Belén, compañera de Ingeniería de Caminos, ha recibido este año el premio Rafael Izquierdo que nosotros recogimos en su día. En su escrito resalta “la fuerza de las alianzas”.
Pocas veces damos cabida en nuestro boletín a otras voces procedentes de otras asociaciones pero en esta ocasión hemos querido recoger el que nos ha remitido Belén Fernández, coordinadora de PROYECTO ESPERANZA como muestra de esa fuerza de las alianzas.
Podéis ver que hay muchas sinergias con lo que nosotros hacemos y donde lo hacemos e, incluso, la gente con la que trabajamos, pero, además, Belén nos ha dedicado unas jornadas de su intensa agenda para visitar nuestros proyectos. Esperamos que ello abra la puerta a futuras y fructíferas colaboraciones.
José María Piñero
Hay palabras que tardan años en escribirse, no por falta de tinta, sino porque cada una de sus letras representa un compromiso real con la vida de las personas. El pasado mes de diciembre, coincidiendo con el final de 2025, Proyecto ESPERANZA aterrizó en Senegal, con una misión muy especial, visitar las comunidades en las que, junto a la Universidad de Huelva (UHU), se habían financiado las actuaciones durante el año que acababa y que correspondían a la 9ª letra (la “A”) de Proyecto ESPERANZA.
Un compromiso que empezó hace una década: financiar un proyecto en África cada año, por cada una de las letras de la palabra esperanza.
El Viaje Rafael Izquierdo, nacido del reco-nocimiento de la Fundación Caminos ha sido apoyado por la Demarcación de Andalucía del Colegio de Ingenieros de Caminos e Ingeniería ATECSUR.
No ha sido solo una visita técnica; ha sido un ejercicio de escucha y un puente entre la ingeniería y el corazón de las comunidades que habitan en esta exigente región.
UN RECORRIDO POR EL IMPACTO REAL
Durante las dos semanas que pasamos sobre el terreno, pudimos constatar cómo la cooperación, cuando es respetuosa y cercana, mejora realmente vidas y como el esfuerzo de todas las personas involucradas en este proyecto da sus frutos:
MBURAKO
Fue una de las primeras paradas del viaje y una de las actuaciones más significativas En el momento en el que llegamos, pudimos presenciar la puesta en marcha del vallado, los trabajos en el huerto y la conexión de la balsa de riego al pozo existente.
Este proyecto responde a una necesidad expresada por las propias mujeres del pueblo, que hasta ahora tenían que desplazarse largas distancias para acceder al huerto que compartían con la comunidad vecina. Ese desplazamiento no solo requería horas de camino, sino que también generaba conflictos con las mujeres del pueblo donde se encontraba el huerto, dificultando la convivencia entre ambas comunidades. Pudimos celebrar con bailes y comida nuestra presencia en el pueblo y al despedirnos, las familias nos agradecieron la ayuda con un gesto tradicional de hospitalidad muy valorado: nos regalaron uno de sus gallos.
PELEL
La electrificación del colegio de Pelel puede parecer una actuación sencilla en su ejecución, pero es enorme en su impacto. En nuestra visita fuimos conscientes de la situación en la que se encuentran las aulas del colegio. La financiación de paneles solares y su instalación y su conexión al sistema eléctrico, permite la iluminación interior en las aulas, permitiendo ampliar los horarios de clase, mejorar las condiciones de docencia, celebrar reuniones, cargar dis-positivos y equipos educativos, ofreciendo un espacio más funcional a toda la comunidad.
NANDOUMARI (DJOGOMA)
La visita a Djogoma fue muy emotiva. El pueblo celebraba la inauguración conjunta de dos actuaciones fundamentales: las letrinas construidas junto al colegio, financiadas por Proyecto ESPERANZA, y el nuevo pozo y el depósito elevado alimentado por paneles solares, construidos por la UHU.
Las puesta en marcha de las letrinas, ofrecen un espacio seguro y digno para niñas y niños, reduciendo ausencias esco-ares —especialmente entre las niñas— y mejorando las condiciones sanitarias del centro.
Como bien escuchamos en la inauguración, "L'union fait la force" (La unión hace la fuerza); una frase que resume la esencia de nuestro trabajo conjunto con la UHU y las comunidades locales.
La celebración fue completa: música, baile, discursos y un ambiente de orgullo com-partido. La comunidad resaltó la importancia del saneamiento digno y del acceso estable al agua, recordándonos que estos ele-mentos, que en otros lugares pueden parecer básicos, aquí representan un cambio profundo en la vida diaria.
LA FUERZA DE LAS ALIANZAS
Tuvimos la oportunidad de compartir tiempo con el equipo de Yakaar África. Su equipo nos abrió su casa y nos permitió acompañarlos en sus tareas. Escuchar sus historias, costumbres y tradiciones nos permitió reforzar la idea de que la cooperación debe construirse desde el acompañamiento respetuoso y no desde la intervención, entendiendo que cada acción debe adaptarse a los ritmos culturales y a la realidad de cada pueblo.
Es emocionante ver cómo entes tan diferentes sumamos esfuerzos, desde el ámbito institucional, hasta el impulso empresarial y por supuesto el esfuerzo humano que nos acompaña desde el inicio de Proyecto ESPERANZA, para que el desarrollo humano y el impacto real sea una realidad tangible a miles de kilómetros.
ROSTROS DETRÁS DE LOS NÚMEROS
Lo más valioso que dejamos en Senegal no son las actuaciones financiadas y que pudimos visitar, sino las historias que nos traemos grabadas.
Conocimos a Mariama en Mburako, mientras sacaba agua del pozo con una energía tremenda. A sus 20 años, su historia es el vivo reflejo de cómo la falta de infraestructuras básicas corta las alas del futuro. Cuando tenía 17 años, Mariama era una estudiante que pedaleaba cada día hasta Dindefelo para ir a clase. Cuando su bicicleta se rompió, comenzó a ir caminando al colegio: una hora y media de ida y otra de vuelta bajo el sol de Senegal. “Llegaba tan cansada que ya no podía concentrarme”, nos confesó. Al final, la distancia fue mayor que sus fuerzas y tuvo que abandonar sus estudios.
Ver la felicidad de Mariama y del resto de mujeres por tener cerca un huerto de-muestra por qué este proyecto es vital. El huerto no es solo agricultura; es evitar que las mujeres tengan que caminar kilómetros, es darles tiempo, es autonomía. Este momento nos hizo ver que un grifo o un vallado perimetral pueden ser la frontera entre la precariedad y la dignidad.
En Dindefelo tuvimos la suerte de conocer a Román, un artista local cuya obra es un testimonio visual de la fuerza y el peso que soportan las mujeres en su comunidad.
Román es un artista que utiliza sus pinceles para representar escenas cotidianas pero también para denunciar las desigualdades que se esconden tras la tradición que, en muchos casos es presentada como intocable y que no siempre es sinónimo de justicia, sino todo lo contrario.
Sus láminas muestran a mujeres cargando cántaros, trabajando la tierra y sosteniendo el mundo. De su boca escuchamos un proverbio africano que según él refleja la realidad de su entorno: “Si las mujeres bajaran los brazos, el cielo se caería”.
Román ha sido cuestionado y le ha costado mucho a nivel personal. Su pensamiento crítico y la “rebeldía” que lo ha llevado a atreverse a cuestionar las normas culturales más rígidas de su pueblo, han hecho que muchos de sus compañeros y vecinos lo tachen de “loco” al defender que la tradición no siempre es sinónimo de justicia.
Roman sueña con una escuela de pintura en Dindefelo para que los jóvenes aprendan a imaginar realidades más iguales, para que aprendan a expresarse, reflexionar y romper silencios heredados. Hablando con él nos dimos cuenta de que al desarrollo también se llega a través de un pensamiento crítico y la libertad de imaginar realidades distintas.
Pocos días antes de marcharnos visitamos el campamento “Tako Mayo” donde conocimos a Alpha, un hombre cuya gratitud hacia su madre, a quien vio trabajar incansablemente toda su vida y de quien aprendió la perseverancia y la fortaleza que caracteriza a las mujeres que sostienen la comunidad, se ha transformado en un santuario de oportunidades para otras mujeres. Junto a la ONG Bassari África, Alpha dirige el centro "Lueur d’espoir" (Rayo de Esperanza).
Se trata de un programa extraordinario, donde cada año, 17 mujeres se matriculan para cursar un programa de alfabetización, formación práctica, acompañamiento personal y un mensaje que resume su filosofía: “la mujer tiene derecho a elegir”. Para entrar en el centro las mujeres y sus familias firman un compromiso: no abandonar, no casarse antes de los 20 años y no quedarse embarazadas durante el proceso.
Más de 100 mujeres esperan poder ingresar el próximo año. Con Alpha aprendimos que el desarrollo no es solo infraestructura: es acompañamiento, es visión, es un acto de amor y de justicia.
Alpha nos dijo algo que nos encantó: “Si salvas a una mujer, tienes el paraíso”.
Estas historias ponen rostro a nuestro esfuerzo y dan sentido a cada donación y a cada persona o empresa que ha decidido caminar con nosotros hasta nuestra meta en cada letra de Proyecto ESPERANZA.
CONCLUSIÓN: UN PROPÓSITO COMPARTIDO
Durante el Viaje Rafael Izquierdo, nos damos cuenta de que la novena letra de Proyecto ESPERANZ”A” es, en realidad, el comienzo de nuevas historias. Kedougou nos ha enseñado que las soluciones más sencillas pueden tener el impacto más profundo y la certeza de que la cooperación funciona cuando suma "un poco de cada uno".
Porque como hemos visto en cada visita…la esperanza solo se convierte en acción cuando muchas manos deciden unirse por un propósito común.
¡Yarama buy a todos los que hacéis esto posible!