Este macho cabrío se dirige a un aquelarre que tendrá lugar en la oscuridad de la noche en el que va a ser el protagonista, es decir la encarnación del Demonio y tiene que ir preparado para la sesión de brujería, bien untado con el ungüento adecuado, un alucinógeno que compartirán los asistentes y que les hará tener la sensación de vivir experiencias alucinantes y disparatadas que considerarán y contarán como reales.
A través de la cómica expresión y grotesca gravedad con las que Goya dibuja a estos personajes intenta ridiculizar la seriedad con la que se solían tomar estas juntas y asambleas y todo lo relacionado con la brujería; quería hacer ver que todo eso no era más que un absurdo y una farsa manejada por seres reales de carne y hueso
En nuestra sociedad actual este tipo de actos han quedado prácticamente desterrados, al menos en la forma, aunque en el fondo sigue habiendo juntas y asambleas de relevantes comités políticos, mercantiles o ideológicos con asistentes anestesiados, sin criterio personal ni ánimo de discrepar, venerando al líder o dirigente protagonista, a quien consideran la personificación de sus espurias creencias o pueriles aspiraciones.
Le envían a un recado de importancia y quiere irse a medio untar: Entre los brujos los hay también troneras, precipitados, botarates, sin pizca de juicio: todo el mundo es país.