¿Qué pasó el 7 de abril de 1813?

Por José David Villalobos Robles

1.° de abril de 2010

Manuel Rodríguez Torices.
Imagen tomada de http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/rodrtori.htm

Se cumple este 7 de abril el centésimo nonagésimo séptimo aniversario de la dación, en el Cuartel General del Ejército de observación en Barranquilla, del decreto que erigió al sitio de Barranquilla en villa, expedido el 3 de abril en Cartagena por Manuel Rodríguez Torices, gobernador del Estado Soberano de Cartagena de Indias de las Provincias Unidas de la Nueva Granada para aquel abril de 1813. Pero más allá del dato meramente ilustrativo, cuyo enfoque está por cierto bastante gastado, al punto de que el acontecimiento es más bien mencionado cada año sin mayores explicaciones, como cuando se recita algo de memoria, vale la pena repasar cuáles fueron los motivos que le valieron a Barranquilla dicho título y el significado del mismo en el contexto de la época de la independencia.

Frases como “Cartagena se independizó el 11 de noviembre de 1811” o “el 20 de julio se celebra la Independencia de Colombia” suelen entenderse en sentido literal y absoluto, es decir, a partir de ellas se da por sentado que Cartagena y Colombia fueron independientes desde esas fechas. Nada más alejado de la verdad, pues lo que en realidad se dio fue la comprensible y sangrienta reacción española por recuperar el terreno perdido, es decir, las principales ciudades americanas donde se habían producido gritos de independencia como Santa Fe, Cartagena o Caracas, ya que perdidas estas, la lógica indica que pronto sobrevendría la caída en cadena del resto de sus ricas posesiones, cual castillo de naipes. Para nuestro caso, la sangre en el ojo de los españoles era Cartagena -a la sazón capital del Estado Soberano homónimo del que hacía parte Barranquilla-, una de las más importantes ciudades del imperio español en América (solo superada por la Ciudad de México y Lima), su plaza mejor fortificada, su principal puerto negrero y la puerta de entrada al continente. Un curioso comentario revestido de cierto humor negro que en distintas ocasiones les he escuchado a algunos historiadores, seguramente con bastante razón, es que si Cartagena hubiese caído ante el almirante Edward Vernon en 1741, hoy en Suramérica no se hablaría español, sino inglés, tal era la importancia estratégica de Cartagena.

El caos se apoderó de la naciente nación luego del 20 de julio de 1810: solo en diciembre de ese año pudo reunirse el primer congreso, el cual no emitió constitución alguna por no haberse podido convocar a los representantes de todas las provincias. En 1811, la centralista provincia de Bogotá se declarado Estado independiente y el resto de los territorios conformaron las Provincias Unidas de la Nueva Granada. El 27 de noviembre de 1811, es decir, poco después de la independencia de Cartagena y más de un año después del grito de independencia santafereño, se reunió en Tunja un segundo congreso que por fin dio como resultado la primera constitución de la novel república, el Acta de la Federación. Como su nombre lo indica, era un documento de inspiración federalista, opuesto a las ideas centralistas, lo que produjo en 1812 el primero de los muchos enfrentamientos civiles que tuvieron lugar en nuestro país a todo lo largo del siglo XIX. Esta primera guerra civil es importante para el tema que nos ocupa porque está enmarcada en la reconquista española: culminó el 9 de enero de 1813 con la victoria de los centralistas, es decir, a escasos tres meses de la erección de Barranquilla en villa. 

Mapa político del Virreinato de Santa Fe en 1810 que muestra las provincias que lo conformaban al momento de iniciarse la campaña independentista. Tomado del "Atlas Geográfico e Histórico de la República de Colombia", 1890.

Como puede deducirse, el ambiente que se vivía en la entonces Nueva Granada era particularmente convulsionado: por un lado, las iniciales y pertinaces pugnas internas por el poder –lo que demuestra que Colombia ha estado trenzada en una guerra fratricida desde sus orígenes fundacionales-, y por el otro, la lucha a ultranza contra la dominación española. El 30 de mayo de 1813 se ratificó la paz nacional y se conformó un frente común para repeler a los realistas, que tenían en Santa Marta su bastión principal en la Costa, y cuyo objetivo número uno era reconquistar a Cartagena dada su mencionada importancia para España. 

A fines de 1812, sin embargo, Santa Marta se había declarado leal al rey español cuando Manuel Rodríguez Torices invitó al gobernador de la provincia a enviar a su delegado al Congreso de la Unión de Estados Confederados, lo que ocasionó que se iniciara el conflicto entre las dos ciudades. Es entonces cuando surge la figura belicosa y olvidada del coronel Pierre Labatut, mercenario francés que había sido pirata en el Caribe, y que combatió en otros conflictos independentistas americanos en Venezuela y Brasil. Veamos cómo interpreta Christiane Laffite-Carles, historiadora francesa contemporánea, la presencia de Labatut en la independencia colombiana en su obra de 1999 La présence française sur la côte colombienne pendant les guerres d’indépendance[1] (traducción del autor directo del francés):

Le colonel Pierre Labatut[2] à la conquête de Santa Marta.

Pierre Labatut est l’un des premiers français à avoir participé activement aux guerres d’indépendance. Les villes de la côte dépendaient alors de juntes composées de patriotes dont l’action limitait les pouvoirs du gouverneur. La junte de Carthagène des Indes avait réussi tant bien que mal à instaurer ce type de gouvernement. Mais le gouverneur de Santa Marta n’en voulait pas et il réussit à destituer les membres patriotes de la junte en les remplaçant par des royalistes, imposant ainsi aux habitants de la ville un retour à l’ancien régime. 

Carthagène réagit aussitôt et la guerre fut déclarée entre ces deux villes de la côte colombienne des Caraïbes. Carthagène, en tant que capitale de province, ne pouvait accepter que Santa Marta refuse de se soumettre à la nouvelle constitution (1812). C’est alors que sous les ordres de Pierre Labatut, Bolívar nommé colonel, eut pour mission de reprendre aux royalistes les principales villes du fleuve Magdalena.

[3]

 Quant à Labatut, il devait occuper la ville de Santa Marta. Ce n’était pas une opération facile mais cet ancien officier supérieur des armées napoléoniennes possédait d’immenses talents militaires, alliés à une grande intrépidité.

Décidé à avoir gain de cause, il prépare soigneusement son plan de bataille et se rend sur le Magdalena accompagné de 200 hommes de troupe, de deux bateaux et de quelques embarcations légères. Il attaque alors les zones fortifiées par les royalistes et, peu à peu, s’empare de leurs pièces d’artillerie, de leurs munitions et de quelques-uns de leurs bongos

[4]

armés. Rempli d’ardeur après ces victoires, il fait de nouveaux préparatifs et, avec l’aide de 340 hommes, il réussit à occuper leur principal centre de résistance

[5]

, le 18 novembre 1812. L’ennemi se retrouve désormais sans artillerie et avec cinq embarcations en moins dont 4 bongos de guerre et une chaloupe canonnière. C’est alors que Labatut peut prendre le commandement du fleuve. Sans perdre de temps, afin de profiter du désordre régnant chez les royalistes dont le port se trouve maintenant menacé, il s’empare de Santa Marta où il rentre en vainqueur le 6 janvier 1813. La ville était vide et abandonnée à elle-même, car, la ténacité du Français avait inquiété le gouverneur qui, se sentant incapable de se défendre, s’était embarqué pour Portobelo. Pierre Labatut devint un héros et acquit une réputation qu’il ne lui fut malheureusement pas possible de garder par la suite. Promu chef militaire et politique de la province de Santa Marta, il ne sut pas servir sa nouvelle patrie. C’était un aventurier et il ne résista pas au désir de s’enrichir. Il fit piller les bateaux espagnols et se mit à acheter tout ce qui lui venait à l’esprit: les magasins, les biens des habitants... Ceux-ci commencèrent à se plaindre, sans résultat, mais ils parvinrent à trouver une solution pour se débarrasser de cet ‘usurpateur’ en profitant de l’insurrection des indiens Guajiras, de la province voisine, qu’ils firent entrer dans la ville. Le 5 mars, ils l’occupaient. Labatut, qui n’avait certainement pas bonne conscience, prit peur à la vue de ces indiens réputés méchants et, sans même faire appel aux 500 hommes de sa garnison, il prit la fuite en s’embarquant immédiatement pour Carthagène à bord de la goélette Indagadora

[6]

. Il laissait la côte dans une situation très embarrassante. Carthagène n’était pas disposée à abandonner la lutte. Les forces des patriotes s’amenuisaient et s’affaiblissaient dans ces guerres civiles. C’est pourquoi quelques historiens

[7]

ont, soit dénigré l’action des Français, soit cherché à comprendre les raisons qui ont poussé certains d’entre eux, comme Labatut, à ne pouvoir mener à bien leur entreprise. Il faut reconnaître que des hommes comme lui étaient des aventuriers et non des hommes d’Etat.

Labatut había sido designado por Rodríguez Torices Comandante en Jefe de los Ejércitos de Cartagena con cuarteles de concentración en Barranquilla. La caída de nuestra ciudad era, pues, un requisito previo y condicio sine qua non para la reconquista española en virtud de su ubicación a mitad de camino entre Santa Marta y Cartagena, es decir, era imprescindible que se quitara de en medio a los patriotas barranquilleros que defendían la causa criolla en el norte del partido de Tierradentro (actual departamento del Atlántico), antesala de Cartagena. Entre noviembre y diciembre de 1812, las tropas patriotas al mando de Labatut vencieron a los realistas tomándose las poblaciones de Sitionuevo, Guáimaro, San Antonio y Ciénaga. Según el historiador Domingo Malabet, citado por Fernando Baena y José Ramón Vergara en su obra Barranquilla, su pasado y su presente (1922), y por Miguel Goenaga en sus Lecturas Locales (1953), Santa Marta fue ocupada por los patriotas a inicios de 1813:

Cuando llegó la hora de los combates, Barranquilla presentó lo más gallardo, lo más florido de sus hijos y todos los recursos necesarios; voluntarios marcharon al lado de individuos de los pueblos vecinos a combatir a los ejércitos de la tiranía, a conquistar la libertad, a sostener la independencia. En toda la campaña de 1812, en el Magdalena Barranquilla estuvo representada por muchos de sus hijos, que ya victoriosos, ya rechazados, anduvieron de casa en casa bajo las órdenes del coronel Labatut, hasta la ocupación de Santa Marta, a las 9 y ½ de la noche del 6 de enero de 1813.

En los prolegómenos del asedio de Santa Marta, las tropas patriotas al mando de Labatut estaban compuestas en su mayoría por barranquilleros, como en el combate de Sitionuevo el 10 de noviembre de 1812, en el que 134 de los 200 hombres que integraban la fuerza republicana eran de esta ciudad. Es no solo en reconocimiento de esta valiente campaña adelantada en gran medida con sangre barranquillera, sino también con el ánimo de alentar a más poblaciones a abrazar la causa independentista, que Manuel Rodríguez Torices otorga el famoso título de villa a Barranquilla -que era apenas un sitio de 2 633 habitantes según el censo de 1777-, dejando además sentadas las bases para su proyección política y económica nombrándola de paso capital del departamento de Barlovento:

 

TÍTULO DE VILLA DE BARRANQUILLA

 

MANUEL RODRÍGUEZ TORICES

PRESIDENTE GOBERNADOR DEL ESTADO DE CARTAGENA DE INDIAS

A todos los moradores, estantes y habitantes en él, hago saber que por la Cámara de Representantes se ha expedido en tres del corriente el Decreto que sigue:


Deseando la Cámara de Representantes ofrecer a los pueblos una prueba de su atención y cuidado en premiar el mérito de los que en nuestra actual regeneración ha dado pruebas más visibles de su patriotismo y amor a la causa de nuestra independencia de la dominación española y bien certificada de las ventajosas proporciones de los distinguidos servicios del sitio de Barranquilla y su territorio, que tanto en la última guerra con la vecina provincia de Santa Marta, como con su actual turbación ha concurrido eficazmente a las miras del Gobierno y conforme a lo propuesto por el Presidente Gobernador del Estado; la Cámara desde luego, en uso de sus facultades, erige el sitio de Barranquilla en Villa capital del Departamento de Barlovento o Tierradentro, residencia ordinaria del Corregidor Letrado y de una Municipalidad arreglada a la Constitución, asignándoseles por distritos los dos Partidos de Barranquilla y Santo Tomás, con los sitios y pueblos de su actual comprehensión; sin perjuicio del final arreglo de departamento en que en la actualidad se ocupa la Cámara. En cuya consecuencia podrá usar el mencionado título de Villa en sus actas, despachos y demás documentos que hasta ahora se haya acostumbrado, con expresa declaración de la autoridad, jurisdicción, privilegio y exenciones que en las leyes están declaradas a la Villa; señalándose por armas y emblema de su nueva dignidad un escudo en que se vea un río corriente donde naveguen buques de tráfico bajo la protección de una batería con su asta bandera en la que estará enarbolado el Pabellón Nacional, establecida a sus márgenes y orlada con el mote “Premio al Patriotismo”; el cual pueden poner en sus pendones, estandartes, banderas, escudos, sellos y en las demás partes y lugares que quisieren y a bien tuvieren en la forma y disposición que lo usan y practican las ciudades y Villas del estado.

Y para que sirva de perpetuo honor y gloria a la citada Villa de Barranquilla, y de ejemplo y justo estímulo a los demás pueblos del Estado, se publicará en ellos esta gracia y se tomará razón en el libro Padrón de leyes de la Cámara y en los Capitulares y demás en que se registra conforme al reglamento de la materia. Comuníquese al Poder Ejecutivo para que acuerde su cumplimiento y las demás providencias que sean necesarias para llevarse a efecto.

 

Y para que llegue a noticia de todos y tenga su exacto cumplimiento, se circulará y publicará en todos los pueblos del Estado en la forma acostumbrada. 

Dado en el Cuartel General del Ejército de observación en Barranquilla, a los siete días del mes de abril de mil ochocientos trece años, tercero de nuestra independencia. 


MANUEL RODRÍGUEZ TORICES

PRESIDENTE GOBERNADOR DEL ESTADO

 

SIMÓN BURGOS

 

SECRETARIO

 


Poco después vendría la riposta realista y el asedio de Barranquilla por los españoles, el cual daría sus frutos el 25 de abril de 1815, tras la batalla de El Chuchal, fortín patriota ubicado frente al caño de La Tablaza (hoy conocido como Las Compañías, cambio amargamente criticado por el presbítero Pedro M. Revollo en sus Memorias, 1955), en el sitio antes conocido como Veranillo, donde desde principios del siglo XX funcionó el primer aeropuerto de la ciudad, y donde actualmente se encuentra la Escuela Naval de Suboficiales. A pesar de la enconada resistencia que ofreció Barranquilla, de la que hicieron parte importantísima decenas de valerosas mujeres injustamente olvidadas como María Concepción Martínez, la ciudad fue inmisericordemente saqueada e incendiada por el capitán español Valentín Capmany, de infausta recordación para nuestra comarca, comisionado para su ignominiosa tarea por Francisco Montalvo y Ambulodi, gobernador español de Santa Marta y virrey nominal de la Nueva Granada. Cartagena sucumbiría ante los ibéricos pocos meses después, y la primera república colombiana sería historia en 1816 culminada la execrable misión del mariscal de campo Pablo Morillo, el feroz Pacificador de Venezuela y Nueva Granada que instauró el Régimen del Terror.

No sería hasta el 10 de octubre de 1821 -cuando fue recuperada Cartagena por los patriotas-, o más bien, hasta el 24 de abril de 1823 -cuando se libró la Batalla Naval del Lago de Maracaibo-, cuando el territorio de la actual Colombia quedó realmente libre del yugo español, pero Barranquilla había puesto ya una nota muy alta y dejado la impronta de su vocación libertaria en la epopeya emancipadora, cual lo ostenta el título que merecidamente obtuviera el 7 de abril de 1813.

 

BIBLIOGRAFÍA


GOENAGA, Miguel. Lecturas locales. Barranquilla : Imprenta Departamental, 1953. 452 p.

LLINÁS, Juan Pablo et al. Historia General de Barranquilla. Personajes. Barranquilla : Editorial Mejoras – Publicaciones de la Academia de la Historia de Barranquilla, 1997. 193 p. ISBN 958-96185-3-0.

REVOLLO, Pedro María. Mis memorias. 2 ed. Barranquilla : Editorial Mejoras, 1998. 286 p.

  

LAFFITE-CARLES, Christiane. La présence française sur la côte colombienne pendant les guerres d’indépendance. [En línea]. Conferencia presentada el 23/11/1999 en la quinta jornada de estudios del Centro Franco-Ibero-Americano de Historia Marítima (CEFIAHMAR), Facultad de Letras, Instituto Católico de París. [Revisado el 1° de abril de 2010].


NOTAS

[1]  La presencia francesa en la costa colombiana durante las guerras de independencia.


El coronel Pierre Labatut[2] a la conquista de Santa Marta.
 

Pierre Labatut es uno de los primeros franceses en haber participado activamente en las guerras de independencia. Las ciudades de la costa dependían entonces de juntas compuestas por patriotas cuya acción limitaba los poderes del gobernador. La junta de Cartagena de Indias había tenido éxito, bien que mal, en instaurar este tipo de gobierno. Pero el gobernador de Santa Marta no lo quería así y logró destituir a los miembros patriotas de la junta reemplazándolos por realistas, imponiendo así a los habitantes de la ciudad un regreso al antiguo régimen.

Cartagena reaccionó enseguida y se declaró la guerra entre estas dos ciudades de la costa colombiana del Caribe. Cartagena, en tanto que capital de provincia, no podía aceptar que Santa Marta se rehusara a someterse a la nueva constitución (1812). Es entonces cuando bajo las órdenes de Pierre Labatut, Bolívar nombrado coronel, tuvo por misión retomar a los realistas las principales ciudades del río Magdalena[3]. En cuanto a Labatut, debía ocupar la ciudad de Santa Marta. No era una operación fácil pero este antiguo oficial superior de los ejércitos napoleónicos poseía inmensos talentos militares unidos a una gran intrepidez.

Decidido a salirse con la suya, prepara cuidadosamente su plan de batalla y se va por el Magdalena acompañado de 200 hombres de tropa, dos barcos y algunas embarcaciones ligeras. Ataca entonces las zonas fortificadas de los realistas y, poco a poco, se apropia de sus piezas de artillería, de sus municiones y de algunos de sus bongos[4] cargados con armas. Lleno de entusiasmo después de estas victorias, hace nuevos preparativos y, con la ayuda de 340 hombres, logra ocupar su principal centro de resistencia[5], el 18 de noviembre de 1812. El enemigo se encuentra desde entonces sin artillería y con cinco embarcaciones menos, de las cuales cuatro son bongos de guerra y una chalupa cañonera. Fue entonces cuando Labatut pudo tomar el dominio del río. Sin perder tiempo, a fin de aprovechar el desorden reinante entre los realistas cuyo puerto se encuentra ahora amenazado, ocupa a Santa Marta, donde entra vencedor el 6 de enero de 1813. La ciudad estaba vacía y abandonada a sí misma, pues la tenacidad del francés había inquietado al gobernador quien, sintiéndose incapaz de defenderse, se había embarcado hacia Portobelo. Pierre Labatut se convirtió en un héroe y adquirió una reputación que desgraciadamente no le fue posible conservar en lo sucesivo. Promovido a jefe militar y político de la provincia de Santa Marta, no supo servir  a su nueva patria. Era un aventurero y no resistió el deseo de enriquecerse. Hizo saquear los barcos españoles y se dio a comprar todo lo que se le venía en mente: los almacenes, los bienes de los habitantes… Estos comenzaron a quejarse, sin resultado, pero llegaron a encontrar una solución para librarse de este ‘usurpador’ aprovechando la insurrección de los indios guajiros, de la provincia vecina, a quienes hicieron entrar en la ciudad. El 5 de marzo la ocuparon. Labatut, que ciertamente no tenía la conciencia tranquila, tuvo miedo al ver a estos indios con reputación de malos y, sin siquiera llamar a los 500 hombres de su guarnición, se dio a la fuga embarcándose inmediatamente hacia Cartagena a bordo de la goleta Indagadora[6]. Dejó la costa en una situación muy embarazosa. Cartagena no estaba dispuesta a abandonar la lucha. Las fuerzas de los patriotas disminuían y se debilitaban en estas guerras civiles. Es por eso que ciertos historiadores[7] han, o denigrado la acción de los franceses, o buscado entender las razones que han dado algunos de ellos como Labatut, para no poder sacar adelante su empresa. Es necesario reconocer que hombres como él eran aventureros y no hombres de Estado.


[2] Né à Cannes vers 1770, il entra dans les armées napoléoniennes où il devint officier supérieur. Il fut destitué pour indiscipline pendant la guerre d'Espagne. Emprisonné à Cadix, il s’en évade en 1811. (Service historique de l’Armée de Terre, 1° Division, bureau de la solde). 
Nacido en Cannes hacia 1770, ingresó a los ejércitos napoleónicos donde llegó a ser oficial superior. Fue destituido por indisciplina durante la guerra contra España. Encarcelado en Cádiz, se fugó en 1811. (Servicio histórico del Ejército de Tierra 1° División, oficina del sueldo).

[3] Ce fleuve qui se jette dans la mer à Barranquilla, ville située entre Santa Marta et Carthagène, est relié à Carthagène par l’intermédiaire du Canal du Dique. Este río que desemboca en el mar en Barranquilla, ciudad situada entre Santa Marta y Cartagena, está unido a Cartagena por intermedio del Canal del Dique. 

[4] Ce sont des bateaux plats à faible tirant d’eau. Ils ont un canon placé à la proue. Son barcos planos de bajo calado. Tienen un cañón ubicado en la proa.

[5] Il s’agit du Guaímaro à quelques kilomètres au Sud de l’embouchure du fleuve. Se trata de Guáimaro, a algunos kilómetros al sur de la desembocadura del río.

[6] Restrepo, Historia de la Revolución de Colombia..., t. 1 p. 277.

[7] Felipe Larrazábal, La vida y la correspondencia general del Libertador Simón Bolívar, publicados por el héroe colombiano desde 1810 hasta 1830 (New York, Andrés Cassard, 1883), 2 vols. Restrepo, La revolución de la República de Colombia... Sergio Elías Ortiz, Franceses en la Independencia de la Gran Colombia (Bogotá, Ed. ABC, 1971).


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