A nivel personal la experiencia ha sido increíble, lo que más me gustaría destacar es el equipo que se creó, gracias a Cristina y Alfredo que conse-guían desde el orden, reparto de roles, la coordinación y comunicación un ambiente de trabajo motivador.
Los componentes de la misión veníamos de ciudades muy di-ferentes de España, representa-bamos una muestra de personal sanitario y no (ahí estaba Hugo con la energía de un joven muy implicado y trabajador) todos con ganas de ayudar y ser útiles. Nos apoyábamos y com-partíamos momentos buenos y no tan buenos, toma de deci-siones en las jornadas de consulta y con ello nos hacía-mos más fuertes.
El día a día era rutinario en su esquema inicial, pero con nuevos retos, alegrías y alguna tristeza cada día.
Las comidas y sobre todo los refrescos a la caída de la tarde nos hacían recuperar energías, descubriendo lugares donde improvisar una terraza de tertulia. Los inventos y artilugios de Alfredo con su dispositivo de video para otoscopia, el dron con imágenes increíbles o la ducha portátil cuando sólo disponíamos de “cubo grande cubo pequeño”; el aceite de oliva, las latas y embutidos que todos compartían, la previsión de Cristina reser-vando pan y zumo para el almuerzo, las tortilla, crepes y buñuelos que Hassanatou nos cocinó con tanto amor para salir de la rutina del Yassa y el Mafe, eran pequeños alicientes en un mundo muy diferente al nuestro.
El contacto y relación con nuestro guía, Ambrosio, persona sabia y tranquila (como casi todos), con nuestro magnífico y buen conductor Mor y con los traductores, en mi caso Arouna de Bandafassi que te sumer-gían en su manera de vivir y pensar a través de relatos de su día a día
Probablemente para mí, que nunca había pisado el continente africano, me sorprendió para bien, la educación de esos niños, con una jerarquía clara y respetuosa con sus adultos, la ilusión con la que venían a vernos y el reparto preciso de tareas en una sociedad rural como la de nuestros antepasados, el cuidado de sus tradiciones y la trasmisión de sus creencias a las nuevas generaciones.
El cuidado de los huertos que la Asociación ha montado en Dindefelo fue un soplo de aire fresco, que te hacía reflexionar en que este cuidado proyecto era uno de los pilares de Yakaar África.
Lo que me impactó para mal, fue el concepto de higiene tan diferente al nuestro, no dar importancia a plásticos y basura esparcida por todas las aldeas y márgenes de carreteras, incluso en aldeas aparente-mente fuera del circuito turístico como Iwol.
Me sorprendió hasta el último día, cuando visitamos MBour con un mercado y una lonja donde su actividad económica se entremezclaba con este mar de plásticos.
De la misión que allí hicimos , lo más gratificante a nivel profesional, fue poder tratar ciertas patologías que con diagnóstico rápido y tratamiento precisos tenían fácil solución, realizar un cribado de todos los pacientes con diagnóstico susceptible de tratamiento posterior, priorizando su asistencia según edad, situación y repercusión, la captación de lactantes desnutridos que se podían beneficiar del programa de renutrición, con la ayuda de los suplementos lácteos que les proporcionaba Yakaar África y por supuesto la puesta en marcha del programa de detección de Drepanocitosis, lo que va a suponer con muy poco esfuerzo económico evitar las complicaciones más graves de esta enfermedad en nuestra misión a 7 niños.
Cuando estás allí, se te abre la mente a un montón de proyectos que se podrían implantar pero que como todo conlleva tiempo y en algunos casos dinero, algunos ya en marcha como el fomento de la educación en lavado de manos y dientes que tan “mágicamente” llevaron a cabo Alfredo y Mar en los colegios, al que no sé si se podría añadir el uso de sus palos de mascar para que el conocimiento de nues-tros cepillos y pasta de dientes sean un complemento a su forma tradicional de lim-pieza, ya que funciona y está a su alcance cuando nosotros nos vayamos.
Reforzar la idea de la riqueza que tienen con la Manteca de Karité que nosotros prescribíamos como parte fundamental de su hidratación y ellos parece que utilizaban más como negocio.
La educación a las matronas en el contacto “piel con piel” del recién nacido con una lactancia materna precoz, en los primeros minutos de vida. Era curioso ver como carteles informativos e incluso su cartilla de Maternidad, contenía estos mensajes, pero en la práctica, la madre no tenía casi contacto con el recién nacido hasta las 12 horas de vida, como pudimos ver con un recién nacido durante una de nuestras consultas, fue visitado e incluso aseado por familiares de la parturienta antes de que ella lo tomara en brazos para darle el pecho, nos contaban como no les ponen nombre hasta la semana de vida.
Toda esta reflexión la hago desde el cariño y la admiración a Jose María, que no lo he podido conocer en persona, pero cuyo espíritu estuvo en toda la misión, que ha creado una organización dinámica que no solo ayuda y acompaña, intenta sedimentar las iniciativas implantadas e investigar nuevos caminos de coope-ración y que deja una huella que era palpable en los habitantes de País Bassari, nos trataban con especial cariño como si formáramos ya, parte de su comunidad.
Nos encauzamos en esta misión sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar y lo que hemos descubierto ha sido un equipo muy humano con ganas de que el trabajo y la ayuda saliesen adelante. Compañerismo, humanidad, respeto, empatía, motivación y trabajo es lo que nos ha trasmitido Yakaar desde antes de coger el avión. Hemos podido comprender los problemas básicos que tiene la población, sobre todo de las zonas rurales donde hemos estado trabajando y como se intentan solventar o han mejorado gracias a las ayudas que reciben.
Nos hemos adentrado en su cultura y forma de vida ya que el equipo de trabajo también está formado por gente autóctona de la zona. Para nosotros ha sido muy enriquecedor conocer, entender, inter-cambiar costumbres y opiniones desde el respeto y el entendimiento intercultural y es uno de los aprendizajes que nos llevamos en el recuerdo.
En una misión así los resultados salen adelante gracias a organización y esfuerzo
pero sobre todo gracias a poner el corazón, sentimiento y emoción en lo que se está haciendo y sin duda es algo que hemos percibido en nuestros compañeros y en nosotros mismos tanto a la hora de trabajar como de convivir.
Me gustaría terminar dando un mensaje para aquellos que lean esto y que todavía no han tenido la suerte de visitar ese precioso paisaje.
“Por muchas imágenes o videos que veas solo los que hemos estado allí sabemos que los atardeceres son únicos, que los niños te miran desde la más profunda genuinidad y que la gente saluda con lo que a mi me parecía una pequeña melodía.”
Gracias por habernos dado la oportunidad de vivir esta enriquecedora experiencia en la que hemos crecido como profesionales, pero sobre todo como personas.
Yarama
(Hola, Gracias, saludo, un poco de todo en lengua pular, la lengua predominante en la región)
Desde hace mucho tiempo la idea de hacer un voluntariado rondaba mi cabeza, era algo que no quería que se me quedara pendiente. Pero nunca encontraba el cómo, ni el cuando, hasta que, gracias a una amiga y compañera de profesión, lo conseguí. Y digo gracias, porque ella me dio el empujón y me abrió las puertas a Yakaar África, una ONG maravillosa que consigue cosas increíbles.
Desgraciadamente, mis inicios fueron duros, unas semanas antes de comenzar la misión, mi hermana falleció. Todo se detuvo. Los planes, la ilusión, la preparación…todo quedó suspendido en un silencio lleno de dolor. Pero, a la vez, algo en mí sabía que quedarme tampoco aliviaría el vacío.
Así que comenzamos la aventura.
Con muchos nervios e incertidumbre, por fin llegamos a Madrid, donde conocí a todo el equipo que formaba parte de la misión de País Bassari. Poco a poco, los nervios fueron desapareciendo y entre personas que apenas conocía pero que compartían la misma vocación que yo, empecé a sentirme acompañada.
Una vez llegamos a Senegal, todo dejó de ser preparativos y se convirtió en realidad. Empezamos a descargar material, limpiar, montar las consultas…y a tener contacto con los pacientes. Ahí volvió mi ilusión por hacer lo que estaba haciendo en ese momento.
Todo fue intenso e impactante, una cultura y una forma de entender la vida muy diferente. Además de condiciones de vida muy duras.
Sentía que había mucho por hacer y muy poco tiempo. Pero gracias a la experiencia de mis compañeros, aprendí a trabajar con lo que había, a que llegamos hasta donde se puede y a que gracias a todo el esfuerzo y la implicación de toda la gente que forma parte de Yakaar, nuestro pequeño granito de arena como voluntarios, llega mucho más lejos.
En definitiva, he tenido una experiencia preciosa y muy reconfortante. El cariño de los niños, la amabilidad y la generosidad de la gente, el gran trabajo que hacen nuestros traductores y conductores que colaboran al máximo para que nuestro paso por allí sea lo más productivo posible. Todo ello hace que solo te queden ganas de repetir.
Como ya dije al principio, llegué a Senegal rota, pero me fui con una tirita en el corazón.
Cuarta vez en Senegal. Tercera con Yakaar. Después de tres años vuelvo, esta vez con mi hijo.
Al llegar al aeropuerto de Dakar, sensación de equipazo. Diferentes edades, nuevos y repetidores, Alfredo y Cristina. Muchas ganas, caras de expectación, miradas brillantes.
¿Qué puede salir mal?
Otra vez el Blue África, La Gazelle, Ambrosio, Mor, el calor y las mosquiteras. Los de siempre, mezcla de lenguas, gente que transmite alegría.
Al día siguiente el camino al país Bassari tan cautivador como largo y que, entre baobabs, aldeas llenas de niños y animales, motos y carros, controles de policía, plásticos sin recoger y naturaleza salvaje te va introduciendo en la África auténtica que tanto engancha y a la que siempre quieres volver.
Llegamos a los pueblos, los de siempre y alguno más. Se va viendo la huella de la labor de Yakaar. Más huertos, más paneles solares, consultorios, operados de otros años, muchas camisetas y mucha gente agradecida. La sensación de que queda mucho por hacer por mucho que se haga.
Senegal cautiva: su gente, sus paisajes, su amistad, su forma de compartir, su paciencia, sus sonrisas, sus valores, sus cacahuetes, su arroz con pollo. Impagable verles ganar en directo la copa África. Increíble el desembarco de los pescadores en Mbour. Los pelos de punta al ver la huerta de Dindefelo. Especial salir con Hugo y Mar a correr por las mañanas en Bandafassi. Ya tradicional el baño en la cascada. Emocionante ver a Alpha Yaya, de donde viene y lo que vale. Ver cómo nos cuida Hassanatou ya recompensa el pequeño esfuerzo que uno hace por venir.
Tras varios viajes, perspectiva algo mayor y mejor. La ilusión de la gente por crecer, la juventud del país y sus ganas, sus recursos deberían ser suficientes para que el avance sea visible en unos años. Espero poder seguir ayudando a que sea así.
Gracias a Jose María y a Yakaar por permitirme formar parte de ese proyecto y de ese progreso
Gracias a Alfredo, Cristina, Raquel, Mar, Marisa, Nieves, Alberto y Marías por ha-cerme pasar días tan fáciles en el trabajo.
Abrazo especial para Ambrosio, Los Arounas, Moussa, Mor, Mamadou, Alpha y Mustapha, Kalifa, Alpha Yaya, Hassanatou y alguno que seguro se me olvida por su cercanía y sus tés y por sus ganas de enseñar y aprender.
Gracias, Yarama, Yereyef.
Hace un mes volvimos del País Bassari y todavía sigo pensan-do mucho en todo lo que vivimos allí. Para mí fue una experiencia muy fuerte, porque era el más joven del grupo y la única persona que no era médico ni enfermero. Al prin-cipio iba con bastante miedo, porque no sabía muy bien qué podía aportar ni si iba a estar a la altura. Sin embargo, desde el primer día me trataron genial y me hicieron sentir uno más del equipo. Además, me fueron enseñando cómo hacer peque-ñas cosas médicas para poder ayudar: preparar material, organizar consultas o colaborar en tareas básicas.
En sitios como Dindefelo me impactó mucho ver cómo era la vida. No había casi comodida-des (algún día ni siquiera agua o luz). Allí te das cuenta de que cosas que para nosotros son normales, como una buena vivienda o ciertos servicios, allí no están aseguradas.
Verlo en persona cambia bastante la perspectiva.
En Bandafassi la experiencia fue diferente. Nos cuidaron muy bien con y siempre estuvieron pendientes de nosotros. A pesar de tener pocos recursos, compartían lo que podían y nos hacían sentir muy acogidos. Me sorprendió esa forma de tratar a la gente, tan cercana y tan agradecida.
Algo que recuerdo mucho son las mañanas. Me gustaba salir a correr temprano, cuando todavía no hacía tanto calor y todo estaba tranquilo. Era un momento para pensar y para asimilar todo lo que estaba viviendo. También la comida fue parte importante de la experiencia. A mí, la verdad, me gustaba bastante, aunque a la mayoría del equipo no tanto. Era diferente a lo que estamos acos-tumbrados, pero para mí eso también forma-ba parte de conocer realmente el lugar.
Y, sin duda, me quedo con los niños. A pesar de las condiciones en las que viven, siempre estaban sonriendo.
Cuando conseguías sacarles una sonrisa jugando un rato con ellos o simplemente estando allí, te ibas con una sensación muy buena. Momentos pequeños, pero que se quedan grabados.
Ha sido una experiencia que me ha hecho darme aún más cuenta de la diferencia que existe entre un país como Senegal y España, pero también me ha enseñado que con poco se puede hacer mucho. Me vuelvo con más ganas de seguir aprendiendo y ayudando en todo lo que pueda.
Por último, quiero decir que estoy muy agradecido con la ONG por haberme dado la ocasión de ir y ayudar, incluso sabiendo que no tenía tanto que aportar como otros profesionales que quizá se quedaron fuera. Para mí ha sido una oportunidad enorme y algo que voy a valorar siempre.
Muchas gracias a Mor y a Ambrosio, a Alberto, Mar, a Alfredo y a Cristina, a Hassanatou, a Arounas, Marías y a todos los demás por hacérmelo todo tan fácil.
Belén, compañera de Ingeniería de Caminos, ha recibido este año el premio Rafael Izquierdo que nosotros recogimos en su día. En su escrito resalta “la fuerza de las alianzas”.
Pocas veces damos cabida en nuestro boletín a otras voces procedentes de otras asociaciones pero en esta ocasión hemos querido recoger el que nos ha remitido Belén Fernández, coordinadora de PROYECTO ESPERANZA como muestra de esa fuerza de las alianzas.
Podéis ver que hay muchas sinergias con lo que nosotros hacemos y donde lo hacemos e, incluso, la gente con la que trabajamos, pero, además, Belén nos ha dedicado unas jornadas de su intensa agenda para visitar nuestros proyectos. Esperamos que ello abra la puerta a futuras y fructíferas colaboraciones.
José María Piñero
Hay palabras que tardan años en escribirse, no por falta de tinta, sino porque cada una de sus letras representa un compromiso real con la vida de las personas. El pasado mes de diciembre, coincidiendo con el final de 2025, Proyecto ESPERANZA aterrizó en Senegal, con una misión muy especial, visitar las comunidades en las que, junto a la Universidad de Huelva (UHU), se habían financiado las actuaciones durante el año que acababa y que correspondían a la 9ª letra (la “A”) de Proyecto ESPERANZA.
Un compromiso que empezó hace una década: financiar un proyecto en África cada año, por cada una de las letras de la palabra esperanza.
El Viaje Rafael Izquierdo, nacido del reco-nocimiento de la Fundación Caminos ha sido apoyado por la Demarcación de Andalucía del Colegio de Ingenieros de Caminos e Ingeniería ATECSUR.
No ha sido solo una visita técnica; ha sido un ejercicio de escucha y un puente entre la ingeniería y el corazón de las comunidades que habitan en esta exigente región.
UN RECORRIDO POR EL IMPACTO REAL
Durante las dos semanas que pasamos sobre el terreno, pudimos constatar cómo la cooperación, cuando es respetuosa y cercana, mejora realmente vidas y como el esfuerzo de todas las personas involucradas en este proyecto da sus frutos:
MBURAKO
Fue una de las primeras paradas del viaje y una de las actuaciones más significativas En el momento en el que llegamos, pudimos presenciar la puesta en marcha del vallado, los trabajos en el huerto y la conexión de la balsa de riego al pozo existente.
Este proyecto responde a una necesidad expresada por las propias mujeres del pueblo, que hasta ahora tenían que desplazarse largas distancias para acceder al huerto que compartían con la comunidad vecina. Ese desplazamiento no solo requería horas de camino, sino que también generaba conflictos con las mujeres del pueblo donde se encontraba el huerto, dificultando la convivencia entre ambas comunidades. Pudimos celebrar con bailes y comida nuestra presencia en el pueblo y al despedirnos, las familias nos agradecieron la ayuda con un gesto tradicional de hospitalidad muy valorado: nos regalaron uno de sus gallos.
PELEL
La electrificación del colegio de Pelel puede parecer una actuación sencilla en su ejecución, pero es enorme en su impacto. En nuestra visita fuimos conscientes de la situación en la que se encuentran las aulas del colegio. La financiación de paneles solares y su instalación y su conexión al sistema eléctrico, permite la iluminación interior en las aulas, permitiendo ampliar los horarios de clase, mejorar las condiciones de docencia, celebrar reuniones, cargar dis-positivos y equipos educativos, ofreciendo un espacio más funcional a toda la comunidad.
NANDOUMARI (DJOGOMA)
La visita a Djogoma fue muy emotiva. El pueblo celebraba la inauguración conjunta de dos actuaciones fundamentales: las letrinas construidas junto al colegio, financiadas por Proyecto ESPERANZA, y el nuevo pozo y el depósito elevado alimentado por paneles solares, construidos por la UHU.
Las puesta en marcha de las letrinas, ofrecen un espacio seguro y digno para niñas y niños, reduciendo ausencias esco-ares —especialmente entre las niñas— y mejorando las condiciones sanitarias del centro.
Como bien escuchamos en la inauguración, "L'union fait la force" (La unión hace la fuerza); una frase que resume la esencia de nuestro trabajo conjunto con la UHU y las comunidades locales.
La celebración fue completa: música, baile, discursos y un ambiente de orgullo com-partido. La comunidad resaltó la importancia del saneamiento digno y del acceso estable al agua, recordándonos que estos ele-mentos, que en otros lugares pueden parecer básicos, aquí representan un cambio profundo en la vida diaria.
LA FUERZA DE LAS ALIANZAS
Tuvimos la oportunidad de compartir tiempo con el equipo de Yakaar África. Su equipo nos abrió su casa y nos permitió acompañarlos en sus tareas. Escuchar sus historias, costumbres y tradiciones nos permitió reforzar la idea de que la cooperación debe construirse desde el acompañamiento respetuoso y no desde la intervención, entendiendo que cada acción debe adaptarse a los ritmos culturales y a la realidad de cada pueblo.
Es emocionante ver cómo entes tan diferentes sumamos esfuerzos, desde el ámbito institucional, hasta el impulso empresarial y por supuesto el esfuerzo humano que nos acompaña desde el inicio de Proyecto ESPERANZA, para que el desarrollo humano y el impacto real sea una realidad tangible a miles de kilómetros.
ROSTROS DETRÁS DE LOS NÚMEROS
Lo más valioso que dejamos en Senegal no son las actuaciones financiadas y que pudimos visitar, sino las historias que nos traemos grabadas.
Conocimos a Mariama en Mburako, mientras sacaba agua del pozo con una energía tremenda. A sus 20 años, su historia es el vivo reflejo de cómo la falta de infraestructuras básicas corta las alas del futuro. Cuando tenía 17 años, Mariama era una estudiante que pedaleaba cada día hasta Dindefelo para ir a clase. Cuando su bicicleta se rompió, comenzó a ir caminando al colegio: una hora y media de ida y otra de vuelta bajo el sol de Senegal. “Llegaba tan cansada que ya no podía concentrarme”, nos confesó. Al final, la distancia fue mayor que sus fuerzas y tuvo que abandonar sus estudios.
Ver la felicidad de Mariama y del resto de mujeres por tener cerca un huerto de-muestra por qué este proyecto es vital. El huerto no es solo agricultura; es evitar que las mujeres tengan que caminar kilómetros, es darles tiempo, es autonomía. Este momento nos hizo ver que un grifo o un vallado perimetral pueden ser la frontera entre la precariedad y la dignidad.
En Dindefelo tuvimos la suerte de conocer a Román, un artista local cuya obra es un testimonio visual de la fuerza y el peso que soportan las mujeres en su comunidad.
Román es un artista que utiliza sus pinceles para representar escenas cotidianas pero también para denunciar las desigualdades que se esconden tras la tradición que, en muchos casos es presentada como intocable y que no siempre es sinónimo de justicia, sino todo lo contrario.
Sus láminas muestran a mujeres cargando cántaros, trabajando la tierra y sosteniendo el mundo. De su boca escuchamos un proverbio africano que según él refleja la realidad de su entorno: “Si las mujeres bajaran los brazos, el cielo se caería”.
Román ha sido cuestionado y le ha costado mucho a nivel personal. Su pensamiento crítico y la “rebeldía” que lo ha llevado a atreverse a cuestionar las normas culturales más rígidas de su pueblo, han hecho que muchos de sus compañeros y vecinos lo tachen de “loco” al defender que la tradición no siempre es sinónimo de justicia.
Roman sueña con una escuela de pintura en Dindefelo para que los jóvenes aprendan a imaginar realidades más iguales, para que aprendan a expresarse, reflexionar y romper silencios heredados. Hablando con él nos dimos cuenta de que al desarrollo también se llega a través de un pensamiento crítico y la libertad de imaginar realidades distintas.
Pocos días antes de marcharnos visitamos el campamento “Tako Mayo” donde conocimos a Alpha, un hombre cuya gratitud hacia su madre, a quien vio trabajar incansablemente toda su vida y de quien aprendió la perseverancia y la fortaleza que caracteriza a las mujeres que sostienen la comunidad, se ha transformado en un santuario de oportunidades para otras mujeres. Junto a la ONG Bassari África, Alpha dirige el centro "Lueur d’espoir" (Rayo de Esperanza).
Se trata de un programa extraordinario, donde cada año, 17 mujeres se matriculan para cursar un programa de alfabetización, formación práctica, acompañamiento personal y un mensaje que resume su filosofía: “la mujer tiene derecho a elegir”. Para entrar en el centro las mujeres y sus familias firman un compromiso: no abandonar, no casarse antes de los 20 años y no quedarse embarazadas durante el proceso.
Más de 100 mujeres esperan poder ingresar el próximo año. Con Alpha aprendimos que el desarrollo no es solo infraestructura: es acompañamiento, es visión, es un acto de amor y de justicia.
Alpha nos dijo algo que nos encantó: “Si salvas a una mujer, tienes el paraíso”.
Estas historias ponen rostro a nuestro esfuerzo y dan sentido a cada donación y a cada persona o empresa que ha decidido caminar con nosotros hasta nuestra meta en cada letra de Proyecto ESPERANZA.
CONCLUSIÓN: UN PROPÓSITO COMPARTIDO
Durante el Viaje Rafael Izquierdo, nos damos cuenta de que la novena letra de Proyecto ESPERANZ”A” es, en realidad, el comienzo de nuevas historias. Kedougou nos ha enseñado que las soluciones más sencillas pueden tener el impacto más profundo y la certeza de que la cooperación funciona cuando suma "un poco de cada uno".
Porque como hemos visto en cada visita…la esperanza solo se convierte en acción cuando muchas manos deciden unirse por un propósito común.
¡Yarama buy a todos los que hacéis esto posible!