La canción, imprescindible de la salsa, encabezó el álbum El Bestial Sonido de… Ricardo Ray y Bobby Cruz, editado en 1971 para el sello Vaya, filial de Fania Récords, y producido en Puerto Rico. La grabación de la que se considera una de las descargas más impactantes de la música afroantillana, fue obra Richie Ray (1945) y Bobby Cruz (1938) en Puerto Rico, a donde habían resuelto emigrar para alejarse de una Nueva York convulsa, en la que eran cotidianamente acechados por la mafia y las drogas.
A pesar de que al dúo se le auguró el fracaso en su retorno a la isla, ocurrió todo lo contrario. La producción musical de los dos artistas (Ray pianista, Cruz cantante), en la que se combinaron el piano de Ray, el vozarrón de Cruz, trompetas y timbales, con mezcla de compases de música clásica (compases de Chopin y Stravinsky), resultó revolucionario en un momento brillante de la salsa, con exponentes de máxima calidad. Tú que decías/ que ya no servía/ oye tú que decías/ que ya no salía/ ahora mismito mi amigo/ yo te vengo a saludar/ escucha, escucha/ oye sonar las trompetas/ oye los cueros sonar… Ricardo viene de frente, con su sonido bestial… Pero realmente lo que menos importa son sus letras, es el ritmo, la descarga, el virtuosismo estremecedores. Nadie queda indiferente. Sonaba así el comienzo de una canción magistral de respuesta a quienes dudaban de su capacidad para innovar y trascender. Este tema rompió la forma de hacer música urbana hasta entonces y la orquesta reinventó la salsa al romper los límites del género, agregándole elementos de la música clásica, el jazz y el guaguancó.
Sonido Bestial se hizo especialmente popular en Cali, Colombia, ciudad que adoptó la canción como símbolo cultural de ruptura contra la llamada “vulgaridad paisa” representada por las canciones de Guillermo Buitrago y El “Loko” Gustavo Quintero; según los locutores, los bailadores y exponentes literarios como el escritor Andrés Caicedo. El tema inspiró un documental “Sonido Bestial” dirigido por los caleños Sandro Romero y Silvia Vargas y es mencionado en varias oportunidades en la novela de culto ¡Qué viva la música!, de Caicedo, quien se suicidó en día en que el libro fue publicado, 4 de marzo de 1977. En este se cita un supuesto manifiesto contra esas melodías que consideraba inferiores y decadentes, en contraposición al himno salsero.