13 de diciembre de 2015
I
El Estado español, establecido como monarquía parlamentaria mediante la Constitución de 1978, geopolíticamente poco o nada tiene que ver con la monarquía absoluta católica y potencia colonial que conquistó América, imperio que desapareció hace doscientos años. Así que el rey de España no tiene que pedir perdón por algo que no cometió ni de lo que no es responsable, pues en derecho las responsabilidades son individuales. La casa real del actual monarca, la borbona, ni siquiera era la reinante (la de Trastámara) cuando los españoles conquistaron y colonizaron América (finales del siglo XV y siglo XVI). Los borbones ocupan el trono español desde 1700.
II
Definitivamente la decadencia del arte en nuestro tiempo es total. ¿Se puede entender que el arquitecto Giancarlo Mazzanti esté endiosado y hasta gane premios internacionales luego de tantos proyectos espantosos y fallidos como la aberrante biblioteca España de Medellín, derrumbándose a pocos años de construida, y después de que le pararon en seco el maloliente proyecto de rediseño del parque Bicentenario, como le quisieron poner al parque de la Independencia de Bogotá? (Tiene mucho que explicar ahí). Actualmente le están exponiendo unas maquetas de proyectos espeluznantes en el Centre Pompidou, casualmente, uno de los máximos monumentos a la fealdad arquitectónica en el mundo. No contentos con el adefesio que diseñó para Barranquilla, el Museo del Caribe, una de las obras más insulsas que se han hecho en la historia de la ciudad ―que, por cierto, también se está cayendo a pedazos, qué casualidad―, le han asignado el diseño del Museo de Arte Moderno ―el cual, a juzgar por un dibujo preliminar, estará en la misma línea de insustancialidad del Museo del Caribe―, y el rediseño del estadio Municipal, igualmente, otro desastre: la tribuna de sombra quedará detrás de una portería. No puede ser. Y la lista de monstruosidades arquitectónicas llevadas a cabo por Mazzanti parece interminable: iglesia de la Medalla Milagrosa en Bogotá (¿en qué estaba pensando, arquitecto?); el jardín infantil El Porvenir (Bogotá), todo un mamarracho; la biblioteca León de Greiff en Medellín (oda incomparable a la pobreza arquitectónica); el grotesco “escenario para los Juegos Suramericanos” de Medellín... ¿Y qué les pasa a los antioqueños, que se han dejado meter la mayor cantidad de atrocidades de este señor? ¿Por qué en este caso no han impuesto las antiguas y muy conocidas trabas que les ponen a los foráneos, especialmente a los costeños, como parece ser Mazzanti, al momento de establecerse, hacer negocios, etcétera, en su tierra? La de este señor es una arquitectura que urge erradicar para siempre por intrascendente, vacua y decadente.
III
En vez de andar echándoles la culpa del desastre en las elecciones parlamentarias de Venezuela a fuerzas ocultas, el chavismo debe hacerse una reingeniería; por supuesto, estimando el sabotaje del establecimiento en sus justas proporciones. O corrigen el rumbo de una vez por todas, o el país termina por salírseles de las manos y retornar a los mismos con las mismas de antes.
IV
Avanzar es distinto a ponerse al día. Con la canalización de los arroyos de las calles 79 y 84, y el de la carrera 54, Barranquilla empezó a ponerse al día, no acabó con el problema; tanto es así, que la misma Elsa Noguera sostiene que una ciudad sin arroyos será realidad dentro de la maricuya de veinte años. Igual con los nuevos espacios públicos: cuando en el mundo la media era de 6 metros cuadrados por habitante, en Barranquilla no llegaba a 1, y creo que con lo nuevo, andará por los 2, cuando mucho. En realidad, Barranquilla no avanza, se pone al día a medias.