Un escorpión con pinzas robustas y un aguijón, cuya picadura habría sido letal para cualquier animal pequeño de su entorno. Había cucarachas de más de 10 centímetros y arañas primitivas que cazaban activamente entre la hojarasca del suelo del bosque y entre todos esos artrópodos gigantes, un grupo de animales mucho más discretos.
Estaba protagonizando una revolución silenciosa, los primeros reptiles verdaderos aparecieron en el Carbonífero. Eran pequeños, de apenas unos centímetros, fáciles de pasar por alto entre las libélulas gigantes y los anfibios, que ya dominaban, pero tenían algo que ningún vertebrado había tenido antes. El huevo amniótico, un huevo con cáscara que contenía su propia reserva de agua y nutrientes, lo que significaba que ya no necesitaban volver al medio acuático para reproducirse. Era la última cadena que ataba a los vertebrados al agua, y los reptiles la rompieron, esa innovación aparentemente modesta, iba a cambiar para siempre la historia de la vida sobre la tierra.
El último período del Paleozoico, el Pérmico, fue un mundo en transición, los bosques pantanosos del Carbonífero habían dado paso a paisajes más secos, coníferas primitivas y helechos con semilla reemplazaron a los Licopodios gigantes. En el interior de Pangea, el supercontinente que reunía casi toda la masa terrestre del planeta, en un solo bloque enorme se extendían desiertos inmensos donde la lluvia era un acontecimiento raro, los reptiles liberados de su dependencia del agua, gracias al huevo amniótico, se diversificaron de forma espectacular.
Dimetrodón, con su inconfundible vela dorsal sostenida por largas espinas óseas, alcanzaba los tres metros y medio de longitud y era, el depredador dominante de lo que hoy es Norteamérica, muchos lo confunden con un dinosaurio,, pero no lo era, ni estaba emparentado con ellos. Era un sinápsido, un miembro del mismo linaje que cientos de millones de años después, daría lugar a los mamíferos.
Nosotros estamos más emparentados con Dimetrodón, que cualquier dinosaurio. Más adelante en el Pérmico, aparecieron los Terápsidos, Sinápsidos aún más avanzados, que empezaban a parecerse vagamente a mamíferos, los gorgonópsidos eran depredadores con enormes colmillos de sable, que podían alcanzar los tres metros y Nostrancevia, el mayor de todos tenía un cráneo de 60 cm y unos caninos de más de 10 capaces de perforar la armadura de cualquier presa.
Los Dicinodontes eran herbívoros robustos con pico córneo, que se movían en grandes grupos por las llanuras de Pangea. Algunos Terapsidos tardíos, probablemente tenían pelo y alguna forma de regulación térmica interna. Si hubieras visto uno a lo lejos podrías haberlo confundido con un mamífero extraño.
El Pérmico era un mundo complejo, diverso, aparentemente consolidado, un mundo que parecía destinado a seguir evolucionando durante millones de años más y entonces, llegó el final. Hace 252 millones de años en lo que hoy es Siberia, la corteza terrestre se fracturó, no fue una erupción volcánica cualquiera, fue la mayor erupción de los últimos 500 millones de años, los geólogos las llaman, las trampas siberianas, millones de kilómetros cúbicos de lava que brotaron del interior de la Tierra, durante aproximadamente un millón de años.
La lava por sí sola habría sido devastadora, pero lo peor no fue la lava; las erupciones atravesaron enormes depósitos de carbón y rocas ricas en carbono, el mismo carbón que se había formado en los bosques del Carbonífero. Al quemarlos, las erupciones liberaron cantidades descomunales de dióxido de carbono y metano a la atmósfera, las temperaturas globales se dispararon entre 8 y 10 grados, los océanos se acidificaron, los niveles de oxígeno en el agua cayeron en picado, las corrientes oceánicas se desorganizaron.
En los fondos marinos sin oxígeno, bacterias anaeróbicas empezaron a producir sulfuro de hidrógeno, un gas letal que burbujeó hacia la superficie y escapó a la atmósfera, envenenando la Tierra y destruyendo la capa de ozono. Los científicos lo llaman, la gran mortandad y las cifras son casi imposibles de comprender, el 96% de todas las especies marinas desapareció, el 70% de las especies terrestres de vertebrados fue eliminado.
Los Trilobites que habían sobrevivido a cuatro extinciones masivas y llevaban casi 300 millones de años en los océanos, desaparecieron para siempre, los arrecifes colapsaron, los bosques desaparecieron de regiones enteras del planeta, los Gorgonópsidos fueron borrados de la faz de la Tierra, los insectos gigantes ya en declive desde finales del Carbonífero, se extinguieron sin dejar descendencia. Fue el peor momento en toda la historia de la vida en la Tierra, peor que el asteroide que mataría a los dinosaurios 200 millones de años después, peor que cualquier otra catástrofe antes o desde entonces.
La Tierra estuvo a punto de convertirse en un planeta muerto, pero no lo hizo. La vida tardó entre 5 y 10 millones de años en recuperarse, el Triásico temprano fue un mundo desolador, dominado por unas pocas especies oportunistas en océanos vacíos y continentes empobrecidos, pero lentamente, inexorablemente, la vida encontró la manera de volver y de entre los supervivientes surgieron los linajes que dominarían el mundo siguiente.
Los arcosaurios, un grupo de reptiles que había sobrevivido a la gran mortandad, por razones que aún no comprendemos del todo, se diversificaron rápidamente, de ellos nacerían los cocodrilos, los Pterosaurios y finalmente los dinosaurios.
El Paleozoico había terminado, 300 millones de años, eso es lo que duró, 300 millones de años en los que la vida pasó de ser invisible a construir bosques que cubrían continentes y producir criaturas que dominaban mares y tierras, el Cámbrico inventó los ojos y la depredación, el Ordovícico llenó los océanos de una diversidad sin precedentes, el Devónico conquistó tierra firme, el Carbonífero crio insectos del tamaño de aves rapaces y el Pérmico alcanzó una complejidad que parecía inquebrantable, pero nada es inquebrantable, el Paleozoico nos enseña que incluso el mundo más consolidado, el ecosistema más diverso, la especie más exitosa puede desaparecer, no en millones de años, en miles a veces en siglos, los Trilobites sobrevivieron 300 millones de años, nosotros llevamos 300.000 y ya estamos alterando, la atmósfera, los océanos y el clima del planeta a una velocidad que no tiene precedente en toda la historia geológica.
La pregunta no es si la vida sobrevivirá, la vida siempre sobrevive, la pregunta es si nosotros estaremos entre los supervivientes. Y si este viaje, a través de la historia profunda de la Tierra, te ha resultado interesante.