La nueva plaza de san Nicolás

2 de octubre de 2009

Hace algún tiempo escribía sobre el espantoso tumor urbano que era la plaza de San Nicolás. Uno de mis primeros recuerdos de la ciudad era precisamente la blanca estatua de Colón alrededor de la cual gravitaba una febril actividad comercial. El diccionario enciclopédico con el que crecí mostraba en la entrada de Barranquilla una foto en blanco y negro de la estatua y su entorno, una imagen de los años 1960, a lo sumo de los 1970, a juzgar por el aspecto vetusto de los buses que captó el lente. Pero bien entrados los años 1980, la realidad era otra: lentamente, entre fines de los años 1980 y principios de los 1990, la plaza fue totalmente ocupada por una multitud de ventas y, poco a poco, los edificios circundantes fueron atiborrados de una publicidad multicolor de pésimo gusto. Lo presencié de principio a fin con descorazonada e impotente mirada. 

De veras que me dolía la plaza de San Nicolás, pero más la desidia y hasta la complacencia de nuestros gobernantes. Si bien reconozco que inicialmente fui muy escéptico con la administración Char, lo cierto es que el solo hecho de que así haya sido a instancias del Ministerio de Cultura la Secretaría de Espacio Público (dirigida en ese momento por Jorge Rosales), en un hecho sin precedentes en la historia de Barranquilla, haya ejecutado el desalojo de nuestra plaza mayor (como la llamara el padre Revollo), le ha ganado un sitial para la posteridad en la historia de la ciudad, al menos en mi memoria. Así como, a pesar de la corrupción galopante, dejaron su huella Guillermo Hoenigsberg con la demolición de las manzanas de la parte trasera del edificio de la Caja Agraria, Humberto Caiaffa e Ignacio Consuegra, gerente de Edubar, con la reconstrucción del paseo de Bolívar, el padre Hoyos y Edgar George con la canalización del caño del Mercado, y Jaime Pumarejo con la reconstrucción de la Murillo. Sin desconocer, por supuesto, que varias obras han surgido de Edubar, y que en el caso de la plaza de San Nicolás, la iniciativa partió del Ministerio de Cultura durante la administración Hoenigsberg.

Al desalojarla, se descubrió que en la plaza funcionaba incluso un prostíbulo. De las cocinas-bombas-de-tiempo en plena vía pública, mejor no hablar. La operación se llevó a cabo en la madrugada del 6 de julio de 2009 y participaron varias unidades de la fuerza pública, incluso escuadrones antimotines que recibieron refuerzos desde varios puntos de la Costa Atlántica.

Plaza de san Nicolás desalojada.

El 7 de julio, como de costumbre, entré a la edición de El Heraldo en Internet (no leo la impresa por solidaridad con la causa ambientalista) y lo primero que vi fue una foto de la plaza completamente desalojada. A pesar de que lo anhelaba desde hacía mucho tiempo, el hecho no me asombró. En realidad, me invadió una gran sensación de tranquilidad. Pocos días después, un sábado en la tarde, quise presenciar el milagro y fui al lugar. La diferencia era dramática: la plaza había adquirido una nueva dimensión y percepción gracias a la profundidad del espacio desalojado y al contraste de la impresión anterior, que todavía persistía, con la belleza de las viejas edificaciones al quedar al descubierto. Decenas de personas caminaban libremente por la plaza, realmente disfrutando y haciendo uso del espacio que les había sido devuelto; no obstante, dos vendedores, uno de jugo de patilla y otro de helados, más unas personas que jugaban un partido de fútbol, constituían la nota negativa. La plaza de San Nicolás hace parte del paquete de proyectos de recuperación del Centro Histórico de Barranquilla del Ministerio de Cultura. Va a ser un esfuerzo titánico llevar a cabo el ambicioso proyecto, que incluso contempla fuentes de agua, dado el carácter incívico y vandálico de las gentes que frecuentan la zona, pero al menos vale la pena el intento.

Simplemente queda decir que por fin un gobierno (tanto el local como el nacional) se ocupó de la plaza de San Nicolás, sitio hondamente arraigado en el corazón y la memoria de la vieja Barranquilla. La totalidad de los vendedores informales, estacionarios y ambulantes fueron reubicados el 16 de febrero de 2010 para dar inicio a las obras de reconstrucción. El 31 de diciembre de 2010 se entregaron las obras civiles y el 16 de marzo de 2011 se reinauguró la plaza completamente restaurada y el espacio público recuperado. El costo total de las obras fue de $ 11 mil millones de pesos, de los cuales el Distrito de Barranquilla aportó 2 500 y el Ministerio de Cultura 8 500. He aquí algunos datos interesantes que consigné en el formato enciclopédico de Wikipedia

En el costado sur sucedieron varios hechos notables: en la esquina suroriental estuvo la casa de don Bartolomé Molinares (hoy lamentablemente desaparecida), en ella se hospedó el Libertador camino a Santa Marta, donde falleció; en la edificación contigua al Banco Comercial de Barranquilla (réplica tropical de la iglesia de la Magdalena de París) se desarrolló el proceso de constitución del departamento del Atlántico; y, también al lado del mencionado banco, vivió el escritor español Ramón Vinyes, el sabio catalán de Cien años de soledad. Por si fuera poco, y siguiendo con la línea garciamarquiana, el personaje principal de Memoria de mis putas tristes, Mustio Collado, vivió en esa misma acera. Y en el costado occidental se encuentra la legendaria iglesia de San Nicolás, que le da el nombre a la plaza. Humilde templo de techo de paja y paredes de bahareque que con el tiempo se convirtió en iglesia procatedral de estilo ecléctico, cual guiara el devenir fundacional del villorio, así como siglos más tarde la vida cultural, social y comercial de la ciudad.

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2 de agosto de 2011. A escasos cuatro meses de la inauguración de las obras de restauración de la plaza de san Nicolás el 16 de marzo, solo tenemos que decir que quedó estupenda, aunque ciertas dudas nos han quedado a varios por la inclinación de la plaza y la ausencia de árboles. La pendiente se justifica (o disculpa) con la explicación de que la plaza servirá como una especie de platea al aire libre para asistir a espectáculos artísticos y culturales. Otra plaza inclinada con la misma intencionalidad es la Mario Santo Domingo del Parque Cultural del Caribe. Por el lado de la vegetación, alguna vez se habló de plantar árboles de caucho como los que hubo en la plaza a mediados del siglo XX, pero finalmente no se sembró ninguna especie. Plazas, o en general, espacios públicos que sean explanadas de concreto ya no tienen cabida en un clima tan ardiente como el de nuestra ciudad, en la que las temperaturas son cada vez más altas. En los inicios de la restauración de la plaza, también se mencionó volver a ubicar allí la estatua de Colón, efigie que la caracterizó desde 1937 hasta principios de los años 1990, pero que sigue en el bulevar de la carrera 50.


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