En esta serie de grabados el tema de la prostitución es tratado en diversas ocasiones, generalmente enfocando este oficio desde un punto de vista denigrante para la mujer que lo ejerce.
El caso que vemos representado aquí podría parecer una excepción, ya que las damas aparentemente toman la iniciativa al desprenderse despectivamente de sus clientes una vez han consumado la tarea en el lupanar, pues ya estorban.
No obstante, observando con detalle la escena, puede percibirse que quienes controlan realmente la actividad son las dos viejas proxenetas que se mantienen en segundo plano resguardadas tras una fachada de decencia, con un rosario por disfraz.
En este caso son las relaciones sexuales convertidas en simple mercancía, desprovistas de cualquier sentimiento y sensibilidad humana, tan sólo el instinto animal, como bien refleja el detalle de la parte superior derecha de la imagen.
Ahora bien, la escena cómicamente mordaz que refleja la estampa puede servir de metáfora para mostrar la parte de la condición humana que sólo valora la utilidad material en todo aquello con lo que se relaciona, ya sean cosas o personas, que es incapaz de apreciar cualidades éticas, morales o afectivas en ninguna de sus relaciones, de forma que en cuanto dejan de ser útiles a sus propósitos las abandona sin ningún tipo de miramientos.
Si se desplumaron ya, vayan fuera: que van a venir otros.