<
Tópicos literarios
Beatus ille
En este tópico se defiende la postura que adoptan aquellos que eligen llevar una vida retirada, frente a los que prefieren la vida ajetreada que conlleva la lucha por el poder y por la gloria. El tema se relacionó desde el principio con la vida en el campo frente a la vida en la ciudad o en la corte. El nombre proviene del Épodo II de Horacio, poeta en quien se inspiró Fray Luis de León para componer la Oda a la vida retirada. En este poema Fray Luis canta la alegría de vivir en el campo, apartado de los problemas que acarrea la vida pública. Toma como modelo al poeta latino Horacio y escribe: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”. Con frecuencia este tópico aparece relacionado con el Locus amoenus, ya que la situación de tranquilidad suele darse en un paisaje que los poetas juzgan similar al paraíso.
Horacio. Epodo II, "Beatus ille"
Fray Luis de León, Oda a la vida retirada, "Qué descansada vida.."
Luis de Góngora, "Ándeme yo caliente y ríase la gente" (Letrilla).
Locus amoenus
Los autores utilizan este tópico para describir lugares agradables, propicios para el amor, la paz y la tranquilidad, en los que el ser humano entra en armonía con la naturaleza. La descripción del lugar ameno aparece en muchos autores de todas las épocas. El tema ya aparece en el Génesis, con la descripción que allí se hace del Paraíso Terrenal. El poeta latino Virgilio utiliza este tópico en sus composiciones pastoriles, que serán imitadas por Garcilaso de la Vega en sus Églogas. Lo recogen Cervantes en La Galatea, Jorge Montemayor en La Diana o Lope de Vega en La Arcadia.
Carpe diem
Este tópico proviene del poeta latino Horacio, que, la Oda 11 del libro I dice: “dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimumcredula postero”, es decir: “Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo. Aprovecha el día, y no confíes lo más mínimo en el mañana.”
El tópico consiste en una invitación a gozar del presente y a no dejar pasar el tiempo que se nos brinda disfrutando de la vida, sin pensar en el futuro. Sobre todo se refiere a la relación entre los amantes, a quienes se anima a gozar del amor mientras sea posible.
De ordinario, este tópico aparece unido a otros lugares comunes como el de la fugacidad del tiempo o tempus fugit.
En el Barroco se hace hincapié en la fugacidad del mundo como tema de reflexión para el ser humano. Aprovecha el momento, dicen los barrocos, ya que el mundo es inestable y el tiempo pasa de forma inexorable. En el Romanticismo se exalta el valor de la naturaleza y el poder de los sentimientos. Se transforma, por lo tanto, en un deseo íntimo de gozar de los impulsos, especialmente de los amorosos.
Los espinos
Verdor nuevo los espinos
Tienen ya por la colina,
Toda de púrpura y nieve
En el aire estremecida.
Cuántos ciclos florecidos
Les has visto; aunque a la citaEllos serán siempre fieles,
Tú no lo serás un día.
Antes que la sombra caiga,Aprende cómo es la dicha
Ante los espinos blancos
Y rojos en flor. Ve. Mira.
Luis Cernuda
Collige, virgo, Rosas
La expresión procede de un verso del poeta Ausonio. Significa literalmente "Coge, virgen, las rosas". Es una incitación a aprovechar la juventud, mientras dura, porque el tiempo pasa y marchita la belleza , simbolizada por la rosa. Es una variante del tópico del carpe diem. Se relaciona, también, con el tópico del tempus fugit. Este tema ha sido tratado tratado en literatura y el arte. Es un tema frecuente en los poetas del Renacimiento y del Barroco. En el Renacimiento se hacía hincapié en la importancia de disfrutar; en el Barroco, en cambio, se subrayaba más el pesimismo de la inexorabilidad del paso del tiempo.
Tempus Fugit
Su origen está en el poeta latino Virgilio, quien en las Geórgicas (III, 284), indica: Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus, o lo que es lo mismo: “pero mientras tanto fluye, fluye el tiempo de forma irreparable”.
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más
|tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante--.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma