El comentario de Goya hace referencia a dos casados por fuerza, pero su crítica parece ir dirigida más que al hecho de estar casados a la fuerza, a la imposición de no poder remediarlo, aunque los dos estén de acuerdo, como parece ser este caso.
La pregunta que se hace, también parece reprochar la sumisión y pasividad con la que aceptamos normas que van contra el sentido común.
Las instituciones social y religiosa impedían cualquier tentativa contraria a sus dogmas, las cuales están representadas por esa gran lechuza bastante cegata pero de fuertes garras, una bien aferrada a unas normas tan estériles como el árbol seco en el que se apoya, y la otra para oprimir, especialmente a la mujer.
Es asombroso cómo Goya sabe plasmar en tan poco espacio y de una manera tan gráfica una distancia anímica tan grande como la que separa a estos desdichados.
Desde la época de Goya hasta nuestros días, socialmente hemos ido acumulando distintos tipos de formalización en las relaciones de pareja: desde estar obligatoriamente atados, estar voluntariamente atados por sentimientos, facilidad para desatarnos, no tolerar estar atados por nada… De la institución religiosa no se puede decir lo mismo.
¿Un hombre y una mujer atados con sogas, forcejeando por soltarse y gritando que los desaten a toda prisa? O yo me equivoco o son dos casados por fuerza.