¡Oye, te hablo desde la prisión / Wilson Manyoma / Gorgona! / En el mundo en que yo vivo / Siempre hay cuatro esquinas / Pero entre esquina y esquina / Siempre habrá lo mismo. / Para mí, no existe el cielo/ Ni Luna ni estrellas / Para mí, no alumbra el Sol / Pa' mí, todo es tinieblas…Tal es el comienzo de una de las canciones más populares de la salsa colombiana, interpretada por Wilson “Saoko” Manyoma y producida por Julio Ernesto Estrada, Fruko.
Fue lanzada en 1975 como parte del álbum El Grande Fruko y sus Tesos, y pronto se convirtió en un éxito que trascendió generaciones y fronteras. La historia de la letra ya es leyenda.
Fue escrita por Álvaro Velásquez, percusionista antioqueño, quien se inspiró en una carta que recibió durante una gira de Los Graduados a Canadá. La carta era de su amigo Gustavo Gómez, preso en Toronto por narcotráfico, y era una especie de plegaria que relataba la desesperación y sufrimiento de estar privado de la libertad en un lugar frío y lejano de la patria, y la añoranza de la libertad. Ay, qué solo estoy/Solo me espera la muerte/Ay, qué solo estoy/¿Cuándo cambiará mi suerte? …
Velásquez le presentó la letra a Gildardo Montoya, director artístico de Codiscos, poque pensaba que era buena para un vallenato, pero Montoya la envió a Discos Fuentes y allí cayó en manos de Fruko, quien junto al arreglista Luis Carlos Montoya, le dieron otro rumbo melódico al tema y la convirtieron en el que es posiblemente el tema más emblemático de la salsa dura colombiana. Fruko invitó a Mayoma a grabarla. Este viajó de Cali a Medellín y le imprimió una prodigiosa improvisación y fraseo que hizo la canción un himno del momento y luego se inmortalizó (hasta hoy tiene más de 76 millones de vistas en Youtube).
Se dice que además de su estilo salsero, “Saoko” le imprimió el carácter “canero” basado en un episodio personal que vivió en una cárcel de la capital de Antioquia. Junto con Las Tumbas de Ismael Rivera es considerado uno de los tantos himnos del género “carcelario” que tanto conmueven a los reclusos y a sus familiares. Y para resaltar, la brillante version en milonga que canta Roberto Mancini con la Orquesta de Pepe Márquez, que en opinión de muchos puristas, no desmerece de su gemela salsosa.