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ABRAZOS QUE CURAN EL ALMA

Isabel Chacón Pascual

Mis visitas a País Bassari siempre habían sido en términos de voluntariado y duro trabajo, y me apetecía visitarlo de vacaciones para poder disfrutar de sus maravillosos paisajes y de sus gentes fuera del ajetreo que suponen las misiones sanitarias.

Muchos de mis amigos allí me habían comentado que debería visitar la zona en la época lluviosa, ya que el paisaje no tenía nada que ver con el que yo ya conocía… y en una larga noche de guardia de hospital, con tres compañeras de trabajo planificamos lo que sería un proyecto de viaje y se convirtió en una gran experiencia de convivencia, gracias a nuestro guía y amigo Diaw, que nos descubrió su país y su gente desde dentro, desde el corazón.

Mi experiencia como visitante “turista” es ambivalente: no tiene nada que ver con las misiones sanitarias de Yakaar África, ya que no es el maratón de trabajo de anteriores visitas, pero lo que siempre es igual es el cariño y la hospitalidad de su gente.

El reencuentro con todos los conocidos ha sido como encontrarse con la familia del pueblo, a la que hace tiempo que no ves, y más de un abrazo ha hecho que me saltaran las lágrimas de emoción.

Entrañables abrazos de Diaw, Alpha, Alliou, Arouna de Ibel, Arouna de Bandafassi, Dembele, las matronas de Dindefelo, Amanda, Senny, Madou, Román y un largo etcétera, me han llegado muy adentro, esta gente es especialista en dar abrazos que curan el alma. Esos abrazos sinceros y agradecidos, donde no hay egoísmo ni desigualdad.

La visita de todo el grupo a Ousmane fue muy emotiva, que con su perfecto dominio del castellano nos enseñó su poblado, nos presentó a todos sus amigos y casi jugamos un partido de fútbol en un paraje espectacular, aunque al final no pudo ser… pero que queda pendiente, eso ya lo sabe Ousmane, que no se le olvida ni una. !!!!Grande y luchador mi Ousmane¡¡¡¡

También muy emocionante que mucha gente del poblado de Dindefelo, así como algunos pacientes me recordarán y me saludarán de esa manera que sólo la teranga senegalesa sabe hacer.

Y la experiencia de mis amigas, que viajaban a África por primera vez ha sido genial, me comentaban que hay que vivirlo para comprenderlo, a pesar de todo lo que les había contado y mira que les he contado cosas, no es posible explicar con palabras los sentimientos de fraternidad, humildad y cariño que han experimentado durante su estancia en el país de la hospitalidad con el visitante y sus condiciones de vida sin perder esa maravillosa sonrisa.

Recorrer el verde paisaje de la época de lluvia, un baño en la cascada de Dindefelo, la subida a Dande, lavar la ropa en el río Gambia en Afia, los problemas para atravesar los caminos y el gran ingenio de sus gentes para conseguirlo, es otra forma de disfrutar Senegal, más tranquila y sosegada que en las misiones, pero igual de gratificante… ya mi segunda casa y familia para siempre. Esperando regresar pronto.

TODAVÍA ME EMOCIONO AL RECORDARLO

Mar Domínguez

Este ha sido mi primer viaje a Senegal y estoy segura de que no será el último. Ha sido una experiencia muy intensa a todos los niveles y me es imposible transmitir lo vivido en unas líneas. Es un país que me ha cautivado desde el primer momento, por su color y su naturaleza tan exuberante y salvaje, pero sin duda lo que hace tan especial a Senegal, es su gente, que te recibe con los brazos abiertos y te transmite una autenticidad.

y generosidad que nosotros estamos perdiendo y nos vuelve grises, los senegaleses vibran con fuerza y se comunican de corazón a corazón por lo que el idioma no es una barrera.

Conocer Senegal también despier-ta sentimientos contradictorios, he vivido con gran impotencia situaciones en las que la corrupción imperante en el poder así como el conformismo de algunos no permite avanzar a su gente y mejorar su situación, y al mismo tiempo he podido observar las ganas de luchar y aspirar a un futuro mejor de la mayoría de sus habitantes que viven tan precariamente y con escasos recursos. Hay mucho por hacer en muchos campos, sanidad, educación, la gestión de los residuos, la luz y el agua potable en los poblados es un gran problema… Hemos visitado dispensarios y centros de salud en País Bassari que carecen de lo más básico, donde se trabaja en unas condiciones durísimas por la escasez de TODO, eso te deja pensando y muy tocado, y el impacto es más fuerte si cabe, pues mis compañeras de viaje y yo trabajamos en un hospital. Hemos visto que cualquier aportación es bienvenida, hasta un simple paracetamol puede cambiar el día de alguien, así que desde hoy aportaré mi pequeño granito haciéndome socia de YAKAAR ÁFRICA pues he visto de primera mano la gran labor que desempeñan.

En definitiva, me llevo la alegría que transmite la sonrisa de los niños, las innumerables muestras de cariño recibidas por todo aquel que se cruzó en nuestro camino dándonos la bienvenida, y en especial recordaré el abrazo sincero del padre de Ousmane cuando visitamos su poblado… todavía me emociono al recordarlo. Gracias Senegal por tanto, volveré pronto.

NO ENCUENTRO PALABRAS

Raquel Valero

Sinceramente, no encuentro las palabras para definir mis sentimientos en este maravilloso viaje, que probablemente nunca olvidaré.

En mi mente y en mi corazón se quedan guardados momentos maravillosos, sensa-ciones únicas, olores especiales, sonidos mágicos, risas entrañables, miradas que te llenan el corazón de un país especial que te atrapa para siempre.

Para mí, hay un antes y un después de este viaje ya que por mucho que me contara mi amiga hay que experimentar todas estas sensaciones uno mismo, y ver en el terreno cual es la situación real de tantísima gente necesitada. Espero desde aquí poder aportar un poco de ayuda y todo mi cariño al pueblo senegalés formando parte de esa gran familia de Yakaar África.

NO SÉ POR DONDE EMPEZAR

Elvira Centelles

No sabría por dónde empezar a contar mi experiencia en este viaje. A mí me ha aportado mucho darme cuenta que con los pocos recursos que tienen, como su gente sabe vivir, reír y son felices. Tenemos tanto que aprender.

Pero también me he dado cuenta que hay que hacer mucho y concienciarnos todos, nosotros y ellos, tendrían que valorarse más y no permitir algunas cosas, para eso hace falta educación y luchar por los derechos como personas. Hay mucho por hacer por parte de todos, población y gobernantes.

Yo me he sentido muy bien, los senegaleses son personas especiales, son felices con lo poco que tienen, y eso para mí es un punto a su favor.

En este viaje me he dado cuenta que toda ayuda que podamos aportar es un pequeño granito de arena muy importante para sus habitantes. Y yo ya me siento una integrante más de la familia de Yakaar África en Senegal. Regreso con el corazón lleno de sentimientos positivos.

HE APRENDIDO MUCHO EN ESTE VIAJE

Ana Maria Garcia Fuster

Aunque no creo en las casualidades, mi viaje a Senegal vino así por casualidad. La verdad es que siempre había deseado conocer África desde dentro pero Senegal tampoco estaba en mis planes.

Vino así todo fácil de la mano de José María que lo anunció en la página del colegio de caminos. ¿Nos apuntamos? Pues vale.

Expectativas todas y ninguna, Iba a ir con un grupo que no conocía de nada y a un sitio que no era especialmente bonito, pero tenía algo mágico que me entró por los ojos y por el corazón

Ya empezó la complicidad en el aeropuerto con los compañeros del viaje, un vinito blanco, risas y la intuición de que iba con personas de las que deja huella.

Conocimos a Ousmane un niño senegalés operado del corazón que venía con nosotros de vuelta a su aldea con su larga familia, porque en Senegal las familias son enormes. Padre, madres, tíos y muchos muchísimos niños.

En unas horitas nos plantamos en África y se siente: aire caliente, maletas atadas con cuerdas en el techo del autobús y muchas sonrisas.

Conocimos Demba y Ambrosio, nuestros guías. Personas maravillosas que nos acercaron con amor y paciencia a la realidad de su querido país.

El primer día alucinante, una playa. Infinita con unas dunas espectaculares y unas mujeres elegantes llegando cestos en la cabeza, pulseras que te "regalan" con una sonrisa y que ya forman parte de ti todo el camino.

Luego llegaron los baobab mágicos, los caminos de polvo y horas de autobús con Ambrosio apuntando las comidas: que si pollo con arroz con patatas con ensalada que lo mismo con pescado, que si yo quiero dos primeros yo solo ensalada pero sin salsa. Todos los días un lío maravilloso que nos hacía sonreir a todos.

Después llegaron las primeras visitas al poblado de los niños albinos , muchísimos niños, vestidos de colores, chanclas grandes, pequeñas, rotas y si no descalzos, faldas y manitas, muchas manitas y filas ordenadas aunque con un poco de barullo para recibir un boli.

No puedo describir lo que sientes en esos momentos mezclándose amor y rabia y te preguntas muchas cosas. Después del revolcón emocional tuvimos unos ratos de relax en la piscina del hotel, nos tomamos unas cervezas deliciosamente frías y pasamos una noche de calor.

Vamos a llevar a Ousmane a su casa. Hay montones de gente esperando y muchas niñas y niños, mujeres, abrazos y comenzó el impactante baile africano, ese baile de las mujeres que te emociona y te llena de ritmo el corazón.

Dejar allí a Ousmane y ver a los suyos fue una experiencia increíble de esas que no se olvidan nunca. Es otra manera de entender la vida de vivir otra idea de la familia, de las relaciones y de la amistad. Todos comparten lo poco que tienen se mueven en multitud.

Otro momento muy emotivo del viaje fue el recibimiento en Agnack todo el pueblo bailando y cantando. Nos llevaron a la maternidad que había construido Yakaar y todo el mundo súper agradecido: el alcalde, enfermeros y pacientes. No estamos acostumbrados a recibir tanto por tan poco José María y sus colaboradores de Yakaar son verdaderos héroes.

Y manitas muchas manitas ofreciendo calor. Cielo mágico en Carabane sonido de tambores. El autobús lleno de mangos y cacahuetes, incluido huevos y un pollo vivo. Los senegaleses son muy generosos

He aprendido muchísimo en este viaje lo primero que me viene a la mente es para que acumulamos tantísimas cosas si no son necesarias.

Luego que se puede vivir de otras maneras con dos madres muchos hermanos un poco de arroz para compartir y alegría mucha alegría les he visto con muchas carencias pero felices. Claro que todo esto se puede mejorar necesitan muchísimas cosas básicas, agua por ejemplo y aquí es donde entra Yakaar África. Está haciendo unos proyectos con las mujeres que son las más receptivas para intentar cambiar un poquito su vida, darles una oportunidad de tener que dar a sus hijos todos los días para comer, granjas de pollos, fábricas de mermeladas, huertos... en fin hay que echarle un poquito de imaginación y mucho, mucho trabajo

Es difícil lo sé pero desde este viaje me comprometo a poner un granito de arena en todo esto qué es África Senegal, gracias José María y gracias a todos mis compis de viaje ha sido una aventura inolvidable.

ACRÓSTICO SENEGALÉS

Belén Varela-Villamor

Cuando me ofrecieron por primera vez la oportunidad de viajar a Senegal, no sabía muy bien ni a donde iba. Lo ubicaba en el mapa, conocía parte de su historia pero no era consciente de lo que iba a aprender en el viaje. Ni un poquito. Si lo tuviera que describir esta sería mi definición:

Sentimiento a flor de piel: contraste de sensaciones y de emociones. Rabia ante las situaciones de pobreza extrema que se aprecian por donde vayas, imposibles de ocultar, contrastando con la alegría por saber y comprobar que con muy poco se puede hacer mucho por los habitantes de este país, especialmente por sus niños.

Empatía: la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otro puede sentir, con todo y todos. Las jornadas vividas con los diferentes miembros de las aldeas senegalesas me demostraron que son abiertos, generosos y que se muestran tal cual son, por lo que resulta sencillo comprenderlos e interactuar con ellos.

Necesidad: Presente a tu alrededor desde que pisas su país. La ves en las caras y ojos de todos, nadie queda exento. Necesidades materiales que contrastan con su plenitud de energía y generosidad para dar y compartir lo poco que poseen.

Emoción: La que sentí cuando llegué al poblado de los albinos de Koumpeltoum y comprobé una realidad que desconocía y que posiblemente desconozcan muchos; la que me embargó cuando nos recibieron en el poblado de Ousmane y nos despedimos de él, difícil de olvidar. En definitiva toda la que sentí durante el viaje desde su principio hasta el final.

Gratitud: La que te demuestran en todo momento por poco que hagas y que unida a su generosidad te envuelve en ese clima que marca toda la estancia en Senegal. También mi gratitud por haber tenido la oportunidad de vivir una experiencia así. Un viaje más allá de los paisajes y los colores, un recorrido por las emociones y sensaciones que no percibimos en nuestro medio de confort habitual.

Alegría: Al comprobar lo agradecidos que están por la ayuda que reciben, por hacerte sentir especial al visitar los proyectos de Yakaar. Especialmente la que transmiten los niños en todo momento jugando contigo.

Logros: Los conseguidos y los muchos por lograr. Los que gracias a Yakaar África se han materializado y por los que siguen trabajando para mejorar y ayudar en todo lo posible. Los centros de salud o las escuelas son ejemplos de cómo con poco se consigue mucho, de cómo con pasión por ayudar y la colaboración de muchos se puede mejorar las condiciones de vida de poblaciones enteras.

En definitiva SENEGAL ha sido para mí en este primer viaje un cóctel de sensaciones que lejos de quedar plasmadas en este resumen, han quedado marcadas en mí para siempre. Una experiencia que animaría a vivir a todo aquel que quiera ayudar y dejarse ayudar, percibir que lo que tenemos y disfrutamos aquí no lo es todo, que hay vida y personas en mayúsculas que nos hacen ver que tenemos mucho más de lo que necesitamos y que todavía carecemos y de muchas cosas que ellos si tienen.

VENGO CHORREANDO VERDAD

Marisa Perales

Marisa Ousmane tiene 10 años, nació con un agujero en el corazón, en un lugar de Senegal. En España, esa malformación se opera a los quince días y todos los bebés se curan. Ousmane pasó por quirófano a los 7 años. Demasiado tarde. Le llevamos de vuelta a su poblado tras haber permanecido tres años en nuestro país recuperándose. Este niño fue la primera persona que me presentaron en el aeropuerto de Madrid. Era viernes, 26 de abril. Dos meses antes alguien me preguntó: “Te apetece viajar a Senegal”. “No se me ha perdido nada allí”, contesté. De todos los países que tengo pendientes, Senegal, desde luego, no entraba en mis prioridades. Acabo de regresar. Y ha sido una de las mejores experiencias que recuerdo en mucho tiempo.

Once días creo ser suficientes para poder confirmar que el viaje ha resultado fascinante en todos los aspectos y voy a tratar de compartir las emociones que me he traído. Vaya por delante que no conocía al organizador, José María Piñero, alma Mater de YAKAAR AFRICA, ni sabía a qué se dedicaba esta O.N.G. Dicho esto, no debo nada a nadie.

En Senegal no hay catedrales, museos, reliquias, edificios, santuarios ni piedras antiguas, así que quien busque arte abstenerse de este destino. En Senegal hay vida, hay magia y mucha verdad. Vengo chorreando verdad. ¿Que qué me ha atraído de Senegal?, lo diferente que es este país, lo especial y cautivador que es. Y esa atracción no es posible, para ser justos, sin el empeño de dos senegaleses –Demba y Ambroise-, que se dejaron el alma para que el viaje saliera redondo. Eso sí, bajo la batuta de Jose María Piñero.

Me explico. YAKAAR ha ayudado a construir granjas, huertos, escuelas, hospitales y maternidades en ciertas zonas y allí donde íbamos, sus habitantes nos han tenido reparos en acogernos en sus poblados, abierto sus chozas, permitido comer con ellos el poco arroz o mijo del que disponen a diario, jugar con sus hijos, coger en brazos a los bebés, transmitirnos el calor de sus manos y abrazarnos. Eso es impagable.

De todo lo visitado, visto, fotografiado y hablado, quiero compartir las siguientes imágenes. Difícil de olvidar un paseo por una playa virgen en un 4 por 4 subiendo y bajando dunas teniendo por delante el Atlántico con toda su inmensidad y por detrás el lago Rosa (punto de llegada del famoso rally París-Dakar). Me sobrecogió el recibimiento del poblado de Ousmane. Aquellas mujeres bailando con sus mejores galas y los hombres cantando. Tal era el ritmo que era difícil seguirlas. No se me va de la cabeza la gallina, el saco de mangos y de cacahuetes con los que nos obsequiaron acompañados de abrazos, muchos abrazos. Me apasionó la acogida en Agnack, un pueblo donde Yakaar ha construido una maternidad. Hombres, mujeres y niños se volcaron dando lo mejor de ellos: bailes, un cuenco de cacahuetes, una Fanta de naranja y apretones de manos sin cesar. Me chifló la llegada de pescadores en Mbour a media tarde tras una jornada de pesca. Jamás había conocido tanta marabunta de gente y tanto pescado en un puerto. Y retendré siempre en mi memoria la subida a la montaña de Iwol para visitar la tribu Bedicks para conocer su cultura animista.

Sería injusta si no mencionara la visita a Carabane y ese cielo estrellado y limpio y esos mercados sin turistas llenos de esas telas tan llamativas. Retendré para siempre el paseo en barca con dos hipopótamos que se sumergían y flotaban, no muy lejos de nosotros, en un recorrido por el río Gambia, y no olvidaré la belleza de esa isla colonial llamada Goree. Qué decir de las langostas, gambas y cangrejos que degustamos en Kabrousse? y de la noche que pasamos en el hotel La Paillote con los cebús tomando el sol en la playa?. Inolvidable.

No me dan más espacio así que termino diciendo que YAKAAR, en el idioma oficial de Senegal, significa esperanza. No espero mucho de sus dirigentes, pero sí de su pueblo. Se merece un futuro más digno.

PERSONALMENTE ME HA ENRIQUECIDO

Candelaria Martín

Desde hace unos 4 años que un compañero me hablo de este viaje, en ese momento pensé; tengo que hacerlo. Hace 5 días que regrese y voy a contaros mi experiencia.

Sobre los sitios turísticos como:

-Lago Rosa, las dunas, Isla de Gore, bosque de baobabs etc me han parecido interesante, turísticos, auténticos, anclados en el pasado, que no han perdido su esencia.

Pero lo más maravilloso de este país son sus gentes, sobre todo sus mujeres y niños y es lo que más me ha impactado.

Muy emocionante el encuentro de Ousmane con su familia y con todo el pueblo; el recibimiento que nos hicieron con su música, sus bailes, compartiendo con nosotros todo lo que tienen.

Lo mismo paso en los pueblos donde cooperáis que a pesar de llegar tarde, allí estaban, esperando con la comida (El arroz con pollo y cebolla estaba riquísimo)

Es la primera vez que, hacia un viaje de este tipo, personalmente me ha enriquecido, te hace valorar más lo que tienes y no dar importancia a pequeñeces.

Los pinchazos del autocar no les he dado ninguna importancia.

¿Quién es el culpable?

¿El último en el eslabón?

Para mí, no, aunque no vale de nada; le doy un voto a favor.

IMPRESIONES DE SENEGAL

Nieves Fernández Carbajo

He viajado en más ocasiones a Africa, pero esta es la primera vez que he tenido la sensación de estar en ella. Sientes el calor aplastante, respiras la tierra roja y se llena la vista de color y baobabs.

Es un país diverso en cuanto a etnias y dialectos pero con la característica común de la calidez y el colorido de la vestimenta sobre todo de las mujeres y de los niños. Siempre con la sonrisa, el baile y dándonos una cálida acogida.

Aunque hayan conseguido la independencia del país es sólo en teoría porque siguen siendo dependientes, toda la infraestructura del país como carreteras, pozos, depósitos de agua o proyectos diversos han sido hechos con la ayuda de los países ricos. Lo único que la colonización no ha podido invadir son sus creencias, la mayoría se confiesan musulmanes y tiene a gala el considerarse tolerantes y que pueden convivir con los cristianos pero yo tengo la sensación que es porque en el fondo siguen siendo todos animistas y lo único en lo que creen son en sus amuletos y en sus rituales.

Es un país en el que no hay nada que ver, no tienen la fauna ni la exuberante naturaleza de otros países de Africa, tampoco tiene ninguna maravilla arquitectónica que pueda atraer al turismo. Es un país muy duro.

Es un país para sentir, gracias a haber tenido la oportunidad de viajar con Yakaar Africa he podido ver los proyectos que están desarrollando allí, lo luchadoras que son las mujeres que los están llevando a cabo y la gratitud que tienen hacia la organización, por ello cada vez que llegábamos a algún poblado éramos esperados y recibidos con agradecimiento y con maravillosas danzas tradicionales que nos dejaban boquiabiertos. Ha sido una bonita experiencia, son amables y generosos y con eso es con lo que me quedo.

ME HABÍA QUEDADO UN MAL SABOR DE BOCA…

José María Piñero Campos

Me había quedado un mal sabor de boca ocasionado por los 6 pinchazos sufridos en la misma rueda del mini bus alquilado por Demba a requerimiento mío para que fuéramos más cómodos. Los pinchazos no impidieron ninguna de las actividades previstas, pero sí los tiempos muy necesarios de descanso y relax en los hoteles del camino. Debido a los pinchazos llegamos apresuradamente a algunos de los mismos, con el tiempo justito, a veces ni eso, para cenar. Una pena, pensaba para mí, cuando por una vez en la vida el viaje, desde mi punto de vista, estaba perfectamente planificado. Por una vez, no había ni recorridos excesivos, ni tiempos muertos, todo podía haber funcionado como un reloj de precisión suiza, pero…esto no es Suiza, es África.

Sin embargo, cuando me he puesto a clasificar las fotos me he dado cuenta de que ha sido un viaje maravilloso, lleno de experiencias irrepetibles, de enormes emociones, de momentos inolvidables y todo gracias a los mismos de siempre, ese increíble pueblo senegalés generoso y entregado, que no deja de sorprendernos con su cariño desbordante y su inagotable capacidad para agradecer lo poco que les damos.

La experiencia de vivir los primeros días del viaje con Ousmane convertido en un “turistilla pijo” no tiene precio. Sobre todo pensando donde le íbamos a dejar al cabo de apenas tres días. Pasar del primer mundo al tercero, o cuarto, o quinto, así en un abrir y cerrar de ojos no puede ser sino tarea de gigantes, de un superviviente como eres tú, Ousmane.

Hace tiempo escribí que lo daría todo por bien empleado si un día, al llegar a tu pueblo, salieras a abrazarme convertido en un joven sano y fuerte, completamente curado. Por desgracia ese sueño todavía no lo voy a poder cumplir. Ousmane vuelve a su casa, pero vuelve temporalmente a la espera de que pasará cuando crezca, esclavo de una medicación complicada, pero, obligado porque el ritmo de vida de este primer mundo le empezaba a resultar imposible. No tengas miedo, Ousmane, ni yo, ni ninguno del equipo que te ha cuidado, que te ha acogido, que te ha casi curado, arrojará tu toalla jamás, puedes estar seguro.

Creí que me iba a costar un mundo dejarte en tu pueblo, sin embargo, tuve la inmensa suerte de poder escaparme de la subida a Iwol para ir a despedirme de tí una segunda vez, acompañado por José Antonio y, además, tuve la inspiración de llevar un balón para que pudieras jugar con tus amigos. Ahí se disiparon todos mis temores. Nos creemos felices por tener miles de cosas inútiles, cuando la felicidad puede estar en algo tan sencillo como pegarle patadas a una pelota rodeado de decenas de verdaderos amigos.

Pero ha habido muchos más momentos inolvidables, enumerarlos sería muy largo y reiterativo. Debo reconocer que solo me doy cuenta de muchas cosas cuando observo las fotos. Será que cuando voy a Senegal estoy como flotando en una nube y no me entero de nada.

Mi hijo Carlos normalmente reservado y con asumida fama de “serial killer”, juega con los niños, sonríe y hasta se deja coger la mano. Belén su novia, mucho más tímida, aparece en todas las fotos con una sonrisa de felicidad, de las que salen de dentro, de las que no se pueden fingir. Enrique se deja coger la mano por los niños e incluso manosear la cara, casi no sé quién babea más, si Enrique o el bebé que le manosea. La cara de felicidad de Ana mientras sostiene el bebé recién nacido que le han dejado en Carounate es todo un espectáculo, creo que se nos ha quedado grabada para siempre en nuestras retinas. A Marisa le “rechifla” todo, absolutamente todo, hasta las cosas que dan más bien pena, y se le nota que está “rechiflada” de verdad en su actitud, en su cara. A mi gran amigo José Antonio, que se suele proteger con el escudo de la fina ironía, le he visto bajar la guardia muchas veces y lo malo es que está registrado en las fotos y videos. A Cande y Nieves las había visto bailar perfectamente integradas en la fiesta, pero ahora, en las fotos, las veo abrazadas a mujeres, compañeras, compañeros, niños….

María José y yo, que somos los veteranos, no le damos mayor importancia a todo eso, nos parece algo natural, pero hay tanta comunicación en tan poco tiempo, tanta inmersión, tanta emoción…

Gracias Demba, gracias Ambrosio, millones de gracias Cheikh por acogernos en tu casa familiar, en tu pueblo, en tu mundo, gracias Khadim…aunque la próxima vez compra ruedas nuevas. Gracias Papau, gracias Bilali y Core, padres de Ousmane, gracias Catherine, gracias a todas esas mujeres y hombres amables y generosos, cuyos nombre no he retenido, pero que nos han acogido, agasajado, regalado, etc. etc. gracias, gracias, gracias.

LUIS SIERRA, TESTIGO DE EXCEPCIÓN

Isabel Chacón

Nuestro fotógrafo Luís Sierra ha inmortalizado discretamente muchos momentos con su cámara. Un gran profesional, siempre en la sombra, sin que notáramos su presencia durante las largas jornadas de trabajo y un gran compañero de misión en los ratos libres, hemos aprendido mucho y nos hemos divertido con él y con su particular sentido del humor. Un gran placer haber compartido experiencias y con ganas de ver su magnifico trabajo.

Es tan discreto que resulta difícil inmortalizarle a él, pero a veces….

ME SIENTO MÁS CERCANA Y HUMANA

María Dolores Verdial

Mi impresión de la misión en general es positiva puesto que he podido comprobar la dedicación, motivación, las ganas de ayudar y mejorar el estado de salud de una pequeña parte de la población que se ve en mucha ocasiones con la imposibilidad de cubrir sus propias necesidades básicas.

El compañerismo entre todos ha sido crucial para que todo el trabajo realizado haya resultado desde mi punto de ver un éxito

Lo que más me ha llamado la atención ha sido cómo han recibido nuestra colaboración siempre con una gran sonrisa, ello me ha transmitido al mismo tiempo un agradecimiento por mi parte sintiéndome más cercana y más humana.

Agradezco a Yakaar África la oportunidad de haber participado en este proyecto tan valioso.

VENGO ABRUMADA Y DESBORDA

Carmen Barra

Personalmente vengo abrumada y desbordada por las muestras de cariño recibido. Si la misión de Yakaar África fuese una película y yo una crítica de cine le daría un 5 sobre 5

El equipo del que he formado parte ha sido excelente, tanto por parte de los cooperantes como por los traductores, guías y voluntarios. Especial agradecimiento a Demba, Ambrosio, Cheikhou y Luis

Aunque yo esté en España, un trozo de mi corazón está en Senegal

ENTRE ABRAZOS Y LÁGRIMAS

Isabel Vera

La falta de recursos se hace patente en Senegal, así como el desconocimiento y la atención en cuidados mínimos como la higiene, que evitaría las sobreinfecciones en heridas.

La acogida senegalesa “Teranga”, se queda en nuestros corazones para siempre, cuanto nos dan, con lo poco que podemos ofrecerles…el paciente de las ulceras en pie diabético, al que se le hizo una cura “paliativa” (no se le puso parches, ni se le pudo curar como aquí en España, porque eso se le acabaría, y...¿después?), por lo que se optó por la cura paliativa...betadine jabonoso empapado y vendaje...esto era lo más fácil para él y a lo que podría acceder...nos dio mil veces las gracias, nos llenó de besos y abrazos… ¡¡ME TOCÓ EL ALMA!!

Me llamo la atención gratamente y me alegró en Carabane, la conversación que tuvimos con el enfermero Isabel y yo. Nuestra compañera Isabel llevó unas pomadas hechas con miel, que son muy efectivas para las heridas y las quemaduras, le explicábamos al enfermero la composición de la pomada y su uso. Cuando nos dijo que él hacía una pasta con miel y arcilla y con eso curaba...ja, ja NO HEMOS INVENTADO NADA, me alegró mucho oír esto.

Destaco en mi experiencia Agnack, ha sido el primer año que Yakaar interviene en este pueblo, y fue abrumador, caótico…desbor-dante…pero como siempre esta gente nos sorprende y dentro de su caos, había un orden increíble. Ellos hicieron el triaje y controlaron a su multitud, menos el ultimo día cuando nos íbamos que entraban por todos los sitios para ser visitados…tengo que decir que me asusté un poco, pero, al final también consiguieron controlarlo. Y la despedida, fue entre abrazos y lágrimas, y la aparición del Kankurang.

Hay mucho por hacer y nos necesitan, espero volver a participar con YAKAAR.

HEMOS ENCONTRADO LA MÁS GRANDE DE LAS RIQUEZAS

Laura Torrejón

En mi caso era la primera vez que me aventuraba en una misión sanitaria en África. Lo primero que tengo que destacar es que posiblemente yo haya recibido más ayuda de la que he podido ofrecer.

A nivel profesional he descubierto que la defensa de la salud y el bienestar de la población están unidas a la capacidad de mejorar la calidad de vida de las personas. En Senegal hacen falta medios para acercar la salud a los poblados muy alejados de los centros sanitarios, sus habitantes en ocasiones tienen que caminar durante horas para ser visitados por un sanitario y en el caso de no tener dinero en la mayoría de ocasiones no son atendidos. Pudimos ver como las personas hacían cola durante un día entero para que las visitásemos, pues era la única oportunidad que habían tenido nunca de consultar sobre su patología de forma gratuita. También vimos secuelas graves de enfermedades que hubiesen sido fácilmente tratadas con una atención sanitaria básica, como por ejemplo deformidades óseas por fracturas no reducidas o cicatrices corneales (leucomas) por lesiones oculares no tratadas.

Otro aspecto relevante que he descubierto es el de la formación sanitaria. Los centros de salud están llenos de trabajadores con mucho interés y gran predisposición que no pueden atender en condiciones a la gente de los poblados por falta de recursos materiales y de formación sanitaria. Creo que este tipo de misiones son importantes, pues los sanitarios de allí tienen la oportunidad de ver como trabajamos en otros países y eso despierta su inquietud por seguir luchando por una sanidad de mayor calidad y cobertura y una formación sanitaria a disposición de la población. Por otra parte, el valor del estado de salud en Senegal es muy diferente del europeo, cuando una población no tiene acceso a los medios sanitarios aprende a ignorar la enfermedad, a convivir con la discapacidad sin ayudas y a afrontar la muerte desde otra perspectiva. Poder tratar a personas que jamás han sido atendidas, darles herramientas para afrontar problemas de salud futuros, escucharles y darles la singularidad que merecen ha sido para mí una fortuna.

Por lo que respecta a la parte personal esta misión ha sido como estar en casa aun estando a kilómetros de distancia de la misma. La hospitalidad de la gente de Senegal, su facilidad para enfrentarse a cualquier situación sin perder nunca la sonrisa y sus ganas de trabajar han sido el impulso para que todo saliese bien estas semanas. Los organizadores de la ONG y los traductores que conocimos allí nos han dado una gran lección de humildad y lucha y nos han enseñado que la cercanía, la confianza y la comunicación son instrumentos muy poderosos que pueden usarse en la profesión médica.

En este viaje hemos encontrado la más grande de las riquezas en una mirada de comprensión, el abrazo de un niño, en un baile desenfadado en la calle y en una forma de vida luchadora y optimista. Todavía queda mucho trabajo por hacer, la experiencia vivida ha hecho que las ganas por seguir trabajando y colaborando se multipliquen y espero que la vida me permita seguir viniendo a Senegal a aportar mi granito de arena muchos años más.

PARA REPETIR Y RECOMENDAR

Yolanda Rubio

Mi experiencia con Yakaar África ha sido muy gratificante.

Pienso que la labor sanitaria que hemos realizado ha podido ayudar a mucha gente. Hemos visto y nos han consultado por muchas secuelas de problemas sucedidos en el pasado, que no hemos podido solucionar con los medios disponibles, ni se hubiera podido en una misión de estas características. Pero sí hemos podido ayudar con patología aguda, con patología crónica (sobre todo dermatológica como las tiñas, u otras como parasitosis intestinales, anemia, etc.), derivando pacientes específicos para continuar su estudio en un hospital, y detectando patologías subsidiarias de intervención quirúrgica por parte de la misión que venía semanas después.

Además, en muchas ocasiones los padres nos preguntaban dudas sobre problemas que les surgían con sus hijos en otros momentos, y nosotras les dábamos consejos sobre cómo podrían actuar.

La organización por parte de los miembros de Yakaar África en Senegal ha sido excepcional, nos han tratado muy bien y todo ha funcionado correctamente tanto en los momentos de trabajo (incluso en Agnak donde casi desbordamos) como en los momentos de ocio, enseñándonos pequeñas partes de cómo es su país.

También los traductores han hecho una labor increíble, pasando horas y horas enfrentándose a cientos de pacientes intentando explicar lo que nosotras le trasmitíamos, y muchas veces teniendo que dar malas noticias…

En cuanto a la parte que me llevo yo, hemos podido conocer una cultura bastante diferente a la nuestra. Lo que más me ha llamado la atención es ver cómo viven en contacto con la naturaleza, a diferencia de nuestra sociedad que es totalmente artificial. También las religiones, pues la mayor parte de la población tiene una religión a la que aferrarse, a diferencia de nuestro país donde cada vez hay más gente agnóstica o atea. Además conviven varias de ellas, respetándose unos a otros. La gente tiene, por lo general, un carácter afable, se ayudan unos a otros, y para lo “poco” que tienen a nuestro punto de vista, viven felices.

Está claro que un contacto tan recortado en el tiempo no te hace conocer una cultura ni un país, y son sólo detalles superficiales, pero solo con eso pienso que nuestra sociedad tiene mucho que aprender de la suya.

Por último, mencionar la labor de la ONG, que hemos conocido aún mejor pues hemos visto de primera mano algunos proyectos como los campos de cultivar de las mujeres, u otros que nos han contado como el proyecto de las gallinas. Todos estos son mucho más importantes a largo plazo que la misión sanitaria (que también es importante).

Además, siento admiración por la gente que lidera y forma parte de este grupo, en específico por Demba que es al que he podido conocer en persona y nos ha contado su experiencia personal hasta llegar ahí, es una persona muy luchadora y un ejemplo a seguir.

En definitiva, una experiencia inolvidable, para repetir y para recomendar a otra gente.

CONECTANDO CON ÁFRICA

Alba Gabaldón

¡Kasumay! Era la primera vez que pisaba tierra africana, mi imaginación ya había hecho un esbozo de lo que podría encontrar en Senegal y sin embargo el viaje no ha dejado de sorprenderme. En estas líneas deseo compartir con vosotros mis impresiones y alguna reflexión sobre esta aventura. Para empezar, algo que se percibe rápidamente es que Senegal tiene un ritmo propio, sus gentes llevan un compás lento, viven el momento, saborean el instante; y yo, española ajetreada, iba a destiempo. Pero también comprobé que eso tenía fácil solución, que al segundo día el ritmo africano es el tuyo propio y, que el verdadero problema, sería reconectar a la vuelta…

Por otro lado pensar en Senegal me trae a la memoria las imágenes de los árboles más grandes que jamás he visto, y a gentes sencillas viviendo en estrecho contacto con la naturaleza y lo que esta ofrece, sin intermediarios. Haber compartido nuestros días con las gentes de los poblados a los que visitamos ha sido un regalo. Estoy realmente agradecida por que nos abriesen sus hogares e invitasen a sentarnos en su mesa. Gracias a la gente de Agnack (especialmente Cheikh y su familia), Carounate, Cagnout y Carabane hemos vivido en primera persona la famosa Teranga senegalesa, algo difícil de olvidar y que recargaba las pilas para continuar nuestro trabajo en esta misión.

Creo que conocer un país en condición de voluntario, en nuestro caso para ofrecer asistencia sanitaria, y no solo desde la perspectiva de un turista también ha sido algo muy enriquecedor a nivel personal. Desde el reto profesional de desarrollar tu asistencia sin los medios de los que disponemos en los hospitales españoles, pasando por conocer a las personas encargadas de esta asistencia en cada poblado (muchos de ellos deseando empaparse de conocimientos que les ayuden a crecer profesionalmente), hasta presenciar el empuje de las nuevas generaciones locales, que son claro ejemplo del enorme potencial humano que tiene Senegal como país. Potencial que junto a la abundancia de recursos naturales les convierte en un pueblo lleno de posibilidades.

Habiendo visto todo esto es inevitable dejar de pensar que el desarrollo del país es posible, que ha de convertirse en una realidad próxima para que sus gentes ganen calidad de vida, y que nosotros podemos poner nuestro granito de arena en este proceso. Gracias a todas mis compañeras de aventura, enormes profesionales que han hecho todo esto posible y junto a las que he vivido auténticos momentazos. Gracias también a todo el equipo de coordinadores y traductores, especialmente a Ambrosio, Demba, Cheikh, Malik, Papou y Salif, por la paciencia infinita con estas “toubabs locas” y por facilitarnos enormemente nuestro día a día. Gracias a Luis, compañero de viaje y para nuestra sorpresa toda una celebridad por aquellas tierras, a parte del encargado de inmortalizar a través del objetivo los detalles de la misión. Gracias a Yakaar Africa por contar conmigo para este proyecto, y por permitirme comprobar lo llena que se puede volver de viaje con la maleta vacía. ¡Hasta siempre!

LA RECOMPENSA ES INMENSA

Saúl Juliá

Waleyam (buenos días) o eso creo, no sabía de qué manera empezar a escribir, y que mejor manera que intentando hacerlo en su lengua.

Hace unos meses, se me presentó la ocasión inesperada de participar en una misión humanitaria aportando mi granito de arena en el proyecto.

Mi nombre se propuso para formar parte del equipo (aprovecho para dar las gracias por ello) junto con mi “otro yo” Cristina, pilar fundamental para mí en todo esto; sólo faltaba que el capitán de este barco nos aceptará en esta aventura y que yo pudiera estar a la altura de las circunstancias.

Con la ilusión, la preparación del viaje y los días se me pasaron volando y como si estuviera en una nube, sin darme cuenta, pisé por primera vez en mi vida Senegal. De repente, me vi envuelto en los brazos de una multitud de gente que no conocía de nada. Una magia repentina me invadió, en la vida nadie me había abrazado así, con esa alegría e intensidad.

Algo me conmovió, “aquí empieza la aventura”, pensé.

Puestos en marcha y ya de camino a nuestro primer destino, mis ojos no tenían tiempo para ir viendo todo, me costaba ser consciente del momento y de creer que ya estaba allí, que no era ninguna postal. Era imposible sintetizar y asimilar toda la información que iba recibiendo. Nunca tendré palabras suficientes para expresar mi realidad vivida allí día a día. Aturdido, sin apenas darme cuenta, pasaban los días intensos y llenos de experiencias, vivencias que marcarán mi vida, guardadas en la retina y en el corazón.

Seguían pasando los días y con ellos mi aprendizaje, poco a poco fui gestionando la dureza del país. Daban vueltas en mi cabeza cada uno de los casos que habíamos tratado, la triste realidad con la que conviven cada día, lo cercano y la capacidad de lidiar con la muerte que tienen, la lotería de vivir y la suerte que es para ellos cada día que puedan pasar ilesos.

A pesar de todo, son los primeros en cogerte la mano y brindarte una sonrisa en los momentos más duros, y es que efectivamente. “esto es África”, a tan sólo 4 horas de casa.

En el trabajo, mi función era de apoyo, aunque me situé sobretodo en pediatría, lo que me dio la oportunidad de trabajar codo con codo con Cristina. Con mucha complicidad, tallábamos, pesábamos, hacíamos análisis de hemoglobina y medíamos el perímetro braquial de algunos niños y niñas.

Además, se me asignó la tarea de repartir gafas (sol y graduadas), misión que requería esfuerzo también para encontrar las más acertadas y a la vez muy satisfactoria. El mejor pago por “devolver la vista” era cada una de las inmensas sonrisas que se dibujaban en sus caras, y con las suyas, la mía, igual o más grande.

No tiene precio, todo el esfuerzo que se haga en cada una de las cosas merece la pena. He dado, pero he recibido el doble.

Cuando volví a casa e intentaba contar la experiencia a todo aquel que se interesaba una y otra vez, me costaba, no era capaz ni siquiera con las fotografías de plasmar verdaderamente mi vivencia.

Creo que para entenderlo hay que vivirlo y aun así cada uno lo vivirá de una manera diferente pero casi seguro que con algo en común, que en mayor o menor medida te transforma.

Por todo ello y para finalizar, animo a todo el mundo a ayudar, como sea y donde sea. La recompensa es inmensa.

ÁFRICA ENGANCHA

Cristina Suarez

África, Senegal y una misión sanitaria... ¿una misión sanitaria? si, pero también una misión personal, emocional y sobre todo de aprendizaje.

Difícil poder explicar con palabras todo lo vivido en esos 18 días, será que allí aprendí a hablar sin emitir ninguna. Miradas, sonrisas, lágrimas, la intensidad de un apretón de manos o la duración de un abrazo... no hace falta nada más.

Un viaje lleno de momentos, momentos duros de trabajo, de kilómetros, madrugones, esfuerzo, calor, dolor y tristeza, pero también de descanso, risas, confidencias, regalos, de baile, música, recibimientos, reencuentros y descubrimientos.

Un viaje de contrastes, de blancos, negros y albinos, de olores y sabores.

Una aventura de baobabs, sabana, tierra, montaña y playa; con viajes en moto, canciones, arañas, babuinos, termiteros, té, arroz, moringa, papaya y pan de mono.

Inmensos detalles se me vienen a la mente cuando, a día de hoy, todavía sigo pensando y reflexionando todo lo vivido y visto allí.

Enfermera por vocación, siempre había soñado con participar en un voluntariado y no dudé en decir que sí cuando me lo propusieron. Los meses cercanos al viaje iba recibiendo información de distintas fuentes sobre Senegal y diferentes experiencias vividas por compañeras de profesión y amigos que ya habían visitado el país. Sentía felicidad, estaba ansiosa de saber cómo iba a ser mi propia experiencia pero también miedo de no cumplir con las expectativas tanto del proyecto como las mías propias.

Fuera como fuese iba dispuesta a absorber y aprender de quien me quisiera enseñar y con el corazón abierto para que me hicieran mejor persona.

Durante toda la misión he intentado estar alerta, he ido filtrando sensaciones de todo tipo, algunas tan duras que realmente no terminé de digerir hasta un tiempo después de la vuelta a España. Creo que cuando peor lo he pasado ha sido después y no mientras, quizás mi mente no tenía tiempo para asimilar ciertas situaciones o ¿será que estando allí al final todo se normalizaba?..."porque esto es África".

Mi labor ha estado centrada sobre todo en la parte de pediatría, tomaba medidas antropométricas, realizaba análisis de hemoglobina y test de malaria, canalizaba vías y administraba medicación cuando precisaba. En cuanto a la parte no técnica, repartía ropa de las donaciones, labor que se hacía muy difícil cuándo veías que no había suficiente para todos y tenía que cribar entre los que " a priori" la necesi-taban más; sin duda, lo más difícil de hacer.

Difícil también, sobre todo al principio, lidiar con el idioma; una barrera que me creaba mucha impotencia porque los gestos para algunas cosas iban muy bien pero no valían para todo. ¿Cómo decirle a un niño que se orina encima de miedo al verte que no vienes a hacerle daño?, ¿cómo explicarle a una madre preocupada, lo que vas a hacer a su hijo?; Finalmente creo que con la ayuda de los traductores y mi " chuleta" de palabras, acabe chapurreando lo suficiente para salir airosa del día a día en las consultas pero con muchísimas ganas de haber aprendido mucho más.

A pesar de todo, recibí más de lo que he dado; sonrisas puras, abrazos verdaderos y miradas que llegan al alma. No tiene precio. Quiero hacer mención al que sin duda ha sido el protagonista, Tidiane, la falta de recursos y medios del país, entre otras cosas, que se cobra vidas ha sido tu derrota, yo tampoco te olvidaré.

En definitiva, un viaje de vida y un viaje de muerte. Una lección de vida.

Todo lo que se haga es poco o es mucho depende de lado en que lo mires pero, lo importante, es hacer.

En cuanto a los agradecimientos, como no quiero dejarme a nadie, quiero nombrar de forma general a todo el equipo, tanto de un país como de otro por aportar cada uno su granito de arena e intentar hacer un mundo un poco mejor.

A los estudiantes decirles que con ganas y dedicación lo conseguirán y agradecerles también su implicación al igual que a cada una de las personas que han ayudado de una manera u otra.

Al centro de investigación, Instituto Jane Goodall en Dindefelo por abrirnos las puertas de su campamento y enseñarnos un poco su trabajo, os deseo mucho éxito.

De forma individual a José María, cabeza de equipo, por haber hecho posible mi participación en ésta misión de 2019, a Carmen y Nieves, compañeras y amigas, por haberme propuesto para formar parte del equipo y a Saúl, compañero de vida también, por prestarme su hombro en los momentos más duros.

Mi primera misión y espero que no la última, al final va a ser verdad lo que me dijeron en el viaje... ¡África engancha!

TIDIANE, IN MEMORIAM

Jose Maria Piñero

Ligero como una pluma, con una expresión de profunda tristeza que nos hacía preguntarnos si había algo más que ese supuesto golpe en un ojo que te había causado una fuerte inflamación. Tu dolor se convirtió en nuestro dolor. A pesar del poco tiempo que compartimos contigo, supongo que sentiste en lo más profundo de tu liviano cuerpo que te queríamos con todas nuestras fuerzas.

No hubo ningún miembro del equipo de médicos y enfermeros españoles que no hubiera hecho lo que fuera por salvarte. Pero no fue posible, luchábamos contra un gigante en forma de falta de recursos y de medios. Sentimos la desesperación que produce la impotencia de ver como lo evitable se convierte en inevitable.

Fueron tres traslados imposibles hacia unos hospitales que no merecen tal nombre, no lo digo por echar la culpa a nadie, solo por tratar de reflejar la realidad. La primera ambulancia, en la foto de portada de este número, no tenía freno de mano, ni batería, dudábamos si tendría algún tipo de freno. La segunda era parecida. La tercera, la que tendría que haberte llevado hacia tu única posibilidad de salvación, era poco mejor. Sin oxígeno, ni ningún tipo de atención sanitaria, acabó convirtiéndose en tu tumba.

El hospital era parecido a esas ambulancias, poquísimas habitaciones desnudas, hacinamiento, escaso tratamiento, casi ningún cuidado. Dejamos claro desde el primer momento que corríamos con todos los gastos, pero hay cosas que el dinero no puede comprar, y no me refiero a los medicamentos, que en Senegal existen prácticamente los mismos que en España, sino a cosas mucho más importantes: el conocimiento, la disposición a servir a los demás, la compasión, etc. etc.

Todavía hoy me duele tu recuerdo. El único pequeño alivio que experimenté fue cuando tuve que afrontar la dura prueba de comunicar a tu tío tu fallecimiento. Él lo entendía mucho mejor que yo, el consuelo fue inverso, yo balbuceaba palabras inconexas en una especie de francuñol incomprensible, él asentía tratando de animarme..

Mi primera reacción fue pasar página, no volver a hablar nunca del tema, olvidar lo más rápidamente posible. Quizás no tanto por mí, sino por la moral del grupo de la que me sentía responsable. Cuando repasaba las fotos del viaje y pasaba sobre las tuyas, mi primera intención fue buscarlas todas para borrarlas, no dejar ni rastro, pero luego lo pensé mejor. No puedo olvidarte, no debo olvidarte, tú tienes todo el derecho del mundo a que no te olvidemos y no lo haremos. Puedes contar con ello.

La historia de las misiones sanitarias de Yakaar África ha sido con frecuencia un bonito cuento de hadas, en todas ellas se salvaban dos o tres vidas de una muerte segura, nuestra única duda era saber qué pasaba cuando no estabámos los “ángeles blancos” para curar a los “desafortunados negritos”. De repente nos hemos tropezado con la dura realidad: ¡Esto es África, idiotas! Ni vosotros, ni cientos como vosotros la van a cambiar, ni ahora, ni en mucho tiempo.

Pero como dice Eduardo Galeano y tienen como lema nuestros amigos de África Sawabona, mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo. Nada representa mejor, también, a nuestra asociación Yakaar África.

Cambiemos el mundo, Tidiane, cambiémoslo para que no haya más Tidianes, o para que haya muchos Tidianes sanos y felices que vivan gracias a tu recuerdo. En ese recuerdo tuyo, Yakaar África bautizará el proyecto de formación de enfermeros en Senegal como “Proyecto Tidiane” y se volcará para que ellos, los nuevos enfermeros, sean los líderes de ese cambio que tu recuerdo nos exige. Para que ellos sean los líderes del conocimiento, del servicio a los demás, de la compasión, de todo aquello que nuestro equipo español les puede enseñar sobradamente.


YARAMA YAKAAR AFRICA

Aarón Escudero

No hay duda de que han sido las Navidades más especiales vividas hasta el momento. Cuando llega la hora de contar y describir una situación como la que vivimos Rocío y yo estas semanas pasadas, es difícil encontrar las palabras adecuadas. Sin embargo hay una que nunca falla y que fue la primera que aprendimos al llegar, "YARAMA". Yarama es una de las maneras más puras de mostrar agradecimiento. Mostrar agradecimiento incluso por algo tan simple como el hecho de dedicar unos segundos a saludar a alguien o despedirse.

Dindefelo fue el destino que se nos asignó como voluntarios para trabajar con Yakaar África y no pudo haber sido más acertado porque acabamos enamorados de su entorno y su gente (quizás no tanto de su gastronomía, pero también tuvo su encanto). Son un ejemplo vivo del significado de hospitalidad, de familia y de amistad.

Me di cuenta de la capacidad que tiene el ser humano de salir adelante, de sobrevivir en cualquier tipo de condiciones el día a día y siempre conservar una sonrisa para los demás. También me di cuenta de que la felicidad reside en saber estar en paz contigo mismo y con tus circunstancias, día a día, sin necesidad de comodidades cotidianas y con lo mínimo. Cómo se diría en Peul "Yantum".

No solo aprendí de aquellas maravillosas personas que conocí en el lugar sino que fui muy afortunado de tener la compañía de Rocío, compañera de universidad y amiga excepcional. Ella recibió una de las peores noticias que se pueden recibir estando lejos de casa pero aun así sacó toda la fuerza que tenía dentro para seguir adelante con el proyecto que iniciamos juntos. Sin duda Rocío, desde arriba tienen que estar orgullosos y aplaudiendo de lo bien que lo has hecho. Puedes estar satisfecha, porque dimos todo lo que teníamos y cuando lo das todo no puede no ser suficiente.

Es difícil separar lo personal de lo profesional en un lugar así porque aun sin conocerte dan lo mejor que tienen para darte su acogida y bienvenida. Sin embargo no por ello dejamos de continuar con nuestras labores como mapeo de los puntos de agua, medición de parámetros de calidad, reuniones, visitas y organización de jornadas y charlas con la población.

Porque se puede, porque hay motivación y porque hay talento, esperamos aportar al menos una décima parte de todo lo que pudo aportarnos la experiencia a nosotros.

No puedo expresar más que mi mayor y más sincero agradecimiento a todos los que hacen esto posible: Diaw, Demba, Ambroisse, Diao, Moor, Doba… y todas aquellas personas que se han ido cruzando en mi camino. Volveré

YARAMA SENEGAL

YARAMA DINDEFELO

Rocío Ramos

25 de diciembre. Comienza, sin saberlo todavía, la que va a ser una de las mejores experiencias que vamos a tener nunca. Celebramos la comida de Navidad en el aeropuerto de Madrid, comienzan los nervios y nos empezamos a preguntar dónde nos hemos metido.

Después de algo más de cuatro horas de vuelo llegamos a Dakar, donde nos recoge Ambrosio con una sonrisa que hace que nos empecemos a sentir como en casa. Después de pasar una noche en M’Bour y otra en Mako, y de hacer paradas en Kaolack y en Kedougou, llegamos a nuestro destino, Dindefelo. El primer día simplemente nos dejamos llevar por sus calles, su cultura, y aprendemos nuestras primeras palabras de Peul.

El segundo día en Dindefelo lo pasamos trabajando, queremos lograr nuestro objetivo de ayudar al mayor número de personas. Tras una reunión con Kikala y Sylla, el alcalde y el vicealcalde respectivamente, empezamos nuestra ruta por el poblado para conocer los diferentes pozos y los puntos de agua que un proyecto del gobierno había planteado pero que, después de excavar unas simples zanjas e instalar un pequeño depósito, abandonó. El día siguiente seguimos trabajando en el proyecto de canalización del agua y hacemos unas mediciones para estudiar su calidad en diferentes puntos. Aquí viene nuestra primera decepción, ya que resulta que en el ensayo biológico se obtiene que el agua empleada en la enfermería tiene bacterias. Este resultado nos afecta más de lo que esperábamos y nos damos cuenta de que en tan sólo unos días hemos empezado a crear unos vínculos, más fuertes de lo que pensamos, con el poblado, con sus habitantes. Pero, ¿cómo no hacerlo?

El otro proyecto planteado sobre gestión de residuos tiene una gran acogida entre la población. Muchas personas son conscientes de la gravedad del problema, pero no tienen medios para solucionarlo. De este proyecto me llevo la experiencia de trabajar con los niños, sus ganas de aprender, cómo valoran el tiempo que estamos dedicando a estar con ellos, su entusiasmo y energía envidiable.

Poco a poco van avanzando los días, sin casi enterarnos. Y es que cada uno de los habitantes del poblado, cada persona que hemos conocido, hacen un esfuerzo enorme para que te sientas bien. Y es en los momentos difíciles cuando te das cuenta que algunas de esas personas se están convirtiendo en un gran apoyo y ejemplo a seguir. Porque siempre van a lograr sacarte una sonrisa cuando más lo necesitas. Porque su alegría y su manera de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida se contagia.

Parece un tópico, pero es cierto que muchas veces te llevas más de lo que puedes aportar. Aprendes a valorar lo que te rodea en España, a ser más respetuoso y adquieres unos valores muchas veces olvidados en nuestra sociedad. Por esto quiero dar las gracias a todas aquellas personas que han ayudado a que ésta haya sido una experiencia inolvidable.