La preocupación de Goya por desterrar la ignorancia, el obscurantismo y la incultura es patente en toda la serie; este grabado es un ejemplo de denuncia de esta situación, que se centra en la escasa atención que, en general, se prestaba a la buena y adecuada enseñanza, era necesario mejorarla empezando desde la infancia; si no hay buenos maestros y alumnos aplicados no es posible conseguirlo.
Sabía que una enseñanza de calidad y la buena educación era la única manera de sacar a una sociedad del atraso y de la incultura. Esto ha continuado y continúa siendo la base de la prosperidad humana, del progreso ético personal y social.
El maestro de esta imagen es solemne, serio, y está bien preparado… de ornamentos y abalorios que sólo sirven para distraer, aunque hace lo que puede y enseña hasta donde sabe.
Combatir las tinieblas de la ignorancia no es fácil: unas veces no se percibe, otras no se sabe la manera o no se hace lo suficiente y en algunas ocasiones incluso se fomenta. Cuando se consiguen superar esos obstáculos florece la verdad, resplandece el conocimiento y se experimenta una de las mayores y particulares satisfacciones que se pueden sentir.
No se sabe si sabrá más o menos, lo cierto es que el maestro es el personaje más grave que se ha podido encontrar.