Nuestro viaje turístico-solidario de 2026 está formado por un heterogéneo grupo en el que se combinan todas las edades, gustos y sensibilidades. Somos Ángel y Alda, Paco, Mer, Nieves, Ruth, Venancio y yo mismo.
Esta vez hemos decidido ir al norte, ya que llevamos muchos años haciendo la misma ruta, nuestro triángulo de oro: Dakar-Kedougou-Casamance-Dakar y creemos que Saint Louis bien merece un rodeo de vez en cuando. La verdad es que el comienzo no ha sido bueno, nos han cancelado el hotel en Gandiol por una boda y la isla de Djoudj tiene tan poca agua que la barca no funciona. Esto nos hace plantearnos si la idea de venir al norte realmente ha sido buena.
El comienzo del viaje, que ha sido en el lago rosa, no ha decepcionado, porque, aunque era viernes y suele ser el día de descanso de los trabajadores de la sal, había bastante actividad con los vendedores de los cuadritos de sal y, hasta el chico que hace de banco para cambiar dinero a los turistas, ha aparecido para poder empezar el viaje con “posibles”.
En Saint Louis hemos cogido el típico cochecito turístico para recorrer la ciudad y lo que normalmente sería una “turistada” sin más, se ha convertido en un espectáculo de difícil descripción. Hemos tenido la suerte de coincidir con la hora de la oración y toda la población estaba de rodillas en las calles rezando, mirando a La Meca, o sea mirán-donos a nosotros que pasábamos tranqui-lamente en nuestro coche de caballos.
No había visto nunca en Senegal tal espectáculo, probablemente porque la oración se realiza siempre en las mezquitas y no en las aceras de las calles, pero la impresión de ver cientos de metros de aceras ocupados por fieles arrodillados en filas rezando ha sido difícil de olvidar.
El paseo incluye la ciudad colonial, con sus casas normalmente necesitadas de una manita de pintura, sino de una rehabilitación a fondo y, sobre todo, la llegada de los pescadores en el muelle pesquero del río.
Es evidente que no se puede comparar en tamaño y cantidad de personal con la de Mbour u otros lugares de Senegal, pero el espacio es mucho mas reducido y la sensación de tumulto y agobio es bastante más fuerte.
Creo que solo por estos dos puntos: la oración en las calles y el muelle de pescadores ha merecido la pena dar el rodeo y venir a Saint Louis.
El colofón de la jornada lo ha constituido el campamento de las Haimas de Lompoul. También hacia tiempo que no venía por aquí y el campamento ha cambiado porque han tenido que trasladarlo de lugar, debido a que han descubierto una mina en el antiguo emplazamiento.
El nuevo es un poquito menos espectacular que el anterior, la duna no es tan alta y el color es menos anaranjado, pero sigue teniendo su encanto, sobre todo a la hora de la puesta de sol. No ha faltado el grupo de música que ameniza la cerveza de antes de cenar, que ha conseguido que nos arran-quemos a bailar. Curiosamente todos los “chicos” sin excepción hemos saltado a la pista, pero solo dos chicas lo han hecho. El porcentaje en España debe ir mas bien en sentido contrario.
Estamos teniendo problemas con las comidas ya que a la mayoría del grupo no le gusta el picante y en Senegal te lo encuentras en cada paso, Pero bueno, con buena voluntad y cierta improvisación vamos sorteando el problema.
Seguimos viaje hacia el país Bassari, La primera parada es en Touba para ver la gran mezquita. La mezquita es impresionante pero quizás sin la emoción de los edificios antiguos. Es todo muy moderno y además está permanentemente en obras.
En esta ocasión hemos partido el viaje y vamos a dormir en un sitio nuevo; el hotel Bambouk en Kounghuel. El hotel es bastante “africano”, en el peor sentido de la palabra, con instalaciones deficientes y un servicio lento y poco eficaz.
Pero, por esas cosas que tiene la vida, se nos ocurrió ir a un pueblo dónde había un bosque de baobabs: Ablaye Fanta y, según llegamos, tuvimos un recibimiento impresio-nante de niños, mujeres, etc. Disfrutamos un montón jugando con los niños bajo la mirada tímida de las mujeres que nos dejaban que acariciáramos y cogiéramos en brazos a los más pequeños. Fue una auténtica gozada, con lo que la decepción del hotel se trans-formó en una experiencia inolvidable.
La segunda parte del camino al País Bassari era, en principio, el día de transición sin nada especial que hacer, pero la transición se ha empezado a transformar en emoción con el paseo por el puente del rio Gambia en Mako y sus niños y mujeres lavando y buscando oro.
Por la tarde, la primera cosa que hacemos es ir a buscar el hipopótamo. Esta vez estaba lejos, así que tenemos que ir en coche, pero tenemos suerte y aunque estaba alejado del borde del río, asustado por unos chicos, se nos traslada justo enfrente, casi como si nos saludara.
Continuamos con la visita de la extracción del oro. Un grupo de chicos de Burkina Fasso se afanan en extraer de las tierras de la zona el preciado metal. Asistimos a las distintas fases del proceso que lleva al final a obtener unas minúsculas partículas de oro. ¡Cuánto trabajo para tan poco rendi-miento!
El final del día es en Badian donde hay una fiesta local. Es el día de las mujeres, en el cual eligen un padrino que les financia los festejos. El espectáculo es impresionante porque hay mas de 100 mujeres vestidas con sus mejores galas. Algunas llevan la misma tela, pero con distintas variantes de los vestidos. La fiesta está en todo su apogeo y los bailes son espectaculares.
Las mujeres son tan acogedoras que nada mas llegar ya sacan a alguna de nuestras viajeras a bailar y al final una buena parte del grupo se anima. Es impresionante que sean capaces de integrar tan rápidamente a unos recién llegados. Los niños como siempre se nos cogen de las manos e incluso intentan enseñarnos a bailar.
Quizás lo que más sorprende es que disponiendo Badian de una preciosa plaza presidida por unas ceibas gigantes, la fiesta se desarrolle en una esquina del pueblo sin ningún encanto y más bien estrecha.
Una vez superadas las jornadas de transición hacia nuestro primer destino nos dirigimos a Kadougou y Dindefelo.
Nuestra primera parada es el mercado de Kedougou que nos recibe como de costumbre con sus abigarradas y estrechas calles donde se venden todos los productos imaginables. Los colores y, sobre todo, los olores son un espectáculo muchas veces difícil de gestionar.
Vamos rapidito a Dindefelo porque el día promete ser intenso. La caminata hasta la cascada nos resulta un poco mas dura de lo de costumbre, quizás por el calor intenso que hace, aunque vamos en una gran parte del trayecto protegidos por el magnífico bosque de ribera de la zona.
No hay nada mejor que un refrescante baño después del calor de la caminata. Creo que es la primera vez que todo el mundo sin excepción se mete en el agua, el grupo que parecía heterogéneo, en esta ocasión se ha comportado como un solo hombre, o mujer, y todos al agua.
La comida ha sido tipo picnic con unos deliciosos bocadillos de tortilla con cebolla en el famoso pan tapalapa, comida que algunos califican como la mejor de todo el viaje.
No hemos tenido tiempo para visitar la huerta de Dindefelo, nuestro buque insignia, pero Aliou nos informa que están ya terminando los cultivos de la temporada seca y preparando la huerta para la temporada de las lluvias.
Tenemos que apurar porque hoy toca fiesta en Patassi. Así que tras una rápida pasada por el hotel para coger las habitaciones y asearnos mínimamente, volvemos a la carretera camino de Patassi.
En Patassi nos esperan las mujeres acompañadas de un djembe y cantando. Nos dirigimos en primer lugar a la huerta que está muy bonita con muchos cultivos de gombo, pimiento, cebolla, berenjena dulce, berenjena a amarga, hibiscos e, incluso, moringa.
Es una gozada ver como las mujeres han aprovechado la inversión que hicimos este año de poner una bomba y paneles solares para regar la huerta, así como un depósito de 5.000 litros para lavar y coger agua para las casas.
Después de la visita a la huerta tenemos gran fiesta en el poblado amenizada por el djembe y donde las mujeres y niños dan rienda suelta a sus habilidades danzantes. Por nuestra parte, en esta ocasión, la cosa ha estado floja, solo Mer se ha arrancado a bailar y yo, por no dejarla sola, me he lanzado a acompañarla y marcarme unos ridículos pasos de baile.
Después del baile hemos visitado el poblado y el horno de pan que están haciendo para poder tener pan recién hecho en el poblado.
La fiesta ha acabado con el intercambio de regalos. Me ha tocado una tela con el típico teñido local y dos bandejas trenzadas que supongo tendré que sortear al finalizar el viaje.
De nuevo a toda prisa nos dirigimos al hotel donde hemos quedado con los recién titulados y estudiantes de la zona.
Asisten al encuentro: Aminata Makhasouba, ingeniera civil, Aissatou Djiba Diallo, enfermera del Estado. Watchindemi Charo Camara, ingeniero agrícola, Ousseynou Ba, ingeniero de automatismos y energía solar, Seynabou Diallo, electromecánica, Alpha Hassan Diallo, también estudiante de electromecánica y Alpha Yaya Diallo enfermero del Estado.
Cada uno se presenta al grupo explicando que hace y cuales son su especialidad y entre Demba y yo resaltamos sus éxitos. Por ejemplo, Watchindemi lleva ya dos años trabajando para le empresa nacional del algodón como consejero técnico-comercial en Saraya. Tanto Aissatou Djiba como Alpha Yaya han superado el examen de Estado que tiene un porcentaje de aprobados inferior al 5%. Ouseynou ha formado con sus compañeros de formación una pequeña empresa que se dedica a instalaciones de energía fotovoltaica y, aparte de revisar y reparar todas nuestras instalaciones, trabaja en la empresa que gestiona las grandes centrales solares de la región.
Hoy subimos a los poblados beddick. La excursión se divide en 2. Por un lado , los que van a hacer el circuito competo: Iwol-Andiel-Landieni y, por otro, los que vamos directos a Andiel. Yo tengo una misión que es llevar unas equipaciones deportivas del Real Madrid a las que se comprometió uno de los viajeros del año pasado, así que decido ir directamente a Andiel
No hay apenas niños en el poblado porque los un poco mayores se han ido a hacer un examen a Thiokethian y el resto están en las escuelas de otros poblados, pero lo que pensamos que sería un problema, resulta ser una bendición, porque el que no haya niños ha supuesto que haya prácticamente los 20 necesarios para repartir las cami-setas. Si hubiera habido niños hubiéramos tenido un verdadero problema para decidir a quien le damos y a quien no.
Los niños se ponen muy contentos con el regalo y formamos un coro para cantar el ¡Hala Madrid!, yo que soy del atleti….
De Andiel, con sus preciosas cabañas, pasamos a Landieni el pueblo de nuestro querido Ousmane. Yo siempre tengo el encargo de Ousmane de hacer todas las fotos posibles de su familia. Así que me dedico a la tarea de fotografiar todo lo que sale a mi encuentro.
La primera visita obligada es al abuelo de Ousmane, que se encuentra sentado en el patio de su cabaña y en plena forma. Da gusto hablar con él porque es uno de los pocos del poblado que habla francés y goza de una buena salud y un humor envidiable
El sábado pasado fue la iniciación de Mamadou, el hermano pequeño de Ous-mane y le hemos traído un balón, así como la aportación de Ousmane a la fiesta de su ceremonia de iniciación. No han tardado ni medio segundo en estrenar el balón.
Al mediodía nos dirigimos a comer a nuestro campamento de Bandafassi. Tenía miedo por el calor que podría hacer en el mismo, pero dentro de los 40 grados es bastante soportable.
Mareme y Hassanatou nos han preparado la comida estrella de la región, el fonio con una salsa yassa de tomate que está para chuparse los dedos. Yo aprovecho para darles los regalitos que hemos traído de España para ellas.
Comparten la comida con nosotros los estudiantes recién terminados que nos han acompañado a lo largo del día Olivier, Yassiga y Ramatoulaye, así como nuestro traductor Moussa y recibimos la agradable visita de Frederick que ya está trabajando en la empresa nacional del arroz. ¡Somos un equipo!
Y aquí acaba la crónica de la primera parte de nuestro viaje, en el boletín de mayo habrá mas.
CONSULTAS
Nieves Azuara
Me dijeron que África engancha, y tenían razón. Este ha sido mi segundo año en Senegal de la mano de Yakaar África y, esta vez, he tenido la suerte de vivir la experiencia en la región de Casamance.
Participar en esta misión sanitaria ha sido, sin duda, una de las experiencias más bonitas que he vivido. No solo por lo que aprendes a nivel profesional, sino por todo lo humano que hay detrás: las personas, las historias, las sonrisas… y también los retos.
Quizá es inevitable mirar atrás y comparar esta misión con la vivida el año pasado en el País Bassari.
Aunque ambas tienen el mismo objetivo —acercar la atención sanitaria a comunidades donde el acceso a recursos básicos, medicamentos o atención médica es muy limitado—, cada misión ha tenido su propia personalidad.
No se trata de elegir una sobre otra, sino de valorar los aprendizajes que me ha dejado cada una.
Mientras que en el País Bassari las consultas se caracterizaban por la inten-sidad del trabajo y la gran demanda de atención, en Casamance, el ritmo ha sido más tranquilo, y eso me ha permitido vivirlo de otra manera: estar más cerca de la gente, compartir más tiempo con los tra-ductores, descubrir tradicio-nes y entender mejor su día a día. Ha sido una expe-riencia cultural muy rica.
Lo que no cambia, estés donde estés, es la dignidad de las personas, su fortaleza, su generosidad y la gratitud y el respeto con los que nos reciben.
Estos días me han recordado por qué elegí dedicarme a la sanidad. Me han hecho reconectar conmigo misma, salir de mi zona de confort y ver las cosas con más pers-pectiva. Porque la medicina va mucho más allá de los recursos disponibles.
Me llevo historias, aprendizajes, emocio-nes… y amigos que ya son familia.
Y, por supuesto, gracias a todas las personas que han hecho posible esta misión. Ha sido un privilegio formar parte de un equipo tan extraordinario, siempre dispuesto a dar lo mejor de sí.
África no solo engancha, transforma. Y cuando la vives así, desde dentro, deja huella para siempre.
He vuelto. Dicen que las segundas partes defraudan, pero en esta ocasión se equivocan. Es la segunda vez que formo parte de la misión sanitaria en la región de La Casamance, y yo la he vuelto a vivir con la misma intensidad y emoción desde el primer al último día. Vuelvo a estar encantada de participar y ayudar en ella.
Esta vez la he vivido de una manera más madura, tanto a nivel profesional como a nivel personal y emocional, pero también con un mayor conocimiento sobre la población, lo que me ha permitido compren-derla mejor y empatizar más con su realidad. Viviendo en condiciones de escasos recursos y poca comodidad, aprendes a valorar lo que tienes.
Frustra no poder ayudarles en cosas que, en mi realidad cotidiana, sería impensable dejar de lado. Como por ejemplo el caso de una chica de 19 años, recién casada y por supuesto en edad fértil, que consulta por dolor de cabeza y lumbar. Al tomarle la tensión arterial se objetivaron cifras muy elevadas. Se le realizó un electrocardio-grama que evidenciaba hipertrofia ventri-cular izquierda a consecuencia de las cifras altas mantenidas en el tiempo.
Esta paciente no debe quedarse emba-razada por riesgo de complicaciones fata-les, además no disponíamos de tratamiento efectivo para pacientes con deseo genésico… en España mirar hacia otro lado sería una negligencia.
Nuestra misión ha coincidido con varios funerales y fiestas locales que han impe-dido que los propios habitantes acudieran a consulta en comparación al volumen de pacientes de otros años. Y es que, la cultura animista predomina en la cultura diola, que es la que convive con la religiosa. Supongo que las creencias místicas pesan más que la propia salud.
Hemos actuado en los poblados de Agnack, Séléki, Mlomp y Djivente. Hemos visto patología principalmente crónica como lumbalgias, cefaleas, problemas bucoden-tales o molestias gastrointestinales.
Problemas reales derivados del estilo de vida a consecuencia de los trabajos precarios (agricultura, pesca,…), falta de conocimiento sobre la importancia en la higiene bucodental y escasa diversidad de alimentos en la zona. Sin embargo, ¿estas personas que consultan por dolor tienen derecho a una baja laboral? La verdad es que no…, aunque parezcan problemas banales o menores, son estos mismos los que cronifican el dolor de una población que no puede permitirse el lujo de dejar de trabajar.
No van a dejar de trabajar y el problema va a seguir persistiendo. Queda claro cómo la medicina se choca de frente con la realidad social y cultural. Es un recordatorio de que, a veces, los recursos más valiosos no son los fármacos, sino el cambio estructural y la educación. Es por ello por lo que me quiero centrar en la sensibilización de la población. Puede ser de utilidad una visión de salud comunitaria y no individual, al menos en la región de la Casamance:
Programas de aprendizaje en técnicas de cepillado dental y sensibilizar sobre su importancia en escuelas y en grupos reducidos de poblados de la zona.
Adiestrar a agentes locales que enseñen al resto de la población en estiramientos de zona lumbar e importancia de potenciar la musculatura de esa zona para evitar problemas mayores y minimizar el dolor.
Programas de enseñanza sobre alimentación a mujeres de los diferentes poblados para evitar/minimizar la desnutrición y la anemia en la población. Se podría hacer sirviéndose de material visual como el “método del plato adaptado” (50% verduras y hortalizas, 25% proteínas -carne, pescado, huevos y 25% carbohidratos -arroz, patata, boniato), adaptado a los alimentos que dispone cada poblado.
Insistir en la hidratación durante el día para evitar deshidratación durante las horas de trabajo bajo el sol.
Importancia de cubrirse la cabeza si se trabaja bajo el sol y cómo pueden hacerlo.
Para llevarlo a cabo creo que es una buena idea hacer partícipes a los responsables de salud y traductores que forman parte de Yakaar África. Formar referentes locales creo que es clave. Ellos no solo eliminan la barrera del idioma (wolof/dialectos), sino que poseen el “código cultural” necesario para que el mensaje no sea visto como algo impuesto externamente.
A menudo, en la cultura animista, la salud no es solo un estado biológico, sino un equilibrio espiritual con el entorno. Por eso, integrar a los locales es vital para que ellos pueden ayudar a "traducir" la importancia de ciertos aspectos de salud dentro de ese marco de creencias.
Creo que esta idea de proyecto puede aportar empoderamiento, continuidad y seguimiento en los diferentes poblados. Discutiblemente y a mi parecer, estas personas deberían recibir una recompensa o suelo para asegurar que el proyecto siga adelante durante un tiempo duradero y fomentar el esfuerzo.Creo que trabajar en equipo con los propios locales es crucial para llegar a poder ver cambios en la población. Los grandes cambios obviamente dependen del Estado, pero en ciertos aspectos sí podemos contribuir en la mejora del día a día de estas personas. Estaré encantada de ayudar si sale adelante alguno de estos proyectos.
Para acabar, me cuesta encontrar las palabras que describan todo lo que he vivido. Senegal y su gente me han vuelto a transmitir más de lo que yo les he podido ofrecer, me han transmitido paz, calma y perspectiva. Me han reconciliado con una medicina más esencial y más humana, donde la urgencia es real; una medicina que responde a necesidades reales y no a estructuras que convierten la salud en estadísticas, agendas imposibles y presión constante, y que a veces nos alejan del verdadero sentido de la profesión.
Gracias de nuevo a Yakaar África por dejarme acompañarlos en estas misiones. Vuelvo a casa reconfortada, pero, sobre todo, muy muy feliz.
Comienzo un nuevo viaje a Senegal. Mi viaje se compone de dos partes. En la primera voy a acompañar a la misión sanitaria que se desarrolla en la Casamance. En la segunda viajaré al país Bassari para tratar algunos de los temas que están pendientes.
Aunque el viaje a la Casamance en avión es en apariencia sencillo, la realidad es que pierdes casi un día completo, entre que el vuelo sale a las 15 horas y que tienes que sufrir las incomodidades de un embarque a pleno sol, no se si merece la pena.
Llego a Ziguinchor cuando ya la misión ha terminado su jornada diaria y les espero en el hotel. Es agradable encontrar las caras conocidas de Mayte, Cristina, Alfredo, Mar, Raquel, Esther y Elena y las nuevas para mi de Patricia y Lucía. Es un equipo ideal formado por 2 médicos de adultos, dos pediatras, 4 enfermera y el insustituible Alfredo al cargo de los datos.
En el primer sitio donde se desarrolla la misión: Agnack, hay muchos pacientes. Se nota que la población está mejor cuidada que en la región de Kedougou, pero aun así la posibilidad de ser tratados de manera gratuita atrae a la población. Al final de la jornada vienen las autoridades locales a darnos las gracias por la misión sanitaria. Muy formales Demba y yo damos la réplica, expresando nuestro agradecimiento por la calurosa acogida recibida por parte del poblado
Nuestro segundo destino es Seleky. Tenia muchas ganas de conocer este poblado y su Campamento Solidario. La verdad es que está muy bien. El campamento es una antigua casa impluvium perfectamente conservada que han habilitado con 10 habitaciones. Todo está conservado de manera muy rústica con las paredes en barro y los tejados en cañas. El paisaje tiene el encanto de la sencillez. Un terreno plano cuajado de palmeras, baobabs y ceibas. Las puestas de sol y los amaneceres son increíbles.
De las consultas destacaré las visitas domiciliarias. Hemos realizado 4 y son de gente que no puede desplazarse al cónsul-torio.
La primera ha sido la más dura al visitar a un hombre de unos 30 años que sufrió una caída en su adolescencia. En la actualidad se encuentra postrado en la cama. Ya ni siquiera puede mantenerse sentado, ni en la silla de ruedas que le compramos hace unos años. Su vida se limita a estar tirado en la cama de una oscura habitación.
Las tres visitas siguientes son de tres ancianos de más de 80 años. En general se encuentran en buenas condiciones, aunque presentan importantes limitaciones para caminar. La verdad es que poco podemos hacer por cada uno de los tres casos visitados, ya que la única posibilidad es que hagan ejercicio de modo que puedan mantener cierto grado de autonomía.
Al final de la jornada de consultas de Seleky, nos enteramos de que hay fiesta en Enampor, localidad situada muy cerquita de Seleki y para allá que nos vamos. La fiesta está muy animada con los bailes típicos de la zona, pero lo que mas sorprende es la presencia de dos máscaras típica de la zona: el Kankurán y el Kumpo. Este es una persona recubierta de las hojas final y alargadas de un tipo especial de palmera que lleva un palo en la parte alta de la cabeza. Va paseando ente la gente, pero de repente clava el palo en el suelo y empieza a girar a gran velocidad, levantando aun enorme nube de polvo.
En ocasiones para dar mas dramatismo a la escena de las vueltas, las da sobre un montoncito de paja en llamas levantando las brasas. A la vuelta en la furgoneta hemos cargado a la gente local que quería volver y hemos llenado la furgoneta de mujeres niños y cestos con mercancías diversas.
Después de una jornada de descanso que aprovechamos para las compras y para ir a la playa de Cap Skirring, toca empezar de nuevo en Mlomp. A primera hora acude a la consulta la reina de la zona. En la Casamance hay reyes y reinas casi en cada comarca. Así como los reyes se distinguen por el color rojo de su vestimenta, las reinas van de azul. Por la tarde tenemos ocasión de visitar las ceibas gigantes y el museo de la cultura diola, lo que nos permite conocer un poco más esta región.
Demba y yo nos vamos a Oussouye a ver al jefe médico de la región. Después de exponerle nuestra actividad, nos ponemos a su disposición por si tuviera alguna petición que hacernos. El jefe nos expone que en Oussouye no hay un servicio de pediatría y nos anuncia que nos va a enviar el plan que ha elaborado para ponerlo en marcha. Prometemos estudiarlo.
En Mlomp la consulta de adultos está muy concurrida, pero no hay muchos niños en la consulta, así que procedemos a pasar revisión a todos los niños de la escuela de enfrente, lo que nos da ocasión de jugar y pasar un rato divertido con ellos.
En la última jornada en Mlomp aprovecha-mos para pasar las últimas consultas y recoger, ya con gran eficacia, para poder aprovechar a hacer una visita a la isla de Carabane. Uno de nuestros traductores, Ousmane Sarr, tiene un pequeño restauran-te y nos ofrece una rica comida a base de pescado, que es la especialidad de la zona.
Lo mas divertido del viaje es la vista a la tienda de Paco Carabane, nuestro modisto favorito. Como siempre aprovechamos para encargarle multitud de cosas. Mi mayor interés es que me haga un pantalón blanco para poder combinar con los bubús de colorines que tengo. Por la tarde me lo lleva al restaurante de Ousmane y cabemos dos dentro del pantalón. Me ha tomado medidas, pero no parece que les haya hecho mucho caso.
Si por la mañana nos ha visitado la reina vestida de azul, por la tarde vistamos al rey vestido de rojo y completamos la pareja real.
Abandono la misión sanitaria para irme al País Bassari donde tengo bastante trabajo que hacer. Al llegar hace un calor de muerte, prácticamente 39 grados. En la Casamance hacía calor paro nada que ver con esto.
MI primera actividad consiste en reunirme con acompañado de Alpha Yaya y Sonia de Yimbe Bassari con los responsables del Hospital para ver si llegamos a un acuerdo para operar nuestros enfermos allí. No acordamos nada, pero les dejamos nuestra propuesta por escrito
En Bandafassi, ,estoy invitado a la boda de Mamadou Yaya Keita uno de nuestros estudiantes de enfermería ya graduado y que ha aprobado además el examen de estado. La ceremonia dura dos días.
El primer día consiste en la llegada de la novia que es de Hamadi Hery y que llegará acompañada de sus familiares y amigas. Entre tanto en Bandafassi el futuro marido la espera elegantemente vestido y comienza el baile de los chavales.
A la mañana del día siguiente seguimos con el bautizo. En Senegal es bastante corriente que las parejas tengan ya algún hijo y se aprovecha la boda para matar dos pájaros de un tiro. La ceremonia del bautizo no puede ser mas simple y consiste en que el imán de la mezquita pronuncia tres veces en alto el nombre del niño acompañado del padrino que es el que le da nombre. Eso sí hay nuevo y elegante modelo de los novios.
Por la tarde siguen las celebraciones. Al llegar, a eso de las 5 de la tarde, nos recibe el novio vestido de una preciosa casaca de color rosa. Aquí hay menos prejuicios con los colores que en España. Al cabo de un buen rato aparece la novia con un nuevo modelo a tono con el del novio. Desfile de los modelos con todos los invitados acompañando a los novios.
De nuevo los novios desaparecen y vuelven al cabo de un rato con un nuevo modelo, en esta ocasión es de un color blanco roto, tanto para ella como para él, con abundancia de adornos dorados. La ceremonia parece consistir prácticamente en el desfile de los distintos modelos y en los discretos bailecitos de la novia. El novio especialmente tímido parece estar pasando las de Caín, pero aguanta el tipo con entereza.
Quizás lo más significativo de la ceremonia es la proclamación de los regalos por parte de la madre y la mejor amiga de la novia. Hay mantas y prendas para la casa, que son aireadas como trofeos. A mi me convencen para que mi regalo, 40.000 cfas sea proclamado del mismo modo y nunca he pasado más vergüenza en mi vida cuanao entre la madre y la amiga van mostrando al público uno a uno cada uno de los 4 billetes de 10.000 cfas que les he regalado. Eso sí, el novio debe haber quedado contento porque el día siguiente ha aparecido por nuestro campamento para regalarme un pollo vivo.
El sábado y el domingo, me dedico a recorrer huertas con el técnico de los paneles, Ousseynou, y los técnicos agrícolas tienen libre. Un total de trece. El resumen podría ser el siguiente:
BARABOY
Está bastante atrasada. La razón aducida es que la temporada de lluvias se ha prolongado mucho y la recogida del algodón se ha producido en noviembre. Ahora mismo están empezando. Hay un problema de regaderas. Parece ser que el año pasado las dejaban a pleno sol y se han estropeado, riegan con calderos y eso puede estropear las plantas
BARAFOUTE
La huerta está muy bien, muy verde. Eso sí, tenía un fuerte ataque de insectos por lo que pasará Olivier de inmediato a tratarla con fitosanitarios.
THIOBO
Exactamente la misma situación que Barafoute. Necesitaba tratamiento fitosa-nitario.
NDILICONGO
La huerta está bastante bien. Bastante verde, pero solo uno de los aljibes funciona, el resto están rotos.
HAMADI HERY
La huerta funciona, pero está bastante mal organizada y no muy verde. Aquí parece que el problema son las tuberías que alimentan los aljibes que, al estar a pleno sol, se han roto.
THIOKETHIAN
La huerta está bastante bien pero solo tiene un aljibe que funcione
LANDIENI
No es que sea la mejor de las huertas, pero al menos funciona. El año pasado habían retirado los paneles solares y la bomba. El problema es que solo tiene un aljibe dentro de la huerta.
PATASSI
Está espectacular y en un entorno francamente bonito. Al estar en el camino de Andiel, merece la pena desviarse para verla. Es el primer año de funcionamiento de la huerta y se nota, luego las mujeres tienden a bajar los brazos.
NDEBOU
También está bastante bien. Muy verde y muchas mujeres trabajando
KENDA
Otra de las nuevas huertas de este año y también se nota. Está todavía empezando, pero ya se ve que va a estar muy bien. También muchas mujeres y muy entusias-tas. Me ha gustado mucho el montaje que ha hecho el fontanero junto con nuestros técnicos solares para dotar de grifos dependientes del depósito elevado a la población. Había mucha gente utilizando dichos grifos, se palpa su utilidad.
AFIA MAGASIN
Mejor de lo que esperaba, ya que en el último informe de Ramatoulaye y Yassiga se decía que las mujeres seguían en la huerta cercana al rio, mientras tuviera agua, y no trabajaban nuestra huerta. Sin embargo, parece que en paralelo trabajan algo en la huerta, ya que, aunque muy desorganizada y algo pobre, hay un porcentaje importante de la misma plantado. El problema es que la huerta está muy alejada del poblado. Supongo que no había otro posible empla-zamiento.
AFIA PONT
Otra sorpresa agradable. Es cierto que la huerta comunitaria no funciona porque la alambrada está rota, pero las mujeres se las han apañado para hacer sus propias huertas individuales. Eso a pesar de que las condiciones para elevar a mano el agua desde el rio a las parcelas son extremadamente difíciles. Desde que las conozco, estas mujeres de Afia Pont me parecen las más trabajadoras de todas. Es una pena ver la parcela grande con sus aljibes abandonada, pero, al menos, pudimos ver que habían guardado los paneles y la bomba solar para cuando se arregle la valla.
IBEL
Me resulta doloroso hablar de Ibel. Esta huerta era quizás la máxima prioridad de los pozos a realizar por Méndez, pero, cuando llegamos para realizarlo, nos encontramos con que el pozo ya estaba hecho y la bomba y los paneles solares montados, por lo que tuvimos que sustituir el proyecto por otros como Afia Magasin, quizás no tan adecuados. La huerta podríamos decir que está muy fea, desorganizada y con pequeños cultivos dispersos.
SUGERENCIAS
Hay que insistir en el mensaje de que Yakaar África no va a estar siempre apoyando las huertas. Pasado un tiempo razonable de “garantía” las vamos a dejar a su libre albedrío, para lo cual deben constituir una caja de resistencia de modo que sean capaces de comprar las semillas de la temporada siguiente, reponer el pequeño material y reparar las posibles averías del equipamiento. Este mensaje debe ser trasmitido por nuestros ingenieros en prácticas.
Creo que ese tiempo razonable de “garantía” de la inversión realizada debe estar en función de la categoría de dicha inversión. Según la misma se debería establecer entre 3 y 5 años.
Creo que sería necesario reforzar dicha coordinación con alguien de la zona que sirviera de enlace permanente entre ellos y la “dirección” de Yakaar en Senegal, al modo que sucede en el caso de la salud y Alpha Yaya. Alguien que conozca perfectamente las instalaciones y pueda ayudar a coordinar a los ingenieros, dar continuidad entre las distintas promociones y canalizar las propuestas a la “dirección”.
El lunes ya terminado el maratón de las huertas tengo un día mas relajado y me acerco tanto a la escuela de Landieni como al Liceo de Bandafassi, para que me den los certificados de escolaridad de Ousmane para tramitar sus papeles en España. Todo transcurre sobre ruedas, gracias a la amabilidad típica senegalesa.
Luego es un día dedicado a las visitas, por la mañana saludo al alcalde y al vicealcalde de Bandafassi que ya son como de la familia. Posteriormente viene Doba a verme para hablar de todas las cosas que tenemos en común, en especial del posible traslado a España de una niña de Dindefelo.
En la tarde nueva cita, en esta ocasión de Alpha de Thiancoumalal al que aprovecho para ponerle las pilas sobre la huerta de su poblado que este año todavía no ha arrancado.
Con estas visitas doy por terminado mi programa de trabajo en Senegal. En abril volveré con un grupo de entusiastas solidario-turísticos.
A nivel personal la experiencia ha sido increíble, lo que más me gustaría destacar es el equipo que se creó, gracias a Cristina y Alfredo que conse-guían desde el orden, reparto de roles, la coordinación y comunicación un ambiente de trabajo motivador.
Los componentes de la misión veníamos de ciudades muy di-ferentes de España, representa-bamos una muestra de personal sanitario y no (ahí estaba Hugo con la energía de un joven muy implicado y trabajador) todos con ganas de ayudar y ser útiles. Nos apoyábamos y com-partíamos momentos buenos y no tan buenos, toma de deci-siones en las jornadas de consulta y con ello nos hacía-mos más fuertes.
El día a día era rutinario en su esquema inicial, pero con nuevos retos, alegrías y alguna tristeza cada día.
Las comidas y sobre todo los refrescos a la caída de la tarde nos hacían recuperar energías, descubriendo lugares donde improvisar una terraza de tertulia. Los inventos y artilugios de Alfredo con su dispositivo de video para otoscopia, el dron con imágenes increíbles o la ducha portátil cuando sólo disponíamos de “cubo grande cubo pequeño”; el aceite de oliva, las latas y embutidos que todos compartían, la previsión de Cristina reser-vando pan y zumo para el almuerzo, las tortilla, crepes y buñuelos que Hassanatou nos cocinó con tanto amor para salir de la rutina del Yassa y el Mafe, eran pequeños alicientes en un mundo muy diferente al nuestro.
El contacto y relación con nuestro guía, Ambrosio, persona sabia y tranquila (como casi todos), con nuestro magnífico y buen conductor Mor y con los traductores, en mi caso Arouna de Bandafassi que te sumer-gían en su manera de vivir y pensar a través de relatos de su día a día
Probablemente para mí, que nunca había pisado el continente africano, me sorprendió para bien, la educación de esos niños, con una jerarquía clara y respetuosa con sus adultos, la ilusión con la que venían a vernos y el reparto preciso de tareas en una sociedad rural como la de nuestros antepasados, el cuidado de sus tradiciones y la trasmisión de sus creencias a las nuevas generaciones.
El cuidado de los huertos que la Asociación ha montado en Dindefelo fue un soplo de aire fresco, que te hacía reflexionar en que este cuidado proyecto era uno de los pilares de Yakaar África.
Lo que me impactó para mal, fue el concepto de higiene tan diferente al nuestro, no dar importancia a plásticos y basura esparcida por todas las aldeas y márgenes de carreteras, incluso en aldeas aparente-mente fuera del circuito turístico como Iwol.
Me sorprendió hasta el último día, cuando visitamos MBour con un mercado y una lonja donde su actividad económica se entremezclaba con este mar de plásticos.
De la misión que allí hicimos , lo más gratificante a nivel profesional, fue poder tratar ciertas patologías que con diagnóstico rápido y tratamiento precisos tenían fácil solución, realizar un cribado de todos los pacientes con diagnóstico susceptible de tratamiento posterior, priorizando su asistencia según edad, situación y repercusión, la captación de lactantes desnutridos que se podían beneficiar del programa de renutrición, con la ayuda de los suplementos lácteos que les proporcionaba Yakaar África y por supuesto la puesta en marcha del programa de detección de Drepanocitosis, lo que va a suponer con muy poco esfuerzo económico evitar las complicaciones más graves de esta enfermedad en nuestra misión a 7 niños.
Cuando estás allí, se te abre la mente a un montón de proyectos que se podrían implantar pero que como todo conlleva tiempo y en algunos casos dinero, algunos ya en marcha como el fomento de la educación en lavado de manos y dientes que tan “mágicamente” llevaron a cabo Alfredo y Mar en los colegios, al que no sé si se podría añadir el uso de sus palos de mascar para que el conocimiento de nues-tros cepillos y pasta de dientes sean un complemento a su forma tradicional de lim-pieza, ya que funciona y está a su alcance cuando nosotros nos vayamos.
Reforzar la idea de la riqueza que tienen con la Manteca de Karité que nosotros prescribíamos como parte fundamental de su hidratación y ellos parece que utilizaban más como negocio.
La educación a las matronas en el contacto “piel con piel” del recién nacido con una lactancia materna precoz, en los primeros minutos de vida. Era curioso ver como carteles informativos e incluso su cartilla de Maternidad, contenía estos mensajes, pero en la práctica, la madre no tenía casi contacto con el recién nacido hasta las 12 horas de vida, como pudimos ver con un recién nacido durante una de nuestras consultas, fue visitado e incluso aseado por familiares de la parturienta antes de que ella lo tomara en brazos para darle el pecho, nos contaban como no les ponen nombre hasta la semana de vida.
Toda esta reflexión la hago desde el cariño y la admiración a Jose María, que no lo he podido conocer en persona, pero cuyo espíritu estuvo en toda la misión, que ha creado una organización dinámica que no solo ayuda y acompaña, intenta sedimentar las iniciativas implantadas e investigar nuevos caminos de coope-ración y que deja una huella que era palpable en los habitantes de País Bassari, nos trataban con especial cariño como si formáramos ya, parte de su comunidad.
Nos encauzamos en esta misión sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar y lo que hemos descubierto ha sido un equipo muy humano con ganas de que el trabajo y la ayuda saliesen adelante. Compañerismo, humanidad, respeto, empatía, motivación y trabajo es lo que nos ha trasmitido Yakaar desde antes de coger el avión. Hemos podido comprender los problemas básicos que tiene la población, sobre todo de las zonas rurales donde hemos estado trabajando y como se intentan solventar o han mejorado gracias a las ayudas que reciben.
Nos hemos adentrado en su cultura y forma de vida ya que el equipo de trabajo también está formado por gente autóctona de la zona. Para nosotros ha sido muy enriquecedor conocer, entender, inter-cambiar costumbres y opiniones desde el respeto y el entendimiento intercultural y es uno de los aprendizajes que nos llevamos en el recuerdo.
En una misión así los resultados salen adelante gracias a organización y esfuerzo
pero sobre todo gracias a poner el corazón, sentimiento y emoción en lo que se está haciendo y sin duda es algo que hemos percibido en nuestros compañeros y en nosotros mismos tanto a la hora de trabajar como de convivir.
Me gustaría terminar dando un mensaje para aquellos que lean esto y que todavía no han tenido la suerte de visitar ese precioso paisaje.
“Por muchas imágenes o videos que veas solo los que hemos estado allí sabemos que los atardeceres son únicos, que los niños te miran desde la más profunda genuinidad y que la gente saluda con lo que a mi me parecía una pequeña melodía.”
Gracias por habernos dado la oportunidad de vivir esta enriquecedora experiencia en la que hemos crecido como profesionales, pero sobre todo como personas.
Yarama
(Hola, Gracias, saludo, un poco de todo en lengua pular, la lengua predominante en la región)
Desde hace mucho tiempo la idea de hacer un voluntariado rondaba mi cabeza, era algo que no quería que se me quedara pendiente. Pero nunca encontraba el cómo, ni el cuando, hasta que, gracias a una amiga y compañera de profesión, lo conseguí. Y digo gracias, porque ella me dio el empujón y me abrió las puertas a Yakaar África, una ONG maravillosa que consigue cosas increíbles.
Desgraciadamente, mis inicios fueron duros, unas semanas antes de comenzar la misión, mi hermana falleció. Todo se detuvo. Los planes, la ilusión, la preparación…todo quedó suspendido en un silencio lleno de dolor. Pero, a la vez, algo en mí sabía que quedarme tampoco aliviaría el vacío.
Así que comenzamos la aventura.
Con muchos nervios e incertidumbre, por fin llegamos a Madrid, donde conocí a todo el equipo que formaba parte de la misión de País Bassari. Poco a poco, los nervios fueron desapareciendo y entre personas que apenas conocía pero que compartían la misma vocación que yo, empecé a sentirme acompañada.
Una vez llegamos a Senegal, todo dejó de ser preparativos y se convirtió en realidad. Empezamos a descargar material, limpiar, montar las consultas…y a tener contacto con los pacientes. Ahí volvió mi ilusión por hacer lo que estaba haciendo en ese momento.
Todo fue intenso e impactante, una cultura y una forma de entender la vida muy diferente. Además de condiciones de vida muy duras.
Sentía que había mucho por hacer y muy poco tiempo. Pero gracias a la experiencia de mis compañeros, aprendí a trabajar con lo que había, a que llegamos hasta donde se puede y a que gracias a todo el esfuerzo y la implicación de toda la gente que forma parte de Yakaar, nuestro pequeño granito de arena como voluntarios, llega mucho más lejos.
En definitiva, he tenido una experiencia preciosa y muy reconfortante. El cariño de los niños, la amabilidad y la generosidad de la gente, el gran trabajo que hacen nuestros traductores y conductores que colaboran al máximo para que nuestro paso por allí sea lo más productivo posible. Todo ello hace que solo te queden ganas de repetir.
Como ya dije al principio, llegué a Senegal rota, pero me fui con una tirita en el corazón.
Cuarta vez en Senegal. Tercera con Yakaar. Después de tres años vuelvo, esta vez con mi hijo.
Al llegar al aeropuerto de Dakar, sensación de equipazo. Diferentes edades, nuevos y repetidores, Alfredo y Cristina. Muchas ganas, caras de expectación, miradas brillantes.
¿Qué puede salir mal?
Otra vez el Blue África, La Gazelle, Ambrosio, Mor, el calor y las mosquiteras. Los de siempre, mezcla de lenguas, gente que transmite alegría.
Al día siguiente el camino al país Bassari tan cautivador como largo y que, entre baobabs, aldeas llenas de niños y animales, motos y carros, controles de policía, plásticos sin recoger y naturaleza salvaje te va introduciendo en la África auténtica que tanto engancha y a la que siempre quieres volver.
Llegamos a los pueblos, los de siempre y alguno más. Se va viendo la huella de la labor de Yakaar. Más huertos, más paneles solares, consultorios, operados de otros años, muchas camisetas y mucha gente agradecida. La sensación de que queda mucho por hacer por mucho que se haga.
Senegal cautiva: su gente, sus paisajes, su amistad, su forma de compartir, su paciencia, sus sonrisas, sus valores, sus cacahuetes, su arroz con pollo. Impagable verles ganar en directo la copa África. Increíble el desembarco de los pescadores en Mbour. Los pelos de punta al ver la huerta de Dindefelo. Especial salir con Hugo y Mar a correr por las mañanas en Bandafassi. Ya tradicional el baño en la cascada. Emocionante ver a Alpha Yaya, de donde viene y lo que vale. Ver cómo nos cuida Hassanatou ya recompensa el pequeño esfuerzo que uno hace por venir.
Tras varios viajes, perspectiva algo mayor y mejor. La ilusión de la gente por crecer, la juventud del país y sus ganas, sus recursos deberían ser suficientes para que el avance sea visible en unos años. Espero poder seguir ayudando a que sea así.
Gracias a Jose María y a Yakaar por permitirme formar parte de ese proyecto y de ese progreso
Gracias a Alfredo, Cristina, Raquel, Mar, Marisa, Nieves, Alberto y Marías por ha-cerme pasar días tan fáciles en el trabajo.
Abrazo especial para Ambrosio, Los Arounas, Moussa, Mor, Mamadou, Alpha y Mustapha, Kalifa, Alpha Yaya, Hassanatou y alguno que seguro se me olvida por su cercanía y sus tés y por sus ganas de enseñar y aprender.
Gracias, Yarama, Yereyef.
Hace un mes volvimos del País Bassari y todavía sigo pensan-do mucho en todo lo que vivimos allí. Para mí fue una experiencia muy fuerte, porque era el más joven del grupo y la única persona que no era médico ni enfermero. Al prin-cipio iba con bastante miedo, porque no sabía muy bien qué podía aportar ni si iba a estar a la altura. Sin embargo, desde el primer día me trataron genial y me hicieron sentir uno más del equipo. Además, me fueron enseñando cómo hacer peque-ñas cosas médicas para poder ayudar: preparar material, organizar consultas o colaborar en tareas básicas.
En sitios como Dindefelo me impactó mucho ver cómo era la vida. No había casi comodida-des (algún día ni siquiera agua o luz). Allí te das cuenta de que cosas que para nosotros son normales, como una buena vivienda o ciertos servicios, allí no están aseguradas.
Verlo en persona cambia bastante la perspectiva.
En Bandafassi la experiencia fue diferente. Nos cuidaron muy bien con y siempre estuvieron pendientes de nosotros. A pesar de tener pocos recursos, compartían lo que podían y nos hacían sentir muy acogidos. Me sorprendió esa forma de tratar a la gente, tan cercana y tan agradecida.
Algo que recuerdo mucho son las mañanas. Me gustaba salir a correr temprano, cuando todavía no hacía tanto calor y todo estaba tranquilo. Era un momento para pensar y para asimilar todo lo que estaba viviendo. También la comida fue parte importante de la experiencia. A mí, la verdad, me gustaba bastante, aunque a la mayoría del equipo no tanto. Era diferente a lo que estamos acos-tumbrados, pero para mí eso también forma-ba parte de conocer realmente el lugar.
Y, sin duda, me quedo con los niños. A pesar de las condiciones en las que viven, siempre estaban sonriendo.
Cuando conseguías sacarles una sonrisa jugando un rato con ellos o simplemente estando allí, te ibas con una sensación muy buena. Momentos pequeños, pero que se quedan grabados.
Ha sido una experiencia que me ha hecho darme aún más cuenta de la diferencia que existe entre un país como Senegal y España, pero también me ha enseñado que con poco se puede hacer mucho. Me vuelvo con más ganas de seguir aprendiendo y ayudando en todo lo que pueda.
Por último, quiero decir que estoy muy agradecido con la ONG por haberme dado la ocasión de ir y ayudar, incluso sabiendo que no tenía tanto que aportar como otros profesionales que quizá se quedaron fuera. Para mí ha sido una oportunidad enorme y algo que voy a valorar siempre.
Muchas gracias a Mor y a Ambrosio, a Alberto, Mar, a Alfredo y a Cristina, a Hassanatou, a Arounas, Marías y a todos los demás por hacérmelo todo tan fácil.
Belén, compañera de Ingeniería de Caminos, ha recibido este año el premio Rafael Izquierdo que nosotros recogimos en su día. En su escrito resalta “la fuerza de las alianzas”.
Pocas veces damos cabida en nuestro boletín a otras voces procedentes de otras asociaciones pero en esta ocasión hemos querido recoger el que nos ha remitido Belén Fernández, coordinadora de PROYECTO ESPERANZA como muestra de esa fuerza de las alianzas.
Podéis ver que hay muchas sinergias con lo que nosotros hacemos y donde lo hacemos e, incluso, la gente con la que trabajamos, pero, además, Belén nos ha dedicado unas jornadas de su intensa agenda para visitar nuestros proyectos. Esperamos que ello abra la puerta a futuras y fructíferas colaboraciones.
José María Piñero
Hay palabras que tardan años en escribirse, no por falta de tinta, sino porque cada una de sus letras representa un compromiso real con la vida de las personas. El pasado mes de diciembre, coincidiendo con el final de 2025, Proyecto ESPERANZA aterrizó en Senegal, con una misión muy especial, visitar las comunidades en las que, junto a la Universidad de Huelva (UHU), se habían financiado las actuaciones durante el año que acababa y que correspondían a la 9ª letra (la “A”) de Proyecto ESPERANZA.
Un compromiso que empezó hace una década: financiar un proyecto en África cada año, por cada una de las letras de la palabra esperanza.
El Viaje Rafael Izquierdo, nacido del reco-nocimiento de la Fundación Caminos ha sido apoyado por la Demarcación de Andalucía del Colegio de Ingenieros de Caminos e Ingeniería ATECSUR.
No ha sido solo una visita técnica; ha sido un ejercicio de escucha y un puente entre la ingeniería y el corazón de las comunidades que habitan en esta exigente región.
UN RECORRIDO POR EL IMPACTO REAL
Durante las dos semanas que pasamos sobre el terreno, pudimos constatar cómo la cooperación, cuando es respetuosa y cercana, mejora realmente vidas y como el esfuerzo de todas las personas involucradas en este proyecto da sus frutos:
MBURAKO
Fue una de las primeras paradas del viaje y una de las actuaciones más significativas En el momento en el que llegamos, pudimos presenciar la puesta en marcha del vallado, los trabajos en el huerto y la conexión de la balsa de riego al pozo existente.
Este proyecto responde a una necesidad expresada por las propias mujeres del pueblo, que hasta ahora tenían que desplazarse largas distancias para acceder al huerto que compartían con la comunidad vecina. Ese desplazamiento no solo requería horas de camino, sino que también generaba conflictos con las mujeres del pueblo donde se encontraba el huerto, dificultando la convivencia entre ambas comunidades. Pudimos celebrar con bailes y comida nuestra presencia en el pueblo y al despedirnos, las familias nos agradecieron la ayuda con un gesto tradicional de hospitalidad muy valorado: nos regalaron uno de sus gallos.
PELEL
La electrificación del colegio de Pelel puede parecer una actuación sencilla en su ejecución, pero es enorme en su impacto. En nuestra visita fuimos conscientes de la situación en la que se encuentran las aulas del colegio. La financiación de paneles solares y su instalación y su conexión al sistema eléctrico, permite la iluminación interior en las aulas, permitiendo ampliar los horarios de clase, mejorar las condiciones de docencia, celebrar reuniones, cargar dis-positivos y equipos educativos, ofreciendo un espacio más funcional a toda la comunidad.
NANDOUMARI (DJOGOMA)
La visita a Djogoma fue muy emotiva. El pueblo celebraba la inauguración conjunta de dos actuaciones fundamentales: las letrinas construidas junto al colegio, financiadas por Proyecto ESPERANZA, y el nuevo pozo y el depósito elevado alimentado por paneles solares, construidos por la UHU.
Las puesta en marcha de las letrinas, ofrecen un espacio seguro y digno para niñas y niños, reduciendo ausencias esco-ares —especialmente entre las niñas— y mejorando las condiciones sanitarias del centro.
Como bien escuchamos en la inauguración, "L'union fait la force" (La unión hace la fuerza); una frase que resume la esencia de nuestro trabajo conjunto con la UHU y las comunidades locales.
La celebración fue completa: música, baile, discursos y un ambiente de orgullo com-partido. La comunidad resaltó la importancia del saneamiento digno y del acceso estable al agua, recordándonos que estos ele-mentos, que en otros lugares pueden parecer básicos, aquí representan un cambio profundo en la vida diaria.
LA FUERZA DE LAS ALIANZAS
Tuvimos la oportunidad de compartir tiempo con el equipo de Yakaar África. Su equipo nos abrió su casa y nos permitió acompañarlos en sus tareas. Escuchar sus historias, costumbres y tradiciones nos permitió reforzar la idea de que la cooperación debe construirse desde el acompañamiento respetuoso y no desde la intervención, entendiendo que cada acción debe adaptarse a los ritmos culturales y a la realidad de cada pueblo.
Es emocionante ver cómo entes tan diferentes sumamos esfuerzos, desde el ámbito institucional, hasta el impulso empresarial y por supuesto el esfuerzo humano que nos acompaña desde el inicio de Proyecto ESPERANZA, para que el desarrollo humano y el impacto real sea una realidad tangible a miles de kilómetros.
ROSTROS DETRÁS DE LOS NÚMEROS
Lo más valioso que dejamos en Senegal no son las actuaciones financiadas y que pudimos visitar, sino las historias que nos traemos grabadas.
Conocimos a Mariama en Mburako, mientras sacaba agua del pozo con una energía tremenda. A sus 20 años, su historia es el vivo reflejo de cómo la falta de infraestructuras básicas corta las alas del futuro. Cuando tenía 17 años, Mariama era una estudiante que pedaleaba cada día hasta Dindefelo para ir a clase. Cuando su bicicleta se rompió, comenzó a ir caminando al colegio: una hora y media de ida y otra de vuelta bajo el sol de Senegal. “Llegaba tan cansada que ya no podía concentrarme”, nos confesó. Al final, la distancia fue mayor que sus fuerzas y tuvo que abandonar sus estudios.
Ver la felicidad de Mariama y del resto de mujeres por tener cerca un huerto de-muestra por qué este proyecto es vital. El huerto no es solo agricultura; es evitar que las mujeres tengan que caminar kilómetros, es darles tiempo, es autonomía. Este momento nos hizo ver que un grifo o un vallado perimetral pueden ser la frontera entre la precariedad y la dignidad.
En Dindefelo tuvimos la suerte de conocer a Román, un artista local cuya obra es un testimonio visual de la fuerza y el peso que soportan las mujeres en su comunidad.
Román es un artista que utiliza sus pinceles para representar escenas cotidianas pero también para denunciar las desigualdades que se esconden tras la tradición que, en muchos casos es presentada como intocable y que no siempre es sinónimo de justicia, sino todo lo contrario.
Sus láminas muestran a mujeres cargando cántaros, trabajando la tierra y sosteniendo el mundo. De su boca escuchamos un proverbio africano que según él refleja la realidad de su entorno: “Si las mujeres bajaran los brazos, el cielo se caería”.
Román ha sido cuestionado y le ha costado mucho a nivel personal. Su pensamiento crítico y la “rebeldía” que lo ha llevado a atreverse a cuestionar las normas culturales más rígidas de su pueblo, han hecho que muchos de sus compañeros y vecinos lo tachen de “loco” al defender que la tradición no siempre es sinónimo de justicia.
Roman sueña con una escuela de pintura en Dindefelo para que los jóvenes aprendan a imaginar realidades más iguales, para que aprendan a expresarse, reflexionar y romper silencios heredados. Hablando con él nos dimos cuenta de que al desarrollo también se llega a través de un pensamiento crítico y la libertad de imaginar realidades distintas.
Pocos días antes de marcharnos visitamos el campamento “Tako Mayo” donde conocimos a Alpha, un hombre cuya gratitud hacia su madre, a quien vio trabajar incansablemente toda su vida y de quien aprendió la perseverancia y la fortaleza que caracteriza a las mujeres que sostienen la comunidad, se ha transformado en un santuario de oportunidades para otras mujeres. Junto a la ONG Bassari África, Alpha dirige el centro "Lueur d’espoir" (Rayo de Esperanza).
Se trata de un programa extraordinario, donde cada año, 17 mujeres se matriculan para cursar un programa de alfabetización, formación práctica, acompañamiento personal y un mensaje que resume su filosofía: “la mujer tiene derecho a elegir”. Para entrar en el centro las mujeres y sus familias firman un compromiso: no abandonar, no casarse antes de los 20 años y no quedarse embarazadas durante el proceso.
Más de 100 mujeres esperan poder ingresar el próximo año. Con Alpha aprendimos que el desarrollo no es solo infraestructura: es acompañamiento, es visión, es un acto de amor y de justicia.
Alpha nos dijo algo que nos encantó: “Si salvas a una mujer, tienes el paraíso”.
Estas historias ponen rostro a nuestro esfuerzo y dan sentido a cada donación y a cada persona o empresa que ha decidido caminar con nosotros hasta nuestra meta en cada letra de Proyecto ESPERANZA.
CONCLUSIÓN: UN PROPÓSITO COMPARTIDO
Durante el Viaje Rafael Izquierdo, nos damos cuenta de que la novena letra de Proyecto ESPERANZ”A” es, en realidad, el comienzo de nuevas historias. Kedougou nos ha enseñado que las soluciones más sencillas pueden tener el impacto más profundo y la certeza de que la cooperación funciona cuando suma "un poco de cada uno".
Porque como hemos visto en cada visita…la esperanza solo se convierte en acción cuando muchas manos deciden unirse por un propósito común.
¡Yarama buy a todos los que hacéis esto posible!