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Narrativa| Acceso libre| Pub UD AFyC sZ1 2025; 10(6)|
Recibido 2-ene -25 |Aceptado 29-mar-25 |Publicado 20-may-25
TÍTULO: La comunicación también salva vidas.
AUTOR: Armengod-Burillo, M. Residente de Enfermería Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria Sector I Zaragoza. ORCID: 0009-0007-1890-9772
RESUMEN: Una reflexión personal sobre mi experiencia con una paciente en mi última guardia en el servicio de urgencias del hospital, donde pude comprobar el poder de la comunicación como herramienta que pone en valor la empatía que se necesita en enfermería.
PALABRAS CLAVE: Enfermería, comunicación en salud, empatía
TITLE: Communication also saves lives.
AUTHOR: Armengod-Burillo, M. Residente de Enfermería Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria Sector I Zaragoza. ORCID: 0009-0007-1890-9772
ABSTRACT: A personal reflection on my experience with a patient on my last shift in the hospital's emergency department, where I was able to see the power of communication as a tool that values the empathy that needs nursing.
KEY WORDS: Nursing, health communication, empathy
Cuando pienso en el valor de la comunicación en enfermería, recuerdo con claridad a Carmen, una de las pacientes que conocí en mi última guardia en el hospital. Era una mujer de 76 años, ingresada por una insuficiencia respiratoria que la había debilitado tanto que ni siquiera podía expresar sus necesidades con claridad. Su rostro era el vivo reflejo de la ansiedad sin resolver; sus manos, temblorosas, buscaban algo que yo aún no entendía cada vez que entraba al box donde ella se encontraba. En ese momento, algo en mí se activó, cayendo en la cuenta de que Carmen necesitaba que alguien la escuchara.
No fue fácil al principio. La paciente hablaba usando únicamente frases cortas, entrecortadas por su dificultad para respirar, con un tono de voz tan sumamente débil que, en alguna ocasión, ni siquiera sus palabras parecían tener sentido. Esa tarde, mientras ajustaba su almohada y ella cubría sus pies con una áspera toalla del hospital, la miré a los ojos y le dije:
—Carmen, estoy aquí para ayudarla. Si necesita cualquier cosa, solo tiene que avisarnos. Queremos entenderla.
Ella se quedó mirándome fijamente, como si se debatiera en si mi ayuda era sincera, si podía confiar en mí. Tras unos segundos, la paciente asintió lentamente y comenzó a hablar conmigo mientras terminaba de preparar la medicación pertinente.
—Tengo… tengo miedo. No puedo respirar y no quiero morir aquí.
Su voz temblorosa me llenó de emoción. Estiró su brazo en busca de mi mano, la cual, no tardó en encontrar. Yo le apreté con ligera suavidad, llenándome de la calidez que trae consigo la empatía.
—Es normal sentir miedo, pero vamos a ayudarla. Estamos aquí para cuidarla y asegurarnos de que esté lo mejor posible. Si algo le preocupa, siempre puede decírmelo a mí o a mis compañeros.
Aquella interacción me enseñó algo que los libros no siempre transmiten. En enfermería, la comunicación no solo ocurre con palabras; también está en el lenguaje no verbal, en la paciencia para escuchar lo que no se dice y en el tono con el que se dicen las cosas. Hay momentos donde un silencio en compañía tiene más valor que cientos de argumentos y explicaciones.
Horas más tarde y ya acompañada también por sus dos hijos, Carmen comenzó a confiar en los profesionales sanitarios. Podía expresar su dolor, su incomodidad o simplemente pedir un vaso de agua en calma, con la certeza de que íbamos a hacer lo posible por ella.
—Gracias por escucharme. Me siento menos sola ahora —le decía a todos los sanitarios que le atendían en el turno.
Ese pequeño cambio no solo hizo que su atención fuera más efectiva, sino que también ayudó a que su estancia hospitalaria fuera menos estresante para ella. Aunque, más importante aún, demostró cómo la comunicación puede transformar la experiencia de un paciente en un entorno tan frío y, en ocasiones hostil, como es un hospital. Donde nadie te conoce, donde acudes en tu versión más vulnerable, donde una mano o una palabra amable puede transformar las cosas.
Esa misma tarde también aprendí que la necesidad de una buena comunicación no termina con los pacientes. También es fundamental dentro del equipo de salud. Una comunicación veraz y respetuosa entre profesionales no es solo una buena práctica, sino que es una herramienta fundamental para garantizar la seguridad del paciente.
En un mundo donde las tecnologías en el ámbito de la salud avanzan a pasos agigantados, el arte de la comunicación a veces se subestima. Es por ello que no debemos olvidar que las personas no son simples números, cada una de ellas trae consigo una historia propia, emociones y miedos. La comunicación es el puente que nos conecta con todo ello.
Hoy, sigo pensando en Carmen cada vez que hablo con un paciente. Su caso me recuerda que la comunicación efectiva no es solo una habilidad; es un acto de empatía y humanidad. Escuchar con atención, validar las emociones e informar con claridad a nuestros pacientes son herramientas que no solo tratan la enfermedad, sino que también sanan aspectos que no se observan a simple vista.