Nuestros lectores es probable que recuerden que el Padre John Hoorman ha estado por tres años destinado a Santiago, en el Hospital Salvador y a la Parroquia Santo Domingo de Guzmán. Hace unos meses atrás fue nombrado para hacerse cargo de la Parroquia Sagrada Familia en Río Negro, que está en la parte sur de Chile a unos 900 kilómetros de Santiago. Está en un terreno montañoso y allí se está encontrando con nuevas experiencias. Escribe: "estoy muy contento aquí en el Sur, y no quisiera estar en ningún otro lugar. Si tuviera una escuela parroquial estaría mucho más satisfecho, a pesar que como ocurre en otras partes, poca gente viene a Misa los domingos. Visito las cuatro escuelas públicas del pueblo y hago trece clases de catecismo a la semana. Al principio con los niños había un ambiente un poco frío, porque no me conocían, pero esto no duró mucho. Ahora cuando llego a una escuela los niños salen corriendo y gritando, 'juegue con nosotros Padre'. Así, diferentes grupos quieren que les acompañe en sus juegos. Durante el recreo lo pasamos muy bien, así, que luego en clases, se portan bien y cooperan.
“Como ustedes saben, muchos chilenos son anticlericales, especialmente los hombres. Río Negro es mucho peor en este sentido que otros pueblos. Me gusta ver como los hombres sonríen al verme jugar con los niños por un rato. Por supuesto esto no quiere decir que ellos están pensando en venir a Misa, o deseen arreglar su situación matrimonial. Un chileno no llega tan lejos en tan poco tiempo. Esto sería pedir demasiado. Pero creo que al menos se está resolviendo uno de nuestros grandes problemas: el anticlericalismo.
“Estamos consiguiendo lentamente que la gente acuda a los sacramentos. Tengo un grupo de niñas que comulgan con frecuencia, y ofrecen oraciones y Misas por la conversión del pueblo. A ustedes también puede interesarles saber que estamos creando la costumbre de decir nuestra oración en común cada tarde a cierta hora, así como el Padre George Fey lo está haciendo en Pitrufquén, e invitando a los feligreses a orar con nosotros, ofreciendo todo esto por la conversión de los amigos y parientes. En Río Negro, cada viernes por la tarde, tenemos una liturgia, consistente en el rezo del rosario, las letanías, los siete ofrecimientos, y la Bendición Sacramental. Sólo unos pocos vienen, pero de a poco irá creciendo. Además, el invierno está en contra de nosotros, pues se sabe que cuando llueve, la gente pobre debe sentarse, con sus ropas mojadas, en la iglesia que no tiene calefacción y a una temperatura de más o menos 7 grados.
En medio del invierno, que ahora estamos sufriendo, están las tres semanas de vacaciones escolares. Esta es una
excelente idea de los chilenos. Enseñar en varias escuelas cada día y sin posibilidad de descansar, puede llegar a ser muy agotador. Por supuesto, cuando llega la primavera uno puede salir, ya que durante el invierno, debido a las lluvias continentales, uno debe permanecer adentro, para tratar de quitar la humedad. Pero ahora, lo peor del tiempo de lluvia está por terminar y estamos comenzando a sembrar nuestras huertas. “Hasta el momento he tenido sólo unas pocas visitas a los enfermos, y únicamente dos de ellas, a cierta distancia. Mucha de la gente no piensa en llamarnos sino sólo cuando vienen a pedir el pase de sepultación. Hace unas semanas atrás vino un niño a la parroquia para pedir un poco de agua bendita. Por supuesto le pregunté si había alguien enfermo. Me dijo, afirmando, que toda su familia estaba 'al lado de la cama de ella'. Esto fue suficiente para mí, y le ofrecí acompañarlo, pero trató de arrancarse. Lo cogí y le pedí que me esperara hasta que consiguiera los Santos Oleos y el Santísimo Sacramento. Cuando llegué, vi a una mujer joven que estaba sufriendo mucho. Hablé con ella por un rato y le pregunté si deseaba recibir los sacramentos. Ella estuvo de acuerdo y prometió, si se recuperaba, llevar una vida como buena católica. No hubo necesidad de mucha instrucción. Le administré los últimos sacramentos, y cuando terminé, su madre se acercó y me preguntó: ¿Acaso usted no la va a bautizar? 'Esto casi me produjo un desmayo ya que el Bautismo es el sacramento que todos aquí reciben. Luego de instruirla un poco tuve que bautizarla y comenzar con los otros sacramentos de nuevo. No pude hacer el matrimonio porque su 'esposo' no estaba allí. Esto tuvo que ser pospuesto. Pero ustedes tendrían que haber visto la diferencia en su rostro, luego que ella había recibido los sacramentos. Estaba tan calmada, en paz y contenta, como si no hubiese estado enferma. Cosas como éstas ciertamente nos dan nuevas esperanzas y una respuesta definida a la pregunta: '¿Vale la pena todo esto?'
Un día, cuando estaba hablando sobre la confesión con los niños del curso de cuarto año, les había dicho que para hacer una buena confesión había que confesar todos los pecados mortales. Luego les pregunté algunos ejemplos de pecados mortales. Un niño sugirió: "robar una gran suma de dinero'. Otro: 'robarle un bebé al cielo, por no bautizarlo a tiempo', docenas de manos se levantaron y un niño dijo: 'robar mi abuelo al cielo, por no llamar al Padre'. Me agradó el saber que no se habían olvidado de lo que les habla enseñado el mes anterior.
Ciertamente produce una sensación maravillosa el darse cuenta que después de haber batallado con el idioma por dos años, ahora puedo darme a entender bastante bien. Por lo menos bien como para hacer notar un aspecto del Catecismo con cierta porción de efecto dramático. Estos niños se quedan dormidos, a no ser que el profesor esté continuamente actuando. Por supuesto, esto también logra un efecto en el profesor. El mejor consuelo es que nuestro trabajo en las escuelas está haciendo mucho bien. El efecto más grande, se sentirá en el futuro". (The Precious Blood Messenger, septiembre de 1950, pp. 274 -275)