Pocas dudas ofrece el mensaje de esta imagen, completado con su elocuente título. Goya pone en su punto de mira a los oradores o predicadores que amonestan o intimidan a su auditorio, tal como se puede apreciar en este papagayo con tonsura y garra amenazadora, así como también a quienes sermonean mucho sin decir nada sustancial o no predican con el ejemplo.
Los púlpitos y sus charlatanes se han reformado, ahora el emplazamiento de las monsergas está en los estrados, altavoces, publicaciones, pantallas, publicidad... los oyentes parece que no hemos evolucionado tanto.
Los oradores vacuos proliferan sobre todo cuando dicen lo que su público quiere oír o éste carece de espíritu crítico; dejan a su público alelado y con la boca abierta como en la estampa, por lo que si a aquéllos se les aplica el apelativo de tener un pico de oro, a quienes los escuchan resignados bien se les podría atribuir el de tener los oídos de pedernal.
Las cosas verdaderamente lúcidas, razonables y provechosas se suelen decir sin rodeos y con pocas palabras y éstas son las que hay que saber distinguir, escuchar… y reflexionar sobre su contenido.
Esto tiene trazas de Junta académica. ¿Quién sabe si el papagayo estará hablando de medicina? Pero no hay que creerlo bajo su palabra. Médico hay que cuando habla es un pico de oro, y cuando receta, un Herodes: discurre perfectamente de las dolencias y no las cura: emboba a los enfermos y atesta los cementerios de calaveras.