Apuntes mirmidónicos XLIII

23 de diciembre de 2015


I

Que el gobierno de Elsa Noguera haya sido tan pletórico en obras de alto impacto y buenas intenciones -en teoría-, crea una inevitable expectativa colectiva por lo que puede llegar a ejecutar o proponer el alcalde siguiente. Quizá por eso, no comienza su gobierno aún, y ya se siente a Alejandro Char pisando con fuerza. Entre las obras de infraestructura que ha anunciado hay varias bien ambiciosas e interesantes:

  1. Continuidad a la canalización de arroyos. Los anunciados son exactamente los que debían seguir en la lista de intervenciones: el de la carrera 21, el más peligroso de la ciudad; el de la calle 76, sencillamente monstruoso; el de la calle 48 o Felicidad, peligrosísimo, también; el de la base naval, el de la brigada, el del Hospital y el de la calle 92. Futuras administraciones deberán atacar los del Centro.

  2. Prolongación de la avenida del Río hasta el centro de eventos “Puerta de Oro”. Bien en tanto que vaya acompañada de un plan serio para el sector aledaño a la costa del río, sugiero algo similar al parque de España de Rosario, Argentina, a orillas del Paraná.

  3. Prolongación de las calles 79 y 72 hasta la avenida del Río. Es una consecuencia lógica del punto anterior.

  4. Reestructuración del Hospital de Barranquilla. Se ha anunciado que el nuevo nosocomio, logro de aquel ínclito personaje, el padre Carlos Valiente, será renovado y pasará a denominarse Camino Nuevo Barranquilla, iniciativa esta última del cambio de nombre que desapruebo rotundamente; “Hospital General de Barranquilla” es una denominación sólida, tradicional y ligada al barranquillero, que hay que preservar. Cabe reseñar que su nombre primero fue Hospital de la Caridad, el cual reflejaba su prístina intencionalidad.

    A la actual edificación se le adosará una sección de estilo contemporáneo que rompe con su uniformidad arquitectónica, algo que pasó con la Universidad Autónoma del Caribe, hoy convertida en un auténtico batiburrillo arquitectónico. Lo más recomendable en este caso es la total restauración de las instalaciones actuales conservando un solo estilo, lo cual favorece entre la ciudadanía la identificación de construcciones como referentes urbanos.

  5. Peatonalización de calles en el Centro. Incluye la construcción de locales comerciales en ellas para reubicar vendedores estacionarios. Se trata de: a) Carrera 41 entre calles 30 y 32. b) Carrera 41B entre calles 30 y 31. c) Carrera 42 entre calles 30 y 32. d) Calle 31 entre carreras 41 y 42. e) Calle 33 entre carreras 40 y 41 y entre 42 y 43. Craso error. Con esto se renuncia a vías que bien pueden servir para tráfico vehicular y se sientan las bases para invasiones del espacio público futuras, pues el barranquillero es especialista en degenerar las cosas. Por eso, entre otras razones ya planteadas en este blog, nunca he estado de acuerdo con los locales en la plaza de San Roque: son el embrión de una invasión que se va a lamentar por años.

Proyección de la peatonalización de la carrera 41 entre calles 30 y 32.
Plano de calles propuestas para peatonalización.

II

La solución al problema de la invasión del espacio público todo el mundo la conoce: culturizar y reubicar en locales al interior de edificaciones. Y digo culturizar en primer lugar porque es un secreto a voces que no hay mejor ubicación para que un vendedor exhiba sus mercancías que la acera o la calle. No es lo mismo mantener los artículos dentro de un edificio, a donde tienen que entrar los compradores, que ofrecerlos a la vista y a la mano de miles de transeúntes, ni punto de comparación. Por eso hay que concientizar a los mercaderes que hoy ocupan el espacio público de que debe haber un equilibrio entre sus intereses particulares y el gran daño que le hacen a la ciudad invadiendo las zonas diseñadas para el tránsito y disfrute de los peatones, y ese equilibrio lo da su reubicación en locales comerciales, convirtiéndose en comerciantes formales.


III

El último aullido de la moda en materia urbanística es la multifuncionalidad. Esto no sería tan indeseable si los usos para los que se asignan ciertas obras no fueran tan incompatibles: la plaza de San Roque es espacio público y mercado de buhoneros a la vez, el Romelio Martínez será estadio de fútbol, cumbiódromo y escenario para “otros espectáculos”; seis calles del centro se destinarán para caminar y para construir en ellas locales comerciales (un contrasentido total); la entrada a Barranquilla por el puente Pumarejo es solución vial (glorieta), parque, monumento a la bandera de Barranquilla y sitio de homenaje de William Knox Martin, Pacho Galán y Ernesto McCausland; el parque del Sagrado Corazón ahora también es escenario con concha acústica (esto no es nuevo, pues el parque Almendra tiene una desde hace añales), el antiguo bulevar central del Prado funge como separador, jardín, parque, escenario para rememorar a los mártires de la aviación, al general De Castro, a los héroes caídos, marco de pseudoarte masón urbano… Los sitios terminan desdibujándose, no siendo ni lo uno ni lo otro, meros gatuperios urbanos sin identidad definida, imposibles de digerir y, por ende, inapropiables para los ciudadanos.


IV

Una propuesta que me ha llamado poderosamente la atención es la que hace poco hizo la Universidad del Norte en relación con ampliar a cuatro carriles por calzada la calle 30 entre Soledad y Malambo, lo cual parece haber tenido un efecto inmediato, pues la ANI se ha involucrado vigorosamente en su realización. Y digo que esta megaobra me llama la atención porque siempre he pensado que a Barranquilla le falta una autopista Eldorado, que, a mi juicio, es lo único que esta ciudad tiene que envidiarle a Bogotá, aunque esa impactante avenida parece que solo la tiene la capital del país. Y siempre pensaba que la avenida llamada a ser el émulo de la 26 es la 30, nuestra “autopista al aeropuerto”, como la conocí en aquel lejanísimo 1978. Obviamente, guardando las proporciones, pues todos sabemos que la autopista bogotana fue producto de una cuidadosa planificación durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. Allí se asienta el Centro Administrativo Nacional (ministerios, instituciones estatales), lo que con el pasar de los años atrajo la instalación de la nueva sede de la gobernación de Cundinamarca, la Cámara de Comercio de Bogotá, bancos, embajadas, centros comerciales, empresas, parques, hoteles, edificios residenciales. Qué laudable sería que instituciones y empresas de esa índole se trasladaran a los costados de nuestra 30 entre la carrera 21 y la Circunvalación, pues después de esta quedarían en Soledad o Malambo. De hecho existen algunos intentos: SENA industrial, centro comercial Panorama, Chaneme, Envía, John Deere, parque industrial La Granja, Coordinadora, Country Motors, entre otros.


V

Lo que se plantea para la 30 sería inédito en el panorama urbano del área metropolitana de Barranquilla, donde el concepto de avenida propiamente dicha, como se conoce en el mundo civilizado, no se conoce. Lo que más se aproxima en nuestro medio a esa idea de avenida es la Circunvalación, una calle de la que se reiría cualquier urbanista o constructor argentino, mexicano, brasileño o venezolano, para no mencionar, gringo, europeo, chino, coreano o japonés. La propuesta de Uninorte incluye dos calzadas, cada una de cuatro carriles, tres puentes, carriles exclusivos para Transmetro, desniveles, controles de acceso, cruces peatonales subterráneos con actividad comercial, andenes y ciclovías, todo lo cual configuraría una verdadera “autopista al aeropuerto”. Veremos si todos los elementos proyectados se convierten en feliz realidad en esta nueva 30.


VI

No obstante, me queda un sinsabor de todo cuanto antecede, y es porque, en mi criterio, la 30 debe ser reconstruida completamente hasta su intersección con la avenida Olaya Herrera. De hecho, durante el gobierno de Elsa Noguera se anunció que sería intervenida entre las carreras 38 y 46, algo realmente imperioso dado el caos urbano que se presenta en ese tramo. 


VII

La 30 es una calle más que pasó de ser escenario normal de actividad comercial o residencial, a tumor urbano en el que se dan las peores depravaciones ciudadanas. Y como pasó con la 30, ocurrió con el paseo de Bolívar, con las calles 31, 32, 33, 35 (la calle de San Blas, tan distinguida antaño), 36, 37 (qué impecable era la calle de Jesús con Cuartel en 1987), 38, 39, 40 y 45 (Murillo) en el Centro, y con las calles 53 (entre carreras 46 y 54), 70, 72 (¡en qué monstruosidad dejamos que se convirtiera esta!), 74, 75, 76, 77, 79 (entre carreras 42F y 52 y de la 60 en adelante), 82, 84, 85, 93 (qué acogedora y bella era en 1992) y 96. Y en materia de carreras o callejones, qué decir: la 8, la 14, la 21, la 33, todas desde la 38 hasta la 46 (¡pobre Olaya, quedó convertida en calle fantasma!), la 47, la 48, la 49C, la 50, la 51B, la 52, la 53, la 54, la 55, la 56, la 57, la 58... Merece especial atención la carrera 38, a mi juicio, una de las tres avenidas más importantes de Barranquilla, la cual será parcialmente reconstruida a partir de 2016 de la calle 1 a la Murillo y de la calle 80 a la Circunvalar. Ojalá los propietarios de los negocios de repuestos de carros, quienes degeneraron esta calle, acepten que se tienen que mudar.


VIII

Lo lamentable no es que la mayoría de estas calles se hayan metamorfoseado de residenciales en comerciales, al fin y al cabo, las ciudades se transforman, sino que hayamos permitido que desaparecieran los andenes y antejardines, hoy mutados en especie de corredores infestados de toda clase de vendedores estacionarios, tomados como estacionamiento, y de recorridos totalmente irregulares: subes, bajas, escalones, huecos, rampas, basuras, jardineras, playones, escombros… 


IX

Un buen experimento en relación con uniformizar andenes es el que se hizo en la reconstruida calle 79 entre carreras 52 y 60 -uno de los sectores más exclusivos de Barranquilla-, soterramiento de redes de servicios públicos incluido, algo que también debe acometerse por lo menos en el pandemónium de la calle 72, la zona de andenes más anómalos e intransitables del norte de la ciudad, que, por cierto, la administración de Elsa Noguera, en cabeza de su secretaria de Control Urbano y Espacio Público, Diana Amaya, alcanzó a anunciar que iba a limpiar de vendedores, algo que finalmente no se dio. 


X

Esta señorita Amaya me cayó bien, tuvo muy buenas iniciativas, pero definitivamente se estrelló contra una realidad social aterradora que ha desembocado en que muchos de nuestros conciudadanos hayan tenido que convertirse en vendedores ambulantes o estacionarios, e invadir la totalidad del espacio público para obtener el diario vivir. El hambre y la inconsciencia nos están matando. Triste la nueva ocupación de la 72 entre carreras 45 y 46, lo cual había sido erradicado en la administración de Caiaffa con el traslado de los vendedores al costado del estadio. Es que se reubican cien vendedores y aparecen quinientos nuevos… Ojalá nos tocara algún día un alcalde que realmente se proponga eliminar de cuajo un problema que, como este caos urbanístico, esta invasión y hasta desaparición del espacio público, ha dado como resultado que los barranquilleros de bien no queramos ya ni salir a pasear por una ciudad que lentamente se ha convertido en algo irreconocible para quienes la descubrimos hace treinta y cinco años o más.


XI

Desde 2013, la secretaría de Amaya adelantó junto con Findeter un plan maestro de espacio público desarrollado por la consultora inglesa Arup, la cual entregó la versión final hoy con un atractivo plan piloto. Ojalá que este plan se desarrolle cuanto antes, que no se quede en simple estudio, como la tristemente célebre Misión Japonesa de 1985. 


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AM XLII - XLIV

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