Entre aves y vinos: biodiversidad ilustrada en la cultura vitivinícola
El vino es un producto cultural que va mucho más allá de lo gastronómico. Cada botella encierra una historia que se expresa no solo en su sabor, sino también en su etiqueta. En ella se condensan referencias al paisaje, al territorio, a la tradición y a los valores que la bodega desea transmitir. En este contexto surge el proyecto “Aves entre vinos”, una iniciativa educativa y divulgativa que propone una mirada original: analizar la presencia de aves en las etiquetas de vino como una forma de explorar la relación entre biodiversidad, cultura visual y geografía vitivinícola.
La idea de mezclar aves y vino parte de una observación sencilla pero poco habitual. Las aves aparecen con frecuencia en el diseño de etiquetas, pero rara vez se analizan de manera sistemática. El proyecto convierte esa intuición en una pregunta científica y cultural: qué aves aparecen, cuántas son reales, cuántas son simbólicas, dónde se producen esos vinos y qué nos dice todo ello sobre nuestra relación con la naturaleza. De este modo, un objeto cotidiano se transforma en una herramienta de divulgación capaz de conectar ciencia, arte y sociedad.
Para desarrollar el proyecto se analizó una base de datos compuesta actualmente por 159 vinos cuyas etiquetas incluyen representaciones de aves. Para cada vino se recogió información sobre el país de origen, la bodega, la comunidad autónoma en el caso de España, el tipo de vino y el ave representada. A partir de este conjunto de datos se realizó un proceso de normalización y clasificación que permitió elaborar distintas gráficas de barras y circulares, todas ellas expresadas en porcentajes para facilitar la comparación entre categorías.
Uno de los primeros resultados relevantes es la distribución geográfica de los vinos analizados. En la Figura 1 se muestra, mediante una gráfica de barras y una gráfica circular, la distribución porcentual de vinos por país. España concentra el 80,9 % del total, con 110 vinos, lo que pone de manifiesto el peso del sector vitivinícola español dentro del conjunto de datos. A gran distancia aparece Portugal, con un 12,5 %, mientras que Chile, Francia, Italia y Nueva Zelanda tienen una presencia testimonial. Esta fuerte concentración no solo refleja el origen del proyecto, sino también la relevancia cultural y productiva del vino en el contexto español.
Este predominio permite profundizar en el análisis territorial dentro de España. En total se identificaron 47 bodegas distintas, distribuidas de forma desigual entre comunidades autónomas. La Figura 2 presenta la distribución porcentual de bodegas por comunidad autónoma, ordenada de mayor a menor. Castilla-La Mancha destaca claramente como el principal núcleo, concentrando casi la mitad de las bodegas representadas. Le siguen Castilla y León y Cataluña, mientras que el resto de comunidades aparece con porcentajes mucho más reducidos. Este patrón se repite al analizar el número de vinos por comunidad, lo que evidencia una clara concentración territorial del sector vitivinícola representado en el proyecto.
El análisis de los tipos de vino, representado en la Figura 3, muestra una preferencia muy marcada por los vinos tintos, que suponen más de la mitad del total. Los vinos blancos ocupan el segundo lugar con aproximadamente un tercio de los registros, mientras que los rosados y otros tipos aparecen de forma minoritaria. Esta distribución sugiere que el uso de aves como elemento gráfico se asocia principalmente a vinos tradicionales, reforzando su vínculo con el territorio y con una imagen de autenticidad y naturaleza.
El eje central del proyecto es, sin embargo, el análisis de las aves representadas en las etiquetas. En total se registraron 159 representaciones de aves, ya que una misma especie puede aparecer en varias etiquetas. Estas representaciones se clasificaron en tres grandes categorías, tal como se muestra en la Figura 4. Por un lado, se identificaron 78 especies distintas claramente reconocibles, que representan el 49,1 % del total. Por otro, se contabilizaron 35 figuras artísticas o estilizadas que no permiten una identificación taxonómica precisa, equivalentes al 22,0 %. Finalmente, se registraron 46 representaciones repetidas de especies reales, es decir, casos en los que una misma especie aparece en varias etiquetas, lo que supone el 28,9 % del total.
Este resultado es especialmente significativo desde el punto de vista divulgativo. Casi la mitad de las representaciones corresponden a especies reales distintas, lo que indica una notable diversidad biológica reflejada en el diseño de las etiquetas. Al mismo tiempo, la repetición de determinadas especies revela preferencias estéticas y simbólicas por parte de las bodegas. Aves como el flamenco, la cigüeña, el búho real, la perdiz o la paloma aparecen con frecuencia, probablemente por su fuerte carga cultural y su fácil reconocimiento por parte del público.
La coexistencia de aves reales identificables y figuras artísticas pone de manifiesto el carácter híbrido de las etiquetas de vino, situadas entre el arte y la ciencia. Desde una perspectiva educativa, esta dualidad resulta especialmente interesante, ya que permite trabajar conceptos como biodiversidad, representación simbólica y pensamiento crítico. El proyecto invita a reflexionar sobre la diferencia entre diversidad real y repetición iconográfica, un aspecto clave en la educación ambiental contemporánea.
Más allá de los resultados cuantitativos, “Aves entre vinos” destaca por su valor educativo y cultural. El proyecto permite desarrollar competencias relacionadas con el análisis e interpretación de datos, la comprensión de porcentajes y gráficos, la introducción a la taxonomía básica y la relación entre cultura visual y ciencia. Además, es fácilmente adaptable a contextos educativos formales, exposiciones culturales y actividades de divulgación científica.
En conclusión, las etiquetas de vino son mucho más que un reclamo comercial. A través de las aves que las habitan, narran historias de territorio, simbolismo y biodiversidad. El proyecto “Aves entre vinos” demuestra que la divulgación científica puede surgir de los lugares más inesperados y que el análisis riguroso de datos cotidianos puede convertirse en una poderosa herramienta educativa. Entre viñas y alas, el vino se revela, así como una puerta de entrada a la cultura científica y ambiental.