Apuntes mirmidónicos XLII

13 de diciembre de 2015


I

Si hay un país abominable, ese es España, que se salva por los geniales artistas que ha producido su tierra: Velásquez, Goya, Cervantes, Picasso, Quevedo, Miró, Unamuno, Gaudí, Buñuel, Dalí, García Lorca..., para mencionar solo algunos de los más conocidos; porque de resto, hay que decirlo, España es de lo peorcito de Europa, incluso, muchos europeos no la consideran propiamente un país del Viejo Continente. Pero como Inglaterra, qué clase de depredadora es España..., el saqueo y el pillaje no han dejado de ser su impronta máxima en por lo menos cinco siglos. Indigna que estos caraduras que nos dejaron su mala leche salgan ahora con la desfachatez de reclamar el botín del bendito galeón San José -el cual me importa un manguito biche-, pues como señalara alguien en Twitter, ¿venir a reclamar algo que se estaban robando? Para no mencionar que el estado español, establecido como democracia en la constitución de 1978, la que realmente rompió con el país atrasado, tugurial, parroquiano, chismoso, supersticioso, hambriento, borracho de vino y toros, oprimido por la bota de Franco, geopolíticamente poco tiene ya que ver con la monarquía absolutista católica y potencia colonial que construyó el San José para saquear tierras lejanas, así que mal haría un estado moderno en reclamar supuestos patrimonios (qué palabra tan ridícula) de un imperio saqueador que desapareció hace doscientos años y del que a lo sumo es una derivación, ni más ni menos como las antiguas colonias hispanoamericanas, hoy países soberanos.

II

Definitivamente la decadencia del arte en nuestro tiempo es total. ¿Se puede entender que el arquitecto Giancarlo Mazzanti esté endiosado y hasta gane premios internacionales luego de tantos proyectos espantosos y fallidos como la aberrante biblioteca España de Medellín, derrumbándose a pocos años de construida, y después de que le pararon en seco el maloliente proyecto de rediseño del parque Bicentenario, como le quisieron poner al parque de la Independencia de Bogotá (¡tiene mucho que explicar ahí!)? Actualmente le están exponiendo unas maquetas de proyectos espeluznantes en el Centre Pompidou, no en vano, uno de los máximos monumentos a la fealdad arquitectónica en el mundo. No contentos con el adefesio que diseñó para Barranquilla, el tal Museo del Caribe, una de las obras más insulsas que se han hecho en la historia de la ciudad -que, por cierto, también se está cayendo a pedazos, qué casualidad-, le han asignado el diseño del Museo de Arte Moderno -que, a juzgar por un dibujo preliminar, estará en la misma línea de insustancialidad del Museo del Caribe-, y el rediseño del estadio Romelio Martínez, igualmente, otro desastre: ¡la tribuna de sombra quedará detrás de una portería! ¡No puede ser! Es que la lista de monstruosidades arquitectónicas llevadas a cabo por Mazzanti parece interminable: iglesia de la Medalla Milagrosa en Bogotá (¿en qué estaba pensando, arquitecto?); el jardín infantil El Porvenir de Bogotá, todo un mamarracho; la biblioteca León de Greiff en Medellín (¡oh, qué oda a la pobreza arquitectónica!); el grotesco “escenario para los Juegos Suramericanos” de Medellín... ¿Y qué les pasa a los paisas que son los que se han dejado meter la mayor cantidad de atrocidades de este señor? Por qué en este caso no han impuesto las antiguas y muy conocidas trabas que les ponen a los foráneos, especialmente a los costeños, como parece ser Mazzanti, al momento de establecerse, hacer negocios, etcétera, en su tierra? La de este señor es una arquitectura que hay que erradicar para siempre por intrascendente, vacua, decadente.

III

En vez de andar echándole la culpa del desastre en las elecciones parlamentarias de Venezuela a fuerzas ocultas, el chavismo debe hacerse una reingeniería; por supuesto, estimando el sabotaje del establecimiento en sus justas proporciones. O corrigen de una vez por todas el rumbo, o el país termina por salírseles de las manos y retornar a los mismos con las mismas de antes.

IV

Una cosa es avanzar y otra, muy distinta, ponerse al día. Con la canalización de los arroyos de las calles 79 y 84, y el de la carrera 54, Barranquilla empezó a ponerse al día, no acabó con el problema; tan es así, que la misma Elsa Noguera sostiene que una ciudad sin arroyos será realidad dentro de la maricuya de veinte años. Igual con los nuevos espacios públicos: cuando en el mundo la media era de 6 metros cuadrados por habitante, en Barranquilla no llegaba a 1, y creo que con lo nuevo, andará por los 2, cuando mucho. En realidad, Barranquilla no avanza, se pone al día a medias.


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