Colombia: ¿nueva potencia regional?

1.° de diciembre de 2013

El presidente Santos condecora a Nairo Quintana en la Casa de Nariño.

Colombia cierra un bienio altamente productivo en materia deportiva. A la extraordinaria presentación en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se suma una catarata de logros en 2013: la clasificación de la Selección al Mundial de fútbol de 2014 en Brasil, la clasificación al Mundial de selecciones de países de la región dirigidas por entrenadores colombianos (Ecuador, Honduras y Costa Rica), el segundo lugar de Nairo Quintana en el Tour de Francia (también fue campeón de la montaña y de los jóvenes), el segundo puesto de Rigoberto Urán en el Giro de Italia (ambos sucesos inéditos), el campeonato mundial de Catherine Ibargüen y, para cerrar con broche de oro, el título de los Juegos Bolivarianos por primera vez en 75 años, para solo citar los más significativos.

Estos logros son, sin duda, el resultado de una política estatal con un objetivo bien definido: ser potencia regional deportiva. Ante el declive de Cuba en esta materia, los problemas internos de Venezuela (que también se reflejan negativamente en otros ámbitos como el arte y la cultura), y el estancamiento deportivo de México y Argentina, Colombia emerge casi solitaria en el nuevo panorama deportivo latinoamericano, solo al lado de la decadente Cuba y de Brasil. Sus resultados en juegos Olímpicos, Panamericanos, Bolivarianos y campeonatos mundiales, así como los de sus deportistas profesionales en diversas competencias internacionales hablan por sí solos.

El auge económico colombiano que se viene produciendo desde principios de la década de 2000, de manifiesto en el crecimiento de la clase media, el boom inmobiliario, la escalada del producto interno bruto, el descenso del desempleo (si bien a costillas del crecimiento disparado del empleo informal), la baja inflación, la firma de múltiples tratados de libre comercio (ahora todos quieren con Colombia), la conformación de la Alianza del Pacífico, y repercusiones como la flexibilización para obtener la visa a Estados Unidos y la exención de la visa Schengen, se reflejan no solo en el ámbito deportivo, sino en un renacimiento de la cultura, el arte, el cine, las letras y la música, para no mencionar la cada vez más presente influencia social, cultural y económica de lo colombiano en países vecinos como Panamá, Venezuela, Perú y Ecuador, siendo Panamá el país más profundamente penetrado por Colombia en todos los órdenes (ver Panamá colombianizada). Se podría predecir, más bien afirmar, que Colombia será/es la nueva potencia regional a pesar de los enormes retos que le falta sortear, como la reforma del sistema de salud, reducir la pobreza, la exclusión y la desigualdad social, el fortalecimiento de la justicia, la consecución de la paz y la convivencia ciudadana.

Una nueva generación asiste complacida a los éxitos deportivos, culturales y socioeconómicos colombianos, algo que influirá definitivamente en nuestra psiquis colectiva, en el amor propio, en nuestra autoestima, en recuperar el orgullo que alguna vez tuvimos gracias a Víctor Mora, "Cochise" Rodríguez o Pambelé, en una época en que también brillaron internacionalmente Claudia de Colombia o Gabriel García Márquez, época en que la influencia colombiana en América Latina era determinante y nunca habría permitido la pérdida de territorio patrio. Atrás, al menos de momento, parecen haber quedado los nefastos tiempos del narcotráfico, el Proceso 8.000, Ernesto Samper Pizano y la guerrilla.


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