Los vanvúlgud[1] que recibieron en sus corazones la Fe verdadera de Nuestro Señor cuentan historias de los primeros entre ellos que lo hicieron. Los jóvenes de los caseríos se reúnen en las calles, alrededor de los más viejos, los cuales les narran estas historias, desde que el sol se detiene en lo más alto del cielo, hasta que se esconde detras la tierra. Uno de estos viejos era Beye, quien, cuando niño, había amado a los dioses falsos de los vanvúlgud, pero creyó en Nuestro Señor cuando este curó a su hermana Dehes, por medio de las manos de Eguer[2].
Y Beye dijo: "Un hombre tenía una hija, a la cual amaba más que todo lo que poseía. Pero las piernas de la niña no se movían, por lo que no podían llevarla. El hombre rogó al Señor durante días y noches, pero las piernas de la niña no se movieron. Entonces, el sacerdote de la iglesia del pueblo de Álet[3] le dijo que, en una isla lejana, que flota sobre el mar de los benrojes[4], hay un árbol, plantado por los ángeles del Señor, de cuyas ramas florecen piernas para los cristianos que las necesiten. Entonces, el hombre fue hacia la ciudad de los benrojes que estos llaman Cédem. Y allí lo recibieron una mujer y su hijo, la cual le habló así, con palabras de los vanvúlgud:"
"-Viajero, que Dios te bendiga. Ciuma[5] es mi nombre y el niño junto a mí es mi hijo, cuyo nombre es Ettás[6]. Dime ¿De dónde vienes? ¿A dónde te diriges? ¿Cuál es el objetivo que pretendes? ¿Qué llevas en ese saco que posees?"
"-Mujer (dijo el hombre), que Dios os proteja. Vengo de Álet y sé, a causa de tus palabras, que sois vanvúlgud como yo. Voy hacia la isla que está más allá de este mar, porque allí hay un árbol que puede sanar a mi amada hija. Y en este saco tengo siete panes, ocho frutos, ocho yittiems[7] y dos navajas."
"-Tu objetivo es bueno y el Señor nos ordena proteger a los buenos cristianos. Mi hogar se encuentra en la ciudad. Ve a él y tendrás techo y lugar en donde dormir."
"El hombre lo aceptó y esa noche se dirigió a la ciudad de los benrojes, en donde estaba la casa de la mujer y allí durmió. Entonces, la mujer entró en su habitación y se dirigió hasta el saco, tomó los yittiems y la comida y se fue de la casa, antes de que el sol brotara. Cuando el hombre despertó, no vio los yittiems y la comida en su saco y anduvo por dentro de la casa, buscando a la mujer y su hijo, pero no los vio. Entonces, otro hombre entró en la casa y, al verlo, alzó su navaja hacia él, tratando de matarlo, porque lo consideró un ladrón. Pero este le dijo, con palabras de los benrojes:"
"-Te pido que no mates a un buen cristiano, que no busca otra cosa que ayudar a su amada hija. Vine a esta ciudad porque se encuentra en el camino que va hasta una isla, en la que hay un árbol cuyos frutos pueden sanarla. Entonces, el hombre vio que sus ropas eran de los vanvúlgud y, guardando la navaja bajo su ropa, le habló, con las palabras de los vanvúlgud."
"-Dios te proteja a ti y a tu hija. Sé por tus ropas que eres de los vanvúlgud, como yo. Pero esta es mi casa y yo no te he recibido para que estés aquí."
"-Que el Señor te bendiga a ti y a tu hogar. Tus palabras son verdaderas. Soy de los vanvúlgud y estoy en tu casa porque una mujer cristiana de los vanvúlgud y su hijo me recibieron cuando entré a esta ciudad, pero, cuando desperté, ellos se habían ido y mis yittiems y mi comida no estaban en el saco."
"-Conozco eso de lo que hablan tus palabras (dijo el dueño de la casa). Pero esa mujer de la que hablas no es cristiana y no es de los vanvúlgud, sino que es benroje y pagana. Ella y su hijo entran a las casas de los vanvúlgud para robarles y engañan a los vanvúlgud que entran la ciudad, dándoles dos nombres que no son los suyos, para robarles[8]."
"Entonces, el dueño de la casa permitió que el hombre durmiese otra noche en su casa y le dio cuatro yittiems, para que fuese al mercado y comprase comida y dos navajas. El hombre de Álet durmió esa otra noche en esa casa y, cuando el sol derramó sus primeras luces sobre la tierra, el dueño de la casa lo bendijo y fue hasta el mar, en donde pagó una barca. El capitán de esta, que era benroje y pagano, le dijo, con palabras de los benrojes:"
"-Buen hombre, La Noche[9], que nos cubre, nos protege desde lo más alto del cielo. Entrégale junto a mí unas palabras de oración. Y el hombre le dijo, con palabras de los benrojes:"
"-Quien nos protege no es la noche, sino el Señor, que es uno y gobierna la noche, el día, el cielo y la tierra."
"-No es uno el que gobierna la noche (dijo el capitán), el día, el cielo y la tierra, sino que uno gobierna la noche, otro gobierna el día, otro gobierna el cielo y otro gobierna la tierra. Y el hombre le dijo:"
"-Sé que tu corazón es bueno, pero tus palabras están erradas, pues uno gobierna la noche, uno gobierna el día, uno gobierna el cielo y uno gobierna la tierra. Este gobierna a los que viven y los que no viven. Y es el Padre de todos los hombres, es mi Padre y es tu Padre."
"Entonces, un águila descendió desde lo más alto del cielo y voló sobre la superficie del mar, alzando una ola como diez árboles. Voló sobre esta ola y el viento de sus alas chocó contra las aguas, deshaciéndose los dos, la ola y el viento. Entonces, el capitán alzó sus manos al cielo y aceptó al verdadero Señor y el hombre, tomando agua del mar, la llevó hasta la cabeza de él y bautizó al capitán sobre el mar, en el cual el Señor lo puso."
"Cuando llegó a la isla, el hombre se alejó del mar y vio, entre las nubes, un alto árbol con ramas rojas y hojas como el cielo. Junto a él había un hombre como un árbol, cuya cabeza tocaba las nubes, el cual le dijo:"
"-Buen hombre, que Dios te proteja. Este es un sitio suyo ¿Cuál es el motivo que te trajo hasta aquí? Y el hombre le dijo:"
"-Hijo del Señor del Cielo. Que este te proteja a ti. Soy un cristiano de los vanvúlgud. Vengo desde Álet porque las piernas de mi hija no se mueven y no pueden llevarla y sé que aquí el Señor plantó un árbol santo, que da piernas, para los buenos cristianos que las necesitan."
"-Lo que dices es verdad (le dijo el hombre alto). Es un árbol santo, como dices, y da piernas para los cristianos buenos, como dices. Si tu corazón no es pío, el árbol no te las dará, por lo que el largo camino a través del cual anduviste te habría llevado hasta la nada. Si tu corazón es bueno y pio, como el señor lo desea, los frutos brotarán en tus manos. Pero deberás ser pio hasta que lleves las piernas hasta tu hija, porque, si tu corazón se vuelve negro, los frutos se volverán negros, como las frutas viejas. Que el Señor te guíe."
"Entonces, el hombre se dirigió hasta el árbol y una de sus ramas descendió hasta él, tocándole el pecho, y de ella brotaron unas piernas fuertes. El hombre alzó las manos al cielo, entregándole unas palabras al Señor, y tomó las piernas del árbol. Pero, antes de irse, vio que detrás del árbol había otro y se dirigió a él. Este otro no daba piernas, sino que daba cabezas. El hombre, entonces, vio una bella cabeza entre sus ramas, la tomó y la colocó en el lugar en el que estaba la suya. Pero este árbol no era del Señor y las piernas y la cabeza se volvieron negras. El hombre cayó al suelo muerto. Allí lo vio el capitán que lo había llevado y su corazón se llenó de compasión. Lo alzó del suelo y le dio sepultura sobre él, alzó las manos hacia el cielo y dijo al Señor:"
"-Dios bueno, que perdonaste a prostitutas y ladrones, te pido que perdones a este hijo tuyo, pues su corazón fue bueno y me trajo tu misericordia."
"Entonces, de la tierra que cubría al hombre brotó un bello árbol del Señor y, de las bellas ramas de este árbol, brotaron bellos corazones."
[1] vanvylgoy, palabra con la que los fojeanos se referían a los quirdos.
[2] Egœr, versión fojeana del nombre de Agároc, histórico obispo y misionero quirdo. Ver el Comentario a las Crónicas de Agároc.
[3] Əlet, versión fojeana del nombre de la ciudad quirda Olict.
[4] bemrøksœ, versión fojeana del gentilicio mabríxato.
[5] Kiymœ, versión fojeana del nombre quirdo Keimaan.
[6] Ttəs, versión fojeana del nombre quirdo Ktor.
[7] ǧittiœms, nombre fojeano de la moneda quirda yetquiámar, la cual circulaba en las ciudades fojeanas.
[8] Este episodio hace referencia a los eniumbreos, deidades vermáricas capaces de tomar forma humana, generalmente de mujeres. Los fojeanos cristianos las identificaban con criminales para demonizarlos.
[9] Con “la Noche”, se refiere a Rivimi, el dios mabríxato de la noche.