Desde tiempos remotos el deseo de pasar a la posteridad dejando constancia de la imagen personal ha sido una práctica habitual, especialmente entre las personas más pudientes, en cada época con sus respectivas técnicas, tratando por lo general de que esa imagen fuera, no la más real sino la más favorable.
Goya dejó constancia de su capacidad para plasmar el verdadero carácter del retratado tratando de ser fiel a sus principios y de pintar la realidad como la veía. En este grabado critica la actitud de quienes se dejaban persuadir en exceso para ocultar lo incómodo o antiestético de la figura del retratado, según da a entender en la frase “no morirás de hambre” que escribió en el dibujo preparatorio como primera propuesta para denominar esta estampa.
El título definitivo del grabado se podría interpretar como “lo que debería ser” o también como respuesta irónica a una propuesta u ocurrencia extravagante o fuera de lugar.
Desde el punto de vista de la imagen corporal podemos verificar que este tipo de retratados y sus fraudulentos retratistas no han perdido vigencia ya que han evolucionado y se han puesto al día, pues lo simulado y amañado se ha extendido y normalizado a través de novedosas e impactantes técnicas de márquetin y retoque fotográfico.
Hace muy bien en retratarse: así sabrán quién es, los que no le conozcan ni hayan visto.