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"Dolor" de la pintora uruguaya Susana Martínez Monza
EL 8 DE MARZO SE CELEBRA EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.
Un día para conmemorar, recordar y festejar. Un día en que seguramente seremos agasajadas de muchas formas. Un día que debe ser de alegría y reivindicaciones positivas.
No quiero dañar esa alegría con un mensaje de dolor, por eso me adelanto al calendario para rendirle homenaje a los ciento treinta millones de mujeres que son víctimas de una tradición cruel y denigrante.
Para ellas es este poema, y por ellas escribo hoy este artículo.
DOLOR
Es el dolor de toda mujer ante la impotencia
por los millones de niñas víctimas de la ablación.
Donde las líneas se difuminan
y el horizonte desaparece
en el resplandor de un cielo-mar,
allí surgen del desierto,
y en la ignorancia
mueren estando vivas
y viven sin existir.
Oí sus cantos desencajados,
lamentos y súplicas
y no quise que taladraran mis tímpanos
los gritos de los que no tienen voz.
Es tan tenue la frontera del dolor
como esas notas difusas
que anegan la magistral sinfonía,
inconcreto divertimento
que el avaro compositor
se ufana en titular vida.
Sangran en sus almas
las heridas del cuerpo;
adolescentes que no sueñan,
viejas de ilusiones,
por siempre negado el placer.
¿No las escuchas gemir
más allá de la frontera
de este mar de esperanzas?
Ocultan entre tules
la vejación de ser mujeres.
No es de dolor ese aullido
celebrado en sórdido festín,
es la impotencia de no saber
que en alguna parte
existe la dignidad.
®Graciela A. Vera Cotto
Cada año dos millones y medio de niñas y adolescentes son brutalmente mutiladas siguiendo un milenario método de tortura: la ablación. El promedio es de cinco aberrantes intervenciones por minuto.
En las pasarelas más cotizadas de la moda internacional el paso ágil y el porte elegante de la modelo, de raza africana, Waris Dirie, no permite descubrir la dolorosa historia de su vida.
“Jamás olvidaré a la vieja que esgrimió el cuchillo oxidado, mientras mi madre me abrazaba, rogándome que me quedara quieta para que doliera menos”, recuerda Waris que repite su historia en numerosas conferencias alrededor del mundo empeñada en una campaña en contra de la ablación femenina.
Su mente de niña de cinco años no llegaba a comprender lo que le estaba ocurriendo. Tampoco entonces supo que había tenido mucha suerte porque, aquello que para ella era un dolorosísimo trauma que no la dejaría nunca, a su hermana y primas les había llevado a la muerte.
La Mutilación Genital Femenina (ablación) es un ritual que afecta directamente a 130 millones de mujeres en el mundo.
Forma parte de una ceremonia que tiene como finalidad resguardar la virginidad, impedir la masturbación y el goce de la mujer durante el acto sexual a la vez que condiciona su cuerpo para dar más placer al hombre.
Para la dignidad humana no deja de ser una aberrante forma de sometimiento que se practica en muchas culturas africanas, del Medio Oriente y de Asia.
En esa lista de países figuran, entre otros, Guinea, Senegal, Etiopía, Egipto, Burkina, Faso, Mali, Gambia, Eritrea, Sudán, Somalía, Nigeria, India, Australia y distintas culturas del Medio Oriente.
La Clitoridoctomía se practica desde hace siglos y consiste en la extirpación del clítoris, del labio inferior y de las dos terceras partes del labio mayor del aparato genital femenino.
Sí de por sí esta práctica resulta rechazable, la atrocidad se complementa con la total falta de asepsia con que se realiza, por personas que no poseen ningún conocimiento sanitario.
Casi siempre se trata de mujeres mayores u hombres que, utilizando como instrumentos de cirugía cuchillos de cocina, navajas de afeitar, latas o vidrios, practican esta dolorosa operación, sin utilizar ningún tipo de anestesia ni cuidados. La abundante hemorragia se inhibe aplicando cataplasmas de plantas o huevo batido, con lo que también se pretende ayudar a la cicatrización de la herida.
Como consecuencia de estas prácticas, miles de niñas y adolescentes mueren desangradas o sufren terribles infecciones, pasando por una experiencia traumática que les marcará durante toda la vida.
El daño causado en los genitales externos, ricos en vasos sanguíneos, no solo termina afectando seriamente su capacidad para sentir placer sino que hace que durante su vida sufran de graves complicaciones de orden ginecológico.
Generalmente la ablación femenina se lleva a cabo entre los cuatro y diez años, pero estas edades no son topes, se conocen ablaciones en niñas de dos años y en adolescentes de quince y más.
La Organización mundial de la Salud (OMS) distingue cuatro tipos de ablaciones:
El tipo I, que sería la forma menos severa, conocido también como ‘sunna’ y que consiste en la remoción de la punta del clítoris.
El tipo II, que implica la extirpación de la totalidad del clítoris.
El tipo III, que a la remoción del clítoris agrega la de los labios menores.
El tipo IV, también llamado circuncisión faraónica, que complementa la anterior con la escisión de la parte interna del labio mayor. En este caso la herida es saturada dejándose solo un pequeño orificio de medio centímetro de diámetro para permitir el paso de la orina y el flujo menstrual. En la iniciación sexual se desgarrará o se le practicará un corte, también en este caso sin utilización de anestésicos.
Éste último tipo de mutilación se encuentra aproximadamente, en el 15% de las operaciones que se realizan en África y llega al 82% de las que sufren las mujeres de Somalia y Sudán. Si se realizara al hombre, su equivalente consistiría en la remoción del pene, de sus cuerpos cavernosos y de parte de la piel del escroto.
Muchas personas, especialmente los occidentales, creen que es por motivos religiosos. Nada mas erróneo ya que, aunque la mayoría de las mujeres circuncidadas profesan el Islam, el ritual en sí no tiene relación con la religión. Se sabe que esta práctica se realizaba mucho antes del nacimiento del Islám. La fe islámica no exige la ablación.
Relacionar la práctica de la ablación a los países musulmanes es otro error. No se practica en Arabia Saudita, Siria, Irán, Irak, Túnez, Argelia ni en Turquía, donde la observancia religiosa es estricta.
Resta pues, asociarla a la ignorancia, el costumbrismo, la superstición y la dominación masculina. Entre sus defensores se argumenta que con ella se hacen más dóciles y sumisas a las niñas, se preserva el buen juicio de la mujer y se impide comportamientos promiscuos.
Sin importar el temor ni el dolor, el ritual se convierte en una fiesta. En algunos pueblos, antes de la ceremonia de las ablaciones los hombres y mujeres de más edad seleccionan a las candidatas; fijarán la fecha y nombrarán “madrina”. Desde entonces las niñas son aleccionadas para que, como forma de honrar a sus padres, demuestren su valentía, no lloren ni se quejen.
Entre los cognagui en Guinea, inmediatamente de ser mutiladas, las jóvenes son obligadas a bailar para demostrar que no sienten dolor. Y así las iniciadas batirán palmas durante 24 o 48 horas, participando de bailes que duran todo el día. Durante ese tiempo no comen ni beben.
Si por una parte El Corán no dice que deba practicarse la mutilación genital femenina, algunos Hadiths (colección de proverbios atribuídos a Mahoma) se refieren a ella lo cual ha dividido las opiniones. (Mientras el Gran Mufti afirmaba que el Corán no defendía la mutilación, el jeque de Azhar dictaba una fatwa -orden religiosa- haciendo obligatoria la circuncisión para hombres y mujeres).
Sin embargo la mutilación femenina no se limita a la esfera islámica, se practica también entre los coptos de Egipto, los cristianos de Sudán y los judios falasha de Etiopía y entre las tribus del culto animista.
Lo cierto es que las cifras son escalofriantes. Datos de las Naciones Unidas, la UNICEF, la UNESCO y la OMS revelan que en el mundo 130 millones de mujeres han sufrido distintos grados de mutilación sexual y se calcula que cada año dos millones y medio de niñas y adolescentes pasan a engrosar ese grupo en 28 países del África negra, algunos países del Medio Oriente y en comunidades de Paquistán, Indonesia y Malasia.
Pero la práctica de la ablación no está enclaustrada en las fronteras de esos países. Con la emigración han llegado a occidente costumbres y tradiciones y se ha verificado la existencia de ablaciones entre emigrantes africanos o descendientes de éstos, en Francia, Holanda, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Brasil.
Como las leyes de estos países penalizan la ablación muchas familias de emigrantes, residentes en Europa, viajan a sus países de origen para que sus hijas sean circuncindadas.
Teniendo en cuenta esto, la nueva legislación española penaliza a quienes, residiendo en suelo español, son responsables de la mutilación, sin importar en que país ha sido realizada.
¿Quién puede detener esta barbaridad? La respuesta resulta difícil. Se ha comprobado que la prohibición no hace más que incrementarla en aquellos países donde es costumbre y donde es aceptada y apoyada tanto por hombres como por muchas mujeres que consideran que debe mantenerse la tradición y temen que si sus hijas no pasan por este ritual sean rechazadas socialmente. ¿Cuántos gritos más de niñas aterradas se oirán entre risas y festejos antes de que la mujer recobre su dignidad y el derecho a ser dueña de su cuerpo y de su sexualidad?
®Graciela A. Vera Cotto
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