La relación entre el hombre y la mujer en el sentido sensual de atracción entre géneros distintos es un tema al que Goya dedica varias láminas de esta serie enfocándolo desde distintos ángulos, aunque no precisamente desde el punto de vista del amor romántico idealizado.
La particularidad que caracteriza esta escena y que la diferencia del resto de estampas es que en este caso la dama es forzada a contraer matrimonio con quien no desea ni tiene afinidad alguna, tal como Goya nos hace ver a través de la notoria diferencia de aspecto personal y atractivo físico.
El intento de imponer este enlace no es otro que el económico, los bienes materiales que posee el aspirante y que son su principal encanto. De ellos esperan aprovecharse algunos miembros de la familia de la desdichada moza.
Los actores que intervienen en el tejemaneje que se está preparando en el seno de esta familia es el mismo que podemos encontrar en los entramados formados por quienes, abusando de su poder o posición, pretenden hacer lucrativos negocios sin escrúpulos ni miramientos, es decir, por quienes los proponen y autorizan, por aquellos que no tienen responsabilidades pero se benefician, por los que ven impotentes el atropello y por las víctimas que pagan las consecuencias.
Como ha de ser, el novio no es de los más apetecibles pero es rico y a costa de la libertad de una niña infeliz se compra el socorro de una familia hambrienta. Así va el mundo.