Siete adefesios de Barranquilla

Por José David Villalobos Robles - 29 de diciembre de 2011 

El mal gusto, la improvisación y la adjudicación a dedo de diseños y obras a los menos indicados parecieran males atávicos de los barranquilleros a juzgar por la profusión de mamarrachos urbanísticos y arquitectónicos que se dan silvestres en los cuatro puntos cardinales de la ciudad desde hace décadas. 

Lo increíble es que al parecer no aprendemos de los errores pasados y seguimos repitiendo el patrón, no rompemos la cadena, sobre todo hoy cuando si a algún arquitecto o urbanista no le da el caletre para diseñar algo con todas las de la ley, lo único que tiene que hacer es invertir dos o tres horas investigando en Internet: hay miles de fotos y videos de ciudades, monumentos y proyectos, y a través de Google Earth se pueden incluso “recorrer” virtualmente las ciudades más importantes del mundo.

Por eso, los mayores adefesios urbanísticos de Barranquilla son los recientes monumentos y construcciones públicas que les han sido vendidos a nuestros conciudadanos como “obras de arte”, “motivos de orgullo”, "ejemplos de civismo" y hasta “proezas de la ingeniería”. Aquí mencionaré los que a mi juicio se llevan el farolito.

Por lo demás, siempre me ha gustado el siete: es número primo e impar, en siete días creó Dios el mundo, siete son los días de la semana, los sacramentos son siete, siete los dones del Espíritu Santo, siete las maravillas del mundo antiguo, en la Biblia es considerado el número perfecto, hay que perdonar setenta veces siete, siete son los mares, siete las chakras del cuerpo humano, siete los principios básicos del bushido, siete las colinas de Roma, también siete las de Constantinopla, siete los reyes y emperadores de Roma, las siete artes liberales, los siete sabios de Grecia, siete las virtudes, siete los pecados capitales, siete las terrazas del monte Purgatorio (una por cada pecado capital), siete los colores del arco iris, siete los objetos estelares que se pueden observar a simple vista, los gatos tienen siete vidas, Buda dio siete pasos al nacer, el número de agente secreto de James Bond es el 007, fueron siete contra Tebas, siete los enanitos de Blancanieves, siete los samuráis de Kurosawa, siete el año de la comezón, siete los magníficos de Yul Brynner, siete los años en el Tíbet, siete el número de Mickey Mantle, siete los cielos, las capas de la Tierra y las puertas al infierno en el Islam, siete el inning de la suerte en el béisbol, siete las notas musicales, siete los orificios de la cara, siete veces sería vengado Caín, siete años de abundancia y siete de hambruna pasaría el faraón, siete el número de brazos de la menorá, siete los pilares de la sabiduría, los muros de Jericó cayeron siete días después de que siete sacerdotes con siete trompetas marcharon siete veces alrededor de la ciudad, siete los panes multiplicados la segunda vez por Jesús, setenta veces siete las veces que Pedro debía perdonar a los pecadores (y no siete, como creía), en la genealogía de Lucas, Jesús es el número 77 en línea directa, siete las últimas palabras de Jesús en la cruz, siete los suicidios mencionados en la Biblia; en el Apocalipsis, siete son los espíritus de Dios, siete las iglesias, siete los sellos, siete las lámparas de oro, siete las antorchas de fuego, siete los ángeles y sus trompetas, siete los truenos, siete las últimas plagas, siete los jarrones de oro, siete los cuernos y los ojos, siete las diademas, siete los reyes; y siete cosas detesta el Señor.


La megabandera vuelta jirones por la brisa (foto tomada de elheraldo.co el 17 de enero de 2012).

1. La rotonda de la 17, homenaje a Pacho Galán y la megabandera (2011). Hoy parece que ni la recuperación del espacio público dio resultado, pues los vendedores siguen apostados a lado y lado de las carreras 9 y 10 cual fieras al acecho de la mínima oportunidad para volver a invadir. Al bulevar le echaron más cemento y, en cambio, la hierba y los árboles brillan por su ausencia: es un peladero. Para rematar, las tractomulas siguen adornando la que se esperaba que fuera una entrada “digna” a Barranquilla. La tal megabandera, por su lado, se ha hecho jirones tres veces desde su erección en agosto de 2011 (¿mala confección? ¿materiales no adecuados? ¿improvisación?), pero tercamente se han vuelto a confeccionar unas cada vez más “resistentes” e izado una y otra vez. Si se hizo hilachas dos veces en dos meses (la primera vez a la semana de haberse erigido), cuando ni siquiera habían llegado los alisios, ¿cómo será dentro de 5 años? No se engañen: la megabandera está destinada a desaparecer; si no se abandona para siempre ese disparate tendremos en la nueva rotonda un deplorable componente de nuestro paisaje urbano: el insulso mástil, que desde lejos no se verá, y de cerca parecerá un enorme mondadientes

Foto tomada del periódico gratuito ADN el 23 de noviembre de 2011, página 15.

Lo tragicómico del asunto es que se insiste en un monumento completamente equivocado: en esa entrada –quizá la principal- de Barranquilla lo que se impone es una puerta monumental para hacerle eco metafórico al apelativo de la ciudad, Puerta de Oro de Colombia. Un verdadero monumento que se vea desde lejos, que quien lo aviste sienta que está llegando a la (otrora) Puerta de Oro. Bien vista, la bandera debería ser el complemento de dicha puerta (la haría aún más monumental), la cual hemos planteado que debería inspirarse en las antiguas puertas de entrada de las ciudades europeas, pero a la barranquillera: pionera, con altorrelieves de carnaval, cumbiambera, caribeña, fluvial, en pocas palabras, que rinda homenaje a las gestas de la ciudad como la aviación, y sin más perendengues alrededor. Siguiendo por la línea de lo descabellado, poco después de izada la megabandera, se erigió un monumento al conspicuo músico soledeño Pacho Galán, una columna-cara (cara, no busto, pues este incluye la parte superior del tórax) grotesca, de pésimo gusto, mal elaborada, que no se parece al trompetista y compositor de Cosita linda. Con todo el respeto que se le debe a Pacho Galán, ese monumento debería estar en su tierra natal. Para rematar, hace pocas semanas se anunció que en la rotonda y el bulevar se construiría un parque, o sea que vamos, inexorablemente, en camino de un nuevo batiburrillo urbanístico: ya no se sabe si lo que se quiere en ese espacio público es honrar la oriflama cartagenera-barranquillera-malambera-carmera, o a Pacho Galán, o tener un parque para ¿solaz? de la gente. La nueva alcaldesa tiene en sus manos la oportunidad histórica de enderezar semejante desaguisado. Léase también La megabandera de Barranquilla y La megabandera, otra vez vuelta jirones por la brisa (17-1-2012).

Espantosa "estatua" de Joe Arroyo.
Grotesca estatua de Joe Arroyo (2011). Autor: Yino Márquez.

2. La estatua de Joe Arroyo (2011). Bien idas están las épocas en que a la ciudad se le regalaban estatuas bien elaboradas para engalanarla, como la de Bolívar, la de Santander, la de Colón, la de la Libertad o la del monumento a la bandera (mal llamado por muchos dizque “Policarpa Salavarrieta”). Me resulta particularmente increíble y chocante que se le haya hecho un bodrio semejante a Joe Arroyo, que más bien parece un mamarracho de él, cuando menos una caricatura, seguramente por haberse hecho a la carrera o por habérsele confiado su elaboración a Yino Márquez, un tipo que ha probado en repetidas ocasiones que no es más que un escultor barato con varias obras repulsivas que integran esta misma lista. Una masa en la que rechina la desproporción de los brazos, las manos y las piernas con respecto a la cabeza. Revolcándose estará el pobre Joe en su tumba; qué aguante el de sus familiares para no dejar entrever durante la inauguración lo que en realidad les debe producir la tal estatua: genuina vergüenza propia. Clementine Churchill odió abiertamente el famoso cuadro que de su esposo pintó Graham Sutherland con motivo del cumpleaños 80 del gran estadista inglés, hasta que terminó destruyéndolo.

"Los enamorados" (1999). Autor: Yino Márquez.

3. Escultura “Los enamorados”. Siguiendo con las esculturas, ¿podrá haber una más ordinaria que esa de las manos atornilladas? Por los clavos de Cristo, ¿a este señor Márquez no se le pudo ocurrir algo más original? “Los enamorados” es una escultura grotesca que no merece mayores comentarios, sin duda la peor de Barranquilla.

4. La plaza de la Concordia (2007). Producto de la administración Hoenigsberg y de Edubar, prometía ser uno de los proyectos de mayor impacto en la ciudad porque supuso el inicio de la recuperación del paseo de Bolívar, haciendo casi imperiosa la demolición o el traslado del edificio de la Caja Agraria, el cual quedó literalmente en la mitad. Sin embargo, el desatinado diseño que consistió en construir unas calles curvas sin estructura o forma definida terminaron convirtiendo la plaza en parqueadero de buses intermunicipales. En una escena de subdesarrollo inverosímil y decepcionante, también se pasean allí, tranquilamente, vacas a diario. Léase también En Barranquilla no me quedo.

Tenebroso "homenaje" al "Héroe caído - Cristo yacente” (2003, parque de los Fundadores), estúpida estructura que ha sido denominada “la momia”.

5. El parque de los Fundadores. Es tal el desconcierto que produce el parque de los Fundadores, o antiguo bulevar del barrio El Prado, que preferimos dejar a la opinión del lector un sitio en el que se dan cita los más disímiles monumentos, desde la solemne águila que rememora a los pioneros de la aviación -único monumento que por décadas estuvo allí, como debe ser-, hasta un tenebroso sarcófago con una momia, homenaje a los caídos en la guerra interna colombiana, pasando por la estatua del primer gobernador del departamento del Atlántico (¿no debería estar en el edificio de la Gobernación?), un pseudo-obelisco, una fuente sin agua, unas absurdas bolas de cemento y varias obras de arte urbano postmodernas, si se les puede decir así. Léase también El esperpento del parque de los Fundadores

6. El cierre de la avenida Olaya Herrera (2010). Todo lo anterior se puede explicar mediante el mal gusto, la asignación a dedo y la falta de grandeza para con Barranquilla, pero el cierre de la neurálgica avenida Olaya Herrera sí responde a la supina ineptitud de quienes tuvieron a su cargo la construcción de la estación de retorno de Transmetro. Pero quizá peor aún fue que, descubierto el entuerto, no se procedió a corregirlo abriendo de nuevo la vía, no: se amplió la carrera 46B para habilitar el carril occidente-oriente, en una actuación sin precedentes en la historia de Barranquilla, dejando olímpicamente clausurada la Troncal del Caribe, ruta nacional 90A, tramo 04, de la cual hace parte Olaya Herrera. Como siempre, Barranquilla poniendo la nota triste. Al menos en los años 1970 se detuvo la construcción de la tribuna de la vergüenza cuando cayeron en cuenta de que se sacrificaría la calle 72. Léase también En Barranquilla no me quedo.

Señores dirigentes de la ciudad: absolutamente todos estos yerros urbanísticos, ornamentales o arquitectónicos se pueden corregir con voluntad política si se piensa en grande por la ciudad. Todas las ciudades del mundo cuentan con conjuntos monumentales como obeliscos, arcos, puertas, torres, columnas, paseos, entre otros. Ya es hora de que Barranquilla tenga su monumento que la identifique en el mundo, y ese debe ser la Puerta de Oro de Colombia. Asimismo, es hora de que el diseño y la construcción de los monumentos de la ciudad se socialicen con la debida anticipación y se asignen mediante concursos internacionales en los que participen arquitectos, urbanistas y diseñadores de renombre, pues los nuestros han probado varias veces que no responden a las expectativas.


Ridículo punto cero de Barranquilla (afortunadamente demolido en 2011 para iniciar la reconstrucción de la plaza de la Paz).

7. El puente de la Circunvalar con carrera 38 (2010). Este entuerto, que ya poco se menciona, es otra obra que habla muy mal de la idoneidad del alcalde Alejandro Char (2008-2011) como ingeniero civil y constructor. Dicho puente fue un proyecto ideado enteramente por el entonces burgomaestre para beneficiar el acceso a las zonas francas que se asentaron en la vía al corregimiento de Juan Mina, en las cuales supuestamente tiene jugosos intereses. La obra, por lo demás muy necesaria, podría catalogarse como otro de los puentes cachuretos de Barranquilla junto al de Makro (carrera 51B con Circunvalar, obra del entonces gobernador Gustavo Bell), el de la Murillo con la María (carrera 54), el de Líbano (45) con Felicidad (48) o el recientemente "reconstruido" (cuál, si lo hicieron igual de bajo) de Olaya Herrera (carrera 46) con Felicidad (obra también de Char en el marco de las adecuaciones de las vías de Transmetro): todos, ni tienen orejas, ni la altura adecuada (sin olvidar que las orejas del puente de la 38 con 65 no cumplen con el ancho normal). Para solucionar que no cumplía con la altura mínima (4,8 m, lo que requería "ampliar la rampa en unos 70 metros más, para lo cual el Distrito debía comprar por lo menos 30 predios industriales y comerciales, lo que encarecía demasiado el proyecto") se optó por construir una rotonda metro y medio más baja que el nivel del pavimento, exactamente debajo de la estructura. Aparte de que dicha solución trae consigo el problema de que se estancan las aguas lluvias creando una gran laguna que impide el paso de vehículos, un periodista de un noticiero de Telecaribe fue al sitio -ya lista la rotonda- y, metro en mano, demostró que tampoco se alcanzaban los 4,8 m desde el piso hasta el puente. Poco después supe que al periodista lo amenazaron de muerte y pronto dejó de aparecer en el noticiero.


Adenda 1: Afortunadamente, con la reconstrucción de la plaza de la Paz (2011-2012) desaparecen dos esperpentos más: la deforme escultura "El Policía Amigo" y el ridículo y vergonzoso punto cero, ojalá que no se les haya dado por conservarlos en algún lugar para sacarlos más tarde.

Adenda 2: No olvidemos los puentes peatonales de Caiaffa, la avenida del Río (propuesta hace muchísimos años, iniciada en la administración Char pero que todavía promete), el desfalco y el atraso de Transmetro, el diseño de la remodelación del paseo de Bolívar que convirtió el bulevar en hogar de indigentes y delincuentes, las casetas de los vendedores de Metrocentro al lado del estadio Metropolitano, la carrera 50, los puentes de las carreras 45, 46 y 50 sobre la calle 48, los puentes de la 53 con 76, las cinco torres originales del World Trade Center, que por cierto, se está cayendo a pedazos, el derrumbe de Campo Alegre y la 38, la tribuna de la vergüenza del Romelio Martínez, los caños del mercado nunca saneados, la errada rotación del backstop del Tomás Arrieta, la fallida remodelación de la piscina olímpica (2011-2012), el coliseo Humberto Perea, entre otros.


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