En la oscuridad de una noche sin que nada la ilumine es difícil distinguir las amenazas y los peligros, por lo que no se puede hacer mucho para reconocerlos y evitarlos; es lo que Goya quiere mostrar con la representación de esta chusma fantasmal que va aullando y atemorizando, volando en apiñada camada entre las tinieblas nocturnas.
Sin embargo, la oscuridad celeste y las figuras amenazantes que se ven sólo son la metáfora, el medio que utiliza nuestro genial artista para representar los aspectos más sombríos del ser humano, esos perniciosos elementos que incrustados en la penumbra de la mente son los verdaderos desafíos a vencer y la principal fuente de sus desdichas.
Es una utopía pensar que esta especie de fantasmas que sobrevuelan y ensombrecen nuestra existencia lleguen a desaparecer, ya que son parte inherente e inseparable de la naturaleza humana.
Sin embargo, nada impide que cada cual reflexione sobre sus particulares espectros personales y trate de someterlos, pues llegar a controlarlos puede considerarse uno de los mayores triunfos a los que se puede aspirar para mejorar el propio e íntimo bienestar y con ello contribuir a la tolerancia, moderación y armonía social.
¿A dónde irá esta caterva infernal dando aullidos por el aire entre las tinieblas de la noche? Aun, si fuera de día, ya era otra cosa, y a fuerza de escopetazos, caería al suelo toda la gorullada; pero como es de noche, nadie les ve.