El ocaso de El Heraldo

22 de octubre de 2014

 

Una de las cosas que más me duelen de la nueva Barranquilla es la postración en que se encuentra su principal y más tradicional diario, El Heraldo. No contentos con haber cambiado para mal la que fuera la mejor diagramación de un periódico colombiano, los nuevos dueños han permitido que proliferen barrabasadas idiomáticas como esta, aparecida hoy y firmada por “Redacción”, o sea, por nadie: “Presidente de Undeco asegura que tenderos colocarán de su parte para no infringir el decreto” (artículo “Tiendas pueden vender licor, pero no convertirse en un bar”: secretario de Planeación). ¿Colocarán de su parte? Señores redactores, ni en el sueño más absurdo se me pasó por la cabeza  que ustedes eran de los que se tragaron el cuento –que nadie sabe quién inventó- de que las únicas que ponen son las gallinas. Una simple búsqueda en Internet los ilustrará sobre el uso de los verbos colocar y poner.

 

Pero, si se quiere, ese tipo de pifias son fáciles de corregir, como rápidamente hicieron cuando habían cogido la modita de “incautarse de algo” en el sentido de decomisar (verbigracia, “La policía se incautó de 15 kilos de coca”), uso que se da en España, pero que aquí es absolutamente ajeno, antinatural; afortunadamente pararon el dislate cuando lo denuncié por Twitter. Siguiendo por esa senda, otra de las cosas que realmente alarman es el uso ya generalizado de pseudoneologismos -si se les puede decir así– cuyo origen, dicho sea de paso, se desconoce por completo, y que en realidad no son sino ultrajes, inicuos e inmerecidos denuestos al idioma y al buen escribir que solo demuestran la supina ignorancia idiomática de los redactores. Por ejemplo, últimamente El Heraldo ha impuesto en sus informes una palabreja sencillamente asquerosa de la que nuestro idioma no tiene necesidad: “plantón”, que supuestamente quiere decir “protesta”, “manifestación”, “revuelta”. Ojalá que no se les vaya a dar, advierto, por reemplazar “desempleo” y “desempleado” por “paro” y “parado”, respectivamente, como dicen en España, pues no me quiero ni imaginar los comentarios a que daría pie en Barranquilla que El Heraldo escribiera, por ejemplo,  "Pepito llevaba mucho tiempo parado". Al parecer, que El Heraldo haya pasado a manos de propietarios españoles ha dado resultados… no del todo buenos.


Hace unos años, El Heraldo publicó una locura (léala aquí) que, para colmo de males, retrotrajeron con ocasión de la muerte de Gustavo Cerati, un musiquito de quinta categoría endiosado por los arribistas tercermundistas aparentadores de rockeros. Es tal el desubique de ese texto, que se atreve a afirmar barbaridades como que hoy “...ni siquiera el más nostálgico de los DJ de radio se atreve a sonar [los temas del grupo merenguero Rikarena] -algo absolutamente falso-, para rematar con este ingente embuste: “Los guitarrazos del argentino hoy son legendarios, y suenan en cada emisora. En esa frase está sintetizada la locura, el desubique, el repugnante arribismo tercermundista de unos barranquilleritos que infortunadamente tienen la oportunidad de expresarse en los medios masivos de comunicación. La verdad es que la que no suena en Barranquilla es la guitarra pretenciosa de nada del idolatrado Cerati, y que los temas de Rikarena son clásicos del merengue que si bien no suenan a menudo en las emisoras, pues son canciones de hace veinte años, en cualquier discoteca o fiesta ponen a bailar a la gente. Y ojo: no soy de la generación de Rikarena. Que no se nos venga a decir que el tal rock en español es popular o que Barranquilla es consumidora de esa música, esas pamplinadas que se las traguen las niñitas de quince años, como esa estudiante de décimo grado cuyo testimonio incluyeron, no quienes pasamos de cuarenta y vivimos la época de Oro Estéreo, emisora que ella jamás escuchó, pues desapareció en 1991. En el artículo hay una opinión de esa señorita Emiliani con el fin de no sé qué (¿la singularidad tomada por la generalidad, quizás?), quien en su muy comprensible minoría de edad e ignorancia tildó de “falta de cultura” que los barranquilleros hayan abucheado a un pésimo músico que tocaba un disparate que ni siquiera hace parte de su cultura (la argentina), mucho menos de la nuestra. Pero veamos más muestras del carácter demencial de ese texto:

El líder de la emblemática banda Soda Stereo implantó su semilla roquera en los oídos de los barranquilleros hace décadas. ¿Qué es esto? ¿Soda Stereo emblemática? ¿De qué es emblema? De la decadencia musical latinoamericana, será.

Su sonido germinó y propició toda una cosecha musical. Sí, germinó y propició toda una cosecha musical... perdida. Cerati y su banda no sobrevivirán el paso del tiempo, téngalo por seguro.

Por allá en 1995, el roquero que mantiene en vilo a todo un continente… ¿En vilo a todo un continente? Ubíquense, hombre, habrá sido a los aparentadores de rockeros latinoamericanos.

La paradójica noche es recordada por Moncho Márceles, vocalista de León Bruno. El roquero de 34 años es de los pocos que estuvo allí para escuchar a Soda, no para bailar No puedo olvidarla. “Él fue quien nos metió en este problema de hacer rock en una ciudad a la que no le interesa”. Esto último es lo único paradójicamente cierto de ese artículo: "una ciudad a la que no le interesa [el rock]". Desde que el tal rock en español irrumpió en Barranquilla entre 1987 y 1988 con temitas como “Lobo hombre en París”, de La Unión, o “Luna Caribeña”, de un grupito local, K-Dillo, nadie le paró demasiadas bolas a eso, siempre ha sido una musiquita marginal. El tema que le dio el impulso definitivo a esa corriente fue “El baile de los que sobran”, de Los Prisioneros de Chile, un sonido sencillamente ridículo y profundamente decadente, como toda imitación. Si la música anglo (que no “rock”) y sus derivados siempre han ocupado un lugar secundario en Barranquilla, no es difícil imaginarse el que ha ocupado el tal rock en español.

Una vez más lamento, con la más profunda amargura, la desaparición de aquellas plumas perfectas, lúcidas, inteligentes, certeras, pero sobre todo honestas de El Heraldo de antaño, que tanto nos iluminaron: Alberto Assa, Alfonso Fuenmayor, García Márquez, Armando Zabaraín, Germán Vargas, Alfonso y Juan Manuel López, Julio Blanch, José Consuegra Higgins, Jesús Sáez de Ibarra… Para nuestro consuelo, afortunadamente hay algunas supérstites: Chelo De Castro, Lola Salcedo, Mónica Gontovnik, Bertha Ramos, Álvaro De la Espriella, Antonio Celia, Nicolás Renowitzky, Heriberto Fiorillo… Entre los nuevos, rescato a Thilo Schäffer, Abelardo De la Espriella, Fernando Arteta y Pilín León, aunque esta parece que ha dejado de publicar en El Heraldo. Y es que dejar El Heraldo parece que es lo más conveniente para los periodistas honestos que todavía escriben en él.

Mala redacción, lenguaje de alcantarilla, de lupanar, espacio preferente para pseudopoetas, investigaciones poco profundas, opiniones disparatadas hasta de su editor… el panorama de El Heraldo hoy es el de un manicomio periodístico. Es que ya hay que leerlo con una sombría cautela para no ser fulminado por algún disparate. Lo que en otro tiempo no eran más que casos aislados se ha convertido hoy en algo usual e indecente, El Heraldo es la indecencia hecha periodismo. Pareciera que hubiese tomado, sin el menor pudor, partido definitivo por un periodismo fracasado, negador, envenenador. Y es que, en pocas palabras, el de El Heraldo es un periodismo malogrado al que hay que declararle la guerra a muerte. Parafraseando a Nietzsche, me guardo de hacer responsable a El Heraldo de los males de Barranquilla. Ojalá mi querido diario, con el que aprendí a leer, se recupere pronto de su hemiplejía periodística y vuelva por sus fueros de antaño, pues El Heraldo es un patrimonio y un símbolo de Barranquilla que debemos preservar.

P. S. 1: De un tiempo para acá, en El Heraldo han cogido la costumbre de sacar titulares que son una especie de calambures y juegos de palabras con los nombres de equipos deportivos, jugadores o competencias. Por ejemplo: Junior sale por una Copa para ahogar las penas. Sencillamente, ridículo.

P. S. 2: Los redactores de El Heraldo siempre han abusado también de los adjetivos "mítico" y "legendario": cualquier cosa es mítica o legendaria, por ejemplo hoy 23-10-2014 leo esto firmado por Ivonne Arroyo Mercado: "Hilario Zapata, el campeón panameño que Fidel Bassa destronó en el mítico combate por el título mosca de la AMB, el 13 de febrero de 1987 en  la cancha de tenis del Country Club,..." ¿Qué tiene esa pelea de mítica? Ni Bassa ni mucho menos Zapata sobrevivieron al paso del tiempo, ambos fueron más bien malos boxeadores, sus récords son insignificantes, para el mundo del boxeo son nada. Es más, esa pelea fue una vergüenza por todas las anomalías que se presentaron antes, durante y después.

P. S. 3: Hoy se lee en El Heraldo una muestra más de sus ridículos juegos de palabras en los titulares: Las esperanzas quedaron por el 'pasto', ya que el Junior quedó eliminado al empatar con el Deportivo Pasto. ¿No les dará el caletre para titulares menos obvios? Qué insulto al periodismo es el El Heraldo...

P. S. 4: Veamos más ejemplos: Aquel día en que Bacca devoró al Pasto. A lomo de Bacca ganó Junior. Bacca para el Pasto. Victoria 'BACCANÍSIMA'. Qué pobreza.

P. S. 5: Invito a leer el periódico ADN en vez de El Heraldo: es un periódico serio, bien escrito, objetivo, no se anda con payasadas como las del P. S. 4, y quizá lo mejor para muchos: es gratuito. Y para los ecologistas, tiene una excelente página en Internet: http://diarioadn.co/barranquilla.

P. S. 6: Y otra perlilla de la tal "Redacción": Otra Copa rota para el Junior (31/12/2014).

P. S. 7. El Heraldo retomó con furia el uso de ese despreciable esperpento léxico, "plantón" (2015).


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