“Uno busca lleno de esperanzas, el camino que los sueños prometieron a sus ansias / Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina / Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender, que uno se ha queda’o sin corazón I Precio de castigo que uno entrega por un beso que no llega o un amor que lo engañó I Vacío ya de amar y de llorar, tanta traición...”,
Desde la primera estrofa se adivina la dureza y hondura del mensaje: Es un tango surgido de la música de Mariano Mores (1918 – 2016) y la letra del compositor, poeta y actor Enrique Santos Discépolo (1901 – 1951), dos figuras fundamentales del tango porteño cuya creación encierra una historia poco conocida, de drama y amistad. Mores, joven promesa del círculo tanguero bonaerense de comienzos de los años 40, compuso la música, inicialmente titulada "Cigarrillos en la oscuridad". En una reunión le entregó la partitura a Discépolo para que escribiera la letra. Este proceso se demoró casi tres años, en los que, se supo después, Discépolo sufrió una profunda depresión.
El tango se estrenó en abril de 1943 por la cantante Tania, esposa de Discépolo, en el teatro Astral, y rápidamente fue grabado por orquestas de renombre como las de Francisco Canaro, Aníbal Troilo y Juan D’Arienzo, con lo que pronto caló en el gusto popular. Originalmente la canción se titulaba "Si yo tuviera un corazón", pero debido a que el público pedía la pieza diciendo "¡Tocá Uno!, ¡Tocá Uno!", se decidió cambiar el nombre por "Uno", que es como se conoce hasta hoy. La letra expresa una profunda crisis existencial y desilusión, reflejando la lucha interna y el dolor del ser humano, temas recurrentes en la obra de Discépolo.
“Si yo tuviera el corazón, el corazón que di / Si yo pudiera, como ayer, querer sin presentir / Es posible que a tus ojos, que me gritan su cariño, los cerrara con mil besos / Sin pensar que eran como esos, otros ojos, los perversos, los que hundieron mi vivir”, decía el tema en su estribillo. Y terminaba: “Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí / Si olvidara a la que ayer lo destrozó y pudiera amarte / Me abrazaría a tu ilusión, para llorar tu amor...”.
En esta historia siempre se resalta el hecho de que Mores no presionó jamás a Discépolo por la letra, respetando su tiempo y sensibilidad, aunque no estuvo muy seguro cuando la recibió.
Otros identificaron el poder del mensaje y así alcanzó el reconocimiento popular y prestigio intelectual. "Uno" fue interpretado en la película El fin de la noche (1944), que tuvo problemas de censura por el contexto político de la época en Argentina. Hasta nuestros días llegó con las versiones más actualizadas de Libertad Lamarque, Julio Sosa, Ricardo Montaner, Julio Iglesias, Plácido Domingo, Valeria Lynch, Luis Miguel entre tantos otros que hacen magnificas versiones de esta gran canción. Hasta el genio loco de Charly García la canta en concierto, la incluímos como rareza: https://www.youtube.com/watch?v=xfLkMuI_W8U
Ha sido interpretado y grabado por numerosas orquestas y artistas a nivel internacional. Junto con otros tangos con letra de Discépolo como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira, yira, Canción desesperada y Confesión, Uno goza de un prestigio del más alto nivel, hasta el punto que se lo considera uno de los llamados «tangos fundamentales».