Esta imagen nos muestra de una manera muy evidente lo que es la avaricia y el apego a los bienes materiales; Goya lo representa por un lado en un viejo avariento que cree que le va a faltar el dinero y sobrar la vida, y por otro en quienes esperan aprovecharse de lo que no se va a llevar al otro mundo.
Nos podemos imaginar la siguiente secuencia de esta imagen, en la que con bastante probabilidad las caras sonrientes y burlonas de los que esperan adueñarse de las bolsas del dinero se volverán enojadas e iracundas a la hora del reparto, como sucede en muchas ocasiones en las que se confrontan los intereses económicos y las relaciones personales. .
Todos los personajes de esta estampa se interesan por el destino de las bolsas de dinero, aunque ninguno de ellos parece necesitarlo realmente, ya que su aspecto no es el de ser precisamente unos indigentes, y es que no es fácil ser virtuoso y rechazar la ocasión de acrecentar los bienes materiales, aunque no se necesiten; no todo el mundo sabe conciliar las posesiones materiales con los valores éticos personales, de mantener la armonía entre el tener y el ser.
La respuesta es fácil. Porque no los quiere gastar y no los gasta porque aunque tiene los 80 cumplidos y no puede vivir un mes, todavía teme que le ha de sobrar la vida y faltarle el dinero. Tan equivocados son los cálculos de la avaricia.