pequeño, para acomodar a todos los niños que claman por entrar. Los colegios públicos todavía pueden atender a más niños, pero los padres reconocen la gran ventaja de la educación religiosa, aunque muchos de ellos, no cumplen el mínimo de sus deberes religiosos.
“Nuestro gran problema, porque no tenemos Hermanas enseñando, es poder pagar los sueldos mensualmente, que alcanza a los 350 dólares. La presión ha sido grande, a veces, pero de alguna manera, u otra, el Gran Misionero siempre se preocupa por los suyos cuando la pista se pone pesada. Nunca nos hemos atrasado con los pagos todavía.
“La gente de Purranque se une a mí en oraciones de gratitud para nuestros bondadosos amigos, en casa, que han hecho posible este hermoso colegio.” (Precious Blood Messenger, junio, 1956, págs.178-179-180-181, Vol.I)