A 2,5 millones de años luz, Andrómeda parece una galaxia perfecta, una enorme espiral aparentemente tranquila, pero cuando empezamos a acercarnos, algo no encaja, un cúmulo de estrellas tan grande que podría ser algo completamente distinto, estrellas que parecen haber sido arrancadas de otras galaxias y un núcleo que no debería existir de esta forma. Andrómeda no es solamente una galaxia es el registro de una historia de violencia cósmica, una galaxia que se acerca lentamente hacia nosotros y cuanto más cerca la observamos más enigmática se muestra. En los bordes de las galaxias, en sus halos hay estructuras que parecen pequeñas esferas de estrellas se denominan cúmulos globulares, son fósiles, reliquias de los primeros tiempos del universo, formados por estrellas viejas y claustrofóbicamente juntas, gigantes rojas que brillan con un tono anaranjado, enanas blancas, los restos compactos de soles ya extintos han sobrevivido prácticamente intactas durante miles de millones de años, en algunos de los planetas que orbitan dentro de estos enjambres, la noche podría ser muy distinta a la nuestra.
La Vía Láctea tiene unos 200, pero en el halo de Andrómeda hay uno que no encaja en esa definición, se llama G1, al principio parece un cúmulo globular más, pero cuando los astrónomos empezaron a medirlo algo no cuadraba G1 es demasiado masivo, demasiado brillante
de hecho es más masivo que algunas de las galaxias satélite que orbitan la Vía Láctea y ahí está el misterio, qué hace un objeto de ese tamaño en el halo de Andrómeda disfrazado de simple cúmulo de estrellas, porque si es un cúmulo globular es el más extraño que conocemos y si no lo es entonces qué es. Para entenderlo, tenemos que hablar de cómo crecen las galaxias, las galaxias no son entidades aisladas, crecen fusionándose con otras, absorben galaxias más pequeñas, las desgarran con su gravedad y van incorporando sus estrellas a su propia estructura, pero no siempre lo hacen por completo, a veces, el núcleo de una galaxia enana sobrevive, la galaxia pierde su gas, su polvo, la mayoría de sus estrellas exteriores, pero su corazón permanece, eso es un núcleo desnudo, el relicto de una galaxia que ya no existe como tal, pero cuyo centro aún está ahí flotando, en el halo de la galaxia, que la absorbió y G1 tiene algunas de las características de ser precisamente eso, el núcleo superviviente de una galaxia enana que Andrómeda desmanteló hace mucho tiempo. Andrómeda comienza a mostrarnos su cara más oscura, no es una galaxia que haya crecido en paz. Es una fuerza que desgarra incorpora y transforma todo lo que se acerca demasiado, una galaxia que se ha vuelto colosal a costa de otras, pero hay algo más, algo que convierte a G1 en un misterio todavía más profundo. En su centro los astrónomos creen haber detectado la firma de un objeto extraordinariamente masivo, algo que no debería estar ahí, un agujero negro, pero no uno cualquiera, las estimaciones apuntan a un monstruo de unas 20.000 masas solares, si esa interpretación es correcta, estaríamos ante un agujero negro de masa intermedia, son un auténtico enigma para la astrofísica, no son los pequeños agujeros negros estelares que nacen del colapso de una estrella, tampoco son los gigantes supermasivos que habitan en el centro de las galaxias con millones o miles de millones de masas solares son el eslabón perdido, un tipo de agujero negro que apenas hemos empezado a identificar y del que no sabemos con certeza cómo se forma, y G1 podría ser uno de ellos. Si es cierto, entonces, estamos ante algo extraordinario el corazón de una galaxia enana desmantelada cuyo agujero negro central ha sobrevivido, un coloso oculto en el interior de lo que aparenta ser un simple cúmulo de estrellas, una bestia dormida de 20.000 soles acschando en el halo de Andrómeda y eso nos lleva a una pregunta inquietante, si G1 alberga un agujero negro de masa intermedia que más oculta Andrómeda en sus profundidades, G1 es solo la primera anomalía, pero no es la única, porque a medida que la galaxia entera aparece ante nosotros, notamos un detalle llamativo, faltan colores, no vemos los azules vibrantes de las estrellas recién nacidas, ni las brillantes nebulosas rosadas que salpican los brazos de nuestra Vía Láctea. Andrómeda todavía forma estrellas, pero lo hace a un ritmo mucho más lento es una galaxia envejecida, un coloso que lentamente se está apagando y aquí surge una enorme contradicción, si ya no forma estrellas al ritmo de una galaxia joven cómo llegó a ser tan colosal, de dónde sacó su billón de estrellas. Todas las pistas apuntan a que Andrómeda no formó todas esas estrellas una parte sustancial se la arrancó a otras galaxias.