La visita de Benedicto XVI al Reino Unido

27 de septiembre de 2010

Veintiocho años pasaron para que un papa visitara (del 16 al 19 de septiembre de 2010) las liberales y al mismo tiempo anquilosadas islas británicas, caracterizadas por su afán de independencia para preservar curiosas tradiciones, las mismas que se resisten a entrar en la zona euro, son una de las pocas naciones que todavía manejan del lado derecho, mantienen arbitrariamente varias colonias en territorios que les son completamente ajenos, reverencian a una de las monarquías más desprestigiadas del mundo, y mantienen una desconfiada mirada hacia sus vecinos del continente. El protestantismo en las islas -a excepción de la católica República de Irlanda, que no hace parte del Reino Unido- tuvo un origen bastante dudoso, como es de todos sabidos: alentado por la Reforma (1516) de su contemporáneo Lutero (1483-1546), el hasta entonces católico rey Enrique VIII (1491-1547), un monstruo de lujuria, desenfreno y crueldad, fundó la Iglesia de Inglaterra con la única intención de divorciarse de su esposa, Catalina de Aragón (a lo que se opuso el papa Clemente VII), cuando estuvo claro que esta no podía volver a concebir y darle el hijo varón que anhelaba, y poder casarse con su amante, Ana Bolena, a quien, cuando tampoco se le pudo dar lo que quería, hizo procesar por traición y adulterio y ejecutar en 1536. Como puede verse, asuntos bastante mundanos son los que dan origen a ciertas sectas heréticas. Desde entonces, la actitud del Reino Unido hacia el Vaticano ha sido bastante hostil, hasta el punto de que el Acta de Establecimiento de 1701, la ley del Parlamento que regula la sucesión del trono inglés, prohíbe que el rey de Inglaterra sea católico. No obstante, es tan precario el motivo que dio origen a la "iglesia" de Inglaterra, que en el siglo XIX el Movimiento de Oxford promovió la vuelta al catolicismo en las islas, liderado por el católico convertido John Henry Newman, declarado beato por Benedicto XVI en su reciente visita al Reino Unido.

En medio de ácidas protestas por la pederastia mirada de soslayo por la Iglesia, y de desmantelados atentados contra su vida, el papa Benedicto XVI ha realizado la más valerosa e importante visita a país alguno desde que inició su pontificado en 2005. Reconociendo y pidiendo perdón -públicamente y en privado con las víctimas- por los pecados de los sacerdotes católicos, el Papa ha dado un importante paso hacia la erradicación de abominables prácticas al interior de la institución más antigua y sólida del mundo occidental. Además, ha seguido la línea conciliadora y ecuménica que inició Juan XXIII a favor de la unidad de la Iglesia, invitando a los anglicanos a retomar las enseñanzas de Cristo en ese sentido, y a abandonar una separación que si tuvo sentido en el siglo XVI, hace mucho tiempo que no lo tiene, al haber abolido la Iglesia lo que le dio origen: la venta de indulgencias y demás abusos del papado de la época. Sin embargo, hay que señalar que, como lo han expresado airadamente los más cáusticos críticos de la Iglesia, el camino iniciado por el Papa no llegará a su fin mientras no se desenmascare, destituya y lleve ante la justicia a los curas culpables de pederastia y se tomen medidas definitivas para que no se vuelva a presentar tan atroz delito.


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