Desde un tétrico hospital/Donde se hallaba internado/Casi agónico y rodeado
De un silencio sepulcral
Con su ternura habitual/La que siempre demostró/Quizá con esfuerzo o no
Desde su lecho sombrío
Un enfermo amigo mío/Esta carta me escribió
Querido amigo quisiera/Que al recibir la presente/Te halles bien y que la suerte
Te acompañe por donde quiera
Por mi parte y mal pudiera/Decirle que estoy mejor/Si al contrario en mi dolor
Postrado en mi lecho abyecto
Yo soy un pobre esqueleto/Que a mí mismo me da horror
Hay canciones que uno escucha y olvida. Otras se quedan ahí, esperando que la vida les dé la razón. La cama vacía pertenece a estas últimas y ha trascendido muchas generaciones. Se la saben jóvenes y viejos y a todos le llega por igual.
La compuso el argentino Carlos Spaventa en los años 30 del siglo XX y fue Óscar Agudelo a mediados de los años cincuenta quien la convirtió en una de esas canciones que parecen hechas para sonar de noche, en una rocola, en una cantina o en la soledad de una casa. Su historia tiene, además, algo de leyenda: se cuenta que Spaventa escribió la canción mientras estaba internado en un hospital y que, después de salir del sanatorio, alcanzó a grabarla antes de morir poco tiempo después.
Lo interesante es que La cama vacía no necesita demasiados recursos para producir su efecto. La historia está contada como una carta. Un hombre enfermo, desde una cama de hospital, le escribe a un amigo que no está allí. Y mientras escribe, descubre algo que quizá ya sospechaba: cuando tuvo dinero, salud y una vida próspera, estaba rodeado de amigos; ahora, enfermo y solo, aquella compañía ha desaparecido.
La canción podría haberse quedado en la queja. Y, en buena medida, se queja. Pero encuentra un segundo camino cuando aparece la madre.
El hombre enfermo ya no piensa solamente en los amigos que lo abandonaron, sino en la persona cuya ausencia resulta definitiva. Frente a los amigos que desaparecen cuando dejan de necesitarlo, la madre aparece como la figura del afecto que no se negocia, algo muy recurrente en la música popular. El verdadero descubrimiento no está en la enfermedad. Está en la soledad.
La carta es para decirte/Que si podés algún día/Vení a hacerme compañía
Vos que tanto me quisiste
Estoy tan solo y tan triste/Que lloro sin contenerme/Ya nadie suele quererme
Todos se muestran impíos
De tantos amigos míos/Ninguno ha venido a verme
Hoy yo te doy la razón/Pues veo en mi soledad/Que esta llamada amistad
Es tan solo una ilusión
Cuando uno está en condición/Tiene amigos a granel/Pero si el destino cruel
Hacia un abismo nos tira
Vemos que todo es mentira/Y que no hay amigo fiel
Su origen está ligado al tango argentino, pero la versión que llegó con fuerza al público colombiano y latinoamericano adquirió otra sonoridad. En la interpretación de Óscar Agudelo aparecen la guitarra, el requinto, las maracas y ese aire de bolero y música de cantina que terminó acercándola a públicos muy distintos de los del tango tradicional.
Con el tiempo, La cama vacía terminó formando parte de esa tradición colombiana que hoy llamamos música popular o música de despecho. Colombia, Ecuador, Venezuela y otros países latinoamericanos hicieron de este tipo de repertorio una banda sonora de bares, cantinas, hogares y reuniones.
La cancion encontró en Óscar Agudelo una voz que parecía hecha para esas historias. Fue versionada en cientos de ocasiones, por el mismo Spaventa, en salsa por Ismael Miranda; en bachata por Leonardo Paniagua, en guajira cubana y son por Ñico Membiela, en bolero antillano por Felipe Rodríguez, además de las conocidas versiones de Olimpo Cárdenas, Julio Jaramillo, El caballero gaucho, Tito Cortés y Daniel Santos. Un clásico de todos los tiempos.
Bueno aquí ya me despido/Al poner punto final/Recibí un abrazo leal
Del que siempre te ha querido
A tu mamá que no olvido/También mis recuerdos dale/Mucha devoción mostrale/Y de caricias colmala
Vos que la tenés cuidala/Si supieras cuánto vale
Llegó el domingo y ansioso/Por aquel amigo leal/Penetré en el hospital
Angustiado y pesaroso
Me dirigí silencioso/Al lugar donde sabía/Que su lecho encontraría
Más ahí ni bien lo encontré
Asombrado me quedé/Al ver la cama vacía
spaventa
miranda
olimpo
guajira cubana son Ñico Membiela
Leonardo Paniagua bachata
bolero antillano Felipe Rodriguez
julio jaramillo
Daniel santos
SALSA: Ismael Miranda
BOLERO ANTILLANO