Goya aprovecha la situación de entonces, en la cual era muy común que ciertos gremios de artesanos tuvieran excesivo apego al vino, para criticar el vicio de la bebida y sus consecuencias.
Cuando se pierde la consciencia a causa de sus efectos pueden ocurrir desgracias como la que nos muestra esta estampa, en la que el protagonista no se da cuenta de que se le empieza a quemar la casa, incluso parece coquetear y hablar con el candil; éste no le alumbra, sino que le deslumbra.
Queda muy bien plasmado el desaliño del personaje y su vacilación en el momento de desvestirse, y nos podemos imaginar un posible final de este hombre: caído al suelo y con la casa ardiendo.
En aquella época lo habitual era que los borrachos fueran ya adultos y que normalmente lo hicieran con vino; desde entonces hemos adelantado mucho… la edad de consumo y la variedad de productos.
Ni acertar a quitarse los calzones ni dejar de hablar con el candil, hasta que las bombas de la villa le refresquen. ¡Tanto puede el vino!