Apuntes mirmidónicos XVII


14 de septiembre de 2013

I

De verdad que los tiempos cambian y muchas veces para mal. ¿De dónde salió eso de decirles “afrodescendientes” a los negros? ¡Toda la vida llamándolos por su nombre y ahora querer imponer un eufemismo! Y un eufemismo mal creado, por lo menos inexacto, porque si “afro” indica “África”, recuérdese que no toda África está habitada por negros, los árabes del norte son millones, así que afrodescendiente bien podría ser el descendiente de los árabes africanos, para no mencionar que puede tratarse también del descendiente de un muy rubio y anglosajón surafricano. Casi me da dolor de cabeza tener que hacer mención de los tales afrocolombianos, afroperuanos, afroargentinos, afromexicanos, afro+cualquier nacionalidad…

II

Es el mismo caso de llamar “homosexuales”, “gays” y ahora hasta “gais” (pronunciándolo tal cual se escribe, no “guey”, como en inglés, de donde procede el voquible), a quienes siempre se llamó afeminados, maricas o maricones. Pero hay un caso mil veces más ridículo: decirles LGBTI… No puedo imaginarme a Oscar Wilde, a Rimbaud, a Marcel Proust, a André Gide, a Michel Foucault o a Thomas Mann definiéndose como LGBTI. ¿O a Pier Paolo Pasolini? 

III

2016. Ese es el año clave para Barranquilla. A fines de 2016 ya habrá transcurrido el tiempo prudencial para que todas las obras anunciadas y en ejecución estén terminadas y operativas. Barranquilla deberá estar realmente cambiada. Ojalá que las obras queden bien hechas y que por su cuenta no se presenten añadiduras a la larga lista de "empanadas" barranquilleras que muchos hemos señalado.

IV

El Estado liberal, el bendito Estado liberal. Por su cuenta, Occidente se ramplonizó. No niego el avance de la ciencia, los derechos humanos, la abolición de la esclavitud o el acceso a la educación, pero en nombre de la libertad la sociedad occidental se volvió superficial (ahora dicen “light”), sin rigor y, sobrepasando su límite, se volvió libertina. ¿Ejemplos? La proliferación de “universidades” y de instituciones “educativas” de todos los pelambres que otorgan títulos como repartir maíz a las palomas de la plaza de Bolívar. O la proliferación de entidades de salud. O de “iglesias” pseudoprotestantes. Cualquier garaje es bueno para alguna universidad, instituto, clínica o "iglesia". Menos mal el Estado colombiano los trata como lo que son: establecimientos comerciales. 

V

Pero por cuenta del Estado liberal también los drogadictos piden a gritos la legalización del consumo “mínimo” y la despenalización de la marihuana, los campeones de la irresponsabilidad van a imponer el execrable aborto en todas sus formas, y otros hacen fuerza por un tipo de asesinato que llaman con la palabreja más eufemística habida y por haber: la eutanasia (del griego eu, bueno, y thánatos, muerte). Y quiero tan solo dejar indicada la desaparición de la virginidad. 

VI 

Qué decir del sufragio universal: el voto del carromulero vale lo mismo que el del gobernador del Atlántico, vaya, vaya… Si el abominable Enrique VIII resucitara y viera eso, se moriría en el acto de nuevo. El nuevo orden, ¡el nuevo orden! 

VII 

Cuando usted escuche un “¿Y eso qué tiene?” o, lo que es lo mismo, “Eso no tiene nada”, preste atención, es casi seguro que se trata de una desfachatez libertina. 

VIII 

¿Pero a dónde conduce todo ese libertinaje del que solo he mencionado unas cuantas muestras? A la obtención de dinero. Inventar desfachatadamente los contrasentidos más temerarios, estrafalarios y desvergonzados para obtenerlo, y desechar de plano lo que no lo produce (como la virginidad). Poco a poco, el tiempo le ha dado la razón a Marx. 

IX

¿Y dónde reside todo este despelote? En el relativismo moral, ese terrible mal que denunció en su momento -como hoja solitaria en la tormenta- Joseph Ratzinger en su papel de Benedicto XVI. Fue la única voz en el mundo que se levantó –comedida pero certera y lúcidamente- contra uno de los peores disparates de todos los tiempos. 

X

Y no me cabe duda que el relativismo moral de nuestro tiempo tiene su origen en la "reforma" protestante. Así lo manifiestan la "estirpe calvinista" de nuestras instituciones (tema ampliamente trabajado por Alfonso López Michelsen) y la actual naturaleza superficial de la justicia, reflejada en el procedimiento penal vigente definido en la Ley 906 de 2004. Para ahondar más al respecto, recomiendo Entraña calvinista.


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